- ¡KYYYYYYAAAAAAAAHHHHHH!
El grito de fangirl que dieron sus dos hermanas fue ensordecedor. Lincoln nunca supo como cinco veces esa potencia nunca había podido destrozar las ventanas de su antigua casa, pero así eran las cosas. Y sin embargo, no les podía reprochar nada. La historia de todo lo que le había ocurrido la noche anterior no pasó desapercibida, sobre todo porque antes de que pudiera evitarlo, Nikki había sido vista por Luan, quien le avisó al instante a Lori.
Al menos había conseguido que lo dejaran descansar esa noche, aunque aún sentía mucho sueño. Y es que apenas empezó el día siguiente, Luan y Lori quisieron que Lincoln les contara cada mísero detalle.
- ¡Ay, Lincky! ¡Qué alegría me da que por fin tengas novia! -le dijo Luan.
- Ya me daba miedo de que no tuviéramos cuñada. Tan poca suerte tienes con las chicas, Lincoln -añadió Lori, con ojos soñadores.
- Sí, gracias... Espera, ¿qué?
- ¿Y cómo es ella? -exigió saber Luan.
El peliblanco se resignó a su destino, así que les contó todo. Poca atención ponía a sus propias palabras, ya que sentía una opresión en el pecho al ver que Lori no se mostraba celosa o molesta, sino con el simple interés que ella tenía sobre su hermano menor.
- Bueno, ¿qué esperabas? -pensó Lincoln para sus adentros, abatido- ¿Qué rayos esperabas? Es tu hermana, así es como te ve ella, así es como nos ven todos los demás. Y su novio...
- Lori, se me hace raro que no estés con Bobby -le comentó Lincoln al terminar.
La mayor de las Loud suspiró.
- A mi me gustaría estarlo, pero estos días no lo he vuelto a ver. Es como al principio, parece estar ocupado con algo.
- ¿Y eso? -quiso saber Luan.
- No lo sé, no me lo quiere decir. Tal vez sea un sorpresa. Pero eso no es en lo que estoy pensando. ¡Lincoln! ¡Ya por fin estás creciendo!
- ¡Lo sé! ¡Es hora de celebrar! Te compraremos algo lindo, o quizás cenemos en algún lugar...
Ambas hermanas abrazaron al chico, quien no habría podido zafarse aunque quisiera. Pero aunque le daban ánimos y lo apoyaban con entusiasmo, lo único en lo que pensaba el albino era en eso que sintió de repente por Lori. Era diferente con las demás hermanas, iba mucho más allá. Le alegraba el día con tal de ver aunque sea la más mínima sonrisa de la rubia. Más que simplemente sentirse satisfecho y contento con el novio de Luan, sentía celos por el de Lori. Antes veía a Bobby como a un hermano, pero ahora no era más que un rival. La presencia de Lori lo llenaba de serenidad y calidez. Y en cuanto pensaba en ella, el albino sentía una fuerte y agradable oleada de calor por todo su cuerpo.
Dejando atrás que ya tuviera novio, que fuera su hermana hacía las cosas aún peor. Nada podía hacer para evitar sentirse así, porque con gusto dejaría en paz a todos y evitaría destrozar sus relaciones. Sin embargo, ¿quién puede decidir de quién enamorarse y de quién no? Era un callejón sin salida.
Pasaron unas semanas más, en las que la escuela continuó como siempre, exceptuando lo obvio. Nikki ahora pasaba mucho más tiempo con él que con nadie más. A sus amigos no les preocupaba mucho, aunque sí que se sentían molestos o incómodos cuando comenzaban a besarse. Pero lo que Lincoln no se esperaba fue la actitud que tenía Nikki.
Uno pensaría que por su actitud y forma de ser iba a ser tranquila y algo más fijada en jugar o pasarla bien juntos. Pero debían de gustarle más las cosas para chicas de lo que Lincoln pensaba.
