- Conque esas tenemos, ¿no, Bobby?
Lincoln estaba furioso por lo que había visto. Uno nunca sabía que pensar, pero verlo de esa forma no le gustó en absoluto. El albino trataba de distraerse con cualquier cosa, en un débil intento de controlarse.
- No te basta con la maravillosa novia que tienes ahora. No, tienes que engañarla con una mujer que ni siquiera conocemos. Tu familia estaría decepcionada de lo que haces, Roberto.
Lincoln quería gritarle toda la verdad a su hermana, pero no se sentía capaz. Lastimarla de esa forma no le parecía justo. Si las cosas llegaban a un extremo, ahí sí que actuaría, pero de momento se contentaría con observar.
Lincoln nunca supo cuanto tiempo se quedó paseando por las afueras. Puede que fueran horas, o tal vez solo unos minutos. No fue sino hasta que pasó cerca de unos edificios cercanos al hospital, que recordó que a Luan ya le habían dado el alta. La preocupación por ella mitigó un poco su ira, aunque no del todo. Se dirigió hacia el hospital, esperando que la comediante se encontrara bien.
Luan se veía mucho mejor, aunque aún sentía un poco pesado el cuerpo.
- Lo bueno es que no pasó a mayores -le iba diciendo su hermano- Gracias a ti y a Benny, me pudieron atender a tiempo. Y aunque pudo haber sido mejor, también pudo ser mucho peor.
- Me alegra que estés mejor, Luan. ¿Sabes? Hace mucho que no paso el tiempo contigo. ¿Vamos por algo de comer? -comentó Lincoln, intentando distraerse.
- Sí, no me vendría mal un tiempo de calidad con mi hermanito.
Ambos se acomodaron en un puesto de hot dogs, donde las calientes y deliciosas salchichas se podían oler a más de cien metros de distancia. El sabor era inigualable. Comieron en silencio, observando las distintas escenas que se sucedían entre sí: Un perro corría, un mimo actuaba, un niño de impermeable amarillo se agachaba en una alcantarilla, una madre hablaba por celular, unas palomas comían del suelo, se oían las distintas voces de personas...
- Lincoln, ¿qué tienes?
El albino sacudió la cabeza.
- Ah, perdón. Estoy distraído.
- Más que distraído, algo te molesta. No sueles fruncir tanto el ceño, y tu comida está algo aplastada.
Era verdad. Lo que quedaba de su hot dog estaba destrozado dentro de su mano.
- ¿Me puedes decir qué ocurre?
Lincoln recordó que Luan ya estaba al corriente de lo que él sentía por Lori, así que no había peligro.
- Ronnie Anne me pidió que le dijera a su hermano que su madre lo buscaba. Lo encontré, pero no me escuchó y se fue solo por la ciudad. Se me hizo raro que sus amigos no lo acompañaran, así que lo seguí. Y después de un rato se acercó a una casa. Una mujer (hermosa a decir verdad) le abrió la puerta, y él entró sin chistar.
- Mmmhhh... ¿Algo más?
Lincoln intentó hacer memoria. Su ira lo hizo huir de ahí por impulso. Pero lo que recordó lo hizo enojarse más todavía.
- Unas flores -susurró- Le dio un ramo entero de rosas.
Luan se puso seria.
- Esto no puede ser cierto. ¿Estás...?
- ¿Seguro de esto? Sin duda.
- Eso es sobrepasar límites. No me lo esperaba de él.
- Ni yo. Pero así son las cosas. Me muero de ganas de decírselo a Lori...
- ¡No, no puedes! -exclamó al instante Luan- Imagina lo que ocurriría si Lori se enterara. ¡Le destrozarías el corazón! Sabes cómo es ella; no lo soportaría.
- Lo sé, lo sé, pero, ¿es justo dejar que salga con ese...?
- Lincoln, te entiendo, pero hay que dejar las cosas como están, al menos por ahora. Si las cosas se salen de control, actuaremos, ¿de acuerdo?
- Pero...
