AN: Perdón por el retraso. He estado bastante liada con la mudanza y los estudios, cambiarse de ciudad no ha hecho nada positivo a mi rutina de escritura. Espero que pronto pueda organizar mi tiempo y actualizar con más rapidez. Gracias a todos los que han leído esta historia y espero que os guste este nuevo capítulo.


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Capítulo 3- Volver y para el futuro.

Volver a pisar el gran comedor, se dijo Regulus contemplativo, se sentía como una gran pantomima.

Observó, un poco disociado, como la profesora Mcgonagall llamaba uno a uno a los estudiantes para luego colocarles el ajado y viejo sombrero en la cabeza y ordenarlos en su casa correspondiente. Parecía todo muy…correcto. Hasta el momento, Regulus no había encontrado ninguna discrepancia con los eventos ocurridos en su primer año, exceptuando los que él mismo había creado. Tampoco las conversaciones resultaban ser iguales al cien por cien (también por su culpa). Esto solo demostraba un punto interesante sobre este "Sueño"; primero, que Regulus tenía plena libertad sobre sus acciones, y segundo, que estas acciones, si no seguían el mismo patrón que en su pasado, modificaban enteramente el futuro.

Regulus frunció el ceño pensativo. Tenía tantas preguntas…

Concentrado estaba en sus pensamientos que no notó al chico rubio de ojos negros que lo miraba de reojo.

"No pareces preocupado por la selección" dijo en un tono cortes, devolviéndolo a la realidad.

Regulus le dio una mirada y lo reconoció. Hyacinthus Gamp. Estaban en la misma casa y compartían dormitorio. No eran amigos ni mucho menos. Si mal no recordaba, el joven siempre había estado más interesado en sus resultados académicos que en su vida social, y pocas veces se lo veía fuera de la biblioteca. No era de extrañar que hubiera sido hecho prefecto en su quinto año.

Se encogió de hombros en un movimiento suave y miró cómo un niño llamado Dirk Creswell era sorteado en Ravenclaw.

"No lo estoy."

"¿sabes a que casa vas a ir?" le preguntó con curiosidad.

"¿importa? Es solo una casa" contestó con un matiz amargo. Porque, al final, eso era todo. Simples casas. No existía ninguna razón por la cual tuviera que escuchar ese zumbido expectante y ansioso que rondaba la sala, ni que hubiera expectativas a sus espaldas por seguir los pasos de sus antepasados.

Recordó casi de inmediato su primer año. Su primera vez parado en esos pasillos, su primera vez escuchando la canción del sombrero seleccionador…Jamás había estado tan aterrorizado. No había sido un pequeño desliz de emociones. No, había sentido verdadero pánico. Sus manos habían temblado y su corazón se había acelerado a ritmos insospechados. Había creído por unos momentos que se iba a desmayar allí mismo, e incluso eso no parecía ser tan malo como sonaba. Porque, que Merlín se apiadara de él si no metía su pequeño trasero en Slytherin. No después de que su madre lo hubiera sentado el día anterior y le hubiera dicho en palabras muy claras que no tendría una segunda vergüenza en su familia.

Regulus había pensado en su prima Andromeda, en la expresión de su tía Druella el día que había llegado llorando a casa de su madre después de que su prima declarara su intención de casarse con su novio 'sangre sucia'. Su madre había dicho en una voz muy fría: las manzanas podridas deben sacarse del árbol, o podrían terminar contaminando al resto.

El nombre de Andrómeda no había sido pronunciado desde entonces, y la mancha de vergüenza había pesado sobre todos los miembros restantes. Bellatrix rápidamente había contraído nupcias con un sangre pura, Narcissa había sido lanzada a los brazos del heredero Malfoy, Sirius había sido abrumado bajo las expectativas de liderar a la familia, y él…bueno, había sido condicionado a no cometer ninguna falla. Nada podía dañar la reputación de la Noble Y Ancestral casa de los Black, no de nuevo.

Durante muchos años, Regulus había resentido a su prima. Culpándola por hacer a todos infelices, tachándola de egoísta y desagradecida. Jamás se le ocurrió pensar que tal vez, solo tal vez, no fuera Andrómeda la que estuviera equivocada.

Ahora, allí parado, todo parecía tan claro que no sabía cómo no lo había visto antes.

Necesitaba morir para despertar se dijo morbosamente.

"Black, Regulus" llamó la profesora Mcgonagall, después de que Ovierta Brucktoomb hubiera sido sorteada en Hufflepuff.

"Buena suerte" le deseó Gamp mientras se dirigía al taburete.

Se sentó tranquilamente y el sombrero cubrió sus ojos.

"Mm, extraño, extraña mente tienes" dijo la voz del sombrero en sus oídos "vieja pero a la vez joven…veo la valentía en tu corazón, veo el hambre de conocimiento en tu mente, veo la ambición en tu mirada y la lealtad en tu alma. Muy difícil. Podrías ser muchas cosas, pero solo puedes ser una…"

Eso era…de acuerdo, no se lo esperaba. Estaba honestamente sorprendido. La primera vez el sombrero solo había considerado Slytherin y Ravenclaw como opciones. Regulus le había implorado que lo pusiera en la primera.

Mientras no sea Gryffindor pensó casi con vehemencia.

El sombrero rió en su oreja sorprendiéndolo.

"¿Gryffindor no?, ya veo. La casa de las águilas y la casa de los tejones serían agradables hogares para ti, encontrarías almas afines y podrías escapar de las inquietudes que repletan tu mente. Pero soy el sombrero seleccionador y debo cumplir mi función. Solo hay una respuesta posible, en solo una casa encontraras lo que buscas, así pues, será mejor que estés en ¡SLYTHERIN!"

Regulus lo escuchó gritar eso último en alto y una oleada de alivio lo invadió. Por un momento, realmente pensó que podría terminar con su hermano. Se sacó el sombrero de la cabeza, se lo devolvió a la profesora y caminó hacia la mesa de su casa. Fue recibido efusivamente cuando llegó, sobre todo por su prima, quien había elegido sentarse al lado de los primeros años para poder estar cerca de él.

"Bien hecho, Regulus, Tía Walburga estará muy feliz" le dijo con una brillante sonrisa.

