AN: Gracias a todos por leer esta historia y gracias a los que habéis dejado un comentario. Aquí el segundo capítulo, espero que os guste^^
.
Capítulo 2- Buenas intenciones
A la mañana siguiente Regulus se despertó sobresaltado y confundido. Le tomó unos cuantos minutos recobrar la compostura y recordar lo sucedido esa misma noche, no hacía ni unas horas atrás.
Había tenido la pequeña esperanza de no despertarse en lo absoluto.
Se quedó tendido en su cama reflexionando sobre su situación. Todavía no sabía si todo eso era un simple producto de su mente o si en verdad estaba de vuelta en 1972, pero iba a tener que enfrentarse a ello de cualquier forma. Tendría que bajar, saludar a sus padres, irse a Hogwarts y fingir que no acababa de morir tratando de derribar al loco megalómano purista más peligroso de la historia.
Será fácil, se dijo en un intento de evitar salir corriendo por la ventana, plantarse en San Mungo y exigir que lo internaran de por vida.
Con un suspiró sufrido se levantó de la cama, haciendo una mueca al sentir el cuerpo rígido cortesía de los efectos de la poción que Kreacher había vertido en su taza la noche anterior. Tendría que agradecerle al elfo por ello, y pedirle que le colase unos cuantos frascos en su baúl, después de todo, Merlin sabría si sería capaz de volver a dormir por su cuenta.
Se vistió con lentitud, observándose en todo momento en el espejo de su cómoda, todavía sin poder acostumbrarse al reflejo infantil que lo saludaba. Regulus había olvidado cuán pequeño había sido a esa edad. A sus dieciocho años no era la altura personificada, pero al menos no tenía la apariencia de un bastón. Ahora, parecía que incluso una pequeña brisa podría derribarlo. Entre su baja estatura y sus escuálidos miembros, Regulus estaba seguro de que ni podría recoger su propio equipaje sin ser arrastrado por este.
Una vez que hubo terminado de vestirse apropiadamente comenzó a luchar contra el desastre que era su cabello.
Fue en esa situación en la que lo encontró Kreacher.
"veo que está despierto, maestro Regulus. La ama y el amo se encuentran ya desayunando en el comedor" dijo mientras miraba a Regulus dando tirones con el peine sobre un nudo particularmente enredado "Permítame Maestro, Kreacher se encargará de eso"
Con un chasquido de dedos una botella de poción alisadora apareció entre las manos del elfo. Regulus optó por dejar que se la untara sobre el cabello, observando con agrado como los nudos se deshacían y caían sobre sus hombros. Era casi nostálgico verse así. En su quinto años, después de un desagradable incidente con una bomba de chicle, no tuvo más remedio que cortarlo. Se había entristecido bastante al hacerlo, pues siempre había encontrado placer al recibir elogios por la buena textura y olor que desprendía, sobre todo de la población femenina. Su único consuelo fue que nadie volvería a confundirlo con su hermano, lo cual resultó no ser de mucho consuelo.
Una vez que su cabeza había dejado de parecer un nido de pájaros, bajó junto al elfo las escaleras. Evitó mirar los cuadros y las cabezas de elfos cortadas, sintiéndose ya demasiado sombrío como para añadirle más pesadumbre a su ánimo.
Se paró frente a la puerta del comedor y respiró profundamente. Le dio una indicación a Kreacher, quien le había estado enviado varias miras preocupadas durante el trayecto, y la puerta de abrió, cortesía de la magia del elfo.
Su madre y su padre no levantaron la mirada ni repararon en su presencia. Regulus estaba tan acostumbrado a eso que por un momento casi sonrió con nostalgia. Luego recordó que la mayor parte de las cosas por las que se arrepentía habían tenido su origen en la crianza que había recibido y toda su alegría se esfumó como si un dementor hubiera entrado en la habitación.
Con pasos lentos ocupó su asiento, cerca de la esquina opuesta a donde su padre y su madre estaban. Siempre se había sentado en el mismo sitio. Anteriormente lo había hecho por respeto a sus mayores, dejándoles espacio suficiente para que hablaran de cosas que no lo incumbían, ahora…ahora simplemente sentía que podría vomitar si estaba muy cerca de ellos.
"Buenos días madre, buenos días padre" los saludó en cuanto su espalda tocó el respaldo de la silla.
Su padre, sentado al pie de la mesa rectangular larga, no dio señales de haberlo oído, teniendo toda su atención en el periódico que leía. Su madre, por otro lado, asintió en su dirección, dejando por un momento el cuchillo y el tenedor con los que comía un trozo de tarta de carne.
"Me ha dicho el elfo que has tenido problemas para dormir esta noche" comenzó, fijándolo con su mirada. Regulus sintió que se congelaba. "¿algo que quieras compartir?"
Se lamió los labios y sonrió suavemente "No es nada madre, la emoción me tuvo en vela"
Walburga Black frunció los labios, volvió su vista hacia su desayuno y levantó una taza con la elegancia que solo un consumado aristócrata podría lograr.
"controla tus emociones entonces, sería una vergüenza que no estuvieras en tus plenas facultades por una razón tan tonta"
Regulus asintió, tomando el consejo tajante con tranquilidad. Era un buen consejo, después de todo. Quizás no el que uno esperaba recibir de una madre, pero ¡hey!, no todos podían obtener caramelos y arcoíris.
Se sirvió un poco de tartaleta de manzana y zumo de calabaza y se quedó en silencio, masticando lentamente y prestando insana curiosidad al bordado del mantel.
Unas voces alteradas se escucharon desde las escaleras y Regulus se encogió en su asiento sabiendo de antemano lo que vendría. Su madre parecía también preverlo, pues su espalda se tensó y sus manos agarraron con fuerza sus cubiertos.
La puerta se abrió de par en par y Sirius apareció, con una camisa blanca sobresaliendo por encima de sus pantalones, con el pelo largo recogido en un moño desordenado y varias pulseras de cuero adornando su mano derecha, con la insignia de gryffindor en varias de ellas. Incluso en ese resumen de factores informales, Sirius se las manejó para verse ridículamente elegante, algo por lo que Regulus siempre había sentido una pizca de envidia.
Su hermano envió una mirada a la mesa y se apresuró a sentarse delante de Regulus, lo más alejado posible de sus progenitores.
