Lincoln no tuvo que decidir si debía decirle lo que sabía a Lori o no. Pero si las cosas iban a acabar tan mal, le habría gustado que las opciones nunca hubieran existido en un principio.
Al día siguiente, Lincoln fue a la escuela. Entre sus amigos había una silenciosa concordancia de no hablar de su reciente secuestro. Se sentían bastante extraños estando ahí sin Nikki, pero era algo a lo que se tendrían que acostumbrar.
El día transcurrió con lentitud, como sólo las clases de matemáticas, ciencias y español seguidas una de las otras saben lograr. Más que aburrido, el albino aguardaba el momento en que sonaría la campana anunciando la hora del almuerzo. Cuando por fin sonó, fue de los primeros en llegar a la cafetería. Su aspecto sugería cansancio y desesperación. Al llegar, sus amigos no se encontraban mucho mejor: hartos de ejercicios interminables y de oraciones, verbos y adjetivos que llevaban aprendiendo desde la primaria y que nunca usarían, ansiaban aunque sea un ligero refrigerio antes de continuar las clases.
Mientras masticaba su emparedado, Lincoln sintió una mirada fijada en él. Al levantar la vista, vio a Ronnie Anne, quien apartaba la mirada muy tarde.
- ¿Qué pasa? -preguntó el albino.
- Nada.
La sospecha le hizo pensar en Bobby, y en lo que ocultaban él y su familia.
- Ronnie... ¿Qué pasa en...?
RRRRRRIIIIINNNNGGGG
- Vaya, ya es la hora de clases -dijo rápidamente Ronnie- Vamos, patético.
Lincoln decidió dejarla... por el momento.
El resto del día, al contrario que la mañana, pasó mucho más rápido. Tenían educación física, y aunque era agotador, se pasaba rápido. A menos que jugaran...
- ¡QUEMADOS!
El entrenador les puso el temido juego de quemados, odiado por todos, especialmente los gordos, ya que apenas y podían esquivar las pelotas.
Lincoln y sus amigos no eran la excepción, aunque Casey esquivaba mucho mejor que la mayoría. Una dolorosa media hora después, los chicos salieron con moretones por todo el cuerpo, y los músculos aullaban suplicando un descanso.
- Al menos haremos algo de músculo -murmuró Sameer.
Ya que el entrenador solo ponía a jugar ese juego a los muchachos, las chicas miraban y animaban a una distancia prudente, claramente aliviadas de salvarse de esa locura. Por eso se encontraron a Ronnie riéndose de ellos al salir del vestidor.
- No te burles -gruñó Lincoln- O jugaremos esto entre nosotros cuatro, todos contra ti.
- Qué valientes -se mofó Ronnie, sin asomo de miedo.
Por fin habían acabado las clases, así que podían relajarse un poco.
- Lo lamento, chicos -dijo Ronnie, viendo su celular- Pero mi hermano dice que me va a recoger ahora, nos vemos mañana.
- Está bien -dijo Casey.
- Adiós -se despidió Sameer.
Lincoln se detuvo un momento, queriendo hablar con su amiga y averiguar qué estaba pasando. O al menos confirmar lo que sospechaba.
- Los veo luego, chicos, quiero hablar con Ronnie Anne un momento.
Sin dejarlos responder, Lincoln se alejó. Siguió de cerca a la morena, viendo como metía sus manos en su suéter violeta y caminaba sin prisa por la acera. La siguió. Unos minutos después, un auto se acercó y se abrió la puerta. El albino alcanzó a ver a Bobby en el asiento del conductor. Sin embargo, llevaba un tiempo sin verlo, por lo que su cambio lo sorprendió. Se veía mucho más delgado, débil y pálido de lo que recordaba. ¿Tanto lo haría trabajar su nueva pareja?
- ¡Ronnie Anne, espera!
La morena se detuvo y volteó para ver quién la llamaba. Incluso desde la distancia a la que estaba, Lincoln alcanzó a ver la alarma y el nerviosismo en sus ojos.
- Ronnie, no puedes eludirme para siempre. Dime qué es lo que ocurre. ¡Y tú! -añadió, dirigiéndose a Bobby- ¡¿Desde cuándo engañas a mi hermana?!
Bobby se quedó de piedra.
- ¿De dónde...?
- ¡No me mientas! No soy tonto. Te vi entrando a la casa de esa mujer. Y tú, Ronnie Anne, defendiéndolo. Tú y toda tu familia, ocultándolo desde el principio.
Ninguno dijo nada. Sin previo aviso, Bobby hizo que Ronnie entrara al coche con un jalón. Apurándose, cerró la puerta y arrancó. El movimiento fue tan rápido que Lincoln no pudo reaccionar.
- ¡Cobarde! -gritó.
En cuestión de segundos, se habían ido. Echando pestes, Lincoln se dirigió hacia su casa. No sabía que algo había pasado en ella, pero en el momento en que entró, Luan lo puso sobre aviso.
- Ten cuidado con Lori -le advirtió- Algo pasó y parecía la Llorona en pena.
Por el tono de su voz, Lincoln entendió que aunque la comediante hablara con un juego de palabras, esa vez no se trataba de ninguna broma.
- Hablaré con ella.