Regulus dudaba que su madre estuviera feliz por eso. Complacida, en el mejor de los casos.

Con un poco de nerviosismo miró hacia la mesa de Gryffindor y buscó a Sirius. Este se reía de algo que acababa de decir Potter, sin siquiera reservarle una sola mirada. Aplastó la decepción y volvió a prestar atención al resto de la ceremonia.

La selección continuó con normalidad. Al final, la casa Slytherin ganó quince nuevos integrantes, Gryffidnor dieciséis, Ravenclaw quince y Hufflepuff diecisiete.

La profesora Mcgonagall enrolló el pergamino y se llevó el sombrero. En esa señal, el director de la escuela, Albus Dumbledore, se levantó con los ojos centelleantes y una sonrisa amable.

"¡Bienvenidos!" exclamó con efusividad "¡Os doy la bienvenida a todos a un nuevo año en Hogwarts! El banquete comenzara de un momento a otro, pero antes, debo decir unas cuantas cosas.

Como todos sabréis, y los que no, espero que aprendáis, los bosques del área del castillo están prohibido para todos los alumnos. El señor Filch, nuestro nuevo celador, también me ha pedido que os recuerde que evitéis hacer magia en los recreos y en los pasillos, para su seguridad y para la vuestra.

Su mirada se había desviado hacia la mesa de Gryffidor mientras decía eso, donde su hermano y sus amigos trataban de poner caras serias e inocentes.

Las pruebas de quidditch tendrán lugar la segunda semana del curso. Los que estén interesados deben ponerse en contacto con el señor Wood.

"Eso es todo, ¡ah! Si, se me olvidaba, una cosa más, ¡Briscra! ¡Brosca! Broo!...¡Muchas gracias!"

Y se volvió a sentar mientras todos aplaudían y vitoreaban.

La comida apareció en las mesas en ese instante y el bullicio se elevó por todo el comedor, mientras los alumnos se apresuraban a llenar sus platos.

Regulus no tenía mucha hambre. Se sirvió un poco de puré de patatas con un muslo de pollo y lo fue comiendo poco a poco, escuchando las conversaciones que se daban a su alrededor.

"Espero que este año nos toque un profesor decente" decía Murton, un estudiante de sexto año a sus amigos.

"Si Dumbledore comenzara a contratar a gente decente por una vez, no tendríamos este problema" añadió Rowle, un chico rubio fornido de tercer año y futuro Mortifago, si la memoria de Regulus no fallaba.

"he oído que el puesto esta maldito, ¿es eso cierto?" preguntó Greengrass, una chica de rostro inocente que había sido también seleccionada este año y de la cual no sabía mucho aparte de que tenía un hermano mayor.

"Por supuesto que no, esos son bobadas, simplemente todos son unos inútiles a la hora hacer bien su trabajo" espetó Mulciber, sentado al lado de Avery, quien a su vez estaba al lado de Severus. Los tres estaban en el mismo curso y siempre habían mantenido una amistad basada en su amor por las Artes Oscuras, lo cual en un futuro los llevaría a unirse a las filas de lord Voldemort.

Genial, estoy rodeado de aduladores de ese loco bastardo pensó desaminado, cortando sin ganas pequeños trozos de pollo con sus cubiertos.

A medida que le velada fue avanzando los platos fueros desapareciendo. El postre no tardó en llegar, pero para entonces Regulus estaba demasiado somnoliento como para probar bocado. En cambio, se dedicó a observar al resto de su casa, enumerando mentalmente las cosas que sabía de cada individuo y forzándose a recordar las que no.

Eventualmente, los postres desaparecieron también, y el director se volvió a poner en pie. Todo el salón permaneció en silencio.

"Espero que todos hayan disfrutado de este magnífico banquete. Mañana por la mañana se repartirán, como es habitual, los horarios de clase, si algún estudiante tiene alguna duda, debe dirigirse a los prefectos de su respectiva casa. Y con esto dicho, solo nos queda una cosa más por hacer…"

Hubo un gemido grupal desde ese lado de la mesa .Regulus compartió el sentimiento, pero se digno a no exteriorizarlo.

El himno de la escuela comenzó a ser cantado en diferentes tonos, en diferentes tiempos, en diferentes voces, por la mayor parte de los alumnos y el profesorado. Regulus apoyó su mejilla contra su puño y se enfocó en contar cuantas velas flotaban por encima de ellos.

Llevaba veintisiete cuando la canción terminó.

Dumbledore los despidió con una amplia sonrisa y en seguida el bullicio se volvió a elevar, mientras los alumnos abandonaban sus asientos y salían en grupos por las puertas del Gran comedor. Los prefectos no tardaron en llamar a los alumnos de primero de cada casa y Regulus pronto se encontró siguiendo al suyo.

Hicieron el camino que se sabía ya de memoria y bajaron hacia las mazmorras, donde se encontraba los dormitorios y la sala común de Slytherin.

Estar de vuelta allí trajo consigo toda una avalancha de recuerdos que lo dejó atontado por unos minutos. Lo suficiente para que alguien lo notara.

"Black, ¿estás escuchando? No voy a repetirlo solo porque estés más interesado en la decoración" el prefecto, Reagan Taurus, lo miró con expresión severa.

"es una excelente decoración" admitió Regulus conciliadoramente, sacando unas cuantas risas de resto de sus compañeros y una mirada divertida del prefecto.

"me alegra de que pienses eso. Ahora, atiende" y con una mirada final continuó explicando las normas de la sala común.

Cada casa tenía ciertas 'normas', por así decirlo. Slytherin no era diferente. A los primeros años se les inculcaba que su casa, y los miembros pertenecientes a esta, eran sus más fieles aliados. Acciones imprudentes que pudieran costarles puntos quedaban vetadas y serían seriamente castigadas. También, en posibles altercados, sin importar la razón o el motivo, siempre se debía tomar el lado de Slytehrin. Un nido de serpientes, mejor no podía ser explicado.

Una vez que el prefecto había concluido con su introducción, les indicó la dirección en la que se encontraban sus habitaciones y luego procedió a dejarlos solos. Regulus rápidamente se escabulló hacia su dormitorio.

