Nada de Katekyo Himan Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.
Sky's Mayhem
Capítulo 3: Una Sonrisa Falsa
- Yo… yo… - Giotto ladeo la cabeza un poco, sin entender porque el hombre extraño se había vuelto tan blanco, un blanco casi grisáceo. G, su nuevo amigo, no estaba mejor que él.
- ¿No le gusta? – Era una comida diferente, aunque tampoco era nada nuevo. - ¿Acaso es vegetariano? – G frunció el ceño, tomando el plato y alejándolo del hombre. – No tenía idea, disculpe, ya le conseguiremos-
- No es vegetariano. – Le dijo a G con más confusión que antes. No tenía sentido, y G imito su expresión ante tal información. - ¿Tal vez no le guste el conejo? – Lo peor del caso: - Costo un montón cazarlo…
Entre ambos y aun así costo mucho. No sabían que algo tan pequeño podía moverse tanto. Al menos G sabia como usar arco y flecha, con muy buena puntería. Giotto estaba atado con solo trampas básicas que el hombre le estaba enseñando a hacer, pero que no sabía que no eran para cazar precisamente.
- Chicos. – Ante el repentino llamado, ambos chicos regresaron a mirar al hombre a cuál ambos admiraban mucho. – Chicos, yo… solo… - No sabía cómo explicarse, como expresarse, así que esperaron. Su guardián hacia lo mismo por ellos, así que… - Prométame una cosa, ¿sí?, una sola cosa… - Recobrando color, les pidió de forma mucho más suplicante de lo que esperarían: - No estoy en contra de que casen, es perfectamente natural y entendible, pero por favor no casen animales que puedan volar, ¿por favor?
Ambos chicos se miraron, sin saber cómo tomar el tono y la expresión de ese hombre que nunca habían visto rogar. Había algo muy extraño, muy fuera de lugar, algo que no podían identificar, pero si sentir. Esta petición era más que una simple petición, que una simple promesa.
Tulipán eligió ese momento para aparecer, volando directamente a la cabeza del hombre y acomodándose allí como si fuera su cama. La cama más cómoda que hubiera, para ser precisos.
- Claro, claro… - G se sentía como un idiota justo ahora. Giotto no estaba mejor. – Nada que vuele, entendemos…
La verdad es que no entendían porque precisamente los que podían volar y no todos, pero podían cumplir tal cosa. Era estúpido de ellos olvidar que este hombre tenía un encanto extraño con los animales, les tenia gran afecto y paciencia, y los animales siempre parecían calmarse y buscarlo a donde fuera. En todo este tiempo, ninguno lo había visto herir a uno, ni siquiera a una mosca.
Más que la comida, de seguro fue verlos preparar el animal. El había llegado justo cuando lo estaban separando en piezas pequeñas, para hacer un guiso. Ninguno era un cocinero como tal, pero mientras nada se quemará…
Habían pensado en que sería una buena sorpresa, nunca se figaron en que el hombre los había dejado solos en lugar de ayudarlos o instruirlos como usualmente hacía.
- ¡No tienes por qué comértelo si no…! – Tarde, muy tarde.
El señor de cabellos chocolate hizo una mueca, pero eso no lo detuvo por más que un segundo.
- Ambos necesitan unas lecciones de cocina. – Fue el anuncio más fuera de lugar que podría haber tomando en cuenta lo que unos minutos atrás ocurrió. – Nada esta crudo, nada esta quemado, y no sabe mal. – Lo siguiente era para hacer reír a cualquiera: - Se pasaron de sal. – Y no un poquito como se pensaría por ese simple e inocente comentario.
El señor era muy amable como para decir la verdad como tal, la endulzaría. Así que, con ese comentario, lo que en verdad quería decir era que se propasaron mucho de eso. Al probar sus propios platos, era la confirmación de tal cosa.
- ¿Por qué los que vuelan? – No decía aves porque el señor hubiera dicho solo las aves si hubiera querido referirse solo a ellos.
El señor pestañeo varias veces, tomado por sorpresa ante la pregunta. Luego, comenzando a lavar los platos, adquirió un aspecto contemplativo. Por largo rato no ocurrió nada, haciéndolos suponer que no habría respuesta, así que los sorprendió oír:
- Son los más cercanos a mí, desde pequeño todo lo que vuela viene a mí. – Era la primera vez que lo oían hablar de su niñez. Era una doble sorpresa. – Podría decirse que me he encariñado con ellos, especialmente las aves. Sé que es normal cazar, matar para vivir, pero no creo soportar si veo a uno de mis pequeños ser víctimas en frente de mí. – Al decir pequeños, su mano estaba malcriando a Tulipán.
