Nada de Katekyo Himan Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.


Sky's Mayhem

Capítulo 10: Algo No Está Bien

- Creo que con esto es más que suficiente G. – Comento con un pequeño gesto nervioso, pensando en donde demonios iban a poder guardar toda esa comida recién comprada.

Definitivamente no podía dejar a G por su cuenta en estas cosas. Santo Dios, eran solo ellos dos por una semana, no era para que comprara lo que se comerían en un mes y no duraría un mes porque no tenía idea de en donde podrían guardar tanto.

- Quiero estar preparado para todo jefe. – Giotto sudo frio ante la respuesta sumamente seria.

- Solo vamos a estar una semana G. – Le recordó tratando de ser amable, no quería hacerlo sentir mal.

Suponía que se lo merecía por comer tantas cosas variadas. G de seguro no iba a entender que podían sobrevivir comiendo cosas básicas o en tiendas pequeñas hasta que terminaran la misión. Saldría con cosas de que el enemigo podría haber puesto algo en la comida o en la bebida o solo Dios sabe que…

- Giotto, ¿soy yo o esto está muy solo? – Esta pregunta vino horas después, luego de terminar de hablar los temas importantes con la familia Simón.

- ¿Solo?, este lugar está lleno de gente. – Toda la ciudad. Había mucha gente, demasiada en su opinión.

- No me refiero a la gente. – G le negó con la cabeza y le señalo a una ventana.

Mirando hacia afuera, al cielo y a los jardines, entendió lo que G quería decirle. Tardo un rato en notarlo, así que agradecía que G no le dijera tonto por ello.

No había aves en el cielo. No había animales en la tierra. Solo un par de gatos, y eso era mucho. Gente, como había dicho, había un montón. Por más que mirara, no veía animales. Eso, eso era muy extraño. Debería de haber aves al menos. Ellos no eran espantados tanto como los demás por los humanos.

Y ahora que lo pensaba, solo había visto un par de perros y un gato en el camino. Y así en los últimos días. No podía recordar haber oído pájaros cantar, cosa que era extraña. En casa siempre había pájaros cantando, siempre había algún animalito metido en la mansión que nadie sabía cómo se metió.

Y así, de esa forma tan abrupta, comprendió porque el precio de la carne y el pescado era tan elevado. La mayoría de los productos de producción animal, pero mayormente la carne. La gente debía de estar cuidando mucho el ganado, suponía. La caza no debía de ser buena.

- Disculpa Cozart. – Sabía que era un tema tonto, pero ahora que G se lo había hecho ver y su amigo acababa de llegar, no podía evitar preguntar: - ¿Por qué no hay aves volando?, ¿hay algún problema con los animales? – Lo cual no debería ser.

En casa siempre había algún animalito, pero-

- Así que lo has notado. – Cozart dejo de sonreír. – Lleva años, nadie sabe qué pasa. - ¿Años? – Los animales simplemente se desvanecen, se van, no sabemos por qué. Ni siquiera sabemos cuándo comenzó si te soy sincero. – El hombre de pelo rojo señalo su mansión, como si quisiera señalar algo. – No hay gatos, todos los que habían aquí simplemente desaparecieron, sin explicación. Los perros de guardia los tenemos muy vigilados porque tememos que vaya a pasar lo mismo…

Y así Cozart comenzó a hablarles de cómo, en general, los animales habían ido desapareciendo sin explicación. Sin signos de pelea, de asesinado, sin nada. Sin rastro o explicación. Desde gatos a gallinas, no había animal que pareciera estar a salvo.

-… lo peor serían las aves. – Cozart señalo al cielo tristemente. – No hemos oído aves cantar en años. Si ves uno, es pasajero. Fueron los primeros en comenzar a desaparecer…

Y en consecuencia la gente mantenía a los animales muy vigilados, temiendo que se fueran, y los productos derivados de los animales subieran de precio de forma alarmante porque casi no se conseguían. Los cazadores no tenían mucha suerte, tampoco los pescadores.

- Y no es solo aquí, me temo. – Giotto sintió un escalofrió recorrerlo de arriba abajo.

- ¿Que? – G coloco una mano en su hombro, en apoyo, y logro decir algo mas coherente:

- En casa más bien hay muchos animales. – Lo quisieran o no: - No hay día en que algún pájaro o lagarto no se meta en la mansión, esto es un completo opuesto para nosotros. – Ahora fue el turno de Cozart de lucir estupefacto.

