Nada de Katekyo Himan Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.


Sky's Mayhem

Capítulo 21: Storm

- Me sorprende que lo dejes bañarse solo. – Hayato levanto la vista de su libre solo para dar con G, quien estaba cruzado de brazos y de muy malhumor. – Y Giotto se queja mío, tu ni siquiera lo dejas mover una silla…

- ¿Hayato? – Hayato le sonrió a G con triunfo, como si dijera: "soy mejor que tu", ante el chico de ojos chocolate que eligió ese momento para salir del baño. Como Dios lo trajo al mundo. - ¿Sigues aquí?

Tsunayoshi adquiría la forma de un chico joven cuando estaba en un lugar privado, mayormente por petición de Storm.

- ¿No deberías salir con al menos una toalla? – Por alguna razón a G no le sorprendía ver a su figura paterna andar sin ningún cuidado ahora.

- ¿Eh?, ¿G? – Tsunayoshi no lo había notado, y no estaba avergonzado de su desnudez. – Lo siento, no pensé que fuera a recibir visitas justo ahora. – Ese no era el problema, pensó G con una mueca.

- Es culpa mía. – Storm le siguió sonriendo con suficiencia, alzando una toalla. ¿Así que le había robado eso a Sky ahora? – Luego no tengo excusa para secar su pelo, ¿sabes?

- Si se lo pides estoy seguro de que te dejaría. – G respondió inmediatamente, sin humor. – Le gusta ser mimado, por lo visto…

Los primeros días no había sido muy lindo de ver, era incomodo en realidad. Ninguno sabia como actuar con el otro, pero ahora… Ahora Storm buscaba cualquier excusa para consentir a Sky, y Sky no daba mucha batalla.

Viendo a su figura paterna cerrar los ojos y permitirle a Storm secar su pelo y sus hombros, de una forma un tanto familiar, G no podía evitar preguntarse si había algo que se había perdido. Storm estaba actuando como Tsunayoshi solía ser con ellos de niños, pero mucho más exagerado y también como un sirviente.

Estaba seguro que el día anterior Storm había ayudado a bañar a Sky, y solo porque Sky no era de poner velas o usar otra cosa que no fuera agua. Podía medio entender las burlas y comentarios ahora, viendo esto, sobre que Storm era mil veces peor que él con su hermano Giotto.

Tsunayoshi lo estaba disfrutando, los mimos, la atención, solo tener a Storm con él. Era obvio, demasiado obvio, cuando veía cosas como la que estaba viendo justo ahora.

- ¿Suena bien un pastel de fresas mi cielo? – Tsunayoshi no iba a negarle, mejor cuando lo estaba acariciando en la mejilla y menos cuando el chico se había acostado a su lado, usando su regazo de almohada.

Era, si se permitía decirlo, muy extraño. Tsunayoshi nunca había actuado así antes, al menos no tan infantil o inocente. No había permitido que cuidaran de él, no mucho al menos. Así que verlo así, perfectamente contento con otra persona y actuando como un niño…

Su único consuelo era que Storm prácticamente adoraba a ese niño que vivía consintiendo. No le haría daño. Eso no cambiaba que no le caía bien Storm y la situación se le era extraña.

- Conseguiste algo bueno aquí. – Comento Hayato una vez que volvió a estar solo con Tsunayoshi.

La figura a su lado, la cual estaba contenta con solo estar allí así no hiciera nada, no le contesto, ni dio señales de haberlo escuchado. Sabía que lo estaba escuchando, así no le respondiera.

- Son buenos chicos. – Chicos que no dudarían en arrancarle de cabeza, así supieran que no lo lograrían, si le hacían algo a cielo. Eran sobreprotectores, eran apegados a cielo. Nunca pensó vivir algo como esto. – Hiciste un buen trabajo criándolos Tsunayoshi. – Aunque estaba seguro de que esa no fue precisamente la intención de cielo.

- Gio es un cielo. – Fue la respuesta tranquila, cielo girándose para quedar boca arriba y mirarlo con esos ojos caramelo. – No podía dejarlo morir, no planee que se quedara conmigo…

Quizás no, pero Giotto se quedó con él y al ser un cielo atrajo poco a poco a los demás chicos. Tomando en cuenta que este chico era el cielo mismo, hubiera atraído gente, lo quisiera o no. Más bien se había formado una especie de vinculo compartido, que no se supone que debería ser capaz de funcionar.

Eran celosos, especialmente los cielos, en los humanos al menos. Aun ahora no entendía porque los grandes habían proporcionado una versión ligera de los elementos a los humanos hace tanto, mucho antes de que cielo apareciera en sus vidas.

El caso era que Giotto no debería tomar bien compartir sus elementos con otro cielo, pero aquí estaban. Los chicos respondían a ambos cielos, a uno más que otro, y eso parecía ser porque Tsunayoshi estaba siendo cuidadoso en no profundizar esos vínculos. Un poco tonto, un poco tarde, si esos chicos lo consideraban un padre y un tío.

