Nada de Katekyo Himan Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.
Sky's Mayhem
Capítulo 8: Vongola
- ¿Estás seguro de que eso es lo que quieres hacer? – No se molestó en mirar a nadie. Sabía cuál sería la respuesta. Era mejor así, era mejor que no viera como en verdad se sentía con el tema.
- Si, espero que no le moleste a nadie… - Contuvo una risa a duras penas, ¿molestar?
- Tus amigos van a seguirte hasta el fin del mundo. – Y lo quisiera o no: - No vas a poder detenerlos, te harán la vida triste si lo intentas. – Muy, muy triste. – ¿No es así chicos? – Eso significaría que todo había acabado. Estaría solo otra vez.
Si bien no hubo más que afirmaciones y una pequeña pelea porque alguien le dio un chichón de a gratis a Giotto por estar de tonto, se vio en la mira de miradas raras. El primero en decir algo, con una ceja arqueada y una sonrisa burla, fue Demon:
- ¿Acaso no piensas unirte? – También lo estaba haciendo para provocar conmoción, incluso si la fuente principal era confusión.
- No. – Era mejor solo ser sincero y no caer en problemáticas. – Y antes de que supongan que por mi edad o simplemente soy muy pacífico y todo eso, les recuerdo que aun puedo patear traseros. – Que no lo hiciera o lo hiciera de formas estúpidas era otro tema. – La cosa es que ya ustedes son una familia. – Desde el principio. Ahora era solo mucho más evidente.
- Nufufufufu… - El hombre con cabeza de melón abrió la boca para decir algo, pero le ganaron:
- Somos familia. – Extrañamente fue Alaude. Y con muy mala cara debía admitir.
No entendían, ninguno de ellos…
- Sí y no. – Suponía que tenía que explicarles bien. - ¿Recuerdan cuando me preguntaban sobre las llamas?, ¿cómo se las enseñe a usar y todo eso? – Asintieron, a diferentes tiempos. – Hay cosas que no les dije, no pensé que fuera necesario, pero ya que estamos en esto… - Que de otra. – Nunca les dije los nombres de sus llamas…
Señalo a Giotto, quien levanto la cabeza inmediatamente de la mesa, en sorpresa.
- Tus llamas se le conocen como las llamas del cielo, y una de sus caracterizas es armonía. – Claro que las características ya la sabían. Solo no había dicho el pequeño detalle de: - Aparte de sus habilidades prácticas y ofensivas, Giotto, también tiene otro tipo de influencia. – Esto podría caer mal. – Atraes, Giotto. Atraes a otros elementos, y haces lazos, unos más fuertes que otros. – Y la cosa era: - Los lazos más fuertes están a tu alrededor, son tu familia, y si bien puedes hacerla más grande, ya tienes a los principales. – Y, además: - Te recuerdo que tus llamas son puras, son fuertes, y no son tan comunes como las demás. No puedes evitarlo, pero es leve así que no tienes mucho porque preocuparte. – Aparte de que no era fuerte en sí, los chicos molerían a palos a cualquier competencia.
Extrañaría su presencia. Aun no sabía si debería irse y dejarles el lugar o no. De cualquier forma, tenía que volver a su hogar. Sabía que por un tiempo no pasaría nada de nada, pero no podía permanecer allí por tanto tiempo. Era una lástima.
- Giotto, sé que tienes en tus prioridades que no pelee y que no me involucre mucho, porque no soy tan fuerte como ustedes. – Podría patearles el trasero a todos, pero bueno. Algunas cosas eran mejor no decirlas. – Me temo que habrá un conflicto allí si me uniera. – Un grave conflicto. Muchos problemas. Si esperaba que no se fuera a involucrar y quedarse en casa como una persona corriente… - También me temo que nadie me dice que hacer, y ya que tú eres el jefe de tu grupo… - Lo dejo abierto, a propósito.
Con eso no necesitaría dar otra-
- Nadie nunca te ha dicho que hacer papá. – Quedo petrificado ante esto. No pensaba en… no, más le valía que no. – No-
- Quieres hacer una organización y luchar por la justicia, pero no puedes ver el problema con que el líder incline la cabeza ante un completo don nadie. – No era que fuera un don nadie, pero tenía que decirlo. – Giotto, no seas idiota. No puedes dar ese ejemplo a tus subordinados. Si lo haces nadie te obedecerá y todo tu esfuerzo se ira a la ruina. El esfuerzo de todos.
- Se ha estado pensando en un puesto como un jefe externo, señor. – Esto fue dicho casi un minuto después, por Asari de todas las personas. Tenía una sonrisa nerviosa.
