Nada de Katekyo Himan Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.


Sky's Mayhem

Capítulo 17: La Imparable Nube

Quizás el elemento más peligroso del cielo era la nube. La inalcanzable, la vasta e imparable nube. Solitaria, increíblemente violenta nube que vagaba por el planeta, adquiriendo formas y tamaños que muchos solo podían soñar. Nube sabía perfectamente que era único, increíble, y poderoso.

Cuando anunciaron que pondrían a alguien como cielo, que les hacía falta un líder, nube se sintió ofendido. Nube cumplía sus funciones a la perfección. No fallaba en cumplir sus responsabilidades, y si alguien se metía en su camino saldría hecho pedazos. Era admirado por muchos, pero eso en verdad no le importaba. Pelear era su pasión, ser el más fuerte. Así que cualquier oportunidad para pelear era bienvenida.

Sea quien fuera cielo, nube espero que fuera alguien fuerte, alguien noble, porque no serviría bajo el comando de alguien que no lo fuera. No serviría debajo de alguien más débil que él.

Esta fue la razón por la que ignoro a nube y más bien busco hacerlo enojar, para pelear y saber quién era el más fuerte. Los otros elementos rara vez interferían, y cuando lo hacían era solo para recordarle que no era conveniente enemistarse con alguien que era uno de los grandes, más poderoso que cualquier de ellos.

Nube solo quería reírse en sus caras. Los grandes eran viento, agua y tierra. ¿Cielo?, por favor. Quien debía de haber sido considera un grande era fuego, pero no lo era. Fuego no tenía elementos, era un elemento de tierra. Era irónico, pero fuego era fuerte, muy fuerte. Por algo los humanos lo consideraban uno de los cuatro grandes y no a cielo.

Cielo ni siquiera era reconocido como una entidad. ¿Qué triste era eso?, pero lo tenían de jefe. No lo aceptaba, no lo aceptaría hasta que demostrara que era un ser fuerte, un ser noble. Cielo debía de ser más fuerte que nube si cielo quería la obediencia de nube, tan simple como eso.

Pero hiciera lo que hiciera lo que hiciera cielo ni siquiera hablaba, no hacía nada, excepto retraerse e irse. Y luego paso aquello y cielo hablo por primera vez.

No hace falta decir que estaba furioso, no contra cielo, sino contra quienes eligieron a un mero niño pequeño, a un bebé, como cielo. Ninguno de ellos fue escogido hasta al menos un par de siglos de antigüedad. ¿Cómo rayos iban a elegir a alguien apenas formado?

Había oído cosas, podría lucir como un egoísta y un apático, pero nube no era tal cosa. Había espiado, había oído cosas. Cielo ni siquiera entendía bien cuáles eran sus responsabilidades, no sabía ni entendía porque nadie parecía llevarse bien o porque nadie parecía quererlo allí. Cielo era incapaz de entender sus propias habilidades, no sabía ni quien era en sí. Más aun, cielo no sabía que habían selecciones para estos puestos. Tormenta había dicho que cielo había dicho que lo primero que recordaba era que le dijeron que era cielo.

Cielo fue creado y casi de inmediato, sino inmediatamente, puesto como cielo. No hubo siquiera un periodo de adaptación. Nube no necesitaba ser un genio para saber que cielo no había hablado y se escondía de ellos porque tenía miedo de ellos.

Daba que pensar que cielo fuera prácticamente criado por ellos, mayormente por tormenta y lluvia, y más por tormenta. Daba que pensar que por al menos un siglo tormenta traslado las ordenes y deseos de cielo, quien le decía a tormenta las cosas como preguntas y suplicas, a los demás.

Nube nunca admitiría que encontraba encantador aquellas pocas veces, gracias a tormenta, que cielo se armó de valor para acercarse y pedirle dormir sobre él. Primero por curiosidad, cielo creía que era alguien muy suave y esponjoso. Luego no podía dejar de decírselo.

Con el paso del tiempo, por más que se intentó enseñarle a cielo como pelear, cielo negó lo único que en verdad amaba nube. Así que, ¿cómo nube iba a querer a cielo cuando cielo parecía odiar lo que más amaba nube?

Nube nunca en verdad obedeció a cielo, al menos no por querer. Nube tenia resentimiento con cielo, y cielo debía de saberlo. Nube nunca aceptaría el mandato de alguien más débil que él. Tomando en cuenta que cielo nunca aprendió, y se reusaba a pelear de cualquier forma, nunca iba a ser fuerte. Nube valoraba la fuerza, eso no era ningún secreto.

No era el único que valoraba tal cosa, y no todos podían ser hablados y esperar que solo eso funcionara. Cielo era un idiota, así fuera uno noble.

Y ahora cielo había tenido la osadía de irse sin decir nada de nada. Había tirado sus responsabilidades a un lado. Los había abandonado. Había abandonado a nube sin siquiera decirle una palabra.