- No aceptaré negativas en este asunto, ¿estás de acuerdo o no?
- ...Está bien -gruñó Lincoln- Pero a la más mínima provocación le diré todo a Lori, pase lo que pase.
Volvieron a su casa, pensando en silencio lo que Bobby podría estar haciendo en esos momentos. Al entrar a su hogar, Luan se fue a ver la televisión, pero Lincoln recibió una llamada y se encerró en su cuarto.
- ¿Hola?
- ¿Hola?
- ¿Ronnie?
- ¿Lincoln?
- ¿Qué pasa?
- Estás en problemas -decía Ronnie- Acababa de volver con mi familia de comer y vi de pasada a Nikki. Nunca la había visto tan enojada... Incluso a mí me dio miedo. Si yo fuera tú, la confrontaría ahora...
- Rayos -murmuró Lincoln- Gracias por el aviso.
Colgó. Agarró sus cosas y fue hacia la puerta.
- Luan, tengo que salir.
- ¿Qué? ¿Por qué?
- Según esto, Nikki me persigue. Es hora de acabar con esto.
- Bueno... Está bien. Suerte.
- Gracias. Ah, y... Este... Si no vuelvo para las diez, asume que estoy en problemas y pide ayuda.
- Eh, ok... Lo tendré en cuenta.
- Gracias. Ahorita nos vemos.
El peliblanco salió de la seguridad del departamento. Sus pies le rogaban que diera media vuelta y huyera, pero ya no era el mismo chico de antes. Tal vez en algún momento hubiera huido, pero ya no más. Enfrentaría sus problemas frente a frente. No llevaba ni diez segundos con esa determinación, cuando Nikki apareció por la esquina.
Tal como dijo Ronnie, nunca se había visto tan furiosa.
- Lincoln, antes que nada, ven conmigo -dijo Nikki en voz baja, nada más se acercó.
El albino hubiera preferido que le gritara. Aunque tenía ese rostro mortífero, su tono lo hacía aún más espeluznante. Ella lo guió por unas cuantas manzanas hasta que por fin se detuvo. Su mirada le indicaba que se disponía a hacer muchas más cosas que hablar.
- ¿Ya te decidiste a volver conmigo?
- Nikki... Ya te dije que no puedo estar contigo todo el tiempo que tú quieres. Simplemente no se me es posible.
- Deja de dar excusas. Ya dime que amas a alguien más.
- Eso no lo sabes. Y aunque así fuera, es verdad que no puedo estar todo el rato a tu alrededor.
- Entonces dime qué es lo que me falta -dijo Nikki con voz suplicante- ¿Qué es lo que me falta para que me ames por completo?
Lincoln casi sintió miedo del cambio de Nikki. Hace tan solo unos momentos tenía el rostro contraído de rabia, y ahora estaba anegado de lágrimas.
- Nikki... No es que te falte algo. No es que sea solo culpa tuya o mía. Es culpa de los dos, y creo que es mejor que busquemos a otras personas.
- Si apenas pude estar contigo, ¿qué te hace pensar que otros chicos se fijen en mí? -preguntó Nikki, con la voz quebrada.
Lincoln sentía verdadero remordimiento por lo que estaba haciendo. Se inclinó a su lado y la abrazó para que se sintiera mejor.
- Alguien te amará, Nikki. Estoy seguro de que no seré la única persona que te verá como yo te vi.
Hubo unos minutos de silencio, interrumpidos por los gemidos de Nikki.
- Yo... Yo no quiero a nadie más... Solo te quiero a ti... Y no hay verdadera razón para que te vayas, Lincoln...
Nikki dejó de llorar.
- Solo... Solo quiero que sepas... que tú... tú me obligaste... a esto...
- ¿Qué...?
De repente, Lincoln sintió un pinchazo. Nikki extraía una jeringa de su brazo. Al instante, Lincoln se sintió cansado, y el mundo se desvanecía a su alrededor. Lo último que recordó fue el rostro de Nikki cargado de culpa... Y de una ligera locura.
