¿Han sentido alguna vez ese miedo? Ese que sientes cuando usas tu celular a mitad de la noche sin escuchar nada, y de repente, al muy estilo ninja, tu mamá entra con sigilo preguntando "¿qué estás haciendo? y de inmediato sabes que puedes darte por muerto. O cuando tienes un acordeón en un exámen, y sin avisarte, el profe mala onda te lo quita y te saca del salón.

Así se sentía Lincoln en esos momentos cuando Luan habló. Lincoln notaba como su cuerpo se cubría rápidamente de sudor. Sintió como su mente trabajaba a toda velocidad creando excusas, cada una más débil que la anterior. El caso fue que Lincoln no reaccionó a la suspicaz mirada de la comediante. Solamente se quedó viendo como su hermana intentaba descifrar su expresión. Finalmente, el albino decidió romper el silencio.

- Luan... yo...

No sabía como decirlo.

- Mira, Lincoln -suspiró Luan- No puedo decir que esté del todo sorprendida, aunque tampoco me agrada confirmar lo que sospechaba.

- ¿Ya... ya lo sabías...?

- Como dije, lo sospechaba.

- ¿...Tan obvio soy? -susurró Lincoln.

- Oh no, para nada -repuso a su vez Luan, sacudiendo la cabeza- Ten en cuenta que te conozco desde que naciste, y no se me es muy difícil saber lo que piensas algunas veces. Entre nuestras hermanas, creo que solo Lucy es más observadora que yo. Al fin y al cabo, los veo mucho más de cerca de lo que piensan.

Lincoln recordó las cámaras que tenía Luan por su antigua casa, y entendió lo que decía. También notó que Luan no usaba ningún tono en particular. No estaba contenta, pero tampoco molesta. Tenía que explicarle.

- Creo que necesitamos hablar -se resignó Lincoln.

- Te escucho -dijo Luan, poniéndose cómoda.

Lincoln le contó como todos esos locos sentimientos comenzaron a surgir. Desde el suceso con Nikki, hasta ese mismo día. Todo lo que hacía Lori, lo que le pasaba a él, su dolor y confusión, le dijo todo. Mientras hablaba, comprendió otra de las razones por las cuales Lori le había empezado a gustar. Todos creían que era una mandona e indiferente chica, pero la verdad es que era responsable, buena gente, y si uno se molestaba en conocerla, se enteraba de que en realidad quería a los que la rodeaban. Desde ese cambio, Lincoln comenzó a quererla, y se lo hizo saber a Luan.

- Bueno, es mucho para procesar -dijo Luan cuando terminó a su relato. Seguía sin adoptar ningún tono- Estás cansado de tu novia, quieres pasar tiempo con más personas, nuestra hermana te atrae, tratas de que no se note... Es demasiado para pensar, eso sin duda.

- Luan, sé que no debería sentir esto, pero no puedo decidir quien me gusta, ¿no crees?

- No lo sé... Supongo...

- Y soy consciente de todos los problemas que esto acarrea, pero tampoco es que sea un insensible. No pienso lastimar a Lori mientras salga con Bobby... Y por como lo veo... nunca se van a separar...

Luan detectó la tristeza detrás de esas palabras, y su semblante se ablandó un poco.

- Lincoln, sé que no es tu culpa querer a Lori, pero no puedes lastimar a nadie con ese afán.

- Lo de Nikki no tiene nada que ver con Lori -se defendió el albino- Aún sin Lori, me seguiría sintiendo igual. Nikki me acosa demasiado. Es buena chica, y pensé que me entendería, pero creo que no es posible...

- Está bien -Luan parecía haberse decidido por fin- Escúchame bien, Lincoln: No pienso que lo que esté ocurriendo sea correcto, pero sigues siendo mi hermano. Te respeto, y por eso no voy a delatarte, pero tampoco te voy a ayudar. No pienso alentar ninguna clase de disputa entre Lori y Bobby, ni en formas de romper con Nikki. Pero... Si necesitas hablar de algo, soy toda oídos.

Lincoln suspiró de alivio.

- Gracias, Luan, en serio te lo agradezco. Y bueno... ¿No hay alguna forma de librarme de esto que siento?

- ¿Eh? ¿A qué te refieres?

- Sé que lo que siento es imposible. Así que si lo sé... ¿Por qué? ¿Por qué su sonrisa me reconforta? ¿Por qué mi corazón salta cada vez que la veo? ¿Cómo me salvo de esto?

