Nada de Katekyo Himan Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.


Sky's Mayhem

Capítulo 13: El Doble Filo De La Lluvia

Si había algo que lluvia verdaderamente odiara de la situación en la que se encontraba era sentirse perdido. También se sentía inútil, pero trataba lo mejor posible de ignorarlo. Sentirse inútil no iba a ayudar a nadie, tampoco le haría favores. Aun así, no podía evitar sentirse perdido.

Podía sentir a cielo, su esencia, por donde caminara. Vaga, igual en casi todas partes. Sin importar a donde fuera, esto no parecía cambiar. Si bien había encontrado zonas en donde el rastro se perdía, no había podido encontrar ningún punto en donde la esencia de cielo se hiciera más fuerte.

Podía sentirlo en el suelo, en las plantas, en los animales, en los humanos, en las flores. A donde fuera podía sentirlo, pero era casi igual al olor a flores luego de un tiempo de haber pasado la primavera. No era igual, no importa cómo se tratará de tomarlo.

Era por ello que, luego de muchos días de andar vagando sin rumbo, esperando hallar alguna dirección, que paso a cuestionar a los humanos. Y aquí estaba, sangre corriendo por una de sus espadas, goteando al suelo, varios cuerpos frente a él a los cuales no les dio importancia.

Cielo no estaría, lo sabía. Cielo nunca tomaba bien cuando quitaba vidas, pero era algo que pasaba con todos. Era imposible no causar tragedia, y aunque eso le doliera a cielo, lo aceptaba, no tenia de otra. Técnicamente no era su culpa que algunos humanos no entendieran que no era una buena idea tratar de robarlo, o de que en verdad no tenía nada que pudiera servirles.

Tampoco era su culpa no tener mucha paciencia y no tolerar que se burlaran de él o de cielo. Era muy fácil simplemente cortarles el cuello, los callaba de inmediato. Había hecho el esfuerzo de advertir que no hablaran mal de cielo, o de él, o de ellos. A diferencia de cielo, él no tenía la paciencia de explicar. Era el elemento más cruel de todos, así no lo creyeran.

Podía provocar inundaciones, para empezar. Si bien traía vida, también podía quitarla, y no sentía remordimiento de ello. Siempre había sido así, y siempre lo seria. Por ello sabía que cielo lo perdonaría, porque cielo lo conocía mejor que nadie.

Si tan solo los humanos fueran lo suficientemente inteligentes para respetar a otros, esto no estaría pasando. Ahora tendría que buscar algo con que limpiar y afilar su espada otra vez. ¿Es que nadie entendía que eso era tedioso de hacer?, al menos no había ensuciado su ropa otra vez. Arreglar la ropa era un fastidio, incluso si obtenía mejores resultados preguntando cuando estaba lleno de sangre.

- ¡Hey! – Levanto la vista, arqueando una ceja y sin dejar de sonreír o limpiar su espada. - ¿Que diantres crees que estás haciendo?

Era un joven en un caballo, molesto. ¿Quizás habían sido sus empleados?, que lastima. Le valía un colmillo.

- Lo lamento. – Mintió con una sonrisa, sin darle mucha importancia. Parece que tendría que ensuciar su espada otra vez. Al menos solo había necesitado usar una. - ¿Eran amigos tuyos? – En verdad no le importaba, pero bueno. – Fueron increíblemente irrespetuosos.

Su atuendo estaba fuera de lugar, pero no era para meterse con él. Tampoco era para decir que no habían visto a otro rarito como él ni nada extraño, que dejara de vivir debajo de una roca.

Los humanos eran muy irrespetuosos y no hacían caso. Había tratado de ser cordial.

- Esa no es razón para matarlos. - ¿Que no lo era?, por favor, era un hipócrita. Los humanos no necesitaban una razón para matarse entre sí, él siquiera tenía una y era una buena razón.

- Piensa lo que quieras. – Decir esto con una sonrisa falsa y como si no le importara no hacía más que enfadar al otro, cosa que no le importaba.

El hombre no era de su interés, planeaba matarlo con una estocada simple, ya que no valía el esfuerzo y porque el otro no entendió la indirecta de que lo dejara en paz. La cosa cambio cuando el hombre se colocó en una posición conocida para él, aunque no era perfecta.

- ¿Oh? – Dejo el paño a un lado, afianzando el agarre en su espada y sacando la segunda. – Espero que seas más interesante. – Bien podría ser una coincidencia, o una mera imitación.

Minutos después, estaba seguro que no era una coincidencia. Esto fue influenciado ante las llamas de lluvia que su oponente acababa de agregar a la mezcla, en un vano intento de igualar y/o superar a su oponente. Eso no sería posible, y se lo demostró al invocar sus propias llamas. El horror de su adversario, quien se reusaba a ceder, era divertido.

- ¿Por qué estás aquí? – Espadas cruzaron, y lluvia se encontró más jugando que en verdad combatiendo. - ¿Por qué haces esto?

- Busco a alguien muy preciado para mí. – Suponía que podía complacerlo un poco. Tal vez conseguiría algo de información. – Me temo que no tengo mucha paciencia y no tolerare faltas de respetos hacia a mi o a mi familia. – Algo brillo en los ojos de su adversario, pero entre tantos movimientos era difícil concentrarse en algo tan insignificante como eso.

