Tanto Lincoln como Lori se quedaron sin palabras. Ninguno de los dos se esperaba en lo más mínimo una respuesta de esa magnitud.

- Tiene... tiene que ser una broma, ¿verdad?

Bobby sólo negó con la cabeza.

- Esta es la más pura verdad. Deben de estar confundidos. Si alguna vez un escritor neurótico y extraño escribe sobre esto, seguramente sus queridos lectores estarían confundidos también, ¿no creen? Se los voy a explicar, pero les pido que no me interrumpan, ¿de acuerdo?

El moreno se sentó en una banca cercana. Los demás se acercaron. Y ahí, Bobby comenzó a hablar.

- Todo comenzó... unos días antes de que empezaran las clases. Solo unos cuantos días antes de que vinieran a este lugar. Tenía preparada la mejor bienvenida para mi amada: una cena por todo lo alto con nuestra familia. Al final sí que se hizo, pero mucho después de lo que quería, porque justo cuando estaba comprando algunas cosas para la ocasión... me asaltaron.

Lori se tapó la boca. Ronnie se sintió repentinamente cansada, y se sentó en el piso, cerca de su hermano. Lincoln se sentó al lado de ella.

- Ese fue un día horrible...

...

La tarde ya estaba avanzada cuando Bobby entró en una tienda en busca de adornos y un regalo. Usó su paga de dos meses para poder comprarle un precioso collar para Lori. Él sentía que ella se merecía algo mucho mejor, sobre todo después de no haberse visto desde hacía mucho tiempo, pero tendría que ser suficiente por el momento.

- ¿Algo más, hijo?

- No, sería todo por ahora, señora.

- Vaya, ese collar se ve precioso. La chica debe ser muy afortunada.

- Eso espero que piense ella, señora. Aunque la verdad siento que el afortunado soy yo, jeje. Que tenga un buen día.

- Igualmente.

Bobby salió de la tienda. Las tres bolsas que llevaba no pesaban tanto, pero le dificultaban la vida al estorbarle para caminar. Para su desgracia, había bastantes coches estacionados, por lo que se había estacionado en un callejón cercano. Craso error.

Porque apenas entraba a ese mismo callejón cuando tres siluetas se acercaron, una por el frente, y otras dos por detrás.

- Vaya, vaya, vaya, ¿qué tenemos aquí? -dijo quien parecía ser el líder.

- Un gran botín, jefe.

- No... No, por favor...

- Vimos lo que compraste. ¿Cuánto dinero gana alguien que puede comprar un collar tan bonito y caro como si nada?

- Me quedé sin dinero, no tengo nada que...

No terminó de hablar, ya que una afilada hoja se clavaba en su pierna.

- ¡Hijo de...!

Por su osadía, recibió otra apuñalada, esta vez en un brazo. Le tomaron sus bolsas, su cartera, e intentaron quitarle las llaves de su coche. Pero el muy mexicano no se iba a rendir sin luchar. Doblando un brazo, logró desarmar a uno de los tipos de su cuchillo e hirió con ella a su dueño.

- ¡AAAHHH!

Sintiéndose muy débil y herido, Bobby hundió la hoja en la piel del segundo. Si lograba conservar fuerzas, podría tomar sus cosas y huir como pudiera, pero..

BANG BANG BANG BANG BANG BANG BANG

Completamente enloquecido al ver a sus dos compañeros al filo de la muerte, el líder sacó una pistola y disparó cuantas balas tenía cargadas contra el moreno. Bobby por fin gritó, sintiendo como la vida se escurría de su cuerpo, mientras varios chorros de sangre resbalaban por múltiples partes de su cuerpo. El líder lo sujetó de la camisa, para darle la apuñalada final.

- No debiste meterte con nosotros -gruñó- Ahora... ¡MALDICIÓN!

Soltándolo, el líder cayó de espaldas, empujado por un hombre de uniforme azul. Otro semejante se acercó a soportar a su compañero, y un tercero ayudaba a Bobby a levantarse. La policía había llegado.

- ¿Estás bien, hijo? Te... ¡DEMONIOS! -exclamó al ver lo inútil que era su pregunta- ¡LLAMEN A UNA AMBULANCIA, RÁPIDO!

- No puede ser -se asombró un cuarto oficial- Sigue vivo. Mario, Hugo, cárgenlo, y asegúrense de que siga vivo hasta llegar al hospital. Y lleven a estos tres desgraciados a prisión. ¡AHORA!

Bobby perdía consciencia rápidamente, y cada herida de bala que tenía le provocaba una agonía insoportable. La única razón por la cual seguía con vida era por la adrenalina que recorría su cuerpo. La ambulancia tardó cuatro minutos en llegar, un tiempo bastante corto comparado al usual, pero en este caso fue crucial. Bobby se alejaba de este mundo para acercarse al otro.