Los dormitorios de Slytherin quedaban bajo el nivel del suelo. Por la noche, el agua del lago negro golpeaba suavemente contra los ventanales, formando patrones ondulados en el piso de roca. Dormir allí era una de las experiencias más placenteras que Regulus había experimentado, y no solo por las suaves sabanas de seda verde que repelían el frío y mantenían el calor, aunque estas contribuían gran parte en ello.

Regulus abrió su baúl y comenzó a traspasar todos sus materiales al arcón negro al pie de su cama, teniendo especial cuidado con los instrumentos de pociones; había comprobado de primero mano lo fácil que era romperlos. Una vez que hubo terminado, se apresuró a desvestirse, doblando cuidadosamente su túnica y dejándola a un lado para utilizarla por la mañana. Sacó su pijama de dos piezas y se lo colocó con rapidez, notando que el resto de sus compañeros de cuarto ya estaban metidos en sus respectivas camas.

Cerró su baúl, no sin antes meterse un vial pequeño en el bolsillo, y sacó su varita de su funda. Miró las linternas de plata que colgaban del techo y les envió en pequeño hechizo, menguando la claridad de la sala. Todavía recordaba las continuas quejas de Fawley acerca de la iluminación del dormitorio. No tenía intención de mimar a nadie, pero cualquier acción que lo librase de escuchar al desagradable niño era bien permitida.

"Hump, bien hecho, estaba a punto de ir a presentar una queja, ¿cómo esperaban que durmiéramos con esa luz?" murmuró el susodicho desde detrás del dosel.

Regulus casi puso los ojos en blanco.

Se metió en la cama y cerró sus cortinas con un movimiento de varita. Dejó esta debajo de su almohada y sacó el vial de su bolsillo. Esperaba que Kreacher hubiera cumplido su palabra en cuando a no decirle a su madre al respecto, o por Morgana que tendría que dar una muy buena explicación acerca de saquear la despensa del hogar.

Tomó dos sorbos de la poción, tapó el resto y lo dejó junto a su varita. Se cubrió con las mantas y cerró los ojos. Un minuto después estaba dormido.


A la mañana siguiente, Regulus estaba tan descansado que por un momento se olvidó del importante cometido que tenía para esa semana. En cuanto lo recordó salió de la cama, cogió sus pertenecías y se dirigió hacia los baños. Media hora después abandonó sus aposentos y se dirigió hacia el comedor.

Todavía faltaban al menos dos horas para que comenzaran las clases, pero los elfos domésticos siempre tenían la comida hecha mucho antes de que nadie se levantara, lista para servirla a quien quisiera. A parte de él, solo siete estudiantes más estaban en el salón, todos de séptimo año, con las cabezas completamente metidas en sus libros de texto. Regulus no los culpaba, de solo pensar en que tendría que volver a tomar sus EXTASIS se le revolvía el estomago.

Se sentó en silencio y al momento un plato con cubiertos y copa de oro apareció delante de él. Con un segundo chasquido, un repertorio de alimentos lo rodeo. Se sirvió un poco de huevos revueltos, una tostada, tocino frito y zumo de calabaza. Comió en silencio, observando ensimismado los primeros rayos de la mañana que se filtraban por los ventanales del comedor. Pensó en el día anterior, en él hablando con Evans sobre la libertad de expresión de los duendes y la reducción del territorio de los centauros. En tan solo unas pocas horas había arrastrado por el suelo todas las enseñanzas de sus padres: había compaginado con una sangre sucia, había intercambiado palabras con un traidor a la sangre y había compartido sus bienes con un mestizo.

Merlín, su madre estaría horrorizada. Tendría que escribirle pronto, asegurarle que su perfecto hijo estaba siendo el mismísimo ejemplo de la pureza mágica, o como él la llamaba ahora, la burreza mágica.

Terminó su desayuno y se levantó. Alumnos de todas las casas comenzaban a llegar al comedor. Sin tener interés en encontrarse con nadie decidió ir a la biblioteca antes de que las clases comenzaran. Para su alivio, la biblioteca estaba completamente vacía a excepción de la bibliotecaria, Madame Pince.

La mujer le envió una mirada cautelosa, la misma que le lanzaba a cualquiera que supusiera un peligro para sus libros, es decir, a todo el mundo.

"disculpe" dijo sonriendo levemente con timidez "estoy buscando material de lectura sobre cosmología"

La miró por detrás de sus largas pestañas y se removió inquieto en su sitio. La mujer lo observó unos instantes para luego asentir secamente y levantarse. Regulus la siguió con una pequeña sonrisa victoriosa. Madame Pince era un hueso duro de roer, pero tenerla de su lado era primordial para su vida en Hogwarts. Todo el mundo sabía que la biblioteca del castillo reunía más de la mitad del conocimiento mágico que se podía encontrar en gran Bretaña y Escocia. Regulus podría no tener la llave de ese tesoro, pero podría tener lo siguiente más cercano.

"Aquí" le indico la bruja señalando un pasillo entero. Luego se giró a mirarlo con severidad "Una advertencia: si rasgas, trituras, doblas, desfiguras, manchas, lanzas, dejas caer o de cualquier otra manera dañas, maltratas o muestras falta de respeto hacia estos libro, las consecuencias serán tan horrible como está dentro de mi poder hacerlas"

Regulus reprimió una mueca y la vio marchar. En serio, que mujer más aterradora…

Paseó por entre los libros de cosmología y esperó que hubiera pasado unos minutos antes de moverse por el pasillo hacia el continuo. Leyó con rapidez los títulos, buscando algo que pudiera servirle. Encontró tomos sobre la magia de la predicción, sobre oclumacia y logromagia, pero nada respecto a la magia del tiempo. Sabía que el tema era sensible incluso en el mundo mágico, no por nada tenían reservada toda una cámara especial en el departamento de misterios para ello. Pero la escasez de información era frustrante. No era como si pudiera colarse dentro del ministerio y exigirles que le dejaran echar un vistazo a sus investigación ultra secretas, dudaba que nadie, excepto los inefables, sabría que se cocinaba allí dentro.

