Nada de Katekyo Himan Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.
Sky's Mayhem
Capítulo 14: La Problemática Del Trueno Y Rayo
Trueno y rayo, o rayo y trueno, como se le deseara llamar porque era ambas al mismo tiempo, no era un niño como todos hacían de cuenta que era. Era un acuerdo tácito, pero todos estaban conscientes de que no era un niño. Excepto, tal vez, cielo.
Trueno y rayo nunca pregunto si cielo en verdad sabía que no era un niño, siempre supuso que sabía porque trueno y rayo tenía mucho más tiempo que cielo. Cielo era el más joven de todos, y por mucho.
En verdad no iba a existir ningún cielo, se creyó que no necesitaban un líder como el caso de tierra y agua y sus respectivos elementos. Eran pocos, en comparación. Y cada quien por su lado la mayor parte del tiempo, así que se creyó que no habría problemas.
Trueno y rayo dormía mucho, le encantaba dormir, y veía muchas cosas aburridas porque, en general, todo era sumamente repetitivo. Su trabajo era ayudar a tormenta o a lluvia de vez en cuando, aunque a veces lo hacía solo o ayudaba a alguien más. Producía las cargas eléctricas, producía ruido y luz.
Casi siempre lo hacía en rabietas, porque odiaba que lo despertaran con una patada o a gritos. Y eso era justo lo que frecuentemente pasaba. Cielo era el único que lo despertaba de buena manera, con palabras dulces, y una buena conversación si no quería volver a dormir de inmediato.
Cielo era el mejor de todos, siempre estaba allí, siempre era amable, siempre sabía que decir y cómo hacerlo sentir mejor. Hasta el día en el que ya no estaba allí. Aun ahora se le era difícil de aceptar tal realidad.
No estaba lluvia o tormenta, lo que significaba dormir todo lo que quisiera, en teoría. Si creían que iba a quedarse allí cuando el más agradable de todos, quien siempre lo trato bien y no le temía, porque dijeran lo que dijeran trueno y rayo tenia las técnicas más dolorosas de corta duración que podía incapacitar a cualquiera, estaban equivocados.
Así que trueno y rayo bajo. Primero bajo la forma de un ave, un guacamayo. Era una de las aves que más le encantaban a cielo ver volar, por su hermoso colorido. Si no mal recordaba, cielo había dicho una vez que ver a los guacamayos era como verlos a todos juntos. No sabía cuándo, no recordaba alguna vez en que todos se hubieran reunido. Ni siquiera cuando cielo se desaparecía unos días para estar con tierra o con agua o viento, o varios a la vez. Ni siquiera cuando cielo sin querer se quedó dormido y costo despertarlo.
Como un ave podía volar, podía recorrer mucho en poco tiempo. Tardo en dar con la zona en donde aún aves volaban, donde animales aun andaban con ánimo. Tierra tenia gran cariño a cielo, a veces creía que era un asunto maternal, era madre tierra de la cual hablaban, y a veces creía que era algo más fuerte, como lo que tenían los grandes más antiguos, compañerismo, respeto y entendimiento.
Podría actuar infantil todo lo que deseara, pero eso no significaba que era ciego. Cielo, al ser el más joven de todos, no era tratado de la misma forma como los demás. Viendo era especialmente paciente con cielo. Tierra era especialmente cariñosa, y agua era especialmente juguetón.
Lo malo de ser uno de los grandes y ser tan joven era que tenía grandes responsabilidades y expectativas puestas encima, y al ser solo un niño que no tenía mucho tiempo de existencia era que todo era nuevo y no sabías como desenvolverte. Sabia un poco como era, y para cielo debió de ser más fuerte.
A pesar de tener muchos siglos de antigüedad, cielo seguía y seguiría siendo el más joven. Si bien eso ya no importaba, tierra, viento y agua lo trataban de la misma forma cuando cielo era un niño. En cierto modo, nada en verdad cambio.
No sabía en qué pensaban en poner a alguien recién creado en un puesto tan alto. Era hacer una maldad. Nunca fue su problema así que nunca se metió. Nunca creyó que necesitara a un jefe, a un grande. Eso era lo que solía pensar hace siglos.
Así que aquí estaba, aprovechándose del hecho que a donde fuera cielo toda criatura que pudiera volar iría, y del hecho que tierra siempre fue especialmente cariñosa con cielo y por tanto todas sus creaciones también. A donde estuviera cielo, las creaciones de tierra serían muy dóciles, muy alegres, porque cielo era como un segundo amo para ellos, uno afectuoso.
