Nada de Katekyo Himan Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.
Sky's Mayhem
Capítulo 16: El Brillante Sol
- ¡EXTREMOOOO! – Más de una persona se tapó los oídos y miro mal a la extraña persona sin camisa corriendo por todo el pueblo. Esta ya era la quinta vuelta. La quinta.
Si había alguien que en verdad no podía quedarse quieto por más de 5 minutos, era Sol. Sol nunca se cansaba, su trabajo era brillar, todo el tiempo. Dar luz, dar energía, aunque a veces tenía problemas en controlar cuanta energía debía de dar. Cielo siempre lo corregía si daba mucho o muy poco.
Sol siempre estaba ocupado, nunca quieto, así que en verdad estaba en su propio mundo la mayor parte del tiempo, tal y como trueno y rayo pasaba la mayor parte del tiempo durmiendo. Tanto era así que no conocía muy bien a los otros elementos, excepto a luna.
Luna era su hermana, su dulce hermana menor. Tenía un trabajo similar a él, pero no era tan exigente y tenía algunos días libres en donde la noche solo tenía la luz de las estrellas, la mejor amiga de luna.
A que bajara él, era preferible que bajara luna, o las estrellas, o nieve o aurora. El problema era que nieve era caprichosa y no podía bajar en cualquier momento o región. Aurora era muy reservada y honestamente sol no sabía en donde estaba metida. Ellas dos eran las que menos conocían a cielo, así que muy probablemente no lo reconocerían incluso si lo tuvieran en frente. Ya había pasado.
Estrellas amaría bajar y buscar a cielo, pero era probable que se uniera a cualquier tontería o capricho que cielo estuviera haciendo. Incluso si lo reconocía. Luna… luna probablemente no lo reconocería tampoco, y no era buena buscando. Además, los últimos que deberían de bajar era ella y él.
Mayormente él, pero entre él y su hermana, él conocía más a cielo. Su hermana podía hacerse cargo de ambos trabajos por un tiempo, ella al menos sabia organizarse mejor que él y no se equivocaría. Así que, por unos días, todo estaría bien por su lado.
Estaba más preocupado por los otros. Habían dejado sus deberes de lado. No había habido lluvias, tormentas, truenos y rayos, en un mes y algo. Estaban comenzando horribles sequias, para iniciar con algo. Niebla y espejismo habían bajado recientemente, y aunque creía que eran los mejores para el trabajo porque conocían mejor que los demás como eran los seres de tierra, no podía quedarse tranquilo.
Tenía que venir a ver por sí mismo. Tenía que hacerlo. Esperaba que solo fuera un capricho de cielo, y no que se hubiera lastimado o le hubiera pasado algo. Estaba ignorando brutalmente que, por todo lo que sabía, cielo no era de tener caprichos. Solo conocía dos, y uno era querer dormir sobre nube porque nube era muy suave y en aquel momento aún era un niño y nube se lo permitió un par de veces y en otras le dio un buen coscorrón. La segunda era cuando estaba más grande, pero aun no era considerado lo suficientemente grande como para ser un adulto. El capricho tenía que ver con acercarse mucho a tierra, solo para ver a los animales que tierra había creado, pasando días de días en eso.
Por más que quisiera no podía mantenerse quieto, esta forma era muy limitante y él siempre tenía demasiada energía. No podía contenerse, no podía evitarlo, tenía que moverse. Por ello estaba corriendo, dando vueltas, por donde podía sentir la vaga esencia de cielo.
Cuando lo encontrara, lo primero que haría sol seria abrazar a cielo por mucho, mucho tiempo. Luego podía caerle a preguntas y darle un buen coscorrón por darles este susto. Cielo no era irresponsable, así que esperaba una buena razón para hacerles esto.
- ¿Ryohei? – Alguien llamo, sumamente incrédulo.
- ¡Hayato! – Saludo con entusiasmo, deteniéndose frente a tormenta, trotando en el sitio. - ¿Tu amigo? – Pregunto ante la otra figura que, por todas las apariencias, quería irse.
Tormenta lo tenía fuertemente agarrado del brazo, así que aquí había más que un simple encuentro casual. Y se parecían, cielos.
- G. – Tormenta se lo presento, pero G a duras penas saludo. Estaba muy molesto. – Tiene que haber dado con quien buscamos, pero no quiere decirme nada. – Fue la explicación de tormenta, negándose a soltar al hombre.