Dejó escapar un suspiro largo y apoyó la espalda contra la estantería. Si eso era real o no, realmente no tenía forma de probarlo, por todo lo que sabía, podría estar atrapado en su propia mente mientras su cuerpo se pudría bajo las aguas de la cueva. El 'mas allá' era plausible, pero Regulus se encontraba cada vez más dudando de esa opción. Se sentía demasiado vivo, y no en el buen sentido. Viaje en el tiempo era quizás la opción que más sentido tenía y, quizás, la que más miedo le daba. Porque si realmente estaba allí, si todo eso era verdadero, entonces Regulus cargaba en su mente con el conocimiento para destruir a lord Voldemort antes de que este decidiera erradicar a más de la mitad de la población mágica por todo menos las razones correctas.

Pero, sin presiones.

Media hora más tarde salió de la biblioteca con dos libros de adivinación: El sueño del Oráculo y Predecir lo impredecible: aislarse de los golpes.

Dudaba que pudieran proporcionarle la información que buscaba, pero al menos serían de alguna ayuda emocional. O eso esperaba.

Al volver al comedor comprobó que las mesas estaban llenas de estudiantes. Escuchó una risa familiar desde la mesa de Gryffindor y muy discretamente echó un vistazo. Su hermano parecía estar destornillándose sobre una recreación dramática que Potter hacia subido a su asiento con una copa en la mano. Aplastando los celos caminó devuelta a su mesa.

"Black, no te he visto cuando me he levantado" le dijo uno de sus compañeros de cuarto, Keith Leighton, cuando se acercó a buscar su horario.

"Soy un ave madrugadora" dijo mientras revisaba las clases que le tocaban. Encantamientos, herbología, pociones y defensa contra las artes oscuras…lo usual.

"Ugh, herbología. Mis uñas son demasiado bonitas como para estropearlas cavando tierra" se quejó Integra Selwyn, una de las muchachas más bonitas de todo Hogwarts, mientras desayunaba junto a tres chicas más de su mismo año.

"Yo odio pociones. Cada vez que mi madre hace algo en casa, mi pelo se vuelve indomable"

"¿no nos mancharemos, verdad?"

"para eso es el delantal y los guantes, tontita. Hablando de eso, mi madre me envió unos de piel de dragón…"

Regulus desconectó de la conversación y se sentó junto a Hyacinthus Gamp, quien leía el libro de encantamientos con expresión concentrada.

"Te has levantado temprano" comentó el chico sin levantar la vista de su libro.

"No tenía sueño, además, quería pasar por la biblioteca" dijo levantando los libros que cargaba, dejándolos encima de la mesa con cuidado.

El rubio los miró de reojo y levantó una ceja.

"interesante elección de lectura"

Regulus se encogió de hombros.

"Tenía curiosidad" repuso con suavidad y el chico soltó una risa seca.

"Ten cuidado con eso, o terminarás como yo" dijo él, abarcando con una mano la situación.

Regulus ladeó la cabeza pensativamente.

"Eso no sería algo malo" dijo más para sí que para el otro.

Hyacinthus sonrió de costado pero no añadió nada más. Regulus dejó caer la conversación y sacó su varita murmurando un tempus.

Faltaban apenas unos treinta minutos para que las clases comenzaran. Todavía tenía que volver a su dormitorio y conseguir sus libros de texto. Se puso en pie recogiendo sus libros, se dio la vuelta y su mirada se encontró con la de su hermano.

Fueron apenas unos segundos. Sirius había levantado la vista al mismo tiempo que él, todavía riéndose de alguna de las payasadas de sus amigos, pero en cuanto se encontró con los ojos de Regulus su rostro se transformó. Su sonrisa cayó y hubo un momento en el que se pudo ver un atisbo de tensión en sus fracciones, para luego desvanecerse en una mueca de desinterés y austeridad. Volteó la mirada enseguida y la visión de Regulus fue bloqueada por el cuerpo de Pettigrew.

Regulus apretó los libros con fuerza contra su pecho y prosiguió su camino, sin dejar que el dolor que estaba sintiendo se viera reflejado en su rostro.

Si su intención era hacer las paces con su hermano, estaba haciendo un fantástico trabajo.


La clase de encantamientos transcurrió de la misma manera que Regulus había intuido que lo haría; extremadamente improductiva y aburrida. El profesor Flitwick pasó más de la mitad de la hora alabando su asignatura, contándoles la importancia de los encantamientos en el día a día de cada bruja y mago. Después, cuando todos estaban motivados y expectantes de realizar algún hechizo, sacó varias plumas y los puso a realizar el encantamiento Wingardium Leviosa.

Regulus lo logró a su primer intento, ganando diez puntos para su casa y varias miradas de envidia. No iba a decir que era un maestro en la materia, pero sus antepasados se revolcarían en sus tumbas si fallaba a propósito un simple hechizo de primer grado. La dignidad ante todo, se dijo cruzando las piernas y contemplando los intentos infructuosos del resto de sus compañeros. Al final de la clase, solo él, Hyacinthus Gamp, y una muchacha de Ravenclaw fueron los únicos en hacer levitar sus plumas.

En herbología, tal y cómo siempre pasaba con las clases de la profesora Sprout, dejaron la teoría para después y se pusieran directamente en la práctica, muy para el disgusto de varias niñas, en especial de Integra Selwyn, quien intentó escaquearse de la tarea sin resultados.

Después de herbología tenían un descanso de quince minutos, los cuales los gastaron prácticamente yendo del invernadero al aula de pociones, que justo quedaba casi al otro lado del castillo. Pociones no era su asignatura favorita, pero se defendía bastante bien en ella, lo suficiente como para conseguir un Supera las expectativas en su quinto año. Ahora, con el conocimiento de siete años en su mente, la asignatura no resultaba tan desagradable, de hecho, hasta la encontró atractiva.

El profesor Slughorn, el jefe de su casa, era un hombre justo en términos académicos. Algunos podrían objetar que no era un ejemplo perfecto de Slytherin, pero Regulus opinaba lo contrario; a sus ojos Slughorn era la viva manifestación de la ambición, la astucia, la determinación, el ingenio y la auto-preservación que caracterizaba a la casa de las serpientes.