Pequeños. A ellos dos también los llamaba sus "pequeños".
- ¿Quieren aprender a cazar? – Sin esperar respuesta, agrego: - Puedo enseñarlos, se de trampas y de seguimiento. Lo único es que no puedo enseñarles a… - Pauso, su voz temblando por un momento. – Tendrán que buscar a alguien más para la limpieza de los cuerpos, y para hacer los cortes. Eso si no… - Se apagó, negándose a mirarlos.
- ¡No tienes por qué enseñarnos nada de eso! – Aunque no tenían idea de a quien podrían preguntarle, y por estos bosques…
- También sería buena idea enseñarles defensa personal… - Esto fue contemplativo, aun sin mirarlos.
No importa lo que dijeron, el señor no se dejó decir que no. Fue de esta forma en la que se encontraron en el bosque, un arco extendido y un venado en la mira.
- Wow… - El señor dio en el blanco, sin gran dificultad.
Si no lo hubieran visto, no lo creerían. El hombre no iba con prisas, tomándose su tiempo y haciendo sus gestos algo exagerados para que ellos pudieran ver con más detalle. Claro, eso en los momentos en donde debían hacer silencio.
- Los animales sienten. – Mientras caminaban a la presa caída, el señor siguió explicando. – Por eso es recomendable tener una mente tranquila, no malas intenciones o estar muy emocional. Si sienten algo extraño de ti, si sienten malas intenciones, huirán. – Era una magnifica criatura. Cenarían bien esta noche. – Perseguirlos, corretearlos, no lo aconsejo. Lo mejor es llegarles así, lento, que no te vean, que no sepan que estas allí. Es lo más seguro, a menos que conozcas bien estos bosques, podrías tener un accidente. – Había algo raro en los ojos del señor al ver a la presa, pero eso no lo detuvo de alzarlo para llevarlo a casa. – Mañana lo intentaras ustedes, luego de-
- ¡Wow!, no pensé ver a nadie darle a uno de esos. – Hubo un silbido de apreciación. – Llevamos todo el día y no hemos podido con uno de ellos, ¿cómo le hicieron?
La repentina aparición los hizo saltar. Era otro chico, con un adulto. Por sus vestimentas, parecían monjes. O como se llamará, no sabían mucho de esas cosas.
- No tienen pinta de estar de cazaría. – Fue la observación del extraño señor, de buena forma.
- Queremos capturar uno. – Este fue el otro adulto. – Preferiblemente vivo, pero ninguno ha caído en nuestras trampas. - ¿Ah?
- ¿Trampas?, ¿qué clase de trampas? - ¿Acaso era lo más importante?
Más tarde, aun no le veían la importancia de las trampas, eran solo sistemas de atado, nada más. No entendían la preocupación de su guardián, ni porque tanto interés en cosas como esa. Si caían en una, el otro solo tendría que rescatarlo. Cortar la cuerda o desarmarla era un asunto sencillo, ¿así que porque tanta preocupación?
Al día siguiente, en la mañana, el hombre de ojos chocolate se encontró con un chico que no debería estar allí, admirando las aves que estaban cantando y jugando en la cerca y el tejado. Era una vista poco común, en especial con tal cantidad de aves, pero ese no era el problema.
- Puedes pasar si quieres. – Para él era obvio, pero no iba a señalarlo ni decirle nada. – Los chicos aun duermen, ¿supongo que quieres unirte al desayuno?, ¿te apetece unos huevos revueltos con pan? – Quisiera o no, aun haría demás, sabia como iba a terminar esto.
No fue ninguna sorpresa para él que el chico lo siguiera, hablando animadamente de cosas tontas, ignorando completamente sus preguntas sobre si había venido solo o no. No era mala compañía, y los chicos apreciarían a un nuevo amigo.
La pregunta era cuanto tiempo Giotto y G tardarían en darse cuenta que este chico se había escapado y lo seguiría haciendo porque se sentía solo, y los encontraba interesantes. A Giotto, mayormente. Este niño no estaba aquí por él, eso era seguro.
Tardarían bastante, este chico era bueno en decir y no decir nada al mismo tiempo, y con esa sonrisa falsa que era bastante convincente más aún.
Sería divertido de ver. Aunque de todas las cosas que espero no fue que un chico como este terminara interesándose en los chicos. Esperaba que los otros monjes no se molestaran, porque tenía el presentimiento de que esto sería una ocurrencia más que común a partir de ahora.
Aprovecharía la oportunidad para revisar el bosque minuciosamente. Había trampas peligrosas regadas, estaba seguro. Algunas personas eran simplemente muy crueles.
