Dicen que la curiosidad mató al gato, aunque en este caso sería más acertado decir que la curiosidad acabó con la entereza del conejo. Y es que Lincoln probablemente había escogido la peor forma de llevar a cabo la situación.

Esa misma tarde, que por momentos ya parecía ser noche, el grupo de amigos se juntó para jugar en algunas atracciones menos salvajes, más tranquilas, pero igual de divertidas. Las canicas, dardos, lanzar el aro en la botella, una rápida pintura de todos... de todo.

Casey tuvo la urgencia de ir al baño, por lo que lo dejaron a sus anchas.

- No me esperen -dijo- Ustedes diviértanse... Uy... Creo que estaré aquí un rato... Demasiados hot dogs... -murmuraba, sobándose la panza.

De modo que Lincoln, Ronnie y Nikki se fueron a otra parte. Dada la hora de la noche, suponían que la gran mayoría de los juegos más salvajes estarían pensando en cerrarse, pero hubo uno que parecía aún tener clientela, y se veía bastante bien.

Una gigantesca ruta de varios metros de altitud, un enorme recorrido de agua. Para subirse, uno tenía que instalarse en una especie de salvavidas, con cinturón incluido, con espacio de hasta dos personas. Mucha gente hacía fila para subir, moviéndose en un intervalo de diez minutos. Cada vez que una persona salía, otra rápidamente se ponía en frente.

- ¡Eso se ve increíble! -exclamó Ronnie.

- ¿Qué dicen, nos subimos?

Todos estuvieron de acuerdo. Tardaron casi media hora en llegar, pero las ansias y el entusiasmo los embargaba. La fila parecía interminable, pero eventualmente estuvieron al frente de todos.

- Esperen, solo hay espacio para dos. Si quieren suban ustedes dos, yo me... -empezó Lincoln.

- De eso nada -dijo rápidamente Ronnie- Tú ve con Nikki, quiero disfrutar esto sola.

- ¿Qué?

- Pero...

- Ya me oyeron.

Y antes de que cualquiera de los dos atinara a hacer algo, Ronnie ya estaba acomodándose en su salvavidas, arremangándose su sudadera violeta.

- Pues supongo que solo somos tú y yo, Nikki.

- Yo...

Por alguna razón, Nikki se veía nerviosa. Lincoln no pudo hacer más que sorprenderse, ya que su personalidad abierta, aventada y sin límites no concordaba con el estado de la rubia en esos momentos.

- ¿Nikki, qué pasa? ¿Tienes miedo?

- ¿Miedo, yo? ¡Claro que no! Es solo que...

- Entonces vamos. Nos quedaremos sin lugar.

Soltando una ligera risa, tomó de la mano a la rubia, y se subió a un salvavidas desocupado. Siguió sin entender el porqué del tenue rubor de su amiga, pero no le dio mucha importancia. Le dieron sus cosas a un encargado, que las metió en una bolsa, y les dijo que las podrían recuperar terminando la atracción.

- Mantengan brazos y piernas dentro del vehículo en todo momento. ¡Disfruten del paseo!

La barrera que los separaba del agua corriendo se abrió, y comenzó la acción. Hubo unos cuantos momentos de momentánea quietud, solo para dar lugar a uno de los mayores, mejores, inolvidables y más fuertes experiencias de sus vidas. El juego era muchísimo más movido de lo que parecía por fuera.

El agua te empapaba por completo, te movías sin compasión hacia todas partes, nada impedía que te volcaras una que otra vez. Tanto Nikki como Lincoln se vieron envueltos en un mar de olas y mareas. Nada pudieron hacer para evitar golpearse de vez en cuando, o lanzando gritos antes de ser frenados bruscamente por el juego y el agua. Fueron diez minutos de incontrolable movimiento antes de que por fin acabara.

Era una suerte que a la madre de Nikki se le hubiera ocurrido decirles que llevaran ropa extra, sino se habrían quedado calados hasta los huesos sin remedio. Al principio se quedaron ahí, incapaces de pronunciar palabra. Luego Nikki soltó una risita, a la que Lincoln correspondió. Las risas fueron aumentando hasta que las carcajadas los rodearon. Lincoln dio un grito de júbilo por la increíble experiencia que había presenciado.