- No espere que bendijeras a alguien. – Comento, minutos después, peinando al chico que estaba en gran parte apoyado en él, tarareando algo en voz baja, ya vestido y en verdad listo para empezar el día desde ya si así lo quería. – Menos con algo tan precioso…

Y a ellos ni siquiera les permitiera sentir sus llamas sobre ellos, así fuera solo una minúscula parte.

- Tienen los anillos, Hayato. – Quedo frio ante tal información. Los anillos. Sabía que tarde o temprano se los darían a alguien, pero… - Y han mordido más de lo que pueden tragar, solo quiero que estén a salvo. – No había felicidad o tristeza en esto, era solo una afirmación.

Hayato no necesito nada más para entender. No fue porque quería bendecirlos por sí solo, era por su seguridad. Les había dado armas y escudos para protegerse, algo sabia cielo mas no podía decirles. Así que, les dio más que una simple bendición. No quería saber cómo fue que estos renacuajos obtuvieron esos anillos.

- Lo lamento. – No era la primera vez que se disculpaba. Y a pesar de no tener contexto, Tsunayoshi sabía a qué se refería inmediatamente. Storm nunca realmente entendió como, pero era una de las particularidades de cielo. – Te sentías aburrido y solo, ¿eh?

La verdad, era una vergüenza para Hayato no haberse dado cuenta de la desaparición de Tsunayoshi hasta ahora. Más de una década, y no se dio cuenta. Nadie se dio cuenta. Quien sabe desde cuando Tsunaysohi estaba aquí, caminando como un humano. Giotto podría haberle dicho que tenía como 15 años con Tsunayoshi, pero eso no significaba que ese era el tiempo que Tsunayoshi llevaba vagando por la tierra.

Temía preguntar, temía saber desde cuando Tsunayoshi había abandonado su lugar. Por todo lo que sabía, podría haber sido hace medio siglo o más. Hacia demasiado tiempo que hablo con Tsunayoshi, que hablo con alguien que no fuera el idiota de Takeshi y solo porque Takeshi era un idiota que no parecía entender que no quería hablar con él.

- Te has divertido mucho aquí, ¿no? – Había pasado un buen rato si el lugar y los chicos que cuidaba decían algo. - ¿No crees que ya es suficiente Tsunayoshi? – Aunque si quería quedarse un poco más, no pasaba nada. Tenía que despedirse, ¿no es así?

Sky, quien no había girando el rostro hasta ahora para verlo mientras le hablaba, finalmente lo hizo. Ojos de un hermoso naranja dieron con los suyos, robándole el aliento. Primero, porque Sky jamás le había permitido esta vista. Era la segunda vez que veía sus ojos de ese color, del mismo color de sus llamas, era algo que no creía posible o hubiera podido imaginar. Y segundo porque eran fríos, calculadores y lejanos.

- No necesitas de mí. – Lento, pero firme.

- Se equivoca, yo-

- No necesitaban de mí, nunca lo hicieron, no me necesitan ahora. – Fue dicho sin duda alguna, tal y como un hecho.

No era una broma, no era ni siquiera una opinión o una observación. Era una creencia.

- ¿Bromeas? – Tomo mucho de Hayato lograr decir algo. - ¿Como que no…?

Hayato se apagó, notando que en ningún momento esa mirada cambio. Tsunayoshi en verdad creía lo que había dicho y no iba a cambiar de opinión. Solo con ver esos ojos, sabía que había encontrado un muro. Uno que no iba a ceder, al menos no con cualquier cosa.

Tsunayoshi no estaba jugando. Esto era más que serio.

- Cielo, no puedes quedarte aquí. – Le recordó, le recordó por-

- No es tu decisión. – Ni siquiera había enojo o desafío. Era como si oyera a Takeshi cuando tenían una discusión. Takeshi no cedía, pero tampoco peleaba o se molestaba en sí.

- No puedes quedarte aquí, mi cielo. – No podía, era cielo, era-

- Nunca les hice falta. – Antes de que pudiera negarlo, Tsunayoshi lo detuvo con: - Si lo hiciera, hubieran venido por mi hace mucho. – No tenía forma de contrarrestar eso, no positivamente. Tsunayoshi ni siquiera había terminado: - No hice falta las últimas décadas.

Décadas. Había dicho décadas.

Esto era un gran problema. Esos ojos le decían que lo dicho llevaba mucho tiempo existiendo.

En cierto modo, esto era su propia culpa. Él fue uno de los primeros en decirle a cielo que no era necesario, que no necesitaban de él…

- Tsunayoshi… - Quería decir muchas cosas, quería disculparse, quería…

- Vete, Hayato. – Finalmente esos ojos lo dejaron, su dueño levantándose para irse a otro lugar, cambiando a una forma adulta que muchos conocían. – A diferencia de mí, tu si eres necesario.

Solo en esa habitación, con esas palabras de despedida, Hayato no podía evitar preguntarse si esto era la devolución de lo que había hecho cuando cielo apareció. Si acaso esto era, en gran parte, su culpa por haber tratado mal a cielo hace tanto tiempo.