Nada de Katekyo Himan Reborn me pertenece, solo la historia y uno que otro agregado que aparecerán más adelante en la historia.
Sky's Mayhem
Capítulo 30: Sky
-… los pecados de Vongola… - Primo, a pesar de que solo pareció una pausa intencional, hizo una doble toma. – Así que, Decimo, ¿aceptaras…? – Siguió con lo que había hecho por generaciones, casi de memoria.
Por dentro, el espíritu de Giotto Vongola solo podía mirar al "Decimo" y ver a alguien que sabía que no vería nunca más, por razones obvias. Debía ser una coincidencia, se dijo para sí. Este niño era su nieto, su ultimo descendiente. Ignoraría el montón de tátaras, era su nieto con o sin ellos. Se parecían mucho, quien no notara la semejanza no conocía quien era Primo Vongola. Si a este chico le ponían los ojos azules y le pintaban el pelo rubio, sería su hermano gemelo. Bueno, un clon muy joven.
Además, y esto era que le permitía a Giotto diferenciar las dos personas sin problemas, su padre no iba a ir por allí en calzoncillos. No importa cual fuera la razón de ello, su padre no permitiría tal atrocidad. Primero hacia algo estallar antes de ir por allí en ropa interior. Y su padre no era alguien violento.
Estuvo con esa paz mental, por así decirlo, hasta que él y sus guardianes fueron llamados para hacer las pruebas que los chicos necesitaban para desbloquear el poder total de los anillos. En realidad, todos tuvieron esa paz mental, hasta que se estaban despidiendo y deseando buena suerte y todo el cuento a los que, en un par de días o menos, volverían al futuro.
Hicieron mucho en ignorar las similitudes, porque más de uno se le pareció "extraño" lo parecido que algunos de estos chicos lucían con respecto a aquellos entes que habían conocido en vida hace tanto. Hasta los nombres eran parecidos. Tanto por la paz mental, porque creer que eran solo coincidencias:
- ¿A dónde crees que vas renacuajo? – Tanto por las despedidas.
Lo dicho fue un siseo, prácticamente en el oído, por un chico de pelo gris que lo había agarrado del cuello y jalado duramente en un dos por tres. Y por supuesto que G no lo tomo bien:
- ¡¿Que diantres crees que estás haciendo mocoso?! – Una sonrisa demasiado afilada fue lo que detuvo una posible pelea.
Una sonrisa que todos ellos, por desgracia, recordaban demasiado bien. Especialmente Asari. Después de todo, era imposible olvidar a uno de los seres más peligrosos que conocían y que casi lo asesina. Solo porque se atravesó. Solo porque le daba igual.
- Ma Ma, ¿no crees que exageras Gokudera? – La sonrisa peligrosa solo duro unos segundos, siendo reemplazada por la que ya antes conocían, una juguetona.
- ¡No te metas idiota! – Primo fue soltado con brusquedad. El chico no había terminado con él: - A las 11, en la casa de Takeshi, no lo olvides. – Fue bajo, y fue rápido. – Vámonos Juudaime, es tarde y debe querer descansar, ¿no es así?
El cambio fue en un abrir y cerrar de ojo. Eso, claro, no evito que Gokudera les diera el mal de ojo a todos y buscara empujar al Decimo a su casa, ignorando las negaciones del chico. En realidad, no fue el único en ignorar a quien sería el Décimo, para bien o para mal.
Asari fue quien lo saco de la impresión y le recordó que debían de irse al tomarlo del hombro, no hizo falta que dijera nada. Menos mal, porque el Arcobaleno del sol miraba todo con una ceja arqueada y estaba seguro de que dicho asesino no tenía idea de lo que en verdad estaba pasando frente a sus ojos. Storm y Rain les harían la existencia triste si… bueno, si arruinaban lo que sea que estuvieran haciendo.
- Pensé que no volveríamos a verlos. – Si Giotto sonó como si estuviera más en cualquier otro lugar que en el presente, nadie lo señalo. – La muerte y todo eso, ya saben… - Giotto sabiamente ignoro las miradas dirigidas a él que decían: "eso deberíamos de estarlo diciendo nosotros".
Giotto, lo quisiera o no, había tenido algunas oportunidades de ver quién sería el Décimo. Por Dios, ¡Primo era el que tenía asiento en primera fila para saber quién venia o no!
- Giotto, sin ánimo de ofender, aprobaste al chico como el Décimo. – Lento, pero sin piedad: - ¿Y no te pareció extraño lo semejante que es a tío?