"Buenos días, estudiantes, mi nombre es Horace Slughorn y de ahora en adelante, seré vuestro profesor de pociones" hizo una pausa y miró las caras brillantes de cada uno con una sonrisa bonachona "El arte de hacer pociones es una de las ramas más complejas de la magia, no solo se necesita poseer el conocimiento teórico, sino también se debe tener la habilidad. Podéis pasaros horas y horas frente a un caldero o dedicarle todo vuestro tiempo a memorizar los ingredientes de un brebaje, pero si carecéis de la aptitud que se necesita para esta materia jamás obtendréis los resultados perfectos. Sin embargo, esto no es motivo de angustia o miedo, nadie nace siendo un maestro pocionero, toda habilidad debe ser cultivada, y con tiempo y paciencia creo que todos podréis lograrlo"

Al final de ese discurso todo el mundo estaba impaciente por poner a prueba sus habilidades. El profesor sonrió complacido y los puso a trabajar enseguida en una poción que hacía que el que la consumiese perdiera la capacidad de hablar coherentemente. Mientras tanto, fue pasando lista.

Regulus estaba tan concentrado en su poción que si no llega a ser por Hyacinthus, quien estaba junto a él, no habría escuchado al profesor decir su nombre.

"Black, Regulus, ah, sí, otro Black en mi casa, maravilloso, me entristeció mucho no tener a su hermano mayor el año pasado…tuve el placer de enseñar a sus padres, su madre en especial tenía un talento innato, preparaba un filtro de confusión tan magnífico que duraban una semana sus efectos, su padre también era bien dotado en el arte, espero grandes cosas de usted" le guiñó un ojo y nombró al siguiente en la lista.

Delante de él, dos muchachos de Gryffindor se miraron de reojo y soltaron un bufido. Regulus no les prestó atención y trituró las hojas de abrepuño en su mortero.

Cuarenta minutos después, Regulus había acabado con su tarea.

"eres…bastante bueno en esto" comentó Gamp, mirando su caldero y el suyo, comprobando las diferencias. La poción de Regulus era de un color violeta claro y desprendía un ligero vapor blanquecino, la poción de Hyacinthus, en cambio, era mucho más oscura y burbujeaba ligeramente.

El profesor Slughorn también opinó lo mismo cuando pasó por su lado, revisando los calderos de cada uno.

"¡Perfecto! Se nota que el talento abunda en la familia, 20 puntos para Slytherin, ¡acercaos todos! El señor Black aquí ha realizado a la perfección un ejemplar de la poción parlanchina."

Regulus asintió cortés a los elogios y rehuyó las miradas que le llegaban desde varias direcciones. Honestamente, si alguno de ellos estuviese en su misma situación también harían lo mismo. Solo un tonto dudaría en utilizar sus ventajas.

Una vez que acabó la clase, Regulus recogió sus pertenecías y se dirigió hacia su sala común. Su trayecto fue bloqueado repentinamente por su hermano y sus amigos. Regulus supuso que acababan de bajar de su torre y se dirigían a comer, pues varios miembros de Gryffindor rodeaban a los supuestos merodeadores, riéndose de alguno de los chistes que Potter contaba.

Oh no, por favor, por favor, no me notes rogó mentalmente mientras agarraba la correa de su mochila y trataba de pasar por un lado del grupo.

La suerte no estuvo de su parte.

"¡Oye, bebe Black! ¿A dónde vas?"

Maldito Potter pensó deteniéndose y girando.

Se encontró cara a cara con toda la jauría de leones, y por unos instantes realmente quiso tener a su viejo grupo de 'amigos', solo para poder empatar números.

"¿sí?" preguntó educadamente, centrándose en la cara del muchacho y fingiendo que no quería huir de ahí.

"¿Este es tu hermano, Sirius?"

"No os parecéis en nada"

"¿pero qué dices? Si tienen los mismos ojos"

"Bueno, Sirius en más guapo"

"el niño tampoco está mal, para ser una serpiente"

"¡oye! Dejad al bebe Black en paz"

Regulus se mordió la lengua tratando de contenerse. ¿Por qué él? Miró las caras de esos estúpidos mestizos y quiso maldecirlos a todos. Contó hasta diez mentalmente, recordándose que su madre lo mataría si lo expulsaban en su segundo día por meterse en una pelea con unos babuinos. El truco funcionó. Con la mente despejada levantó una ceja poco impresionado y miró inquisitivamente al culpable de que estuviera en esa situación.

Potter, quien todavía no había dejado de sonreír, pasó un brazo alrededor del cuello de su hermano y se acercó unos pasos, arrastrando a un Sirius renuente con él. Pettigrew y Lupin se mantenían junto al resto de los espectadores, quienes hacían poco para disimular su curiosidad.

"¿Querías algo, Potter?" preguntó Regulus, mirando discretamente hacia un lado, esperando que nadie de su casa decidiera pasar por ahí.

"ah, sí, quería preguntarte algo, ¿Qué fue de lo que tú y Evans hablaron en el tren? Pareces haber hecho una buena impresión en ella, lo cual es impresionante, porque la pelirroja es la reina de los juiciosos"

Regulus lo miró fijamente.

¿De verdad lo había detenido en medio del pasillo, donde todos podían verlo hablar con un Gryffindor, solo para preguntarle por esa estupidez?

"de esto y aquello" contestó escueto.

"¿y que es 'esto y aquello'?"

"pues, cosas"

"¿y que son 'cosas'?"

Oh, por Merlín, era peor que un perro persiguiendo un hueso. Irritado entrecerró los ojos.

"Realmente no sé por qué tengo que decírtelo. Si Evans no ha querido decirte nada, entonces me temo que tampoco puedo hacerlo. Ya sabes, clausulas de confidencialidad y todo eso"

Potter frunció el ceño y abrió la boca, pero Sirius de adelantó, con el rostro crispado y veneno en la lengua.

"Corta la mierda, seguro que era alguna basura puritana. ¿Estás intentando ahora contaminar la mente de alguien más con esas jodidas ideas? Tú y Snivellus seguro que hicisteis un magnífico trabajo confundiendo a la pelirroja, no me sorprende que te hayan puesto en Slytherin, eres igual que ellos"

Regulus se quedó de piedra, abrió la boca pero no salió ningún sonido. Potter había apagado su expresión y el humor había desaparecido de su rostro. Miró a Regulus con recelo.

