El funeral de Bobby fue triste, pero a la vez hermoso. Se podía apreciar su sonrisa a pesar de todo el dolor que había sentido. A su manera, había superado a la muerte. Su familia asistió al evento; el luto típico de la ropa negra estaba presente. Los abuelos se sostenían el uno al otro. Los padres abrazaban a sus hijos, y Luan era el soporte de Lori, sin duda la más dolida de todas. Pero Lincoln estaba solo.

No porque no quedara nadie con quien estar, pero en esos momentos no se sentía con el ánimo de estar con nadie. Mientras el ataúd descendía, Lincoln se despidió mentalmente.

- Nos vemos, Bobby. Descansa en paz. Lori... siempre te va a querer.

Solo se quedó hasta que empezaron a ponerle tierra encima al ataúd. Luego se fue.

Lori se pasó horas arrodillada ante el ataúd. Conforme pasaban las horas, los familiares se fueron marchando uno por uno, hasta que únicamente quedó Carlota.

- Lo superaremos, Lori -le dijo- La vida siempre continúa.

La abrazó brevemente. Al final la rubia se quedó sola, mirando con tristeza el montículo de tierra que en algún momento fue su novio. Las lágrimas asomaron rápidamente a sus ojos. Los encargados se dieron cuenta de que se iba a quedar ahí un largo tiempo. Las horas pasaron mientras Lori rememoraba todos los momentos pasados con Bobby. La lluvia apareció, mojándole su cuerpo.

Se sentía empapada y débil, pero no se movió. Su vida ya no tenía sentido si estaba sola. Tenía familia y amigos, pero no era lo mismo. ¿Cómo podía seguir viviendo? No fue hasta que varios pájaros se posaron en ella de lo quieta que estaba, cuando por fin se fue.

...

Lori no dio señales de recuperarse por largas semanas. A duras penas lograba hacer su trabajo, y era mucho menos comunicativa que antes. No importaba lo que intentaran, ni Luan ni Lincoln podían sacarle más de dos oraciones seguidas. Visitaba con frecuencia la casa de los Santiago en busca de consuelo, pero no ayudaba del todo.

Lincoln no lograba ocultar por completo lo que sentía por Lori. Había veces que sentía el irresistible impulso de dejar salir sus sentimientos, pero se inhibía por todo el dolor que podría causar.

- Ay, Lori... Ya me decidí. Voy a ocultar todo lo que siento por ti por el resto de mis días. Si tengo que pasar cada segundo a tu lado para volver a hacerte feliz, aunque no sea por mí... Entonces lo haré.

Desde ese día, fue Lincoln quien se hizo cargo de Lori. Le cocinaba y le llevaba de comer, la metía al baño para que se bañara, le hablaba de su día, lo que sea para que volviera a ser la chica que alguna vez fue. Lincoln no sentía que su hermana estuviera haciendo ningún tipo de progreso, pero un día Lori le pidió que le leyera algo. El albino aceptó de inmediato, y se sintió contento al terminar el libro, ya que su hermana no dormía muy bien esos días, y esa noche sí que durmió bien.

A veces Lincoln se divertía con sus amigos, quienes nunca pensaron que esa clase de situaciones tan graves le ocurrirían a su amigo. Lo apoyaban con lo que fuera, y las cosas mejoraban poco a poco.

Ronnie Anne se sentía triste también, y de cuando en cuando visitaba la tumba de su hermano para llevarle una flor y hablarle de lo que le sucedía en su vida, pero el albino notaba que la latina estaba superando ligeramente la contienda. Ronnie Anne no tardó en ser la misma de siempre, aunque tal vez fuera un poco menos ruda que antes.

Luan también estaba triste, pero se tomó muy en serio las palabras de Bobby y disfrutó todo lo que la vida tenía para ofrecerle, sin dañar su salud ni su integridad, claro está. Benny la acompañaba en sus nuevas aventuras, y en las interesantes ideas de su se hicieron ningún daño, y no perjudicaron a las personas que los rodeaban, lo cual fue un alivio completo.

La vida continuaba, y a los cuatro meses del acontecimiento, casi todos habían aceptado la situación, y vivían su vida tal y como Bobby habría querido.

Pero Lori no. A menudo se podía ver a la rubia jugueteando con el collar que Bobby le había dado. No parecía que lo fuera a olvidar. Había ocasiones en las cuales parecía querer levantarse para hacer algo, solo para volver a recostarse lentamente y caer de nuevo en su depresión.

- Luan, ¿qué más podemos hacer?

Lincoln estaba desesperado por hacer algo, pero nada parecía dar resultado. Luan le devolvió la misma mirada de desesperanza que él creía que también tenía en la cara.

- No lo sé, Link, tal vez deberíamos darle algo más de tiempo...

- Pero ya han pasado meses. ¡No puedo soportarlo! -los sentimientos de Lincoln se desbordaban peligrosamente- ¿Qué puedo hacer por ella, Luan?

Luan se conmovió de la preocupación de su hermano. Lo apretó contra ella, infundiéndole la fuerza y confianza que necesitaba.

- Estoy segura de que el hecho de que estés ahí le llegará en algún momento. Se dará cuenta... En cuanto se deje de sentir triste. Ten en cuenta que fueron novios por años, no se le va a pasar la tristeza tan pronto. Aunque eso si... Siento que lo suyo no es normal. Solo trata de hablar con ella, tal vez ayude.

- Llevo haciendo eso por semanas, Luan. ¿Qué va a ser diferente ahora?

- ...Ya sé. Dile que la quieres... Invéntale más cosas. Es muy unida a ti, tal vez te haga caso.

- ...Lo intentaré.

Esas fechas eran bastante características porque comenzaban a ponerse frías y el viento se hacía oír bastante por las tardes, por lo que al peliblanco se le ocurrió una idea. Se dirigió hacia la cocina y sacó los ingredientes necesarios para su idea. Puso leche en una cazuela y la calentó. Cuando comenzó a hervir, le puso dos grandes trozos de chocolate de una bolsa con la imagen de una señora viejita. Le añadió azúcar y esperó a que estuviera bien caliente para ponerlo en unos vasos.

- Eso huele muy bien, Link -comentó Luan, oliendo el ambiente- Esto de seguro animará a Lori.

- Eso espero. Ten, toma un poco.

- Gracias.

Mientras Luan bebía de la delicia que tenía en frente, Lincoln tomó un poco de pan dulce y entró al cuarto de Lori.

La habitación no estaba desaliñada, pero su cuarto sugería encierro. Había varios platos acumulados en un rincón, había un ligero olor a polvo, Lori estaba tapada con sus sábanas, y la oscuridad era acuciante.

- Lori... Vengo a verte.

Su hermana no habló, pero sus ojos se dilataron con interés al percibir el exquisito aroma que emanaba de su merienda.

- Hice chocolate caliente. Hace un poco de frío, y supuse que te gustaría comer un poco.

Lori se levantó y se acercó acercó, insegura. Tomó su vaso sin llevárselo a los labios. Lincoln le dio un sorbo al suyo. Y, modestia aparte, le había quedado buenísimo.

- No lo envenené, ¿sabes? -le dijo a Lori a modo de broma.

Lori le mostró la más ligera de las sonrisas y bebió un poco.

- Mmmhhh... Está delicioso, Lincoln... Gracias.

Lincoln respondió dándole un abrazo. Y su corazón se aceleró cuando su hermana le devolvió el gesto con cariño.