Nada de Katekyo Himan Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.
Sky's Mayhem
Capítulo 7: El Naufrago
- ¿Seguro que no quieres entrar a nadar? – Giotto se contuvo de rodar los ojos ante otra negación que obtuvo. – Vas a pasar toda la semana sin meterte al agua, ¿no es así?
- No exageres Giotto. – Y el hombre tenía las agallas de reírse y bromear como si en verdad estuviera exagerando. – Te preocupas demasiado, el hecho de que no esté en el agua no quiere decir que no me esté divirtiendo. – Tenia una dulce sonrisa diciendo esto, y no tardo en volver a su libro, un par de guacamayos bajando para robarle la merienda.
Giotto no se molestó en contradecirlo. Llevaban 5 días allí y aun no se había metido al agua, perfectamente contento con quedarse en la orilla, mimando a cualquier animal que viniera a él, los cuales eran unos cuantos, leyendo un libro o simplemente mirando en dirección a donde estaban ellos.
Era extraño, a Giotto le preocupaba esta extraña actitud. No podía negar que estaba mucho más feliz que de costumbre. Mucho más feliz, y gracias a esto sabía que a su guardián le encantaba la compañía, así no fuera para él. Mientras el lugar estuviera vivo, que hubiera buen ánimo y juegos como ahora, estaría sonriendo de muy buena forma y casi nada lo molestaría.
Así que si, el hombre estaba feliz, muy feliz. El problema era que no se unía, y estaba seguro que no era el único que sentía los ojos encima cuando estaban en grupo. Tal y como ahora. Estaban en el agua, todos por una vez, jugando y molestándose entre sí. Incluso Alaude, aunque era porque quería matar a G por despertarlo accidentalmente, pero detalles.
El único que falta era su guardián, el único que se había negado a entrar al agua, a pesar de todos los signos que indicaban que en verdad quería entrar. La verdad Giotto no sabía que pensar y mucho menos sabía qué hacer. Los demás tampoco, suponía. Ninguno había tenido mucho éxito, pero nada de eso cambiaba lo que sentían y lo que veían.
- Iré a preparar la cena, creo que-
- No. – Giotto negó, sin siquiera mirar. – Déjalo que lo haga él. – Le negaría eso también. Como otras cosas.
- Pero… - G frunció el ceño, pero asintió de todas formas, recordando lo que pasaría si iba e insistía.
El señor ya debía de estar haciendo la fogata y preparando la comida. Había pescado hace rato, así que no era un misterio que iban a cenar.
Fueron cacheteados por la fruta y la ensalada que en verdad nadie sabría decir cuando rayos apareció. No es que el cocinero iba a decirles, eso era seguro. La sonrisa traviesa era suficiente indicativo.
Bromearon y molestaron hasta altas horas de la noche, y la luna estaba arriba cuando finalmente todos cayeron dormidos. Todos menos uno.
- Me matarían si me ven… - Murmuro para si el más viejo de todos, hundido hasta el cuello en el agua.
Tan tarde, a tales horas y con tal frio no era buena idea meterse en el agua a nadar. Lo hacía a esa hora porque estaba seguro de que todos estaban durmiendo, nada más. A diferencia de lo que los chicos pudieran creer, no era que no quisiera entrar al agua. Al contrario, pero era más una relajación para él y si entraba con ellos no lo obtendría.
Aparte, disfrutaba más verlos molestarse y pelearse entre sí que unirse a eso. En verdad no podía unirse, no estaba en la misma edad ni la relación era tan estrecha como para que fuera agradable para todos. Era preferible así, algún día lo entenderían.
Miro hacia arriba, admirando la luna y las estrellas por un momento antes de hundirse en el agua y quedarse allí por un momento, solo disfrutando de la oscuridad y de la sensación del agua sobre su cuerpo. Ya no sentía tanto el frio, pero eso solo significaba que tendría que salir pronto. De cualquier forma, se estaba arriesgando a un resfriado como era.
- ¿Como esta? – Esto fue lo que lo saludo y casi le da un ataque cuando saco la cabeza fuera del agua otra vez.
- ¿No deberías estar durmiendo? – No se había fijado, ¿en qué momento llego a esas rocas?
- Lo mismo podría preguntar yo y Alaude. - ¿Alaude?
El otro chico estaba acostado, mirando con ojos entrecerrados de la rama de un árbol cercano. Genial. ¿Desde cuándo estaban allí?
- Giotto no va a estar feliz de saber que prefieres tarde un baño de noche. – Por solo el tono en el que lo dijo el cura, sabía que estaba diciendo que él ni ninguno de ellos estaba feliz de saber eso.
