Nada de Katekyo Himan Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.
Sky's Mayhem
Prefacio
Un hermoso día, aunque en la opinión del cielo era solo otro día mas. Nada más, nada menos. Un día que sería igual a muchos otros. Lluvia y tormenta no vendrían hasta dentro de unos meses por estos lados, ocupados destrozando otro lugar. Si no se calmaban para la noche, tendría que llamarles la atención, solo eso bastaría. Rayo y trueno pasaba gran parte de su tiempo durmiendo, no lo vería hasta dentro de unos meses si tenía suerte.
Su atención paso a nube, por un corto momento, deteniéndose de acercarse a saludar. Nube nunca estaba de buen humor, saludarlo o simplemente acercarse no sería bien recibido y no quería molestar a nadie. A menos que fuera algo "importante", nube no quería saber. Niebla y espejismo eran gemelos que preferían estar muy cerca de la tierra, así que no podía hablar con ellos e incluso si lo hacía no sería por mucho tiempo.
Por un momento debatió subir, así fuera solo para estar más cerca de sol, y desechó la idea casi de inmediato. Sol siempre estaba ocupado y tenía demasiada energía que gastar. Entretenerlo no era buena idea, por varias causas. No tenía nada de qué hablar tampoco.
¿Que se supone que iba a decir aparte de un hola?, por siglos las cosas no habían cambiado. No había ocurrido una era de hielo, no había habido nuevas especies en cantidad, no había habido grandes eventos… a menos que considerara las guerras de los humanos, pero esa no era un buen tema.
En cualquier caso, era el único que estaba al tanto de lo que sucedía abajo, por curiosidad mayormente. Había tanto que ver, pero también era repetitivo incluso si todos los seres eran únicos. Los demás no le daban atención, no les interesaba los humanos, y los animales no mucho.
Las estrellas estaban muy lejos como para ver mucho, hablar era difícil, y en la noche muchos dormían. La areola boreal aparecía en ciertas zonas por poco tiempo, y era caprichosa. No se llevaban mucho, no se conocían, no habían tenido razón para interactuar, tenía moderación. La luna era como el sol, solo que más tranquila. Molestarla no era una buena idea. La nieve… la nieve era un asunto complicado. Estaba muy cerca de la tierra, prefería el silencio. Su compañía no sería mal recibida, pero su voz sí.
Así que aquí estaba, otro día arriba, no tan arriba como el sol o la nube, entreviéndose con una danza que había visto tanto que era difícil sorprenderse. Más que ver, se preguntaba…
- Todo ha sido igual por siglos… - Murmuro para sí, su vista en un pequeño pueblo. – Nadie ha necesitado de mí en años… - Su presencia era innecesaria, todos sabían moderarse, no querían oírlo recordar las reglas que hace mucho había impuesto sobre ellos para que la vida no fuera tan difícil.
Las reglas que el agua y la tierra parecían resentir algunas veces, y otras amar. Las reglas que el viento, el ser más solitario y neutral que conocía, estaba contento en recordar y en pedir que se cumpliera. El viento era como él, en un sentido. A viento le encantaba ver, le encantaba el cambio constante de la vida.
Por unos días nada pasaría, ¡ni siquiera se darían cuenta!
Nadie había necesitado o lo había buscado en años. No pasaría nada por unos días, sería como si nunca se hubiera ido.
Con una sonrisa formándose en su rostro, el cielo concentro su esencia en un solo punto mientras bajaba. Tierra sintió el cambio, pero tan ocupada estaba en sus asuntos y problemas que lo paso por alto.
El día en el que el cielo bajo a la tierra, la capa celeste en donde las nubes y el sol habitaban perdió su brillo, su encanto por completo, por primera vez. Era un cambio leve, porque el cielo lo había estado perdiendo lentamente en el transcurso de los años.
Muchos, incluido viento, el más viejo de todos, habían olvidado una de las características más importantes del cielo, la razón por la que esa entidad había sido colocada en tal puesto en primer lugar.
El cielo era una entidad amorosa, una entidad familiar, leal.
Era gracias a esto que se llevaba bien con tierra, con agua, y con todos sus elementos. Era gracias a esto que podían convivir pacíficamente entre todos ellos. Era gracias a esto que cielo siempre estaba en donde debía estar, y se aseguraba de que todo fuera como debía ser. Era gracias a esto que solo bastaban unas pocas palabras para solventar un problema por parte del cielo.
Nadie nunca pensó en el día en el que cielo buscaría a alguien más a quien amar, a quien cuidar, con quien compartir.