Su madre miró de reojo la apariencia de su hijo mayor y una mirada de profundo descontento pasó por sus ojos. Regulus la vio luchando contra las palabras despectivas que quería decir, pero si mal no recordaba esto había sido después de una fuerte discusión entre los dos que había acabado con su padre prohibiendo cualquier mención de la casa de los leones en su presencia. Después de eso, su madre y su hermano se habían dedicado a lanzarse miradas significativas y a ignorarse mutuamente cuando había alguien más en la sala.
"¿Por qué ese maldito elfo tiene que venir a despertarme? Puedo hacerlo yo solo" se quejó Sirius, sirviéndose una rebanada de pastel de carne y unas salchichas asadas.
Regulus reprimió el impulso de defender a su sirviente, sabiendo de antemano que esa discusión no llevaba a ningún lado. Se metió un trozo de tartaleta a la boca y evadió cuidadosamente los ojos de su hermano. No tuvo que poner mucho esfuerzo. Regulus recordaba con claridad cómo había sido la relación entre ellos en ese punto, sobre todo desde que Sirius había sido sorteado en gryffindor. No había sido su mejor momento, tuvo que admitir. Regulus había seguido las acciones de su madre al pie de la letra con respecto a la existencia de Sirius, dándole un tratamiento silencioso que honestamente el niño no se merecía.
En aquel entonces Regulus lo había sentido como una traición a su persona, más que incluso al nombre familiar. Había pensado que Sirius había elegido a sus amigos mestizos y nacidos de muggles por encima de su propia familia, por encima de Regulus, y aquello le había sentado peor que un blugger en el estómago. Sirius, aunque en un principio trató de hablar con él, no tardó en darse cuenta de su comportamiento esquivo y se lo pagó con la misma moneda. De ahí en adelante su relación solo se había distanciando cada vez más. La última vez que se habían visto había sido en el callejón Diagon, pocas semanas después del término de su séptimo año, y no había sido un encuentro agradable; Con su hermano siendo retenido por sus amigos, impidiendo que se lanzara contra Regulus, y los propios compañeros de Regulus, que habían parecido más que encantados por comenzar una pelea a plena luz del día. Había sido un día horrible.
Si Regulus pudiera volver a ese mismo momento, se lanzaría a los pies de su hermano y le rogaría que lo hechizara allí mismo. Merlín sabía que lo merecía.
El desayuno transcurrió sin ningún incidente. Una vez que todos habían terminado sus respectivos platos, Regulus se excusó rápidamente y subió a su habitación con la excusa de comprobar si tenía todo lo necesario para comenzar el curso.
Ya en la tranquilidad de su habitación llamó a Kreacher, que apareció enseguida con una mirada compungida.
"perdóneme Maestro Regulus, la maestra quiso saber por qué kreacher andaba en la cocina a altas horas de la noche y Kreacher tuvo que responder" dijo el elfo en tono de disculpa, agachando la cabeza y pegando sus orejas a su cráneo.
Regulus suspiró. Había olvidado la extensa red de espías que su madre tenía por toda la casa, una de las tantas razones por las que evitaba los malditos cuadros.
"no te preocupes Kreacher, es culpa mía por darte tantos problemas"
Kreacher pareció escandalizado.
"¡el amo Regulus nunca podría darle problemas a Kreacher! Kreacher vive para servir al amo Regulus y a la noble casa de los Black" dijo con vehemencia, transfiriendo con su mirada la veracidad de sus palabras.
Regulus lo miró con una sonrisa cálida en su rostro. Siempre había sabido que tenía el favor del elfo en su persona, pero en ese momento apreciaba más que nada el apoyo incondicional de su leal amigo. Kreacher había sido el único que se había quedado a su lado durante los peores momentos, el único que había sabido la verdad de su cambio de corazón, el único que no lo había visto sólo como un mortífago más.
"Gracias Kreacher, sé que siempre puedo contar contigo" le dijo y vio como las orejas del elfo se alzaban con orgullo. "ahora, ¿Dónde guardé mi baúl y dónde dejé mi varita?"
Unos minutos después, tras asegurarle a Kreacher que no, no había sido maldecido con un hechizo de memoria y no, no necesitaba que llamara a su madre ni a ningún sanador, pudo conseguir que el elfo lo ayudara a encontrar sus pertenecías, escondidas todas en la trampilla debajo de la alfombra. Regulus había olvidado que solía guardar sus cosas ahí, en el futuro (en este caso en su pasado) se había cansado de desempolvar sus cosas cada vez que quería conseguir algo y había optado por meterlo todo en un cajón del armario que había extendido con un hechizo de expansibilidad. Era más útil y menos sucio.
"bueno, al menos tengo todo" dijo en cuanto comprobó que su baúl ya había sido armado con anterioridad y que todos sus útiles estaban cuidadosamente ordenados y listos para ser trasladados.
"Por supuesto, el amo Regulus es un niño muy aplicado" dijo Kreacher con la voz dulce, luego su mirada se agrió y murmuró por lo bajo: "no como su hermano…"
Regulus puso los ojos en blanco. El señor tenebroso bailaría en paños menores frente a las puertas del ministerio antes de que Kreacher y Sirius se llevaran bien.
Con todo en orden y sin mucho que hacer, Regulus se tumbó en su cama ya hecha leyendo un libro sobre quidditch que había sacado de la estantería, el cual todavía estaba en perfectas condiciones pese a que recordaba con claridad cómo ese mismo libro se le había caído al lago negro en su segundo año. No era como si necesitara leerlo otra vez, siendo el quidditch una de sus actividades favoritas, a la edad de once había memorizado todo lo escrito sobre el deporte, incluso los tratados más inexactos datados de siglos anteriores. Desgraciadamente, toda su biblioteca consistía en libros de historia y hechizos que ya conocía, dejándolo con pocas opciones de lectura.
Mientras el tiempo pasaba y se acercaba cada vez más la hora de partir, Regulus se encontró pensando en qué demonios iba a hacer una vez que estuviera en la escuela. Todo parecía estar repitiéndose sin interrupciones, tal y como lo recordaba. Era como si estuviese en una maldita obra de teatro y al único actor al que no le hubieran dado el guión fuera a él. Se sentía disonante con su entorno, fuera de lugar.
