Nota: Semi-AU porque aquí Fushiguro sigue siendo líder del Clan Zenin y pues, porque aquí enloquece y encierra a Itadori... No pretendo romantizar y mucho menos decir que esto es normal y aunque sé que mis lectores no son idiotas, nunca está de más advertir que estas conductas no son correctas. Gracias por leer.


Él nunca se había considerado una persona posesiva o celosa, tal vez una persona con una justicia un tanto torcida sí. Haciéndola de juez de quién sí merecía ser salvado y quién no.

Decidiendo que si la persona era buena, haría lo que fuese necesario para salvarla y si esa persona era mala, entonces podía simplemente morirse.

Entonces, mantener en cautiverio en el casi extinto Clan Zenin a Yuuji con tal de protegerlo de los altos mandos que lo querían muerto... ¿Sería considerado una buena acción?

El privarle de su libertad para que nadie le hiciera daño o quisiera matarlo por ser el recipiente de Sukuna, ¿Estaba bien, no?

Porque no sólo lo amaba a morir, sino también era su amigo y Yuuji era una buena persona así que... Sus acciones estaban completamente justificadas, ¿Cierto?

Además, él era el único que podía cuidar de él como se debía. Porque también era fuerte, tenía más conocimientos y habilidades que Itadori en este mundo pútrido de la hechicería.

Y... ¿No era que también en el amor se valía todo? ¿No era que el amor lo podía todo? ¿Qué el amor lo soportaba todo? ¿Qué lo perdonaba todo?

Porque todo lo que él hacía por Yuuji era por su bien, porque lo amaba. Lo quería tanto, quería su bienestar que...

Si eso significaba quitarle su libertad y esconderlo del mundo, entonces que así fuera.

Por lo que, cada que Yuuji lo mira con duda y casi con miedo, Megumi le sonríe con amor como a nadie nunca le ha sonreído. Para después abrazarlo con afecto y susurrarle calmadamente:

— Lo que hago es por tu bien, Yuuji.

Es la frase que se le ha hecho costumbre decirle a Itadori desde ese entonces, y que parece surtir efecto momentos después donde el chico termina por recostar su cabeza en su hombro.

Pues sus manos yacen atadas y, en los brazos de Fushiguro no hay nada que pueda hacer.

(Es su hogar-prisión a la que se ha acostumbrado).

— Te amo, Yuuji.

Megumi desde hace tiempo ha abandonado la cordura.

—... Yo también, Megumi.

Y él está a casi nada de hacerlo.