- ¡Excelente! – G intento cubrirse los oídos, y tormenta hizo una mueca ante el volumen. – G, ¿no?, disculpa cualquier cosa mala que Hayato o yo mismo podamos haber hecho al extremo. – Tormenta no negó, solo hizo una mueca y miro al suelo. – Veras, estamos buscando a un buen amigo nuestro, no sabemos a dónde se metió o por qué. – Esa era la triste verdad. - ¿Te molestaría si te hiciera unas preguntas?, tratare de ser más amable que Hayato, pero es muy difícil. – Después de todo: - Nuestro amigo es muy preciado por nosotros, es como nuestro hermano menor, y rara vez se ha portado mal. Por todo lo que sabemos, podría estar metido en problemas, así que…
No hacía falta explicar más. Aparentemente G podía simpatizar.
- Okey. – El hecho de que simpatizara no quería decir que estuviera feliz. Cielos, era como tormenta. – Pero primero tengo que ir a ver qué ha pasado con uno de mis amigos, se supone que debería de haber regresado a casa hace unas horas. – Hayato frunció el ceño, ofendido, al ser señalado. – Pero gracias a este señor que tengo aquí, no sé si ya regreso o no. – Comenzando a caminar, agrego: - ¿Voy a suponer que buscan a ese tal Lambo?, está haciendo la vida triste a alguno de nosotros.
- ¿Lambo también vino? – Pobre tormenta. Por supuesto que trueno y rayo iba a venir.
- También vinieron los gemelos. – Ante la mirada de horror de tormenta, explico, trotando en lugar de caminar. – Creo que solo falta Kyoya y las chicas. Hayato, llevan más de un mes y no avisan. ¿Cómo crees que se siente uno? – G, por alguna razón, soltó:
- Espera, ¿gemelos? – Parecía como si alguien lo hubiera golpeado con un martillo en la cabeza. – Por casualidad no se refieren a estos magos que andan haciendo actos aquí y allá y ahora van a molestar a Demon de cada rato… - Demon se lo busco, en la opinión de G.
- Chrome y Mukuro. – No sabían que estaban haciendo de magos, pero eso explicaba las cosas raras que vio mientras recorría la ciudad. – Llevamos meses buscándolo, pero su rastro nos ha llevado hasta aquí, no es usual de él desaparecer. – De cualquier forma: - Estoy seguro que los gemelos son están tratando de hacerlo salir, nuestro amigo adora las atracciones. Ellos dos siempre le hacen actos, solo para él. – Era para dar celos, pero bueno. – Es extrema esta situación, he dado muchas vueltas por este lugar y no encuentro nada…
Por un momento nadie dijo nada, y luego tormenta le pregunto:
- ¿Has sabido algo de Takeshi? - ¿De lluvia? – Llegamos juntos y luego nos separamos para cubrir más terreno y evitar caernos a golpes. – Mayormente la segunda, obviamente. – Temo que haya o vaya a hacer una estupidez, ¿no lo has visto por casualidad?
- No. – No lo había visto, y se estaba temiendo lo mismo.
Tormenta podría tener la mecha corta, y un muy mal carácter, pero lluvia… lluvia era un asesino natural. En lugar de estallar o agarrar una rabieta como tal, tenía limites que al cruzarlos terminaba con alguien muerto. Si alguien, por ejemplo, se metía con uno de ellos, cabezas rodarían. Y lluvia no sentía remordimiento ni satisfacción por esas cosas. Para lluvia, matar era lo mismo que respirar.
Era tanto bueno como malo, pero en esta ocasión sol creía que era malo. Si no supiera que tormenta solo no quería hacer desastres y pelear todo el tiempo con lluvia, lo regañaría por dejar a lluvia solo en el mundo terrenal.
- ¡G! – Pestañeo varias veces, sintiendo algo raro ante el cura que acaba de pasarle por el frente. - ¡Me alegra verte!
- Se supone que deberías de haber llegado a casa hace horas. – Pero G no negó, sonriendo finalmente.
- A alguien le pareció divertido pintar grafiti en las paredes externas de la capilla. – Fue la explicación corta, con mal semblante, del cura.
- ¿Otra vez? - ¿Era una ocurrencia-
Retiro su mano como si se hubiera quemado. El cura y G le dieron una extraña mirada antes de olvidarse de él, volviendo a su conversación. Sol intercambio miradas con tormenta, y tormenta le asintió lentamente, diciéndole en silencio que no eran imaginaciones suyas.
Cielo había bendecido a humanos. Había bendecido a alguien. Ahora entendía perfectamente porque tormenta no dejaba ir a este hombre, a estos hombres. Cielo no había bendecido a nadie antes, y menos de forma tan fuerte, tan íntima. Darle sus llamas a alguien más…
Ni con ellos cielo había hecho eso. Si bien no era necesario, cielo nunca había compartido su esencia de tal forma con ellos. Y ellos eran su familia. De repente sentía muchos celos, y las ganas de querer golpear a esta gente en la cara y preguntarles que habían hecho que ellos no.
Eran la mejor pista que tenían. No podían dejarla escapar.