Bueno, claramente estoy fuera de lugar, unos siete años fuera pensó amargado.
La pregunta era, ¿Qué iba a hacer al respecto? No podía simplemente fingir que nada estaba pasando. Había acordado no hacerse preguntas hasta que tuviese los medios adecuados para buscar respuestas, pero era difícil no pensar en su situación, sobre todo si había la pequeña posibilidad de que aquello no fuera una ilusión avanzada de su subconsciente. Si Regulus realmente estaba de vuelta al pasado, si tenía la opción de comenzar todo de nuevo…era un pensamiento muy peligroso, y él no era ignorante en ese aspecto. Hasta que consiguieras pruebas válidas tendría que andarse con cuidado.
Pasadas las diez, Kreacher le anunció que debía prepararse para el viaje. Regulus recogió su varita y su capa, Kreacher encantó su baúl, y ambos bajaron las escaleras con su equipaje flotando detrás de ellos. Sirius, que ya se encontraba en el salón frente a la chimenea que brillaba con el característico color verde esmeralda de los polvos floo, miraba repetidamente el reloj de pared, sin poder esconder su entusiasmo ante la perspectiva de dejar Grimmauld place. Regulus, por una vez, podía empatizar con sus sentimientos.
Sus padres llegaron pocos minutos después y los cuatro atravesaron las llamas con destino hacia Norns Emmins, uno de los tantos clubes sociales que disponían de chimenea conectada a la red floo, y el cual afortunadamente quedaba muy cerca de la estación King cross.
Al otro lado fueron saludados cordialmente por Madame Burke, quien era la actual dueña del salón tras la repentina muerte de su esposo no hacía ni tres años atrás. Los Burke estaban relacionados con ellos cercanamente. La abuela de Madame Burke, la difunta Belvina Black, era la hermana menor de Sirius Black I y Cygnus Black, abuelos de su padre y de su madre, respectivamente. Lo cual los hacía primos en segundo grado.
"Orion, Walburga, que encantada estoy de veros, han pasado edades desde que nos reunimos, ¿Por qué no os quedáis un rato?" dijo mientras le daba dos besos en la mejilla a su madre y un abrazo a su padre.
"me temo que no tenemos tiempo, querida. Tenemos que llevar a nuestros hijos al tren: Comienzan hoy la escuela."
"oh!" la bruja hizo un sonido de sorpresa y se giró a mirarlos. "por Salazar, realmente tienen la sangre familiar en sus venas, sobre todo este, es igualito a tu padre Orion, será todo un galán cuando crezca"
Sirius, gracias a Merlín, no dijo nada grosero. En cambio, ante la mirada calculadora de sus padres, se adelantó unos pasos y besó la mano de la mujer, todo mientras sonreía encantadoramente.
"solo si consigo mujeres hermosas como usted" dijo con una voz juguetona.
Madame Burke se sonrojo complacida dejando en evidencia la belleza de sus rasgos que parecían compartirse en toda la familia. Regulus pensó que era una lástima que una mujer como ella hubiera desperdiciado parte de su vida con un hombre como su esposo, quien a parte de haber sido mucho mayor que ella también había sido increíblemente aburrido. Una clase de profesor Binns, solo que purista al extremo y considerablemente más rico.
Después de intercambiar unas cuantas palabras más y dar sus despedidas, dejaron Norns Emmins y caminaron por las concurridas calles de Londres. La estación quedaba a no más de dos minutos de distancia y Regulus estuvo agradecido por eso. Porque, aunque intentaba no prestar atención, aun podía sentir la mirada de absoluto desprecio que sus padres portaban mientras pasaban al lado de un grupo de muggles, como si estos fueran insignificantes cucarachas. Se sintió avergonzado al pensar que él había tenido esa misma mirada hasta hacía poco, cuando todavía se forzaba a creer que las ideologías impartidas en el seno familiar eran el dogma mágico. Ahora, incluso ser un nacido de muggle sería menos vergonzoso que ser lo que él se había convertido.
Llegaron a la estación y atravesaron la plataforma 9 ¾ . Kreacher, fielmente puntual, los esperaba del otro lado, con sus pertenencias resguardadas y listas para abordar. Regulus no pudo evitar sonreír cuando vio el expreso a Hogwarts. Para él, solo había pasado un año y poco más desde la última vez que había estado allí, pensando que sería la última vez que podría permitirse sentirse todavía como un niño. La emoción lo inundó y sus ojos picaron. Tragó con fuerza y respiró profundamente intentando calmarse. Todavía no se había humillado tanto como para permitirse llorar como un bebe por ver un maldito tren. Esperaría dignamente a estar solo, como el Black que era.
"mestizos por todas partes, amantes de Muggles, que vergüenza…."masculló su madre mientras lo mantenía a su lado con un firme agarre en el hombro, como si temiera que Regulus cogiera alguna enfermedad si se acercaba mucho al resto de brujos y brujas que pasaban con sus carritos.
"¿puedo irme ya?" preguntó Sirius, alargando el cuello, buscando a alguien entre medio de la multitud.
"tranquilízate" le espetó Walburga, mirando fríamente a un grupo de brujas que al verlos bajaron las cabezas nerviosamente como un grupo de palomas y se apresuraron a apartarse del camino de la familia Black.
Regulus se imaginó que debían de causar cierta impresión. Sus padres, ambos jóvenes (para la media mágica), bellos, y lujosamente vestidos, y sus dos hijos, igual de distinguidos que ellos.
"quiero encontrar a James" dijo su hermano mayor, frunciendo el ceño con irritación.
Su madre frunció los labios y arrugó la nariz.
"otra vez con el niño Potter…"murmuró ella. Walburga había tenido una postura bastante clara sobre la familia del amigo de Sirius. No los odiaba tanto como a otros, pero aun así no les guardaba ningún aprecio. Eran lo que ella consideraba la 'peor clase de sangre pura', los que simpatizaban con nacidos de muggles y mestizos.
Regulus no era tampoco fanático de James Potter, pero sus razones eran un poco más personales que la diferencia de opinión sobre la calidad del contenido de sus venas.
"Si, James, mi amigo" pronunció Sirius con ferocidad, casi retándola a que dijera algo más.
