Esa misma semana, Luan por fin dio a conocer a su amado novio. Lincoln estaba tranquilamente charlando con Nikki en su celular, cuando dos personas entraron en la casa. Al volver la vista, el albino vio a su hermana comediante con un chico de cabello castaño y corto, quien supuso que era Benny. Le dijo a Nikki que le hablaría más tarde e irguió su espalda.

- Hola, Lincoln -sonrió Luan- Espero que no te estemos molestando.

- Tranquila, Luan, las visitas no hacen mal a nadie. ¿Y a quién tengo el placer de conocer?

- Benny Armendaris. Un gusto.

- Igualmente.

- Luan me ha hablado mucho sobre ti. Bueno, de su familia en general -continuó Benny- Tener tantas hermanas debe de ser agotador.

- Sí, a veces. Pero lo hago con gusto. Al fin y al cabo, uno debe ayudar a su familia.

- Concuerdo.

Nada más hablar con él, Lincoln supo que se iba a llevar muy bien con él. Parecía amable, animado, gracioso, simpático, y tenía una notable facilidad para hablar. Ya veía porqué Luan se había enamorado de él.

- Ay, Benny, cómo me alegro de haber conocido a alguien cómo tú. Nunca te dejaré ir -dijo Luan, y lo abrazó con fuerza.

- Hoy será un día Luantástico.

Eso la hizo reír.

- Fue un gusto haberte conocido, Lincoln, pero nos vamos al parque. Tendré que robarme a tu hermana por el resto del día.

- Jajaja, ok. Diviértanse.

Se dieron un choque de puños, y la pareja salió.

El peliblanco se sintió muy feliz de que Benny fuera tan buena persona. Ya los veía en un futuro feliz. No tuvo mucho tiempo para regocijarse con esa visión, porque justo en ese momento llegó Lori de trabajar.

- Ahhhhh, vengo muerta -comentó agotada, tumbándose en el sofá.

- ¿Cómo te fue, Lori?

- Bien, pero cansado. Tuve tres conferencias y una revisión, pero salí bien parada. Ya no tendremos que preocuparnos por los siguientes... dos años, tal vez, si administramos bien el dinero.

De repente, Lincoln se sintió culpable por no hacer nada para hacerle la vida más fácil a su hermana mayor.

- Lori... ¿No quieres que te ayude en algo? Vender cosas, ir a un restaurante, cuidar niños, lo que sea...

Lori levantó la vista, viendo adónde iba la conversación.

- Lincoln, estamos bien. Es cierto que me canso, pero es un cansancio agradable, de esos cuando sabes que haz dado lo mejor de ti mismo. Si en serio quieres ayudarme, esfuérzate en la escuela. Aunque por tus últimas calificaciones, no creo que haya problema con eso -y le sonrió.

Lincoln recordó los sobresalientes en sus materias, pero eso no le quitó la culpa.

- Pero... Es que te esfuerzas tanto...

- Lincoln. Lo hago porque los amo.

Lo atrajo hacia ella, abrazándolo suavemente. Esa afección, ese calor, esa tranquilidad que alguien mayor te causa; todo eso conmovió al albino.

- Lincoln, gracias por preocuparte por mí, pero en serio no pasa nada. Con saber que son felices y tienen todo lo que necesitan, me basta con eso. Si lo agradecen todo, incluso mejor. Y claro, que no destrocen la casa -y se rió.

Lincoln se animó.

- Muchas gracias por todo, Lori. Y si te hace sentir mejor, puedo prepararte algo de comer después de que llegues. No me causa ningún inconveniente.

Lori lo meditó unos instantes.

- Está bien, Lincoln, si insistes... Sólo habla con Luan, para que lo haga ella alguna que otra vez.

- Hecho.

Volvieron a abrazarse, haciendo que Lincoln volviera a sentir ese gran afecto que le tenía Lori. No era sorpresa que Bobby la quisiera tanto. Lori podía ser algo egoísta, pero en cuánto se daba cuenta, esa otra personalidad surgía, haciéndola mucho más agradable. Era en esos momentos en los que Lincoln quería mucho más a Lori. Pero también cuando...

- Oye, Lincoln -dijo Lori- ¿Me puedes ayudar en algo?

...Cuando se veía nerviosa; para Lincoln, también en esos momentos lucía mucho más agradable.

- Claro. ¿En qué sería?