- ¿No tienes oraciones que hacer? – Sabía que era un golpe bajo y que no se lo esperaron, pero no estaba de humor. – Es calmante, no sé cómo explicarlo. – Y le molestaba que lo cuestionaran.
No era la primera ni la última cosa que hacía a escondidas para que nadie le dijera nada. Había cosas que no podían ser fácilmente explicadas o no quería compartir. Esta era una de ambas cosas.
- Eso no fue grato. – Por supuesto que no.
- Tampoco es grato lo que están haciendo. – Aunque entendía que solo lo estaban cuidando. – Ahora, si no les molesta… - Pestañeo varias veces, y por un momento solo quiso maldecir.
Nadie en verdad estuvo sorprendido de que el par de focas que ayudaron a mover la balsa en su dirección se derritieran con él antes de partir como si nunca hubieran estado. Aun así, mojado y temblando del frio de pies a cabeza, solo queriendo ir a la fogata a calentarse y secarse antes ir a dormir, no era la mejor ocasión para que apareciera un hombre extraño en una balsa con pinta de estar muerto.
Bueno no, no estaba muerto. Eso era una buena noticia. Lo demás eran malas noticias, pero bueno, es una balsa que viene desde Dios sabe dónde…
- Al menos no es una chica. – No pudo evitar bromear, consciente de que se vería muy mal porque eran chicos y se podría malinterpretar todo y demás…
- Anda a calentarte, no hace falta un enfermo de combo. – Fue empujado insistentemente y alguien le tiro hasta una toalla en la cara.
Muchas horas después, el sol estando en lo alto y el sonido de las aves cantando fue cuando la persona de la balsa despertó. Si ese señor tenía que apuntar a un culpable sería al montón de gente peleándose y regañando a un hombre mucho más viejo que ellos a corta distancia de él.
- ¡He dicho que no! – Vaya estruendo, pensó para si el extraño, haciendo una mueca de simpatía. – Me gusta nadar de noche, ¿algún problema con eso? – Eso fue un siseo, con mucha molestia.
No fue sorprendido de que hubiera solo silencio de repente. No veía que podía tener de atractivo meterse al agua cuando estaba tan fría y todo era oscuro, pero ese no era su problema. Cada quien tenía sus gustos, de otra forma la vida sería muy aburrida. Ahora, ¿en dónde estaba…?
- ¡Oh cielos!, ¡ya despertó! – Y así, en menos de un pestañeo, estaba rodeado y siendo revisado de arriba abajo y recibiendo muchas preguntas de cómo se sentía.
Y alguien le dio un plato de comida, fue el único que no dijo nada, extrañamente. En otra ocasión hubiera negado o hubiera revisado, pero tal y como estaba no. Estaba hambriento, no había comido nada en días. ¿Se iba a poner quisquilloso con quienes parecían haberlo encontrado y lo estaban ayudando sin siquiera saber su nombre?
En poco tiempo se dio cuenta de que el líder del grupo era el chico de pelo rubio y ojos azules, y que no eran gente cualquiera. La intención asesina de uno de ellos, quien parecía molestarse con suma facilidad, se lo decía sin tener que preguntar.
Se quedó con ellos hasta que regresaron a su pueblo. No era muy lejos. Luego de eso, fue a recolectar información y planear que iba a hacer ahora. Había logrado escapar, ahora tenía que ver que haría. Necesitaba un plan y necesitaba información.
Y una de las cosas que quería saber era quien era ese hombre de cabellos chocolate. Obviamente tenía que ser familiar del otro chico, eran muy similares, ¿tal vez era su padre?
Tenía sus dudas, porque para ser padre e hijo no se vieron tan cercanos. El hombre de pelo marrón estaba algo al marguen, fuera del grupo, pero no muy lejos. La anomalía lo molestaba, y le daba curiosidad. En especial porque los chicos parecían buscar guía de ese hombre, a pesar de tener un líder tácito.
Le gustaban los misterios, esa gente era buena. Sería útil saber más de ellos. Además, lo quisiera o no, les debía por ayudarlo.
- ¡Demon! – Sonrió políticamente, esperando a ser invitado a pasar. - ¿Y eso que estas aquí? – El rubio estaba extrañado de verlo, nada más.
Con un nuevo atuendo, mostrando que no era un civil cualquiera, con una carreta llena de bienes y regalos, como prueba de agradecimiento, solo había una persona que no estaba sorprendido de verlo ni de lo que traía o de sus cambios.
Esa persona era la que más edad tenia, y lo descubrió sin darle más que un vistazo:
- Déjalo pasar. – Así de simple, sin ninguna duda.
Demon no sabía cómo sentirse o que pensar de la mirada conocedora de esos ojos chocolate.