Madre e hijo se miraron, ambos sin dar su brazo a torcer. Al final, fue Orion quien interrumpió su concurso de miradas.
"basta ya de eso, no tendré un espectáculo más, menos aquí en público" dijo con aspereza sin pestañear, luciendo su habitual mirada desinteresada, como si estar allí no fuera de su interés. "Sirius Orion, ya has cruzado la línea muchas veces, obedece a tu madre y compórtate"
Sirius abrió la boca con una mirada iracunda en su rostro, Regulus fue más rápido.
"¿no es esa la prima Cissy?" preguntó, deseando que la interrupción fuera suficiente para romper la tensión.
Lo hizo. La expresión de su madre cambió notablemente cuando vio aparecer a su hermano Cygnus y a su esposa Druella, acompañados por su hija menor Narcissa, que comenzaba su último curso. Su madre y su tía Druella eran íntimas amigas. Todos los domingos por las tardes quedaban para tomar el té y chismorrear entre ellas mientras sus maridos se encerraban en el despacho de su padre para hablar de Merlín sabía qué. No eran conversaciones de las cuales Regulus quisiera formar parte.
Mientras sus padres y sus tíos intercambiaban saludos, Regulus se acercó a su prima, quien muy discretamente vigilaba a la muchedumbre que los rodeaba.
"Hola Cissy, ¿buscas a alguien?"
Narcissa se giró a mirarlo un poco avergonzada por haber sido sorprendida. Al ver que era solo él sonrió levemente y volvió su vista hacia un lado, donde un grupo de séptimo año discutía sobre los EXTASIS.
"Buscaba a Lucius, debería estar ya aquí…"se mordió suavemente el labio y apretó sus manos nerviosamente.
"Probablemente se esté arreglando el cabello, pronto aparecerá" comentó, logrando aplacar la preocupación de la joven y sacar una risa de ella. Cissy siempre había sido su prima favorita, mucho más que la repudiada Andrómeda o la loca maniática Bellatrix. Lucius no era la persona favorita de Regulus, mucho menos ahora que tenía recuerdos muy vívidos de las acciones del hombre durante la guerra, pero no dejaba de ser alguien importante para Narcissa, y si había algo que Regulus valoraba por encima de todo, era a la familia. Incluso si esta estaba podrida hasta la médula.
Casi como si sus palabras fueran una invocación, Lucius Malfoy emergió de entre la multitud. Seguía teniendo el mismo aspecto que Regulus recordaba, un poco más suavizado si se lo podía llamar de alguna forma. No tenía esa mirada oscura y embrujada en sus ojos que Regulus había visto tantas veces cuando sus máscaras eran retiradas. La misma mirada que todos los seguidores de lord Voldemort compartían.
Si mal no recordaba, Lucius había sido marcada ese mismo verano. Le echó una mirada al brazo cubierto del mago mientras se dirigía hacia ellos y se dio cuenta, con el corazón palpitante, que lo manejaba con cuidado, como si fuera algo precioso y frágil. Sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo y apartó la mirada.
"Narcissa, perdón el retraso, ya conoces a mi padre" el joven llegó a su lado y besó la mejilla de su prometida con una dulzura que solo reservaba para ella. Viendo que no estaban solos se giró hacia Regulus y se enderezó con elegancia. "Regulus, no te había visto. Comienzas este año ¿no?"
Regulus asintió con una sonrisa educada. Él y Lucius solo se habían visto una vez antes en ese tiempo, en la fiesta de compromiso de la pareja. Nunca habían estado cerca, pero tampoco eran desconocidos, más que nada por el cariño que ambos le tenían a Cissy, quien siempre había insistido en afianzar los lazos de sus dos familias. Ahora, como perfectos desconocidos, Regulus sabía que no era sabio cambiar su enfoque con el heredero Malfoy, sobre todo si quería mantener su coartada purista intacta.
"maravilloso, si necesitas algo solo házmelo saber, este año tengo bastantes privilegios, ¿Qué dirían de mí si no compartiera unos pocos con el primo de mi hermosa prometida?" dijo el rubio compartiendo una mirada encantada con su novia.
"Lucius ha sido elegido como premio anual este año" explicó Narcissa ante su mirada confundida, mirando al chico rubio con orgullo y cariño. Regulus sintió que podría morir de diabetes si seguía allí en medio de esos dos tortolitos.
Gracias a Merlín, Sirius eligió ese momento para interrumpir.
"Regulus, madre te llama" le dijo enviando una mirada recelosa a Malfoy.
"un segundo" dijo escondiendo su alivio. Miró a la pareja que no parecían del todo alegres por ver a su hermano y sonrió a modo de disculpas "lo siento, debo irme. Nos veremos luego"
Se dio la vuelta y siguió a Sirius de vuelta a donde sus padres se encontraban. Su madre cortó su conversación con la tía Druella al verlo y extendió una mano pidiendo que se acercara. Regulus cumplió y enseguida las manos de ella comenzaron a enderezar su ropa y a asegurarse de que su apariencia fuera, a sus ojos, perfecta.
"Faltan pocos minutos para que el tren parta. Kreacher te ayudará con el baúl. Ve a sentarte con tu prima, ella cuidará de ti…" iba diciendo su madre mientras sacudía las inexistentes motas de polvo de sus hombros. Regulus vio a Sirius rodar los ojos detrás de ella y se mordió el interior del labio.
"En realidad, madre, estaba pensando en buscar mi propia compañía" la interrumpió suavemente. Su madre entornó los ojos y levantó una ceja. Tragando la bola de nervios asentada en su estómago continuó: "la prima cissy está ocupada con su prometido, no me gustaría interrumpir, además, la gente podría hablar si me vieran escondiéndome detrás de su falda"
Su madre lo miró fijamente, erizandose "¿Quién se atrevería a hablar de ti?"
"bueno, nadie, pero no quiero dar una mala impresión a mis futuros compañeros." era difícil mantener su discurso coherente. Lo único que quería era un compartimento para él solo donde pudiera lamentar sus penas en soledad y pensar en qué demonios se suponía que iba a hacer el resto del año.
Al final, su madre aceptó.
