- Ay, mija, ¡lo sentimos tanto! -la abuela Santiago lloraba a lágrima viva sobre el hombro del abuelo, que también lloraba- Quisimos decirte, ¡pero no había forma!
- Habrías sido la primera a quien se lo habríamos dicho -aseguró el abuelo Santiago- Pero sabíamos que te rompería el corazón.
- No se preocupen, lo entiendo.
Aún después de saber la noticia, había momentos en los que Lori se sentía impactada por la situación otra vez. De vez en cuando se sentía capaz de soportarlo y continuar, solo para darse cuenta de que no era así, y que su corazón se tardaría mucho en sanar.
La familia Santiago le dio su más dolido pésame, y le dieron continuas disculpas por mantener el secreto.
- Lamento no habértelo dicho antes, bebé, pero creí que era mejor que te enteraras después... Cuando todo hubiera pasado -decía Bobby.
- Y yo te dije que no era lo mejor -repuso Ronnie- Iba a ser mucho peor.
- Bueno, sea como sea el caso, toma esto, Lori -Bobby le dio una cajita- Para que no me olvides.
Lori lloró al recibir el mismo collar que Bobby compró ese fatal día.
- Ay, Bubuosito... Siempre pensando en mí, aún en estas circunstancias.
Lo abrazó con fuerza, con el maquillaje corrido desde hacía mucho tiempo.
Sin embargo, Lincoln se sentía miserable. Ya no sentía ninguna aversión hacia Bobby, y volvía a ser amable y bueno con él.
El problema era que ahora Lori nunca olvidaría a Bobby. Ella siempre lo amaría. Si hubiera realidades alternas de su vida, no pensaba que hubiera alguna en la que sus sentimientos tuvieran que estar tan enterrados en su interior. Todo lo que surgía en su corazón tenía que ser arrancado de raíz.
- Eh, Link, ¿estás bien?
Ronnie se acercó con cara preocupada.
- No pasa nada. Es solo que me mareé un poco.
Ya no soportaba estar ni un segundo más en esa casa. Le dolía el alma ver a los primos menores de Bobby, a sabiendas de que tendrían que soportar la pérdida de un ser querido y cercano a una edad tan joven. Y quería incluso menos ver a su madre. Uno no se ha de imaginar lo que ha de sentir una madre al perder a su hijo, el dolor que ha de sufrir, la agonía que ha de estar sufriendo. En algún libro, un gran rey dijo "Un padre no debe ver morir a sus hijos." Sabias palabras. Un padre debe ver como crecen y maduran, como triunfan en sus logros y consiguen sus metas. Perder eso no tiene precio.
- Familia, sé que esta noticia los pone tristes a todos -dijo Bobby- pero no quiero perder lo que me queda de vida lamentándome por ella. Quiero disfrutar todos y cada uno de esos momentos con las personas que más amo.
Fue interrumpido por un repentino acceso de tos. Una ligera mancha de sangre manchó su mano. Sin inmutarse por ello, Bobby continuó.
- Su pena, su compasión, su tristeza, todo eso no hace más que agravarme todo. No quiero verlos tristes. He logrado hacer muchas cosas en mi vida, y no me arrepiento de nada. Venga, ¿una sonrisa?
Sus familiares y novia le hicieron caso. Lincoln no pudo ni hacer el esfuerzo, pero nadie lo notó.
- Así me gusta. Ahora, ¿qué tal unos tacos para cenar?
La abuela se animó un poco al oír eso. Se fue a preparar la cena, seguida de su marido y de su nieta mayor.
Lincoln ya no aguantó más y se alejó silenciosa y lentamente de la escena. Volvió solitario a casa. Al abrir la puerta, vio a su hermana comediante acercarse.
- Lincoln, ¿qué pasó? ¿Por qué tardaron tanto?
Lincoln no se sentía con las fuerzas de decirle nada, pero como muchas veces había hecho en su infancia, se sacrificó por su hermana. Le contó todo. Luan escuchaba atentamente, y su expresión incrédula fue dando paso a una más dolida y afectada.
- Wow -dijo cuando terminó- Lori ha de estar devastada. ¿Dónde...?
- Se quedó a comer con los Santiago.
- ¿Y tú...?
- No lo pude soportar -la cortó antes de que terminara de formular la pregunta- Estoy muy cansado, Luan. Me voy a dormir.