Luan no lo discutió. Lincoln se fue al cuarto de Lori. Al entrar, vio que Luan se había quedado corta. Lori se veía al borde de la demencia. Su cabello parecía una colección de alambres, su cara estaba manchada por el maquillaje caído, gemía sin parar y todo indicaba que se habría quedado ahí un buen rato, si la hubieran dejado.
- Lori, ¿qué tienes?
La aludida no contestó. Siguió llorando. Él simplemente se quedó ahí, esperando a que contestara. Le dolía ver a su hermana llorando, y haría lo que fuera para sacarle una sonrisa, o para resolver el problema. Finalmente, Lori consiguió responder.
- Bobby... ¡acaba de romper conmigo! Dijo que tenía sus razones... No me quiso decir nada... Ni siquiera me dejó despedirme ni nada...
Lincoln se sintió desconcertado y culpable, ya que seguramente fue obra suya la reacción de Bobby. Esperó a que Lori se calmara para hablar.
- Esto no se puede quedar así. Tiene que haber una razón...
- Claro que la hay -exclamó Lori, ahora enfadada también- Creo que me engaña. Pasa demasiado tiempo en otras cosas, se ve más cansado, como si trabajara de más. Cuando quise sacar ese tema, me colgó. Alguien debió de descubrirlo, porque actuaba muy rápidamente.
- Fui yo -confesó Lincoln- Te hubiera dicho, pero no sabía cómo te afectaría...
- Bueno, ahora lo sabes -dijo Lori, subiendo cada vez más el tono de su voz- Y voy a arreglar esto de una vez por todas. Basta de secretos.
Pasó un tiempo antes de que Lori se sintiera del todo mejor, pero cuando lo hizo, se pudo ver todo lo que las hermanas Loud temían de ella: una incontrolable furia que caerá como una bomba sobre ti.
- Ven, Lincoln. Tú y yo vamos a averiguar lo que pasa de una buena vez. Y también tenemos que averiguar porqué nadie de la familia Santiago nos lo dijo.
- De acuerdo.
Con la misma sensación de ira, ambos se subieron al coche y se marcharon, dejando a Luan pendiente de la casa. Mientras manejaba, Lori le marcó a Bobby, diciéndole que no le importaba lo que él quisiera, pero que tenían que verse y hablar.
Por alguna razón, él y Ronnie aceptaron. Acordaron verse a unas calles de la casa de ellos, de inmediato. Llegaron a ese lugar sin rodeos. Y en unos minutos se encontraban los cuatro frente a frente. Se quedaron un rato viéndose fijamente, hasta que Bobby decidió romper el silencio.
- Lori, creo que te debo una explicación... de todo...
- No hace falta que digas nada, ya lo sé.
- ¿En serio?
- ¿Crees que no me iba a dar cuenta de todo el tiempo que pasaste fuera? Me engañaste. Sales con otra mujer.
- ¿De dónde...?
- Lincoln lo vio todo. Él te lo puede decir.
- Te vi dándole un ramo completo de rosas a una mujer. ¡Cómo no te dio vergüenza! Y encima tienes el descaro de volver a ver a Lori después de eso. ¡Qué decepción!
- Yo nunca...
Lori se acercó y le dio una bofetada con todas sus fuerzas, derribándolo.
- Eso es por todo lo que me hiciste.
Y se alejó furiosa, seguida de Lincoln. Al voltear a ver por última vez, vio a Ronnie que ayudaba a su hermano a levantarse. Ambos Loud siguieron caminando con dirección indefinida, con la única intención de alejarse de los Santiago.
- No puedo creerlo, es increíble. Incluso intentó negarlo. Qué hipócrita.
- Bueno, todo acabó, ¿no crees?
- Sí, así parece, Link.
Lori volvía a estar algo triste, y su paso se redujo. Lincoln solo se mantuvo en silencio, dándole el espacio que necesitaba. Sin embargo, lo que no se esperaba era oír unos pasos. Los Santiago se acercaban.
- ¡Lori! Lori espera, por favor...
- Vete, Bobby, no tengo nada más que decirte.
- Pero...
- Ya no quiero verte, así que hazme el favor de...
- ¡YA DÉJENLO HABLAR!
Era la primera vez que Ronnie abría la boca desde que se encontraron.
- ¡Si no dejan de interrumpir, nunca sabrán la verdad, y todo será peor, así que dejen de actuar como unos inmaduros y cállense! -soltó Ronnie, con la ira impregnada en su voz.
Fue esa intensidad, más que lo que dijo, lo que los hizo callarse. Bobby por fin pudo hablar.
- Lori, sé que es difícil de creer, pero te suplico, no me interrumpas hasta que acabe, ¿ok?
Lori estaba a punto de mandarlo al caño, pero había una genuina tristeza en su voz, y su aspecto no hacía más que reforzar esa impresión. Bobby esperó hasta que Lori asintió para continuar.
- Está bien, pero más vale que sea importante.
- Por favor, claro que es importante -refunfuñó Ronnie.
Todos se quedaron expectantes. Bobby tuvo problemas para empezar, y parecía reacio a hablar. Pero finalmente, habló.
- Lori, me voy a morir.
- ¿Qué...?