"Muy bien, si eso es lo que deseas, solo asegúrate de rodearte de la gente adecuada, no querría que ningún incidente como los que hemos tenido se repitiera" dijo ella enviándole una mirada a su hermano que él devolvió con la misma fuerza.
"Por supuesto madre. Te escribiré pronto" prometió.
Se despidió de su padre escuetamente, les dijo adiós a sus tíos, y junto a Sirius se dirigió hacia el tren. Kreacher los acompañó de cerca, manteniendo su baúl en el aire, sin molestarse en ver si golpeaba a alguien.
"Kreacher" le susurró mientras Sirius subía su equipaje, sin dejar que Kreacher se hiciera cargo "¿hiciste lo que te pedí?"
"Por supuesto, maestro Regulus" respondió el elfo.
"¿y recuerdas lo que te dije sobre madre?"
Kreacher pareció un poco inseguro pero aun así asintió "Kreacher no le dirá ni una palabra a la ama"
Regulus sonrió complacido y le agradeció al elfo. Ahora tenía una cosa menos de la cual preocuparse.
Esperó a que Kreacher subiera su equipaje y luego se despidió de su amigo. Sirius ya había desaparecido, seguramente yendo a reunirse con su tropa de gryffindor. Regulus suspiró internamente. Había querido hablar con él antes de que fuera. Sabía que después del sorteo tendría pocas posibilidades, y conociendo a su hermano, lo evitaría aún más si eso era posible.
Avanzó por el pasillo del tren buscando algún sitio libre, pero la mayoría ya estaban ocupados. La única excepción fue uno de los compartimentos de delante, cerca de los prefectos. Regulus asomó la cabeza dentro y dos cabezas se giraron a mirarlo, una era pelirroja y la otra, bastante más conocida, era negra y aceitosa.
Lily Evans y Severus Snape lo miraron, una con una expresión curiosa, y el otro con una mirada de desconfianza. Regulus podría haber reído por la situación si no estuviera de pronto tan entumecido.
"lo lamento, es que están todos los demás ocupados…"miró hacia el pasillo inseguro. Tal vez debería ir con su prima y el resto de su futura casa, al menos ese sería un territorio conocido y seguro.
Antes de poder moverse, la niña sonrió y se levantó "no te preocupes, puedes quedarte con nosotros ¿verdad, Sev?" el niño mencionado no parecía en lo más mínimo cómodo con eso, pero ante la mirada expectante de su amiga asintió. La niña sonrió un poco más y se giró hacia Regulus, ofreciéndole una mano "aquí, déjame que te ayude con tu baúl"
Regulus pensó, muy seriamente, que eso bien podría ser un sueño. Era la única explicación posible a lo surrealista de la situación: Lily Evans, en un futuro no muy lejano, Lily Potter, lo estaba ayudando. Una nacida de muggle ayudando a un mortifago. Si empezaban a caer hipogrifos del cielo ni pestañearía.
"Gracias" murmuró una vez que hubieron acomodado el baúl en un sitio seguro. Se sentó frente a ellos cerca de la puerta y los sorprendió mirándolo expectantes. Recuperando de pronto el habla y sus modales se presentó: "Soy Regulus Black, encantado"
El nombre tuvo efectos inmediatos. El niño arrugó la nariz y se tensó como una tabla, y la niña se removió incómoda y un tanto nerviosa.
"Soy Lily, y este es Sev, estamos comenzando nuestro segundo año" dijo.
"Severus" añadió el chico rápidamente. Como si Regulus alguna vez fuera a usar ese vergonzoso diminutivo.
No ignoró la falta de apellidos y tuvo que darles puntos de inteligencia por ello. Su yo más joven hubiera preguntado eso enseguida, su yo actual…bueno, digamos que estar con esos dos no parecía un itinerario tan terrible, al menos sabía que esperar. Aunque, no sería la primera vez que hubiera hecho la elección equivocada.
Terminadas las presentaciones, se quedaron un rato en silencio. El tren había efectuado su salida y ahora pasaba por campos llenos de vacas y ovejas. Los tres observaron el paisaje sumidos en un incómodo mutismo.
De improvisto, la chica habló:
"disculpa que te pregunte, pero, ¿estás relacionado con Sirius Black?"
La pregunta lo tomó un poco desprevenido, al igual que a su compañero, quien miró a la muchacha como si esta se hubiera vuelto loca al preguntarle eso. Otro pura sangre, otro Black, otro Regulus, hubiera visto esa cuestión como absurda y habría respondido que con quien estuviese relacionado no era de su incumbencia.
"Si, es mi hermano" fue lo que dijo en cambio.
Si la mirada del niño era antes de desconfianza, ahora había pasado a ser completamente hostil.
"¿tu hermano?" repitió y se aseguró de poner todos sus sentimientos negativos en esas dos palabras.
Regulus sabía sobre la rivalidad y animosidad entre la pandilla de su hermano y Severus. Nunca se había involucrado y sinceramente no le importaba en lo absoluto; tenía mejores cosas que hacer que prestar atención a las infantiles disputas de su antiguo compañero.
"Si, ¿es eso un problema?" preguntó ladeando la cabeza y agrandando los ojos, fingiendo absoluta ignorancia. Sabía la clase de imagen inocente y confundida que estaba dando. Había practicado esa mirada muchas veces en el espejo cuando era pequeño. Nunca le había fallado.
La pelirroja le dio un fuerte codazo a su compañero y sonrió agradablemente.
"No, no, para nada, no le hagas caso a Sev, él y tu hermano no se llevan muy bien" le dijo mientras le lanzaba a Severus una mirada de advertencia. Él, como muy buen Slytherin, la ignoró.
"tu hermano es un imbécil abusivo que solo sabe bromear y hacer el tonto, él y sus amigos son todos unos cretinos" soltó el niño
"¡Sev!" Lily Evans lo miró enfadada.
Si Severus fuera otra persona, Regulus lo habría maldecido diez veces por eso. ¿Quién era él para hablar de Sirius de esa manera? Un simple mestizo insultando al heredero Black…
Sus dedos hormigueaban y resistió el impulso de sacar su varita.
Es solo un niño se dijo y lo repitió como un mantra hasta que tirar por la ventana al niño dejó de ser una opción.