- Bueno, es que tengo una cita con Bobby. Sí, sí, ya sé -se apresuró a decir cuando su hermano abrió la boca para hablar- Sé que salgo con él todo el tiempo. Pero ésta es una cita especial, vamos a cumplir cuatro años de novios. Y me quiero poner literalmente súper linda para él. Si me puedes dar tu opinión de cómo me veo, te lo agradecería mucho.

- Pues, supongo que sí, aunque para mí te verías bien con casi todo.

- Ay, no digas eso -dijo Lori, complacida- Por cierto, ¿también me dejarías enseñarte a peinarme? Creo que sería bueno que lo aprendieras.

- ¿Para qué? -se asombró Lincoln.

- Cualquier niña menor necesita a alguien que le ayude. Nadie te lo pidió con nuestras hermanas pequeñas, y la forma en la que peinabas a Lola para sus concursos era básico, al menos la parte que hacías tú. Siento que sería un buen toque que supieras hacerlo.

- Bueeeno, aunque no sé si lo haga bien -aceptó Lincoln.

Lori sonrió emocionada.

Ya en el dormitorio de Lori, la mayor se cambió una y otra vez de ropa tras su armario mientras Lincoln la esperaba. Salía con varios vestidos de diversos colores y formas. Sin embargo, su hermana se veía deslumbrante con su habitual color azul claro.

- Definitivamente ese.

- ¿En serio? ¿No crees que debería cambiar el color?

- Es en serio. Ese color te queda perfecto.

- Ahhh, eres un encanto. Gracias, Lincoln.

Después de eso se puso varias cosas más: medias, aretes, pulseras, collares, perfume, etc. Luego se sentó en una silla.

- Ven, Lincoln, ahora sabrás como peinarme.

Lincoln se acercó. Primero le desenmarañó el pelo. Con un peine se lo fue pasando por el cabello hasta que quedó liso. Se lo masajeó para que quedara más suave, le puso agua y un acondicionador. Luego Lori le indicó que lo esparciera por todo su cabello. Lincoln no sabía qué estaba haciendo, pero lo hizo. Luego le fue poniendo espuma en su cabello para que estuviera listo para el difusor. Le fue pasando el aparato con cuidado y suavidad por todo su cabello.

Esperó un rato hasta que pensó que estaba listo y dejó el aparato en su sitio, dando su trabajo por terminado. Lori, que llevaba un rato con los ojos cerrados, los abrió. Vio su reflejo y se tocó la cara. No dijo nada. Hubo unos minutos de silencio. Fue mucho para Lincoln, quien pensaba que lo había hecho mal.

- Lo-Lori... y-yo...

Temeroso, quiso retroceder. No dio ni dos pasos cuando Lori se levantó, su rostro oculto en sombras. Lincoln temió lo peor, y ya se preparaba para terminar como un pretzel humano.

- Lincoln...

- Lo siento... y-yo...

Lori lo tomó de los hombros y lo abrazó con una fuerza desmedida.

- ¡Gracias! Gracias, gracias, gracias, gracias, gracias, gracias, gracias...

- ¿Q-Qué? ¿Te gusta?

- ¿Qué si me gusta? ¡Me encanta! ¡Me veo preciosa!

Su suave cabello rubio caía en ondulantes rizos por su espalda, redondeándole la cara. El vestido le acentuaba sus curvas y su labial rojo la hacían parecer toda una mujer. Los adornos brillaban en su radiante rostro. Todos esos datos se registraron en la mente del albino para siempre.

- Si... Sí que te ves preciosa, Lori -suspiró con admiración.

- Y todo gracias a ti, hermanito. ¡Te quiero!

Le dio sendos besos en los cachetes; las marcas de esos besos quedaron casi ocultas por unos momentos, tan ruborizado estaba Lincoln.

- Me alegro de que te guste, Lori.

- No puedo esperar a ver la reacción de Bobby al verme. Ahhh, me encanta. Lo hiciste muy bien, Lincoln. Bueno, me tengo que ir, te veo más tarde. ¡En serio, muchas gracias!

Tomó sus cosas y se fue.

Por alguna razón, cuando Lori lo dejó solo para irse a su cita, el pecho de Lincoln se desinfló. No quería que se fuera. En serio le había gustado que lo besara y le agradeciera su trabajo.

Confuso, trató de distraerse de la atractiva figura de su hermana que se formaba cada pocos segundos en su cabeza.