Regulus apretó el puño.

"Eso no es lo que ocurrió" dijo, apenas conteniendo la indignación en su tono.

Sirius resopló, avanzó hacia él quedando demasiado cerca para su comodidad, cerniéndose sobre Regulus como una sombra. Lo agarró del brazo y tiró de él hacia arriba, quedando su boca justo al lado de su oreja.

"no sé a qué juego estás jugando, Reggie" susurró en un tono tan frío que le puso los pelos de punta. Las imágenes que había visto en la cueva volvieron a él, y Sirius fue remplazado por una versión más vieja y más temible del hombre que había sido "Y sinceramente, no me importa. Pero guarda la basura de mama y papa en esa cuadrada mente tuya, porque al resto de nosotros nos gusta mantener la nuestra limpia, ¿entendido?, ah, y no te vuelvas a acercar a Evans o a nadie de mi casa, o los castigos de madre serán un paseo de escobas en comparación con lo que te haré, ¿me has escuchado?"

Regulus enmudeció. Su cuerpo enteró parecía haberse congelado. Su corazón latía en sus oídos y sentía que sus manos temblaban levemente. Un tirón más fuerte en su brazo lo despertó de su trance.

"¿me has escuchado?" repitió Sirius, alejándose para mirarlo a los ojos.

Regulus asintió despacio, sin confiar en su voz.

Sirius lo dejó ir con brusquedad y se dio la vuelta para ir a reunirse con el resto de sus amigos y su casa, quienes los miraban con curiosidad obscena. Potter le envió una mirada pensativa antes de unirse también. El séquito completo abandonó el pasillo dejándolo solo.

Solo cuando escuchó unas voces aproximarse es que se movió. Regresó a su sala común en tiempo récord y se encerró en los baños, donde vomitó todo su desayuno.

Apoyando su espalda en contra de la pared del lavabo, dejó que los recuerdos de su última acción emergieran en su mente, trayendo consigo toda una ola de miedo y desesperación. Era consciente de que estaba temblando y de que posiblemente se había roto las palmas de las manos con las uñas, pero permitió que ese estado de angustia durara un poco más, lo suficiente como para sentirse de nuevo bien consigo mismo. Solo cuando probó el sabor cobrizo de la sangre en su boca fue que empujó todo hacia atrás, bloqueando todos esos recuerdos bajo capas y capas de nebulosas memorias.

Se levantó con los miembros temblando y se lavó la cara varias veces. Se miró al espejó y respiró profundamente.

"estoy bien" se dijo así mismo en alto.

"trata de convencerte, eso funcionara" le respondió el espejo.


Regulus llegó temprano a su clase de defensa contra las Artes Oscuras y ocupó el primer asiento de delante. Sacó su libro, un trozo de pergamino, su pluma y un tintero, y esperó pacientemente a que el resto de alumnos llegaran.

Veinte minutos después, la clase estaba casi llena. Hyacinthus Gamp se sentó a su lado, apartando a un lado un libro de pociones que estaba leyendo.

"Te has saltado el almuerzo" le dijo mientras sacaba sus materiales.

"No tenía hambre" respondió.

El muchacho rubio lo miró de reojo pero no dijo nada.

A los dos en punto, el profesor abrió la puerta que comunicaba el aula con su despacho y bajó la pequeña escalera de caracol hasta pararse delante de ellos. Era un hombre joven, alto y moreno, de ojos negros, mirada afilada y largo cabello castaño oscuro que recogía en una coleta baja desordenada. Vestía una túnica simple, un tanto holgada y tenía en él un cierto aire feroz y rebelde.

Los miró a todos y sonrió de lado.

Hubo un suspiro colectivo.

"Bienvenidos a todos a clase de defensa contra las artes Oscuras. Soy el profesor, Caelestinus Vidal"

Una chica soltó una risilla tonta e Integra Selwyn de pronto parecía muy interesada en esa asignatura.

Regulus lo recordaba. El profesor Vidal había sido uno de los pocos profesores competentes que habían tenido en Hogwarts en esa materia, antes de que abandonara el puesto para irse a una expedición con un grupo de rompe maldiciones al norte de Noruega. Había sido bastante querido por los alumnos, sobre todo por la población femenina.

No era como si Regulus no pudiera entender por qué.

"Durante el curso dividiremos el tiempo de clase en dos, la primera mitad la destinaremos a la teoría, y la segunda a la práctica. Afortunadamente, contamos con dos horas para poder dedicarle el mismo grado de atención a cada una. Respecto a nuestro itinerario, y quien quiera tomar nota puede hacerlo, durante el primer semestre nos centraremos en…"

Regulus ya estaba con pluma en mano. Había llegado a la conclusión que tal vez lo único que podría distraerlo de la angustia y confusión a la que su vida estaba siendo sometida, eran, sorprendentemente, los estudios. Regulus nunca había reprobado una asignatura- Merlín, el escándalo- pero tampoco se consideraba un alumno de excelencia. Había sido bueno en lo que le gustaba y promedio en lo que no. Y bueno, cuando estaba siendo constantemente comparado con el genio de su hermano, era difícil no ser un tanto condescendiente con sus estudios.

Además, Lord Vodemort no exigía ningún T.I.M.O para entrar en sus filas. Lo cual para ser sincero, en su tiempo, resulto ser altamente conveniente.

Durante las siguientes dos horas tuvieron una clase dedicada a los Zombis. Tomaron apuntes de todo lo que el profesor Videl les decía, quien para sorpresa de muchos conocía muchos datos interesantes de los cuales los libros no se molestaban en mencionar.

"La agencia de viajes TerroTours organiza cada año unas expediciones a lo largo de la Senda de los Zombis, en el Sur de Los estados Unidos. 1 de cada 10 excursionistas terminan con un trozo menos de ellos. Los zombis no son criaturas que deban tomarse a la ligera, por mucho que se las considere de baja categoría"

Al finalizar la hora el profesor sacó un maniquí de tamaño humano y le lanzó varios hechizos que lo trasformaron en un cadáver feo y putrefacto. Los hizo hacer una fila y turnarse para intentar enfrentarse al zombi falso con un único hechizo que previamente les había enseñado. Uno a uno, fueron lanzando el hechizo, algunos acertaron a la cabeza, tal y como el profesor les había indicado, puesto que era el único punto débil de un zombi, pero nadie se dio la molestia de seguir todos los pasos que Caelestinus había dicho; Un zombie solo moría si se le cortaba o volaba el cerebro, y luego se prendía fuego a sus restos.