"No sé cuál es tu relación con mi hermano, pero agradecería que te abstuvieras de insultarlo en mi presencia" dijo fríamente y el aire dentro del compartimento se volvió pesado. Se obligó a relajarse y miró por la ventana, queriendo dar por terminada la conversación, pero en un último momento añadió: "y yo no soy Sirius"
Se quedaron en silencio después de eso.
Regulus no encontró problema en ello, pero fue un poco obvio que los otros dos no se encontraban cómodos con la situación. Le lanzaban miradas furtivas de vez en cuando, y cuando Regulus se las devolvía, fingían estar observando el tapizado de detrás de su cabeza. Era un tanto molesto.
Podría comenzar una conversación pensó y enseguida se encogió ante la idea. Él no era una persona de acción. Prefería permanecer fuera de la escena, interviniendo solo cuando era necesario; ese era el modus operandi con el que había procedido durante toda su vida. Jamás había sentido la necesidad de entablar una conversación que no tuviera un fin claro. Hablar por hablar era, en su libro, una acción típica de gente de clase baja.
Bueno, estoy sentado con una sangre-, quiero decir, una nacida de muggles y un mestizo. Ya he caído todo lo posible, más bajo no podré llegar.
"si no os molesta que lo pregunte, ¿en qué casas estáis?" Estaba bastante orgulloso de sí mismo.
Casas. Ese era un tema seguro. Nada malo podría salir hablando de las casas.
Evans fue la primera en responder.
"Gryffindor" dijo con una sonrisa perdiendo su nerviosismo anterior.
Le dio un codazo al niño a su lado y este de mala gana contestó.
"Slytherin"
"toda mi familia ha estado en Slytherin, bueno, casi toda" compartió él y no se perdió la mirada de asco que cruzó la cara de Severus. Regulus evitó poner los ojos en blanco. En serio, ¿podrían ser más infantiles?
"¿Dónde crees que vas a estar?" le preguntó la niña con entusiasmo, feliz de poder hablar con él.
"Slytherin, probablemente. Ravenclaw, tal vez, aunque lo dudo" se encogió de hombros. En realidad no le importaba mucho la casa en la que iba a estar. Ya había cumplido sus siete años de educación en su tiempo, todo lo demás era un plus.
No iba a fingir que no sentía añoranza por volver a ver su sala común o caminar por las mazmorras a altas horas de la noche. Pero no iba a llorar si el sombrero lo llevaba a otro sitio.
Aunque podría lanzarse desde la torre de astronomía si terminaba en Gryffindor.
A partir de ahí la conversación fluyó con facilidad. Evans lideró la charla, hablando sobre el colegio, las clases, los profesores, las últimas noticias en el mundo mágico. Se interrumpía a sí misma constantemente para explicarle a Regulus detalles que supuestamente él desconocía y luego retomaba el hilo con rapidez, hablando siempre con gran pasión. Severus permanecía más bien callado, pero escuchaba a su amiga con atención, asintiendo o negando cuando la conversación lo pedía.
A eso de las doce y media una mujer de cara sonriente y sonrisa sincera se asomó a su puerta.
"¿Algo del carrito, niños?"
Regulus se levantó enseguida y salió al pasillo. El desayuno de esa mañana no había sido precisamente satisfactorio. No por la comida, por supuesto, Sirius podía decir lo que quisiera sobre su casa, pero ni él podría negar que las comidas allí no fuesen deliciosas.
Compró un poco de todo, sintiéndose casi emocionado al volver a ver las ranas de chocolate que tanto había disfrutado desde niño. Su madre le había prohibido en su tercer año consumirlas, después de encontrar en su habitación el cromo de Tilly Toke, una bruja que salvó la vida de varios muggles durante el incidente de Ilfracombe en 1932. Regulus había obedecido sin rechistar, tirando toda una colección de más de cinco años a la basura.
Pagó con el dinero que guardaba en su bolsillo y llevó su compra de vuelta al compartimento. Lo depositó todo en el asiento vacío a su lado y se volvió a sentar.
Evans y Severus lo miraban.
Sintiéndose de pronto cohibido hizo lo único que se le ocurrió.
"aquí." dijo, alcanzando dos ranas de chocolate y extendiéndoselas. Ellos las miraron un tanto sorprendidos. Él se encogió de hombros tratando de parecer desinteresado "compré demasiado"
Dulces. Eso también era seguro. Nadie odiaba a alguien que le ofrecía dulces.
"Por cierto, ¿Qué decías sobre los duendes?" le preguntó a Evans, retomando la conversación antes de que fueran interrumpidos.
La chica procedió entonces a hablar sobre el último libro que se había leído durante las vacaciones: Gente pequeña, grandes planes de Pognok el Pichón. Era un libro sobre los derechos de los duendes, y Regulus recordaba muy claramente que estaba entre la literatura que se consideraba tabú en su casa.
"yo solo digo" dijo Evans, alcanzando una pasta de calabaza del fondo comunitario "que si los magos permitieran que los duendes portasen varitas, muchos de los problemas entre magos y duendes serían solucionados"
"Ell ministerio no lo haría. Todavía son muchos los magos que piensan que los duendes son inferiores a ellos" repuso él.
Ella frunció el ceño indignada "¡Exacto! No entiendo cómo pueden pensar eso cuando es obvio que poseen facultades iguales o superiores a las nuestras. Solo míralos ¡Controlan la economía mágica! Por no mencionar sus habilidades. Todo el mundo sabe que los objetos creados por los duendes son imposibles de replicar."
"Los magos y los duendes llevan muchos años desconfiando entre ellos, no es algo que se pueda solucionar entregándoles varitas, de hecho, creo que eso solo empeoraría la situación. Seguramente lo verían como un acto de lastima y otra ofensa más a su clase"
"Si, pero…"
Severus los miraba en silencio mientras mordisqueaba una varita de regaliz. Regulus podía decir, por su expresión cerrada, que no compartía las mismas opiniones que su amiga. Nunca se había molestado en conocer la opinión del mago sobre el resto de criaturas que convivían con ellos, pero había supuesto que, ya que apoyaba la causa del señor oscuro, no debía de tener una opinión muy alta sobre estas.