Una verdadera oleada de desesperación bullía de su interior, y las lágrimas no tardaron en salir. Luan se sintió conmovida, así que abrazó a su hermano, consciente de las difíciles decisiones que tendría que tomar el peliblanco.

- Todo saldrá bien, hermanito... Todo saldrá bien.

Pero claro, nadie podía asegurar eso.

Nikki estaba cada vez más molesta por la negativa de Lincoln de verla. Este se esforzaba por hablar con Casey, Sameer o Ronnie Anne, pero no era suficiente. La rubia seguía enfadada.

- Lo que no entiendo es por que no la cortas -le decía Ronnie Anne, cierta tarde.

Almorzaban juntos, uno de esos días en que estaban libres. Por suerte, estaban solos, nadie los molestaba.

- Ya te conté de esto, aunque ni siquiera quería decírtelo, pero bueno. Es demasiado posesiva...

- Sí, lo es, y no sin razones -comentó Ronnie Anne. Tras esos instantes de silencio, la latina se volteó a verlo, y vio que su amigo se veía extrañado. Tragó lo que tenía en la boca- No lo entiendes, ¿verdad?

Lincoln la miró.

- No, no lo sé, aparentemente. Explícame.

- No es sólo porque eres el único que la trata como chica. Prácticamente eres el único que le demuestra amor de verdad. O solías hacerlo. No, hay más razones por las cuales se comporta así.

Ronnie Anne se adelantó, bajando la voz, por lo que Lincoln se inclinó también para escuchar.

- Su padre no la trata bien, es un agresivo y un perfeccionista. No acepta nada de lo que ella quiere y él trata de moldearla a su gusto, como si fuera una muñeca. Hay veces que incluso la golpea, sin el menor asomo de culpa. Y su madre no la defiende ni interviene. No está interesada en ella. Sí, la lleva, la trae, le da de comer, pero no la escucha cuando lo necesita y deja que su marido la siga golpeando. Es muy indiferente. Nosotros la ayudábamos, pero no fue hasta que llegaste tú que abrió su corazón de verdad. ¿Y todavía no entiendes por qué te atesora tanto?

Lincoln solo se quedó callado.

- Aunque admito... que no es la relación más sana que he visto. Y la de nuestros hermanos no la considero mucho mejor.

Al recordarle a Lori, Lincoln se sintió mucho peor.

Sonó una notificación. El albino vio su reloj y se levantó.

- Parece que a mi hermana ya le van a dar de alta en el hospital. Voy a ir a verla.

- De acuerdo. Ah, el hospital está por el centro, ¿verdad? Si ves a mi hermano, dile que mi mamá lo busca, es importante. Según recuerdo, estará por esa zona con sus amigos. Yo aún tengo clases.

- Está bien. Nos vemos.

La explicación de Ronnie lo dejó más confundido que nunca. Ahora entendía las razones detrás de las acciones de Nikki, pero eso solo hacía que se sintiera peor. No había forma de cortar con ella sin lastimarla aún más, y sin duda no quería algo como eso. Su amor hacia su hermana solo conseguía hacer que su pecho doliera más de lo normal.

- ¿Qué puedo hacer? -pensaba- ¿Qué hago ahora?

Con esos confusos pensamientos, el peliblanco fue acercándose al hospital. Pero antes de llegar, tal como dijo Ronnie, Bobby se encontraba ahí con sus amigos. Eran solo dos, pero lucía como si se despidieran. Supuso que se irían a hacer otras cosas.

- ¡Eh, Bobby! -lo llamó Lincoln.

Bobby no lo escuchó, estaba muy distraído con su celular. Al fijarse bien, Lincoln notó que el hermano de Ronnie Anne se veía diferente. Como demacrado, cansado. ¿Lo harían trabajar demasiado?

El moreno caminó hacia lo profundo de la ciudad. Lincoln lo siguió, curioso, queriendo saber lo que hacía. Caminaron casi media hora, hasta que Bobby por fin se detuvo. Sin notar que lo seguían, entró en un callejón. No era un barrio descuidado, ni nada por el estilo, pero algo en la actitud de Bobby le dio mala espina a Lincoln.

Justo cuando iba a gritarle exigiendo explicaciones, Bobby tocó la puerta de una casa y esperó. En cuestión de segundos, una belleza de mujer le abrió. Lo dejó entrar, y el moreno ni siquiera vaciló. Le entregó a la mujer unas flores que el peliblanco no había visto antes y el mexicano le sonrió con cariño.

Lincoln no podía creer lo que veía. Y en cuestión de segundos, la ira lo inundó, y corrió, más ansioso que nunca de golpear algo.