Regulus esperó que llegara su turno. Se paró delante del maniquí y con tranquilidad levantó la varita, murmuró un suave Expulso y observó con parsimonia como la cabeza del zombi era separada del cuerpo. Acto seguido, y ante la mirada sorprendida de muchos, lanzó un simple encantamiento de fuego sobre ella.

El profesor Videl estaba muy satisfecho. Apagó el fuego con vaivén de su mano y con un giro de varita volvió la cabeza del zombi a su sitio.

"Bien hecho, sr Black, excelente trabajo, 15 puntos para Slytehrin. Y para el resto, lo habéis hecho muy bien, pero recordar, un zombi puede seguir moviendo el resto de su cuerpo siempre y cuando haya alguna parte de su cerebro intacta. Sra Greengrass, continúe por favor"

Regulus se movió hacia el fondo de la sala, notando como algunas miradas lo seguían hasta atrás. Unos alumnos de Hufflepuff se apartaron su lado, enviándole miradas asombradas y cautas.

"¿seguro que no deberías estar con las águilas, Black? Tal vez deberías ponerte el sombrero de nuevo, haber que te dice" le dijo Bradley Barlow, un muchacho de su casa que parecía siempre estar enfadado. A su lado estaban Fawley y Colbert Lancaster, que parecían más interesados en burlarse de los esfuerzos de los demás estudiantes que en practicar ellos mismos el hechizo.

Regulus no se ofendió, pese a que el tono, la actitud y la mirada de Barlow invitaban a problemas. Los Slytherin tenían una propia manera de decir las cosas, y en muy pocas ocasiones decían directamente lo que pensaban. Sobre todo si eran elogios o felicitaciones. Se podría decir, y esto era algo que muchos acordaban al respecto, que había que leer finamente entre líneas para entender lo que un Slytherin verdaderamente pensaba . Como ahora, por ejemplo.

"me llevaría mis puntos conmigo, ¿seguro que quieres eso?" retrucó con facilidad.

Barlow lo miró fijamente antes de soltar un resoplido y asentir.

"cierto. Con idiotas como estos dos necesitamos algún cerebro para ganar la copa"

Fawley y Lancaster ni se dieron por aludidos.

Al acabar las dos horas el profesor les envió de deberes leer la lección sobre los Zombis y hacer un resumen para el jueves, después los despidió con una agradable sonrisa que hizo que se les subieran los colores. Los alumnos abandonaron la clase hablando entre ellos con emoción.

"¿viste como le hice estallar el cerebro?"

"¿el cerebro? Pero si le volaste la cabeza entera"

"creo que es mi asignatura favorita, además, ¿viste al profesor?"

"¿verlo? Creó que le hice una foto mental, ¡anda! ¿Crees que nos deje sacarle una foto?"

"Espero que no nos toquen Zombis de nuevo, me dan repelús"

Regulus se quedó rezagado y esperó a que nadie lo viera para doblar por una esquina y bajar por las escaleras hasta el hall de entrada. Cruzó rápidamente los pasillos, dobló hacia la izquierda y subió las empinadas escaleras que conducían a la torre de astronomía. De las 4 a las 6 los alumnos podían hacer sus deberes en la sala de estudio, aunque la mayoría prefería volver a sus salas comunes y realizarlos allí, o si el tiempo era agradable, en el césped que se extendía por los terrenos del castillo. Pero a Regulus siempre le habían gustado los rincones silenciosos y alejados, esos que la mayoría de los alumnos no solían frecuentar. Sus antiguos amigos (realmente no lo eran, pero no sabía de qué otra forma referirse a ellos sin parecer un idiota) siempre se burlaban de él por eso, llamándolo viejo huraño y de más.

Honestamente, cualquiera buscaría paz y tranquilidad si tuviera que vivir en la misma casa que Walburga Black durante tres meses al año por siete años. Regulus no era el extraño en ese aspecto.

Sacó los cuadernos y libros de su mochila y los esparramó por el suelo, entintó su pluma con cuidado y se puso manos a la obra. Comparado a lo horrible que había sido séptimo curso en términos de exigencia académica, sus tareas de primero eran casi un chiste. En menos de una hora había acabado con su resumen de DCLAO y su medio pergamino de herbología sobre las propiedades y usos de la mandrágora, Flitwick y Slughorn habían sido amables el primer día y los habían librado de deberes, muy para el disgusto de Regulus, que ahora se encontraba sin nada más que hacer que concentrarse en sus pensamientos.

Su mente volvió sin quererlo al encuentro con su hermano. Regulus sabía que era estúpido seguir atormentándose con ello, pero no podía evitarlo. Sus últimos pensamientos, antes de ser arrastrado a las profundidades del lago, habían estado dirigidos hacia su hermano mayor. Se había arrepentido de no haber podido arreglar su relación antes, de no haberlo escuchado cuando le había gritado que lamentaría su elección, de no haberle dicho lo que realmente pensaba de él. Sirius probablemente creía que Regulus lo odiaba, y la verdad no podía estar más lejos. Pero jamás había sacado el valor suficiente como para comunicárselo. Había dejado que estúpidos resentimientos y prejuicios se interpusieran entre los dos, y se había arrepentido de ello cuando ya era demasiado tarde.

Regulus no quería cometer el mismo error de nuevo, ni aunque al final todo se tratase de una ilusión.

Sin embargo, ¿cómo podría enmendar sus errores?

Podría disculparse, pero incluso él sabía que si había algo que los Black eran expertos en hacer era en guardar rencores. Su hermano jamás tomaría una disculpa como excusa, la despacharía y se burlaría de ella. Lo cual, considerando el comportamiento que Regulus había tenido con él durante ese verano, era totalmente justo.

La confianza de Sirius en él se había roto el día en el que había ido corriendo a informarle a su madre que su hermano se estaba escribiendo cartas con el mestizo Remus Lupin.