- ¡Eso fue lo máximo! -exclamó el albino.

- Volvería a hacerlo, si no fuera porque no nos da tiempo -dijo Nikki, sacando el reloj que le devolvieron junto con sus celulares y la ropa extra.

- ¿Dónde está Ronnie?

- La vi entrar al baño. Vamos, tenemos que cambiarnos.

- De acuerdo.

Chorreando agua, se metieron en sus propios vestidores. Lincoln no tardó en estar listo, por lo que salió a esperar. Aún tras haber pasado tanto tiempo rodeado por mujeres, para él (y para millones de hombres más) seguía siendo un misterio como las mujeres podían tardarse una eternidad en un baño. Se preguntó qué misterios femeninos ocurrirían en su interior, pero supuso que nunca lo sabría. Después de lo que le parecieron horas, las chicas por fin salieron.

Ronnie le lanzó una miradita y salió corriendo.

- ¿Pero qué...?

No tuvo tiempo de decir ni jota cuando la mexicana se perdió de vista.

- Tranquilo, fue por Casey, ya que se perdió -le explicó Nikki.

- ¿Cómo se pudo perder?

- Te sorprendería saber la pésima orientación que tiene Casey -dijo Nikki, sacudiendo la cabeza- Nos acaba de llamar, y nos dijo que estaba junto a un cartel que decía "Bienvenido".

Lincoln suspiró.

- Te entiendo.

- Bueno, ven, esperemos los dos.

Se sentaron a esperar, pero a juzgar por el tiempo que pasaba, Casey debía estar en verdad perdido. Tratando de sacar un tema para hablar, el albino notó que la ropa que Nikki llevaba puesta era muy distinta a la que usualmente usaba.

- No sabía que te gustaba el rosa -comentó, señalando su ropa.

Nikki se puso roja.

- ¡Yo no la elegí! De seguro fue mi mamá, queriendo que me vea más "femenina".

- No lo digo para molestarte -aseguró Lincoln- Lo digo porque en serio te ves bien.

Eso hizo que Nikki se pusiera aún más roja.

- No... No soy linda...

- Ah, no digas eso. Estoy seguro de que algún chico estaría dispuesto a salir contigo.

- Yo... Yo no creo que...

- Nikki. No digas que eres fea, créeme cuando te digo que en serio te ves bien. Si tuvieras a algún chico que te guste, no creo que te rechace.

Le sonrió, animándola. Nikki lo miró con una mirada tímida, evaluando sus palabras. Realmente se veía muy bonita, con su rubio cabello suelto, sus ojos...

Lincoln recordó el descuido de Casey, y volvió a preguntarse sobre a quien le gustaba Nikki. Le habría gustado saber, así podría ayudarla, darle consejos, hacer planes de citas, tal vez...

- Si dices que... que en serio nadie me rechazaría... ¿Me rechazarías tú, Lincoln?

El albino se quedó pasmado. Volteó a ver a Nikki, quien lo miraba con unos ojos que podrían derretir al mismísimo sol. Nerviosa, ella le sujetó el rostro con una mano, y la otra en su hombro. Lentamente acercó su rostro al de él. Cerró los ojos, y con notable valentía, unieron sus labios.

Lincoln fue consciente de su aumento de temperatura, de sus ojos abiertos de la sorpresa, y del bulto que se formó en el centro de su pantalón.

La lengua de Nikki invadió su boca, en busca de mayor sensualidad. El albino le siguió el juego, acercándola a él. Sus lenguas pelearon por la dominación, sus cuerpos se iban acercando poco a poco, y hubiera seguido así de no ser por la falta de aire que los hizo separarse.

Jadeando y sonrojado, Lincoln quiso darle una sonrisa. Pero lo que no se esperaba era ver a Nikki empezar a llorar, levantarse y salir corriendo. Y él solo se quedó quieto, sin saber qué hacer.