Después de los duendes derivaron en los elfos domésticos, y fue un tema en el que Regulus se encontró coincidiendo en opiniones con Evans. Aunque había muchas cosas que la niña no entendía sobre la dinámica de los elfos, Regulus estuvo más que dispuesto en explicarle el intrincado funcionamiento de su mente. Incluso le recomendó Elfos domésticos y su odio a sí mismos, una mirada a la psicología del elfo doméstico.
Pasaron un buen rato comiendo y hablando sobre las políticas del ministerio con respecto al resto de criaturas mágicas. Regulus se encontró así mismo, inexplicablemente, disfrutando de la conversación. No había hablado nunca con nadie sobre estos temas, ni siquiera había pensado en la posibilidad de discutirlos fuera de su mente, y Evans, pese a las circunstancias de su nacimiento, parecía poseer un extenso conocimiento del funcionamiento del mundo mágico. Hablar con ella era fácil. Y no existía el miedo a ser juzgado o repudiado por sus ideas, lo cual, viéndolo así, era bastante agradable.
De repente hubo un ajetreo en el pasillo. Escucharon varias voces acercándose y de pronto la puerta del compartimento de abrió. El niño que apareció era delgado, llevaba un despeinado cabello negro y los ojos color avellana. Y tenía la misma ridícula sonrisa que Regulus tanto despreciaba.
James Potter los miró a todos, pero se detuvo en la pelirroja que parecía haber tomado una gragea sabor a vómito.
"Evans, tan encantadoramente receptiva como siempre" miró entonces a Severus, que de pronto se había puesto tenso como un alambre y había metido la mano dentro del bolsillo de su chaqueta, donde probablemente tenía escondida su varita. "Snivellus, dichosos los ojos, había olvidado tu existencia"
"Vete, Potter" le espetó Evans.
Severus apretó la mandíbula con fuerza y sus ojos se llenaron de ira.
"Lástima que yo no pueda hacer lo mismo, Potter. Tu gran cabezota sobresale demasiado"
El niño sonrió de lado, sus ojos brillaron con diversión y echó la cabeza hacia un lado, dirigiéndose hacia quien se encontraba en el pasillo.
"¡hey, Sirius, ven acá! parece que a Snivellus le crecieron un par este verano"
Regulus se removió en su asiento y miró el paisaje. Habían dejado atrás los campos y ahora se adentraban entre los bosques, las colinas y lo ríos. Era una de las vistas favoritas.
Una lástima que no pudiera disfrutarla como era debido.
"¿Snivellus? James, amigo, creo debes tener dorkins en los ojos, o yo en los oídos, por que de ninguna manera-… ¿Regulus?"
Hizo una mueca. Con fingida naturalidad miró la cara aturdida de su hermano y asintió en señal de reconocimiento.
"¿Regulus? ¡Oh! Este es el famoso bebe Black" James Potter lo miró de arriba a abajo con curiosidad. Parecía estar buscando algo en concreto. Al encontrarlo su expresión se iluminó y una sonrisa amistosa apareció en sus facciones "Encantado de conocerte, soy James Potter, el mejor amigo de tu hermano. Estoy seguro de que debes haber oído hablar de mí"
Lo último lo dijo en un deje de broma, pero Regulus pudo notar que su sonrisa era un poco más tensa hacia los lados. Tal vez su hermano le había informado del descontento de su familia con la amistad entre los dos.
Regulus no había querido tener que interactuar con el amigo de su hermano tan pronto. Podía contar con los dedos de una mano todas las veces que se habían dirigido la palabra en el pasado (¿o futuro?) y ninguna de ellas había sido en calidad de aliados. No estaba muy seguro de cómo proceder a continuación. No quería tener nada que ver con el petulante y arrogante niño, pero tampoco quería basar su juicio en los recuerdos de su yo pasado, que en cierta manera había cometido muchos errores a la hora de juzgar el carácter de un individuo.
"Ah, sí, el amor platónico de Sirius" dijo a forma de reconocimiento, esperando que su voz no dejase relucir ninguno de sus pensamientos internos "encantado igualmente"
Su hermano farfulló saliendo de su sorpresa y lo fulminó con la mirada. Potter lo miró un tanto confundido antes de soltar una sonora carcajada.
"No me dijiste que tu hermano era divertido" le dijo empujándolo con el codo.
"No lo es" contradijo Sirius, miró de reojo a Severus que tenía de pronto un brillo extraño en la mirada, y luego se giró hacia Regulus, con una mirada un tanto acusadora "¿Qué haces aquí?"
Regulus levantó una ceja "Estoy sentado"
"No te hagas el inteligente conmigo, sabes a lo que me refiero, que haces aquí" subrayó la última palabra, mirando a Regulus como si fuera alguna especie de animal venenoso que podría morderlo si no tuviese cuidado.
Regulsu sabía lo que Sirius le estaba preguntando. ¿Qué hacía en una vagón solo con personas a las cuales su familia le había enseñado a odiar y despreciar? Regulus no estaba muy seguro de la respuesta, y sinceramente no era un tema que quisiera discutir en ese momento, no con tantos ojos sobre ellos.
Gracias a Morgana la milagrosa, Evans intervino.
"Estábamos hablando, Black" habló la muchacha con aspereza y exasperación. Cruzó los brazos y lo miró con la barbilla en alto "¿o es que necesitamos tu permiso para hacerlo?"
Sirius le disparó una mirada fría.
"No te metas en esto, Evans" espetó el niño, atrás había quedado su buen humor y parecía que la nube negra decencia por momentos sobre ellos. O al menos eso era lo que Regulus se imaginaba cada vez que su hermano sacaba a relucir el tan famoso temperamento familiar.
"No le hables así, Black" saltó Severus, erizado como una serpiente a punto de morder.
"Sev, puedo defenderme yo so-"
"Si, Sev, no te metas en esto"
"¡Tu cállate, Potter!"
Por el amor de-
"Aquí estabais, ¿Qué os está llevando tanto tiempo? Nos dejasteis a Remus y a mí- Oh, ¿Quién es este, Sirius? Se parece a ti"
Peter Pettigrew apareció entre su hermano y Potter, miró por encima del hombro de Sirius, quien era considerablemente más alto que el muchacho bajito y rollizo, y observó a Regulus de una manera que lo hizo querer sacar su varita.