- ¿Y a ustedes no? – Esto callo a todo el mundo. Giotto no fue el único que tomarlo como extrañas coincidencias después de todo. – En fin, Hayato dijo que nos esperaban en la casa de Takeshi a las 11… - Eso era en unas tres horas.
- ¿Eso fue lo que…? – No hacía falta terminar la pregunta, era un tanto obvia. – Oh. – Una pausa, solo para agregar: - Nunca creí que pudieran mantener un secreto, excepto por tu padre, Giotto. – El cura, para bien o para mal, no era el único en pensar tal cosa.
- No es muy difícil, en especial en esta época. – G chasqueo los dedos, llamando la atención. - ¿Quién rayos va a creer que todos los elementos del cielo son entes que bien podrían ser considerados dioses?, así digan la verdad nadie va a creerles.
- Les crean o no son problemáticos, no sé cómo no han matado a nadie tomando en cuenta que… - Asari se apagó, cayendo en cuenta de algo no muy lindo: - No sé cómo ese Arcobaleno sigue vivo.
En otro lugar, mientras la primera generación intercambiaba miradas muy solemnes, cierto asesino a sueldo estornudo mientras comía torta, sin tener idea de su verdadera situación.
Cuando Primo y sus guardianes aparecieron en la casa de Takeshi, luego de pelearse por como 5 minutos por sobre a qué parte de la casa debían de ir, una pelea inútil porque no hacía falta y era más por costumbre que algo serio, se encontraron con una escena… peculiar. Si es que podía llamarse así.
- Tsk, al menos llegaron a tiempo. – El saludo vino de nada más y nada menos que Hayato, dándoles solo una mirada de reojo, su atención en Tsunayoshi.
- Sa Sa, no podíamos dejar pasar la oportunidad. – Asari trato de suavizar la situación, antes de que alguien dijera algo no muy bonito. – Ha pasado mucho, y aunque es un gusto verlos, estoy seguro de que no nos llamaron por nada, ¿cierto?
Fuera como fuera, Giotto dudaba que una verdadera discusión o pelea se formara. Y si lo hacía, el filo de una espada se presentaría en un dos por tres si la sonrisa y tensión de Takeshi decía algo.
- Desde hace rato. – Ryohei no estaba sonriendo, tenía el ceño fruncido. – No sabemos a quién más preguntar sobre problemas con las llamas de Tsunayoshi. – El boxeador señalo al chico en cuestión, quien solo le dio una mirada cansada como si esto ya hubiera ocurrido muchas veces y estuviera cansado de ello.
Giotto podía ver a lo que se referían. Su padre no lucía muy bien, estaba tratando y fallando de invocar sus llamas. Primo estaba casi seguro de que quería entrar en su Hyper Dying Will Mode y no lo lograba. Por unos segundos llamas se mostraban, y luego se extinguían por un momento o su intensidad fallaba, así que no se mantenía.
- Lleva tiempo, pero desde que Nono sello sus llamas ha sido peor. – Ante esta información muchas malas caras surgieron. La mayoría por un recordatorio. – No pasa nada por cortos o moderados periodos de tiempo, pero más de eso… - Hayato se apagó, haciendo una mueca, y finalmente volviéndose a dirigir a Tsunayoshi. – Déjalo, distraeremos a Reborn si hace falta, no has tenido muchas pausas como es… - ¿Descansos?
- ¿Desde qué tanto? – Podía entender porque los querían aquí solo con ver a su padre. Específicamente lo querían ver a él, a Giotto.
De este modo fue que Giotto y sus guardianes se encontraron tomando asiendo y escuchando toda clase de historias y hechos. No hace falta decir que, para cuando toda la información había sido dicha, Tsunayoshi había sido revisado y mimado por todos ellos, incluso si tenían una buena idea de lo que pasaba solo con oír las cosas.
- Bueno, puedo decirles que saben a quién preguntar… - Viendo a su padre luego de tanto tiempo… - Tengo las mismas llamas que papá, después de todo. – No eran tan fuertes ni tan intensas, pero su padre le había brindado sus habilidades. Y no eran sencillas de manejar.
A pesar de que Tsunayoshi tuvo paciencia y le explico lo que sabía de sus propias habilidades, Tsunayoshi no tenía la experiencia o el interés de aprender más de lo que sabía. Eso, y no tenía la compañía de su propia familia.
- No va a arreglarse de la noche a la mañana. – Esto no sorprendió a ninguno de los elementos del cielo, ni siquiera al mismo cielo. – Es cuestión de unión entre ustedes, entre él y sus elementos. – No sabía los detalles, pero sabía que su padre y su familia no fueron los más unidos. – El problema está en que…
Fue así como los elementos del cielo oyeron el hecho de que Sky solo mostraba el problema que tenía cuando lo hacía porque, naturalmente y al no ser muy activo, tenía reservas. Gastaba más de lo que quería, no tenía el control de cuanto porque su flujo era inestable, y cuando llegaba a cierto punto no tenía mucho de donde escoger.
