Uno nunca sabía como es que las cosas iban a ocurrir. Si Lori no hubiera estado tan al pendiente de su hermano, era posible que Lincoln no estuviera con vida. Sin embargo, Lori no dudó ni un instante en salvar a su hermanito.
- ¡AAAAAHHHHH!
- ¡Te tengo!
Lincoln, quien había estado de curioso tratando de subir al ático, tropezó. Al fin y al cabo, no tenía mucho equilibrio siendo todavía un niño. Sin embargo, Lori lo atrapó justo a tiempo. Juntando sus dos brazos, detuvo la caída, aunque después le dolieron por la fuerza del impacto. Sin embargo, en ese momento no le importaba demasiado.
- ¡BUUUUAAAAHHHH!
Lincoln lloraba del gran susto que se había llevado, pero Lori lo consolaba. Cabe mencionar que Lori se ponía mucho más sentimental y cariñosa cuando sus hermanos la necesitaban.
- Tranquilo, Lincky. Aquí está tu hermana para cuidarte. Ya, ya pasó.
A pesar de tener casi siete años, Lincoln se dejó acurrucar como cuando era un bebé. Y se calmó. La bondadosa cara de su hermana lo tranquilizaba. Una calidez lo cubrió como una manta.
- Gr... Gracias, Lori. Perdón por no hacerte caso...
- Está bien, Lincoln. Que sirva de experiencia para cuando crezcas. Y no importa lo que ocurra, aquí estaré para cuidarte, siempre te protegeré.
El niño se sintió sobrecogido por las palabras de su hermana, y un sentimiento de amor puro surgió de su interior. Abrazó a su hermana con fuerza.
Desde ese entonces, Lincoln se volvió mucho más unido a Lori. Claro, aún jugaba con sus demás hermanas, pero con Lori era especial: la quería, la apoyaba, le hacía regalos, y demás. La adulada se sentía agradecida, y aceptaba todo con gusto. Jugaban mucho, reían, pasaban las tardes juntos y se apegaban más y más. Sin embargo hubo un momento en el que Lori simplemente tuvo que parar.
Una tarde en la que llovía apaciblemente, y ella miraba con añoranza y nostalgia al exterior, su hermanito entró en la habitación.
- Oye, Lori...
- ¿Qué sucede, Lincoln?
La emocionada cara de su hermano la hizo poner atención.
- Cuando sea grande quiero casarme contigo -declaró el niño, con una tierna sonrisa en su rostro.
Lori sintió una felicidad y una tristeza enormes: que su hermano la quisiera tanto como para casarse (aunque este aún no supiera del todo lo que eso significaba) la conmovía sobremanera. Pero eso era imposible, y la determinación que veía en los ojos del peliblanco la hicieron negarse.
- Lincoln... No podemos casarnos.
- ¿Ehhhh? ¿Por qué no?
La cara de tristeza de su hermano le rompió el corazón. Con la voz quebrada, la mayor respondió:
- Somos hermanos, y los hermanos no pueden casarse. Ahora eres pequeño y no lo entenderías, pero cuando crezcas te lo puedo explicar mejor.
- Pero entonces, ¿cómo voy a protegerte y cuidarte y hacerte feliz cómo lo haces tú conmigo?
Lincoln lloraba, y Lori sintió como su propio interior se desgarraba al contestar:
- No tienes que casarte conmigo para hacer todo eso. No importa lo que pase, yo siempre te voy a querer. Estaremos siempre juntos, ¿está bien?
- ...Ok -respondió Lincoln, apenado.
Se abrazaron largamente, y Lori agradeció que ese pequeño niño de cabello blanco y corazón tan grande fuera su hermano. Lo dejó ir, pero en eso Lincoln hizo algo inesperado.
La besó.
Su pequeña boca se pegó junto a la de ella, y Lori sintió de inmediato un calor intenso en su cara. Fueron sólo unos instantes, pero fueron suficientes para mantenerla sonrojada por horas.
- Siempre te voy a querer, Lori -se despidió Lincoln, sonriendo una última vez.
Esa tarde marcó un distanciamiento entre ambos, ya que por pena y vergüenza no se hablaron tanto como antes por los siguientes meses. Y así siguieron su día a día.
El pasar de los años, actividades, escuela, las otras hermanas, amigos y demás los hicieron perder ese momento que tuvieron juntos. Se volvieron hermanos normales, y al final olvidaron lo ocurrido, aunque todo lo que pasó en sus infancias siguió guardado en un lugar especial en sus corazones.
...