Debía ser perfectamente entendible que nube no estaba para nada feliz. Nube trato de olvidarse de cielo, no era como si en verdad alguien lo necesitara, pero al verse solo… no pudo fingir por más tiempo.

¿Cómo se atrevía cielo a hacerle esto?, iba a darle una lección que jamás olvidaría.

A diferencia de los otros elementos que bajaron, nube llego a la ciudad con una intención de matar enorme y buscando cualquier excusa para caerle a golpes al primer idiota que se la diera. Era, para horror de muchos y para malhumor de nube, muy similar a Alaude. Tan similar que nadie iba a darle una excusa fácilmente al extraño.

Tal cosa solo molestaba más a nube, quien estaba increíblemente enojado y llevaba mucho tiempo de esa manera y solo se hacía peor. Afortunadamente, había alguien que tan pronto se enteró de que había alguien peligroso buscando una pelea salió a buscar el peligro.

No hubo palabras entre nube y el humano de las esposas. Solo una mirada basto para iniciar la pelea, el gran desastre del cual se hablaría por años. Alaude no tenía idea de que había mordido más de lo que podía tragar, nube no tenía idea de que también había hecho lo mismo.

Alaude, sin saberlo, solo enfureció mas a nube al invocar sus llamas para intentar nivelar la pelea. No tenía opción, nube no andaba planeado jugar y desde el principio había invocado sus llamas y sus tonfas estaban cubiertas en ellas. Las llamas de nube eran muy densas, una de las cosas que siempre restregaba en el rostro de otros.

Ver llamas de la nube con casi la misma densidad, pero menos potencia, que las suyas era para que nube viera rojo, como un toro siendo provocado para embestir al torero. Solo con ver, solo con ver, nube sabía que esas no eran las llamas normales que los humanos tenían de la nube.

Sentirlas era una confirmación, una horrible confirmación. Cielo había hecho lo inimaginable, había bendecido a un humano con sus llamas. Esto, esto no sería un problema si nube, aunque no lo admitiría, no sintiera nada más que envidia ante el humano que había sido bendecido con algo que él no.

A diferencia del humano, cielo le pertenecía a nube, le pertenecía a su familia. ¿Cómo un simple e ignorante humano había sentido la esencia, las llamas, puras de cielo sobre su piel, sobre su entero ser, y él no, cuando había conocido a cielo por numerosos siglos?

Las esposas eran como sal en la herida. Ardía. Saber que no solo cielo había decidido bañar a este ser insignificante con su esencia, y de paso bendecirle un arma…

El punto de quiebre de nube fue, gracias a su gran observación, notar el estilo de pelea de este humano. Era su estilo. Imperfecto, incompleto, pero era su estilo.

Cielo se había negado a aprender a pelear, pero por lo visto había aprendido algo… ¿y se atrevía a enseñárselo a un humano?, ¿bendecirlo por tercera vez?

Alaude se vio en problemas, muchos problemas, en lo que pareció un pestañeo. Quizás en menos tiempo. Su pelea, la buena pelea, el gran desafío que estaba teniendo y que comenzaba a pensar que no iba a poder ganar por una vez en su vida, se convirtió en miedo y en el deseo de sobrevivir.

Ya no era una pelea, se dio cuenta rápidamente Alaude con miedo instintivo. Su oponente ya no estaba peleando por pelear, sino para matar. Si peleando como tal a penas podía llevarle el ritmo, ahora que estaba yendo con todo Alaude sabía que no podía ganar. Por primera vez en su vida, Alaude tomo la decisión propia de huir, porque de otra forma podría no tener un mañana.

Huir de nube era una misión imposible, tristemente. Nadie nunca había podido escapar de nube, era demasiado agresivo y fuerte y listo como para hacerlo. Alaude no sabía tal cosa, para bien o para mal, y por ello fue atrapado antes de lograr llegar lejos.

A meros centímetros de recibir un golpe directo con unas de las armas de nube, alguien jalo a nube del cuello. Con fuerza. Nube fue lanzado un par de metros, cosa que no calmo en lo más mínimo a nube. En todo caso, solo lo enfureció.

O al menos así fue hasta que ojos grises conectaron con ojos marrones, igual de furiosos.

- ¿Puedes moverte? – En ningún momento el hombre miro a Alaude, su vista fija en nube. – Tienes que salir de aquí, ahora. – Fue una advertencia, una urgente. - ¡Chicos!, ¡fuera de aquí!

Fue aquí en donde nube se dio cuenta que cielo no había bendecido a un solo humano. Fue aquí en donde nube se dio cuenta que cielo estaba frente a él y no estaba feliz.

Tal hecho no le importaba a nube, iba a enseñarle más que una lección a cielo por su osadía.

La verdad, nube nunca se esperó algo diferente a solo un regaño. No recibió tal cosa.