Tomando en cuenta que todos ellos podían pasar días de días peleando o usando sus habilidades sin problemas, esto era imposible de no notar. Saber que la razón recaía en que necesitaba cercanía con sus elementos y presencia de los mismos, como constante intercambio de energía entre ellos, solo para que Sky pudiera estar estable no era exactamente… lindo.
-… se ira, no quedara nada, así que no tienen de que preocuparse. – Giotto solo tenía ojos para su padre, y su padre solo tenía ojos para quienes había cuidado por décadas. No era una sorpresa. – Quizás no lo sepan, pero no necesitaban pedir que hacer.
- Lo están haciendo genial, hasta que Nono lo arruino. – Asari golpeo a G con su flauta intencionalmente.
Era mejor no darle más razones a esta gente de ir a llevar a Nono a la tumba más pronto de lo necesario.
- ¿Era necesario convertirse en los próximos jefes de Vongola o…? – Alguien tenía que preguntar.
Asombrosamente quien respondió fue Tsunayoshi, usando el regazo de Primo como almohada y más dormido que despierto.
- Quería ver a mis niños, y limpiar el desastre que dejaron. – Demon se estremeció ante la mala cara que le dio Tsunayoshi. – Hay muchos desastres, los otros nos pidieron ayudar con eso y los chicos querían información. – De paso: - Además, no necesito excusas para pasar tiempo con ellos, aunque sinceramente hubiera preferido no tener la pesadilla de lo que es Reborn, Nono, y la escuela…
- Ma Ma, te dijimos que no era buena idea fingir ser malo en todo. – Riéndose hasta mas no poder, Takeshi ignoro el bufido de Tsunayoshi.
- Lo hice por ustedes, así me miman más de la cuenta. – Tsunayoshi no miro a nadie al decir esto, siendo víctimas de muchas miradas y la intención asesina de un prefecto que había estado allí, siendo el apoyo/almohada de Sky hasta que llegaron los fantasmas. - ¡Cierto!, ¡chicos!, quiero presentarles a las damas~
La puerta se abrió justo en ese momento, mostrando a cuatro chicas de muy buen humor, llevando comida recién echa. ¿En dónde rayos estaba Tsuyoshi o que le habían hecho al señor…?
- Moon. – La chica pestañeo muchas veces antes de entender y sonreírles mucho como el sol. – Star.
- Encantada de conocerlos. – La chica no demoro en ir directamente con Sky, como niña enamorada.
- Snow. – Esta era una niña de como 5 años. Saludo en otro lenguaje. – Y-
- Aurora. – Se presentó la última dama, una mujer de pelo largo. – Pueden llamarme Bianchi, muchas gracias por cuidar del tonto de Tsunayoshi por nosotros. – La dama ignoro la queja del mencionado, sonriendo dulcemente hacia ellos.
- ¿Se vinieron todos…? – Aunque era bueno conocer a los cuatro faltantes…
- Los grandes nos apoyan, no hay ningún problema. – Esperaban que fuera así. Sea quienes fueran los grandes, debían de haber hecho más que solo aprobar la idea.
- ¿Ya podemos decir que el cielo se cayó o no? – La duda que había carcomido a Lampo por más de 4 siglos no aguanto más.
- ¡Estúpido mocoso…!
Honestamente Giotto sentía pena por Reborn. El Arcobaleno no tenía ni la más mínima idea de en qué problema estaría si le pasaba algo a Sky. Nono no estaba en buenas gracias, eso era seguro.
- ¿Realmente serás el Décimo? – Su padre no dudo en asentir, ignorando la pelea que se estaba armando justo en frente.
- ¿A menos que no quieras? – Tsunayoshi y toda esta gente podía desaparecer de la faz de la tierra sin problema alguna. Nadie sabría nunca que paso, y tremendo caos armarían.
- Seria la visita más corta que nos has hecho papá. – Aparte de eso: - No puedo creer que estés usando esto de excusa para pasar más tiempo con ellos, ¿no te malcrían allá arriba?
Mientras su padre le hablaba de como habían sido los últimos siglos, Giotto no podía evitar pensar que su padre, más que una excusa, solo estaba buscando inconscientemente mas contacto con sus elementos. Se diera cuenta o no, Tsunayoshi sabía que debía de hacer para recuperarse.