En esos momentos en que Lincoln se encontraba amarrado, el recuerdo surgió de pronto. Era un momento bastante extraño para recordar algo tan hermoso, pero es como si estuvieras apunto de morir, y los mejores momentos de tu vida pasaran frente a tus ojos: recuerdos de lo que, en algún momento de la existencia, te hicieron feliz. Aunque, en el punto de perspectiva del albino, bien su vida tal y como la conocía podía acabarse de un momento a otro. Apenas y podía moverse, y el bate que Nikki tenía en el cuarto está más que fuera de su alcance. No había forma clara de escapar, pero eso no hizo que el albino perdiera la esperanza.
- De modo que así empezó -pensó- Quién diría que cumpliría mi palabra y seguiría amando a Lori. Cuando resurgió el amor en mi corazón debí recordar esos sentimientos hacia mi hermana. Oh, dios, ¿por qué tengo éste sentimiento imposible hacia ti, Lori? ¿Qué es lo que tienes que me hace pensar que eres perfecta? ¿Y qué he hecho yo para poder merecerte, si es que sí te merezco?
Los pasos de Nikki lo hicieron volver a cerrar los ojos, con tal de ignorar a su captora. Pero no pudo evitar mirarla cuando escuchó unos sonidos como de juguetes y unas ruedas entrando a la habitación.
En ese momento Lincoln sintió el verdadero terror: Nikki entraba con unas sonajas, biberones y una carriola y las puso en la esquina. Utensilios para... bebé.
- Ahora sabes mis intenciones, amor -dijo Nikki, con la locura impregnada en sus ojos- Estaremos unidos de por vida...
Se quitó lentamente su ropa.
- No... NO... ¡NOOOOO!
...
- ¿Qué?
Luan estaba sentada nerviosa en su cama.
- ¿Cómo que Lincoln no ha vuelto?
- Ya te dije, fue a ver a su novia. Según parece, Nikki tenía algo de lo que necesitaba hablar. Pero hasta Lincoln dijo que si no volvía en cierto tiempo, significaba que habría problemas. Y ya hace mucho que pasó ese tiempo. Lo intenté buscar, pero no tengo ni idea de dónde puedan estar. Busqué en el parque, en las casas de sus amigos, e incluso logré encontrar la de los padres de ella, pero ellos no me quisieron decir dónde estaban. Aunque, a juzgar por su pinta, me da la impresión de que ellos tampoco sabían o no me querían decir.
- No puede ser, ¿en dónde...? -su celular sonó- ¿Qué...? Ay, no, ahora no, Bobby. Colgar...
- ¿Tienes alguna idea, Lori?
- Buscaste en los lugares más lógicos Luan, eso estuvo bien. Pero si esto es obra de su novia, entonces ella habría pensado en eso y se escondería en otro lugar. Lo que no se me ocurre es en donde... ¡Por dios, Bobby, no me llames ahora!
Volvió a colgar su celular.
- Lori, recuerdo que han ido a comer a algunos lugares. También fueron a la feria, al centro comercial...
- Ok, buena idea, si pedimos ayuda a la policía, tal vez nos puedan ayudar...
RIIIIING
El celular de Lori sonó por tercera vez, con la imagen de Bobby en ella.
- Mejor contesta, Lori, si no, jamás nos dejará en paz -suspiró Luan, molesta.
- Ok... ¿Bueno? Bobby, no es buen momento, Lincoln está perdido y...
- ¡Espera, Lori, no cuelgues! ¡De eso quiero hablar!
Lori se calló, no porque la interrumpieran, sino porque era una voz de chica quien hablaba.
- ¿Ronnie Anne?
-¡Sí! Bobby dejó su celular antes de irse a trabajar, y me fue útil, porque creo que sé donde está Lincoln.
Luan, que estaba cerca y escuchó, dijo con desconfianza:
- ¿Y cómo es que lo sabe ella?
Lori se mostró de acuerdo y se lo transmitió a Ronnie.
- Se los cuento en el camino, pero si en serio quieren rescatar a Lincoln, apresúrense y vengan.
- Está bien, solo deja llamo a la policía...
- Yo en tu lugar no haría eso.
- ¿Por qué?
- ¿Qué crees que digan cuando un joven menor de edad fue secuestrado a mitad de la tarde estando él bajo tu cuidado? Te lo quitarían en cuestión de horas, diciendo que se merece a unos padres más responsables.
Las hermanas estaban furiosas, pero no tuvieron opción.
- Créanme, no lo hago por mala leche, lo hago por Lincoln. Es mi amigo. Ahora corran, que cada segundo cuenta.
- De acuerdo, ya vamos -gruñó Lori.
Se subieron rápidamente al coche, pasaron por Ronnie Anne, quien salió corriendo en cuanto llegaron, se subió, y Lori aceleró como pudo.
- No te preocupes, Lincoln -pensó la rubia- Te rescataremos, aunque sea lo último que haga en esta vida.