En cuestión de segundos le inyectaron anestesia, logrando aliviarle un poco el dolor. Los doctores se afanaron en su trabajo, intentando salvarle la vida al joven moreno. El hospital se ocupó de su caso, por lo que lo internaron con rapidez y comenzó la cirugía. Como su madre trabajaba en ese mismo hospital, se enteró de inmediato de lo ocurrido, pero lo único que pudo hacer fue quedarse con sus cosas. La operación hubiera salido bien, pero...

- Doctor, tenemos un problema. Varios a decir verdad -dijo una enfermera.

- ¿Qué ocurre?

- Una bala fue insertada en su cabeza, dos en los pulmones, otra cerca del riñón, una en el hígado, y otra en su estómago, eso sin contar las apuñaladas... Es un milagro que siga vivo.

- Entonces apresuren la cirugía, esto no será tan difícil mientras siga inconsciente...

- Pero lo más inquietante es que... logramos extraer una. Mire esta bala.

El doctor la examinó, y una corriente fría le inundó su cuerpo.

- Está...

- Diría que sucia. Pero es más que eso. Está completamente oxidada. Su cuerpo ha estado produciendo sustancias para mantener las balas aisladas, pero eso provoca que las mismas balas produzcan otros componentes, y su sistema las ha estado absorbiendo por horas. Eso provoca...

- Tétanos -completó el doctor.

Las heridas causadas por metales oxidados son la mayor causa de esa enfermedad, que en realidad no es tan peligrosa. Uno puede vacunarse contra ella, y no es contagiosa. Sin embargo, con sus defensas tremendamente bajas, una alta producción de esa enfermedad, la nula resistencia hacia ella por horas...

- Aunque podamos sacarle las balas... ya tiene la enfermedad, y no hay cura en este estado tan avanzado. Y al no ser curada... es mortal.

El doctor se sintió sobrecogido por ser incapaz de salvarle la vida al muchacho valiente que se hallaba en su consulta, pero le daría el tiempo que se merecía, aunque no fuera mucho.

- Proceda, enfermera.

- Sí, doctor.

La cirugía fue llevada con éxito en su mayoría, pero como bien dijeron los doctores, Bobby moriría por culpa de tétanos. Y peor, una bala perforada en su pulmón izquierdo no se podía sacar. Viviría con ella hasta el fin de sus días.

...

- Es por eso que me he ausentado por varios días seguidos en varias ocasiones, Lori: Tenía que ir a las consultas con los doctores, o con mis familiares para decir un último adiós -su voz se quebró con las últimas palabras.

La gravedad del asunto hizo que ambos hermanos se quedaran callados. Bobby por fin se rindió y lloró desconsoladamente. No le importó tener público. Lloró a lágrima viva, lamentando tener que perder la vida siendo tan joven.

- Pero -balbuceó Lincoln- esa señora que vi...

- Es una psicóloga. Mi madre la conoce bien, por eso me pidió que le llevara unas flores para agradecerle todo. Se llama Fabiola, y es la única que le daba sentido a mi existencia, porque yo ya me habría quitado la vida para evitar esta tortura. Era la única persona que me podía alcanzar en esta situación en la que estoy. La única que me daba motivos para vivir. Bueno, ella y... y tú, Lori.

Lori se abalanzó sobre su novio, el pedestal que la hacía levantarse todas las mañanas, el motivo de su vida, perdido, y destinado a marcharse pronto.

- Entonces nunca me fuiste infiel, ¿verdad, Bobby?

- Nunca, bebé. Te amo a ti, y solo a ti.

Se abrazaron con fuerza, sin esperanzas.

Todo encajaba: Por eso Bobby se ausentaba, por haber tenido que ir a las citas con el doctor. Veía su celular en caso de algún medicamento adicional. Tenía sentido que sintiera apego a la psicóloga que prácticamente lo mantenía con vida. Su aspecto concordaba: pálido, débil, cansado, delgado; sus defensas habían bajado drásticamente por la enfermedad, no por trabajar de más.

Lincoln veía todo con la mirada perdida, atónito de lo que acababa de escuchar. Sin embargo, no todo estaba claro. Se volvió hacia Ronnie Anne, quien lloraba por la pérdida de su hermano.

- ¿Lo sabías? -le preguntó- ¿Lo sabías?

Ella se volteó.

- Lincoln, yo no...

Él la agarró con fuerza del suéter.

- No me salgas con mentiras, Santiago. ¿LO SABÍAS?

Hubo unos segundos de silencio.

- Claro que lo sabía.

Lincoln se sintió devastado, y rompió a llorar también.

- ¡¿Por qué no me dijiste?!

- ¡¿Ah, sí?! ¡¿Así de fácil, no?! "Hola Lincoln, ¿qué crees? Mi hermano fue apuñalado y balaceado, le dio una enfermedad en estado incurable, y tu novia se quedará sola. Entonces, ¿qué clase nos toca?" ¿Es así de fácil de decir, no? -exclamó Ronnie, dolida, triste y desesperada.

Los dos se acercaron y se abrazaron, y se juntaron con Lori y Bobby. Los cuatro lloraron a lágrima viva, devastados por la noticia que les robó cada momento de felicidad, y que destrozó una relación... para siempre.