En medio de un combate no debían permitirse distracciones, no importaba la situación. Cielo le había enseñado eso, y esa enseñanza lo había salvado muchas veces. Este joven, por otro lado, no conocía tal lección. Una lástima.

- Así que, ¿quién te enseño este estilo? – Nunca había conocido a nadie que la imitara. Después de todo, era su estilo. – No es muy común. – Era único.

Lo molestaba tanto como lo halagaba. Lo molestaba, porque nunca enseño ni dio permiso para enseñárselo a otro. Había pasado gran parte de su existencia desarrollando estos estilos, no podía ser que un simple humano…

- Lo desarrolle con ayuda. - ¿Con ayuda? – Alguien a quien considero un tío me explico sobre este estilo, he hecho todo lo posible para imitarlo a base de solo palabras. – Con razón era imperfecto. Un momento…

- ¿Te lo hablaron? – Tenia talento si solo con oír como era había llegado a esto.

- El señor no es bueno con armas, pero sabe un poco de arcos y espadas. - ¿Arcos…?

- ¿Es así? – Esto le hacía fruncir el ceño.

Le hacía recordar a cielo, pero cielo nunca fue bueno en combate. Por esta razón nube no lo respetaba por completo. Cielo no sabía pelear, no le gustaba, así se le presionara. Era un defecto que no sabía cómo no había sido tomado en consideración al darle a cielo ese puesto.

Todos debían saber pelear, no todos eran pacifistas. Tenían a nube, que su forma de comunicación consistía principalmente en combate, no en palabras, solo por dar un ejemplo. Cielo debía de saber pelear, "debía" siendo la palabra clave.

Por más que tormenta intento incentivar a cielo a aprender a siquiera defenderse, a usar un arma de larga distancia como el preciado arco que tormenta usaba al cobrar forma terrenal, cielo nunca aprendió. Tampoco lo logro el, ni siquiera con armas cortas como dagas. Ni sol, quien prefería no usar armas sino los puños.

Cielo nunca aprendió a pelear, y aun así… ¿que otro ser podía-¡Crash!

- Ma Ma… - Un pequeño descuido. – Al menos ya sé que no eres un incompetente. – Saco su espada más corta, en un momento recuperaría la que perdió. – Sera mejor que me ponga serio, ¿no crees?

- ¿Como que-¡Crash!

No tenía idea de cómo este ser sabia su estilo, tan imperfecto como era, pero no tenía muchas técnicas, tampoco sabía cómo-¿Uh?, esto era...

Asari se vio en contra de un muro con el filo de una espada en contra de su cuello en menos de un pestañeo, bajo la vista de una persona que lo sonriera fríamente y lo miraba con ojos oscuros. Algo cambio, algo cambio horriblemente y ahora sentía miedo, mucho miedo, porque esta persona aparentemente había estado jugando en todo este tiempo y se cansó de jugar.

- Sera mejor que me digas con quienes has estado últimamente niño… - No era una sugerencia, no era una petición, era una amenaza.

Con el filo de una espada en el cuello, con la atención de este hombre que no estaba jugando y no presentaba ni una pizca de remordimiento con todo lo que había hecho-¡Tulipán!

Cayo al suelo, respirando pesadamente y solo tuvo tiempo de tomar su arma antes de que la punta de una espada estuviera frente a su rostro. Miro a su lado, buscando a Tulipán, y dio con… dio con…

- ¿Cómo pudiste? – Ni una pizca de culpa, nada. Era como si solo hubiera asesinado a una mosca.

- Sera mejor que me des respuestas si no quieres terminar como esa ave. – Tranquilamente dio el anuncio, como si no pasara nada.

Con el temor y el horror a tope, hizo lo que el padre de Giotto le aconsejo cuanto estuviera acorralado. Una técnica de escape realmente.

Desconocido para el chico que tomo el cadáver del ave y salió corriendo como alma que lleva el diablo, la única razón por la cual no termino muerte en ese mismo instante fue porque lluvia reconoció esas llamas como las suyas propias al ser bañadas en ellas en un vano intento por noquearlo.

Lluvia solo lo observo, grabándose su apariencia y a donde iba, bajando su espada lentamente. No había culpa, no había arrepentimiento, no había mas que curiosidad y preocupación.

Lluvia sabía que cielo no iba a estar feliz con él, para nada feliz. Jamás se esperó que cielo fuera a bendecir a nadie con sus dotes, jamás.

Había atacado y casi asesinado a uno que había sido bendecido por su cielo, y había eliminado a una de las criaturas favorecidas por cielo.

Todo ser vivo capaz de volar era favorecido por cielo. Eran sus pequeños, los de él y los de tierra. A tierra no le importaba mucho, pero a cielo sí. Era irónico, porque era tierra quien creaba a todos los seres vivos, y cielo solo les daba la habilidad de volar.

Todo porque tierra se lo pidió, se lo ofreció, a cielo hace tanto, cuando cielo no era más que un niño, para hacerlo feliz como había hecho feliz a agua. Tierra había hecho más que feliz a cielo al ofrecerle a todas esas creaciones, pero solo tormenta y tierra sabían cuánto de verdad.

Miro a las plumas y a la sangre y luego a su espada. No podía sentir nada por acabar con ese ser, solo podía sentir culpa porque sabía que cielo se pondría triste y seria por su culpa.

Cielo, no importa lo que dijera, siempre estaba atento a sus pequeños. Siempre.