Sirius fue castigado sin búhos durante el resto de vacaciones, y todas las cartas que le llegaron, exceptuando las de Potter, que por alguna razón su madre todavía las había considerado aceptables, fueron arrojadas a la chimenea.

La mirada que Sirius le había lanzado mientras veía el fuego consumir su correspondencia podría calificarse de asesina. Regulus ni siquiera le había pedido perdón, creyendo firmemente que era un castigo adecuado y confiando en que eventualmente su hermano vería que juntarse con ese tipo de gente solo le atraería problemas.

Obviamente no fue así.

Regulus cerró los ojos y dejó caer la cabeza hacia atrás.

Aunque bien sabía que disculparse no haría nada por cambiar la opinión de Sirius hacia él, tal vez podría ablandar el terreno entre ellos. Hacerlo consciente de que Regulus no era el mismo niño que se escondía detrás de las faldas de su madre. Después, bueno, solo tenía que demostrárselo de alguna forma. Tenía el conocimiento de siete años por delante, bien podría aprovecharlos para algo.

La cena no se servía hasta las siete, pero Regulus no quería quedar atrapado en los atascos de estudiantes que siempre se hacían cuando todos entraban a tropel al comedor, así que bajó rápidamente a las mazmorras a dejar su mochila y luego se apresuró a coger un sitió en la mesa de su casa no muy alejado de la salida.

Para su sorpresa, Hyacinthus Gamp ya se encontraba allí.

El niño se encontraba leyendo un libro y apenas levantó la vista cuando lo vio ocupar el asiento de enfrente.

"Te fuiste rápidamente después de clase" le dijo, pasando la página de su libro con un movimiento elegante y refinado.

Regulus lamentó no tener también un libro con él. Observó su reflejo en la copa de plata que tenía delante y se sintió más seguro al ver que su aspecto no reflejaba nada del cacao mental que se traía encima.

"Quería hacer mis deberes enseguida" contestó.

Gamp levantó una de sus finas cejas y lo miró con algo parecido a la diversión.

"y supongo que no podías hacer eso en presencia de humanos" dijo.

"los humanos son ruidosos, prefiero las rocas"

"o los libros"

"O los libros" aceptó con un leve asentimiento.

Gamp sonrió levemente. Regulus se encontró asombrado por la facilidad con la que podía mantener una conversación con alguien con el cual en su tiempo jamás se había relacionado. Sintió la misma sensación de liberación que había sentido en el tren junto a Evans y Severus. Mordiéndose el interior de la boca debatió consigo mismo los pros y los contras de comenzar algún tipo de relación con el chico rubio. Sabía que no podía permanecer solo mucho tiempo, no sin que Narcissa se fuera de la boca y se lo comentase a su madre, y si su madre se esteraba que su hijo era un marginado, aunque fuese por elección, se encargaría ella misma de buscarle nuevas amistades.

Regulus preferiría masticar su propio pie antes que permitir eso.

Gamp parecía aceptable. No era molesto, se preocupaba por sus estudios, y su linaje de sangre era tan bueno como el suyo. Además, según lo que Regulus recordaba, no había sido uno de los seguidores del señor Oscuro.

"tampoco parece que disfrutes mucho de la compañía" comentó con sutileza, fingiendo estar atento al grupo de tercero que entraba al comedor riéndose de algo relacionado con los escarbatos.

"no, no lo hago" confesó el rubio finalmente, pero le envió una mirada un tanto cauta.

Regulus fingió que meditaba algo antes de asentir.

"Puedes unirte a mí mañana, si quieres" le dijo, actuando como si invitar a alguien a su espacio personal no fuera una tarea que requiriera de todo su aplomo. Merlín, realmente era patético.

Gamp se lo pensó durante unos segundos, mirándolo con fijeza como si estuviera considerando todos los beneficios y los inconvenientes que esa amistad acarrearía. Después de lo que a Regulus le pareció una eternidad, asintió levemente.

"Gracias, tomaré tu oferta"

Regulus internamente aplaudió.

La cena transcurrió con tranquilidad. Regulus, que no había probado bocado desde el desayuno, devoró gustosamente unas empanas de carne y queso y repitió dos veces un puré vegetal que le recordaba cariñosamente al que solía comer en casa.

Cuando llegó el momento de volver a los dormitorios, se encontraba tan lleno y adormecido que apenas tuvo energías para sacarse el uniforme. Había sido un día muy largo y solo quería meterse en la cama y dormir. Desgraciadamente, no tenía tan poco decoro como para hacer eso. Las vapores de la clase de pociones que se pegaban a su cabello, y la suciedad debajo de sus uñas, un recordatorio de herbología, exigían a gritos una ducha.

Gamp, con su pijama azul oscuro debajo del brazo, tenía la misma idea.

"Sabes, mi padre me dijo que había un jacuzzi, pero pensé que solo estaba bromeado" dijo el niño, dejando su ropa encima del banco del cubículo individual que estaba separado de la ducha por una puerta de cristal, y que se cerraba a la vista de todos por una cortina verde.

Regulus asintió. El también lo había encontrado un tanto exagerado y pretencioso la primera vez que lo había visto, pero rápidamente había cambiado de opinión al meterse. Los pura sangre podían ser la gran mayoría unos snob, pero por Morgana que sabían como disfrutar de los mejores placeres de la vida.

Metiéndose en su propio cubículo se apresuró a desvestirse. El primer chorro de agua caliente se sintió como una bofetada y luego, mientras se acostumbraba a la sensación y se pellizcaba el brazo para no pensar en cosas que podrían provocarle un ataque de pánico allí mismo, como una caricia.

Hasta que de repente, una línea ardiente se abrió camino a través de su palma, haciéndolo sisear de dolor. Se apartó el pelo mojado de la cara y bajó la mirada hacia su mano.

Allí, una cicatriz larga y fresca cruzaba en horizontal su mano, desde su dedo pulgar hasta la curva de su muñeca.

Regulus reconoció ese corte. Era el mismo corte que se había hecho a sí mismo para pagar el sacrificio de sangre que la cueva requería... siete años en el futuro.


AN: Estoy escribiendo el cuarto capítulo, pero tal y como va mi vida no sé si lo podré tener listo para la próxima semana, o lo intentaré.