- ¿Como? – El otro jefe estaba sumamente incrédulo. – Chicos, no importa a donde vaya, no he oído el canto de las aves en años. Incluso cuando viaje a…

No fue una sorpresa que, días después, volvieran a casa con Cozart y tres de sus subordinados más cercanos. Cozart no les creía, ni la gente que venían con él. Ellos dos, por su parte, estaban igual por una razón diferente. Habían ido por otro camino, uno más largo, atravesando más ciudades de las necesarias. Era lo mismo sin importar a donde miraran.

Por ello ninguno de los dos fue sorprendido cuando Cozart tuvo casi un desmayo al ver al montón de aves volando, cantando, y hasta posados en las casas. Lo mismo con los animales en sus corrales, sin correas y sin en verdad supervisión a menos que contaras a dos personas dándoles vueltas cada cierto tiempo.

Los gatos, perros e insectos también eran una completa sorpresa para Cozart y sus amigos. En todo caso, ver un búho aterrizar en el hombro de Giotto y picotearlo ligeramente del oído era como ver un fantasma.

- Ella es Tulipán. – No fue sorprendido de que el ave saliera disparado luego de acariciarle la cabeza y decirle que ya pronto irían. Su padre debía estar más que preocupado. – Mi padre es un imán para los animales, lo viven llamando para que se encargue de ellos cuando presentan problemas. Tiene algo que los calma. – Pero para saber que era…

Cozart en verdad no le dio atención a esto, Giotto y sus amigos hablaban mucho de ese hombre y solían exagerar cosas. O al menos esa era su creencia hasta ver al hombre en cuestión. Con un ciervo a sus pies y varias aves en sus hombros y cabello.

- ¿Qué tal las vacaciones? – Ese fue el saludo del hombre, sin siquiera subir la vista, ocupado revisando algo en la pierna del ciervo.

A su alrededor estaban empleados que parecían ser guardaespaldas. Siendo el padre de Giotto, no era de extrañar. Por todo lo que había oído, el hombre era un civil. Cozart no podía entender porque Giotto no lo había ocultado o hecho que no tenía familia. Aunque viendo las similitudes, ocultarlo hubiera sido un-¡Crash!

- La próxima vez manda un aviso. – Sin ningún arrepentimiento, el hombre solo miro a otro lado, sacando unas gazas para terminar lo que hacía con el animal.

- Okey, me lo merecía… - Giotto se quejó, acariciándose el mentón en donde pronto tendría un morado gracias al puñetazo que se había ganado sin realmente una razón.

Muy bien, pensó Cozart lentamente, tal vez el hombre en verdad no era un civil. Un civil cualquiera no hubiera sido capaz de tocar a Primo Vongola de esa manera. Y fue un golpe con ganas.

- Lo sentimos padre. – Por segunda vez en menos de 5 minutos Cozart giro la cara tan rápido que le dio nauseas. – Es solo que nos vinimos por la ruta más larga, viendo unos problemas que Cozart nos mencionó…

G y Giotto no eran hermanos. Al menos no de sangre. No creía que fueran medio hermanos tampoco.

- ¡Hey chicos! – Asari llamo, alegre y con una gran sonrisa antes de dirigirse al señor que había saludado a uno de sus hijos con un golpe en la quijada. – Traje más alcohol y gazas, ¿necesitas algo más?

Fue en este punto que Cozart se dio cuenta que ninguno de los empleados actuó en defensa de Primo, ni sorprendidos. Si bien no esperaba lo primero, lo segundo no lo hacía. ¿Acaso esto era normal o que se perdió…?

- No, muchas gracias Asari. – Ambos tenían la misma sonrisa y la misma amabilidad.

Quizás G era adoptado. Porque cielos, era como estar viendo a la misma persona en dos lugares distintos. Claro que el color de pelo, de ojos, y la edad era lo que los ponía aparte. Eran hasta de la misma altura, por Dios.

Quizás, pensó lentamente Cozart unas horas más tarde, no era de extrañar que todo estuviera tan bien en este lugar. Padre e hijo eran muy similares, y ambos manejaban el lugar como si fueran los dueños sin pisarse entre sí. No era una danza que cualquiera pudiera hacer, eso era seguro. No sabía ni como podían funcionar así, pero no podía meterse.

No sabía quién le daba más miedo, Giotto o su padre. Ambos tenían la misma amabilidad y el aspecto de no hacerle daño ni a una mosca. Sabia por experiencia que Giotto era capaz de barrer el suelo con muchos. Su padre, por otro lado, era muy similar a su hijo y temía que eso de que fuera un civil solo fuera una suposición tan falsa como Giotto era inofensivo.

- ¿No eres lindo? – El pajarito en sus manos solo le canto en respuesta, dejando que lo acariciara en la cabecita.

El jefe de los Simón no tenía idea de que había en estas tierras que fuera diferente a las otras, pero quería averiguarlo.