- Eso no va a funcionar. – No iniciando. No pronto. – No hasta luego de un tiempo, y no con alguien como yo. – Se llevó las manos a las sienes, sintiendo el inicio de un dolor de cabeza. – No es por nada Giotto, y espero que no te lo tomes a mal, pero no puedes tenerme en eso. – En todo caso: - Soy inestable, a diferencia de ti. Aparte hijo, tengo una familia, y tú tienes la tuya. – Fuera como fuera: - Puedo ayudarte, pero no puedo pertenecer propiamente a la familia que has formado ni tú en la mía. – Fuera como fuera, había algo de verdad en: - Habrá choque, conflicto, y por más que me quieran como persona, ninguno de ustedes va a aceptar completamente porque ya el espacio que puedo ocupar está lleno. Siempre ha estado ocupado. – De paso: - Los cielos son celosos Giotto, muy celosos. No tomaras bien si intento unirme, e incluso si lo hicieras te recuerdo que soy inestable. – Estaba solo. Solo. – Puedo apoyarte, ayudarte, guiarte, como lo he hecho todos estos años. A todos ustedes. Solo no me pidan unirme a ustedes, nos hará daño a todos.
Ese era el problema de estar por su cuenta. Inestabilidad. Podría verse bien, podría sonar bien, podría…
- Esperemos que nunca tengas que pasar mucho tiempo a parte de tus amigos, Giotto. – Podría ayudarlo, pero nada era igual. – Además, tarde o temprano tengo que volver, ¿sabes?
No miro a nadie, concentrándose en cortar verduras y en preparar el almuerzo. Eran muchas bocas, pero nada de eso importaba. Había cosas mucho más importantes que sus problemas.
- ¿Necesitas una base? – Porque francamente no le molestaría dejarle el lugar. Era grande, tenía más que espacio suficiente para un inicio. – Pueden tomar la casa, no hay problema. – De todas formas: - No iré lejos, hay lugares buenos y pequeños en el pueblo. – Así no tendría que limpiar ni preocuparse por muchas cosas. Sería un dolor, pero todo llegaba a su fin.
Habían sido unas buenas vacaciones mientras-
- ¿Gio? - ¿A qué se debía el repentino abrazo?
- No queremos que te vayas. - ¿La iban a complicar a un más? – Giotto tampoco quiere que te vayas. – Santo Dios…
Levantar la vista fue un error. Un gravísimo error. Si no fuera porque los conocía, diría que era solo que se creían que lo podían todo. Lastimosamente sabia mejor, era una promesa. No iban a dejarlo ir sin una pelea.
- Es lo mejor. – Tristemente esa era la verdad. – No es como si no pudieran visitarme, ¿saben? – Haciéndose el ignorante de que eso no satisfacía a ninguno, siguió con: - Creo que están lo-
- Eres como Giotto, ¿no? – Esto fue dicho por el cura en voz neutral, cuidadoso. – Más que solo en apariencia, ¿es ese el problema?
Frunció el ceño y no sabía si maldecir o no. Bueno, era su propia culpa, lo había admitido…
- No quiero que pase por lo mismo que yo. – Explico lentamente, dejando la comida de lado para corresponder a su hijo. – Así que estoy feliz por la presencia de cada uno de ustedes, por ser sus amigos, y aprecio su cuidado con él. – No tenía de otra, ¿no es así? – Personas como nosotros no tomamos bien estar solos, somos algo celosos y por más que quiera negarlo, estoy solo y mirarlos a ustedes es tanto nostálgico como desgarrador. – Por ello: - Por algo mantengo una distancia, y no es porque sean jóvenes o me caigan mal. Tengo a mis amigos, a mi familia, pero no están conmigo y ha pasado tiempo. Soy inestable. – Algo que podría pasarle a Giotto, y esperaba que entendieran eso. – No debería haber dos en una misma unidad familiar, habrá problemas.
Si bien podían adaptarse y demás…
- Antes de que salgan con una tontería, y si bien es cierto que con tiempo pueden haber… "arreglos", les recuerdo que tengo una familia y tengo que volver a ellos-
- Pero no quieres. – Asari soltó sin cuidado.
- ¿Disculpa? – Al menos aun podía meter miedo. Lástima que Asari fuera como Rain: cuando tenía algo que decir nada lo detenía.
- Si en verdad quisieras volver a ellos te hubieras ido hace mucho. – Incluso sonreirá, pero no era una sonrisa feliz. – Tu familia es muy tonta, ¿no es así?
- Asari. – Alguien le susurro al chico que estaba buscando que lo degollara.
Valió de nada:
- Deberían de estarte buscando como locos, tal y como haríamos nosotros, pero-
Si había una lección no dicha, pero grabada en las mentes de todos los chicos ese día, era nunca, nunca meterse con la familia de un cielo. Aparte de ser dulzuras, en general, con la familia, eran sobreprotectores y celosos, tal y como cualquiera de ellos. Quizás mas.
Sea como sea, tocar los puntos sensibles del padre de Giotto no fue una buena idea. Asari quedo con la marca de un puñetazo por días y no llego a más porque, gracias a Dios, no estaba solo.