Regulus no tenía muy buena opinión de Potter o Lupin, pero encontraba a Pettigrew aún más detestable. Idolatrando a su hermano como un tonto, viviendo a través de sus logros, y sin poseer ninguna de las características que un gryffindor debía tener;el niño era claramente un parásito a sus ojos. Cómo Sirius podía preferir juntarse con ese perdedor que con Regulus era un misterio para él.
"Nadie" respondió este irritado, y aunque Regulus sabía que este era solo Sirius siendo mezquino, no pudo evitar sentirse herido.
"Es su hermano bebé" le dijo Potter al recién llegado con una sonrisa torcida.
"No sabía que tenías un hermano" comentó Pettigrew.
Regulus se revolvió incómodo en su asiento. Merlín, ¿podía ser esto más humillante? No bastaba con tener que sentirse acorralado en su propia casa, ahora incluso tenía que sentirse así en la escuela ¡Y ni siquiera habían llegado al castillo!
"¿Podéis iros ya? Estábamos en medio de algo antes de que vosotros llegarais a molestar" dijo la pelirroja.
"Evans, me partes el corazón, y yo que pensé que te alegrabas de vernos después de todos estos meses sola" Potter se llevó una mano al corazón con expresión dolida, fingiendo sorpresa e indignación.
Ella bufó.
"No he estado sola para tu información, Severus ha estado conmigo" le espetó Evans.
A eso el chico soltó un resoplido y se giró para cruzar miradas de burla con sus amigos.
"Si Snivellus es tu única compañía, entonces no es mucha compañía"
El nombrado se levantó de un salto, sacó su varita y apuntó hacia el pecho del pelinegro.
"¡Severus!" Exclamó Evans poniéndose también en pie, mirando nerviosa entre los dos chicos, sin saber qué hacer.
Sirius y Peter no tuvieron la misma cortesía y ambos apuntaron sus varitas hacia el muchacho pálido.
La sonrisa de Potter desapareció de inmediato, siendo reemplazada por una mirada cautelosa e interesada. Miró a Severus con intensidad y sus labios se inclinaron hacia arriba, la diversión coloreaba su voz cuando habló.
"¿vas a atacarme, Snivellus? ¿Tienes valor para hacer eso, o necesitas un momento para encontrarlo?"
"¡callate!" rugió el chico respirando agitadamente. Sus nudillos se habían vuelto blancos de la fuerza con la que estaba apretando su varita.
Regulus intuyó que era el momento de intervenir, antes de quedar involucrado irremediablemente en algo que no tenía nada que ver con él.
"¿No deberíais esperar a estar en el castillo para hacer esto?"Preguntó cordialmente sin inmutarse un pelo por la tensión crepitante del cubículo.
Fue su hermano, para su sorpresa, el que le contestó.
"¿haciendo amistades ya con serpientes, Reggie? No debería sorprenderme si también eres una"
Regulus no dejó que su tono hosco y sombrío lo aplacara. Aunque su corazón tartamudeó cuando escuchó su viejo apodo, levantó la barbilla y ladeó la cabeza con infinita tranquilidad.
"me refería a que estamos al lado de los prefectos, por si no te habías percatado, pero si no te importa perder puntos para tu casa apenas comenzado el curso, bueno, entonces, sé mi invitado" dijo y agarró la caja de grageas de todos los sabores, se metió una en la boca y luego miró hacia los presentes "¿alguien quiere?"
Pettigrew asintió y dio unos pasos hacia delante antes de ser empujado hacia atrás por su hermano. Él y Potter intercambiaron una mirada, y Sirius bajó su varita guardándola dentro de sus túnicas. Pettigrew los copió, mirando todavía las grageas con ansias.
Evans pareció profundamente aliviada y le envió una mirada de suplica a su amigo, quien era el único que mantenía la varita todavía en alto. Este respiró profundamente y bajó su mano, enviándole dagas con la mirada a Potter mientras lo hacía.
"Vámonos" dijo este, reservando una última mirada para Evans que está rehuyó con disgusto. El chico torció la boca y se alejó, siendo seguido inmediatamente por Pettigrew.
Sirius se quedó solo unos segundos más. Regulus sintió la mirada sobre su cabeza, pero no tuvo el valor para mirarlo a los ojos ahora que todos sus amigos se habían ido. Escuchó un resoplido y su hermano también desapareció.
Se quedaron solos una vez más.
"Son insoportables, no sé cómo la gente los adora, sobre todo Potter, es tan…tan…"Evans despotricó contra el muchacho largamente, pero al ver que su amigo permanecían en silencio se giró hacia él con una mirada cálida y a la vez preocupada "no les prestes atención Sev, ya sabes cómo son, si piensan que te molestan lo seguirán haciendo"
El niño se volvió a sentar, luciendo sombrío y furioso.
"que lo hagan, se los devolveré" prometió en un siseo.
Evans suspiró, sabiendo que no iba a conseguir nada en ese aspecto. Se giró hacia Regulus y frunció el ceño con inquietud.
"Regulus, estás… ¿estás bien?"
La pregunta lo tomó por sorpresa. Levantó una ceja y respondió:
"¿Por qué no habría de estarlo?"
Ella se encogió de hombros, luciendo un tanto incómoda.
"por nada, quiero decir, es solo que…."se mordió el labio, parecía que estaba tratando de buscar las palabras con cuidado, como si temiera ofenderlo "tú y tu hermano….no parecías muy…amigables" terminó insegura.
Regulus apretó sus manos alrededor de la caja de dulces y observó su interior con interés.
"mi hermano y yo tenemos una relación…complicada" explicó vagamente y luego le extendió la caja a la niña "¿grageas?"
La niña lo miró unos momentos con una mirada que Regulus no supo interpretar. Asintió y tomó la caja, regalándole una pequeña sonrisa.
"¿Sev?" llamó ella al chico que todavía permanecía malhumorado. El niño la miró y ella acercó los dulces hacia él "¿quieres?"
Severus apretó los labios, negó con la cabeza y miró por la ventana del compartimento.
Evas intercambio una mirada abatida con Regulus.
Al cabo de unos minutos, Severus volvió a hablar.
"odio las grageas"
Y la paz volvió durante el resto del viaje.
AN: No olvidéis dejar vuestra opinión; es gratis y me hace feliz^^