Quizás pasaría casi todo el tiempo durmiendo, pero eso no significaba que no conociera a cielo. Así fuera solo un poco. Sabía que tenía que encontrar algún ser, humano o no, que fuera muy cariñoso. Cielo siempre fue así.
-… aburrido~ - Se quejó un chico de cabello verde, haciendo un puchero.
Trueno y rayo se posó en la rama de un árbol cercano, haciendo una pausa. Cuando encontrara a cielo le preguntaría porque rayos no aviso que quería visitar el mundo, o tomarse unas vacaciones o solo Dios sabe qué. Nadie le hubiera dicho nada… o eso creía.
Trueno y rayo estaba a punto de volar de nuevo, solo para ver un poco más allá, cuando alguien hizo un intento de cantar como un guacamayo. Era para llamar su atención, estaba seguro.
Se acercó al chico de pelo verde, quien sonrió de sobremanera y busco acariciarlo, sin tenerle miedo. Había creído que, si pasaba algo, solo tendría que usar su pico y eso debería de bastar. No se esperó que el chico solo le hablara y lo acariciara como si fuera una mascota de toda la vida.
Hubiera salido volando de allí, luego de un picotazo, si no fuera porque sintió algo que ningún humano debería tener. Solo a cielo le permitía mimarlo así, nadie más.
Todo el lugar tenía la vaga esencia de cielo. Este chico tenía más que eso. Además, podía sentir flamas como las suyas. Nunca creyó que cielo fuera a bendecir a alguien, si era honesto consigo mismo. Mucho menos que iba a hacerlo con algo tan… intimo.
Las llamas eran su esencia, cielo había compartido su esencia con este humano. Cielo había dado sus llamas, y había convertido las llamas de chico como las de trueno y rayo. Eso significaba que, originalmente, este chico poseía las llamas del trueno convencionales. Este chico vendría siendo su representación entre las criaturas terrestres, su protegido.
Que malo de cielo no avisarle siquiera, ahora tendría que enseñarle a este niño como usarlas y que habilidades nuevas tenia. Al menos, suponía, que cielo no estaba en contra de bendecir a otros. Honestamente había creído que sí, porque cielo no mostraba mucho interés en los humanos…
En realidad, ¿cielo tenia algún interés?, tendría que preguntarle a tormenta o a lluvia. Cuando ninguno estuviera de malhumor. Cielo no iba a estar para nada feliz de todos los desastres que esos dos estaban haciendo. No iba a estar feliz de saber que habían dejado todo de lado por venir a buscarlo. Con él tampoco, pero al menos no había hecho desastre como los otros dos.
Ahora, como le hacía…
Lampo hizo una mueca, aburrido y preguntándose si quizás el padre de Giotto estaría disponible para pasar el rato hoy y quizás jugar. Tenía el presentimiento de que estaba barriendo el piso con Alaude o Giotto, no se acordaba de quien tocaba hoy, o malcriando a las bestias aladas que habían agarrado muchas partes de la mansión para hacer sus casas.
Lástima que ya nadie tratara de espantarlas. Era un espectáculo para él, y estaba seguro de que para los otros también así se hicieran los tontos, cuando el señor se daba cuanta y procedía de una manera dulce, y peligrosa, a informar que, si había algún problema con los animales, él se encargaría personalmente y si no les gustaba…
Muchos no sabrían lo que ese señor era capaz de hacer, pero no hacía falta. Metía tanto miedo como Asari cuando tenía una de sus rabietas. De paso tenia los miedos de que era el padre de Primo y probablemente igual o más fuerte que el hijo, así que era sumamente divertido ver a la gente perder todo el color de su rostro en segundos.
No ayudaba que Giotto alzaba las manos y decía que no se metía en ese asunto, que llegaran a su padre si había algún problema con algún animal. Era-¡Woosshhh!
- ¡Soy el gran Lambo-sama! – Lampo pestañeo muchísimas veces, y hasta se restregó los ojos ante lo que veía. - ¡Y tú eres mi sirviente a partir de ahora! – El niño, porque tenía que tener como 5 años, vestido de vaca, con afro y cuernos lo señalo diciendo esto.
Estaba bastante seguro que no era el único que pretendió que no vio nada, que nada paso. Estaba bastante seguro que tampoco era el único haciendo que nada ocurría y que no había un niño lloriqueando y siguiéndolo.
Pretender paso a mejor vida cuando el niño electrocuto un gran número de gente una rabieta infantil porque su "sirviente" era un idiota y no sabía lo afortunado que era de tener a "Lambo-sama" como "amo".
Esperaba que Giotto tuviera alguna idea de qué hacer con este niño. Y que no se rieran mucho de él y su suerte. Ni siquiera sabía de donde diablos salio.