Aunque dolida por el tono duro en su voz, Luan entendió que el albino estaba muy afectado, de modo que lo dejó pasar. Lincoln se encerró en su cuarto. Mientras, Luan pensó en lo que ha de estar sufriendo la familia de Bobby. No importaba lo mucho que pueda fastidiar a veces, Luan tenía un buen corazón. Quería ayudar de cualquier forma. Pero...
- Hola, Luan.
La comediante no se sorprendió de ver a Lori a su lado. Generalmente ocurre que cuando alguien está enfrascado en sus pensamientos, el tiempo pasa volando. Habían pasado tres horas. Luan abrazó a la recién llegada Lori, con toda la suavidad y cariño que pudo.
- Lori... Lincoln me contó todo. Lo siento tanto...
Lori le devolvió el abrazo.
- Gracias, hermanita. Significa mucho para mí.
- ¿No hay algo que pueda hacer para ayudarte? ¿Lo que sea?
- No lo sé, Luan. Bobby quiere disfrutar sus últimos días... -su voz se quebró con las últimas palabras y no continuó.
Pero, ¿cómo le iba a hacer para no sufrir? La persona que más amaba en el mundo se iba de su lado. El faro que la iluminaba se apagaba, su sentido de vida se esfumaba, y se quedaría sola.
Luan, comprensiva, la acarició tiernamente.
- Si lo que quiere es disfrutar lo que le queda de vida, ¿que tal si hacemos precisamente eso?
Lori la miró sin comprender.
- Ir de picnic, ver museos, comidas, juegos, tours, lo que sea funciona...
Lori sonrió un poco.
- En serio que sabes como animar a la gente, Luan.
- Jaja, sí, estoy aprendiendo.
Mientras ellas planeaban unas cuantas ideas, Lincoln trataba de obligarse a olvidar a su hermana. Aunque supo que era inútil al instante. El amor era algo que simplemente nadie puede controlar a voluntad. Fue esa la razón por la cual Lori se sintió devastada al saber que Bobby se irá, y la misma por la cual él quería olvidar todo para no lastimar a Lori. Porque lo que sentían era amor.
Los siguientes dos meses fueron agradables. Bobby sugería ir de excursión, jugó bolos con su familia, pintaron un retrato de todos ellos juntos, tuvo citas con Lori y mil cosas más. Luan supo de inmediato los gustos de Bobby, así que sus actividades fueron cada vez más entretenidas para todos. Todos se lo agradecieron de todo corazón, y ella se sintió contenta.
Lori no se separaba de su novio, ni siquiera por las noches. Hablaban, comían y hacían todo juntos. Pasaron el tiempo perdido como nunca lo habían hecho. Todos, incluso Lincoln, los ayudaron y acompañaron para que esos momentos fueran memorables y especiales.
Sin embargo, lo único que nadie puede evitar, por mucho que intente, es el tiempo. Y el tiempo, encarnado en el doctor, anunciaron que a Bobby le quedaban unos días de vida. Bobby se quedó en su cama, por lo débil que estaba. Sentía dolores todo el tiempo, intensos, frecuentes e inaguantables. El último día que le quedaba, los reunió a todos alrededor de su cama.
- Les agradezco a todos por lo que han hecho por mí. Hicieron de mi vida la mejor experiencia, y los extrañaré con todo mi corazón. Nunca los olvidaré.
Todos lloraban, pero no tanto como Lori, quien estaba arrodillada ante él.
- Y gracias, Luan, por tratar de alegrarme mis días.
Luan se sonó la nariz por toda respuesta.
- ¿Me pueden dejar un momento a solas con él, por favor? -dijo Lori.
Los familiares, Luan y Lincoln asintieron, diciéndole las últimas palabras a Bobby. Luego salieron.
- Bobby, quiero que sepas que fuiste lo mejor que me pasó en la vida. Siempre te tendré en mi corazón, y te amaré por siempre.
- Gracias, Lori. No quiero que te sientas triste, siempre me tendrás contigo, aquí -le señaló el collar.
- Sí -concordó Lori.
Se besaron por última vez, justo cuando la mano de Bobby se debilitó y calló, soltando la de Lori.
- ¿Te doy medicina, amor?
- No gracias, Lori. Esta noche no siento dolor.
La más genuina y a la vez más triste sonrisa se formó en el rostro del mexicano. Lori le sonrió también y salió.
Dos horas después, el veintidós de agosto, Roberto Santiago falleció en su cama.