No había ni un día en que no se tomaran fotos, todas en las que se exigía que Lincoln sonriera. Los besos de Nikki eran constantes, y aunque Lincoln se sentía extasiado, cada vez forzaba más su boca a seguir la acción. Incluso había días en los que Nikki quería que lo acompañara al centro comercial, en especial en busca de ropa, una de las cosas que a Lincoln más le hacía perder la paciencia. Ella quería saber su opinión sobre todo: si se veía bien, si comían tal cosa, a dónde irían, fotos en sus redes sociales, decirle a todos cuánto se querían, besarse... era un caos.
Al cabo de un mes, Lincoln estaba cansado. Al principio, el peliblanco creía que podría resistir cualquier cosa que le lanzaran a la cara, pues haber pasado casi toda su vida con tantas chicas que pedían su atención debía de ser entrenamiento suficiente. Sin embargo, Nikki lo había explotado hasta unos límites que Lincoln creía que solo sus diez congéneres en unísono podrían alcanzar. De las veinticuatro horas del día, Lincoln estaba interactuando con Nikki mínimo diecisiete. Aún cuando fueran altas horas de la noche, Nikki no fallaba en enviar uno que otro mensaje, exigiendo que le contestara.
Tal vez en el pasado fuera así, y tal vez no lo sea ahora, pero no eran muchas las mujeres que sabían darle espacio a sus parejas. Y Nikki apenas y lo dejaba respirar. Un hombre tiene una especie de ciclo, un ciclo en el cual habrá momentos en los que se sentirá más que dispuesto a darle lo que quiera a su novia. Pero una vez realizado su papel de caballero andante, el hombre necesitará tiempo para "reponerse". Si no se le da ese espacio vital al varón, éste se sentirá resentido y molesto, incapaz de prestarle la atención que merece su pareja. Únicamente necesita un tiempo a solas. Y ya que Nikki no iba a ninguna parte sin él (y si lo hacía, lo llamaba inmediatamente a su celular), el albino se cansaba de su novia demasiado rápido.
Todo esto combinado con los sentimientos de los que estaba cada vez más convencido hacia su hermana, causaban una desesperación de tal magnitud, que pensaba seriamente en la idea de cortar con Nikki. Tal vez no para estar con Lori, pero al menos con la libertad de sentirse mejor.
Pero no. No podía hacerle eso a Nikki, y menos cuando acababan de empezar. Unos meses se le hacían muy poco tiempo como para ya terminar su relación, pero le idea se le estaba formando en la cabeza con temerosa claridad.
Con esas ideas en su cabeza, una tarde se hallaba acostado en su cama, después de colgarle por fin a Nikki, quien discutía sobre si usar zapatos azules Klein o azules cobalto para su siguiente cita, pues había escuchado que alguien tocaba la puerta.
- ¡Voy! Oh, quién lo diría...
Luan abrió la puerta. Y quien entró fue Bobby.
- ¡Bubuosito!
Lori, afortunadamente bien vestida, saltó a los brazos de su amado.
- Bebé, perdón por estar tanto tiempo fuera, pero por fin estoy aquí. Y quiero recuperar el tiempo pedido. ¿Quieres tener una cita ahora?
- ¡Claro que sí, amor! ¡Oh, estoy tan emocionada!
Lori tomó su bolso y se volvió para ver a sus hermanos.
- Los veo luego, chicos. Cuídense. Y no se preocupen, volveré pronto... espero. ¡Adiosito!
Y despidiéndose con energía y una gran sonrisa en su rostro, Lori cerró la puerta.
- Ya me extrañaba que no apareciera... -comentó Luan, cerrando la puerta de su propia habitación. Lo cual fue una suerte, ya que Lincoln explotó.
No de furia tan así, pero no era común que se sintiera tan capaz ni con tantas ganas de golpear su almohada con tanta fuerza ni por tanto tiempo. Varios minutos pasaron en los que ahogaba sus gritos y gruñidos con la misma almohada, sacando de su interior toda la frustración, desesperación y celos que sentía.
Cuando por fin terminó, se detuvo para cerciorarse de que Luan no hubiera escuchado nada. A juzgar por una ligera tonada que tarareaba la comediante, no le prestaba atención. Lejos de estar enojado, ahora el peliblanco estaba triste. Sentía como su inestabilidad se mantenía a raya... por el momento.
Quien sabe qué tanto tendría que soportar antes de que las cosas empeoraran de verdad.
