Nueva Generación: Proyecto Cartago
Capítulo 1
Aquel día hacía un sol espléndido desde primera hora de la mañana. Era inicios de Octubre pero seguía haciendo buen tiempo en la ciudad de Boulogne-Billancourt, en las inmediaciones de París, donde casi nunca pasaba nada. Casi. Aquella mañana de Sábado empezó como siempre en una de las pequeñas casas de la localidad, conocida como La Ermita. Aelita Stones se levantó con el sonido del despertador, retozando entre las sábanas con un ligero bostezo, moviendo la mano en las cercanías de la mesita de noche y buscando el molesto aparato para apagarlo. Sin embargo su marido, Jeremy Belpois, fue más rápido al apretar el botón del reloj para desactivarlo, momento en el que encendió la luz.
-Buenos días…- murmuró ella, incorporándose. El otro acarició suavemente su espalda y encendió la luz del techo.
Era una habitación algo amplia, con un armario en un lateral, un espejo delante de la cama de matrimonio y un escritorio a la izquierda.
-Voy a ir preparando el desayuno Lita. ¿Café?- y ella asintió, sonriendo y desperezándose.
La actividad no solo comenzaba en el piso inferior. En el superior ya danzaba la única hija de ambos, Maya. Ella había salido de su cuarto minutos antes que sus padres y se había encerrado en el baño de la segunda planta para ducharse tranquilamente y despejarse sin prisas. De hecho ya se secaba el pelo y se miraba al espejo sonriendo. Era menuda, de pelo rosáceo como el de su madre y ojos de un ligero tono verde, piel clara y labios finos. Siempre le decían que era como Aelita a su edad, 13 años.
-¡Hoy va a ser un gran día!- se animó a sí misma, se miró al espejo y se colocó las lentillas que siempre llevaba con cuidado.
Llevaba una camisa de cuadros con una corta por debajo, vaqueros y botas rojas, con sus pendientes de plumas rojas perfectamente arreglados. Les tenía mucho cariño desde que su padre se los regaló por su cumpleaños, en Noviembre del año anterior.
-Que hambre…- murmuró mientras salía ya preparada.
Desde donde estaba se olía el suave olor del desayuno proveniente de la cocina, en línea recta bajando por las escaleras y a la derecha, estando el salón a la izquierda. Sus padres dormían en uno de los cuartos de abajo, estando allí también el otro baño y el despacho de trabajo de su madre. Bajó rápidamente y entró a la cocina, donde vio a su padre preparando tostadas, dos cafés y un cacao con leche, que le tendió a su hija con una sonrisa junto a una tostada.
-¡Hola papá!- le dio un beso en la mejilla y se sentó en una de las sillas, apoyando sus cosas en una de las encimeras laterales.
-¿Qué tal dormiste Maya?- preguntó él, y ella bebió del líquido sonriendo.
-Bastante bien. Oye, he quedado con JP y la pandilla, vamos a salir al centro de compras- Jeremy suspiró.
-Tienes ropa de sobra, hija…- murmuró, vieron entonces que Aelita aparecía por la puerta.
-No es ropa papá. Vamos a buscarle un regalo a tita Sissi entre todos- su madre la besó en la cabeza contenta.
-Es verdad, su cumpleaños es a mediados de mes…- murmuró Jeremy entonces, pensativo, mientras le tendía la otra taza de café a Aelita.
Esta la recibió y tomó una de las tostadas y algunas magdalenas- Deberíamos regalarle algo, aunque no tengo claro el qué. Tiene de todo ya…- murmuró.
Desde hacía años era la directora de Kadic y una de las profesoras de Bellas Artes del centro, cargo que compagina con el de dirección desde la jubilación de su padre, Jean-Pierre Delmás. Pero lo que más le gustaba sin duda era enseñar, la otra parte es más cuestión de obligación que otra cosa. Odd ayudó a que no la cediera, convenciéndola que nadie mejor que ella para llevar la prestigiosa Academia que tanto le costó levantar a su padre.
-¡Bueno, salgo! ¡Pasad buen día!- sin apenas haber dado tiempo a la comida a bajar hasta su estómago, Maya salió por la puerta de la cocina como un cohete.
Sus padres la despidieron con un gesto y suspiraron- Yo subiré al estudio, me toca streaming y luego conferencia con la facultad de economía, que pereza…- murmuró ella, estirándose.
El otro rio, dejó su bebida a un lado y la abrazó por detrás. La besó despacio en el cuello y ella soltó un suave murmullo de satisfacción.
-Te has levantado juguetón, ¿eh?- comentó ella, y el otro asintió.
-¿No crees que va siendo hora de darle un hermano a Maya? O hermana- comentó él, acariciándola suavemente.
-Pues… no estaría mal, la verdad…- ella se giró y le miró a los ojos, sonriendo un poco.
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Mientras, y varias calles más allá de La Ermita, en un edificio de apartamentos, las cosas eran similares. La casa de Yumi Ishiyama y Ulrich Stern no era tan amplia como la de sus amigos pero desde luego era acogedora, con un salón, tres cuartos y una cocina que para cuatro se hacía pequeña, pero no tenían intención de mudarse por ahora. De hecho estaba él en el salón ya tomando un tazón de cereales con leche con sus hijos: Hiroky y Ariadna Stern. Estos eran mellizos, ambos de pelo negro y ojos pardos, sólo que él tenía un aspecto más oriental y ella más caucásica. Tenían puesto el pijama aún mientras veían las noticias deportivas.
-Qué repaso nos dieron ayer en la Champions…- murmuraba Ariadna, estaban viendo el resumen del partido.
Su padre asintió- Siempre nos quedará la liga- comentó simplemente, mientras el otro chico bostezaba.
-¿Qué, te quedaste otra vez hasta tarde con los videojuegos?- le preguntó Ulrich, con algo de mala cara, y este negó.
-No, estuve estudiando- comentó, y Ariadna rodó los ojos.
-¿A sí? ¿El qué?- preguntó su padre, interesado. Hiroky se lo pensó unos segundos.
-Historia. Tenemos… un… un profesor algo exigente- y entonces el adulto miró a Ariadna, que negó.
Hiroky vio eso y simplemente se levantó, de mal humor, provocando los suspiros de Ulrich y las risas de la otra. Según el adolescente salía llegó Yumi, con su propio desayuno y el pelo algo alborotado. Los otros dos le hicieron un hueco en el sofá, mientras ella se sentaba pesadamente junto a su marido.
-Diría que tu hijo se ha vuelto a quedar hasta tarde jugando con la consola- comentó Ulrich, aunque la otra parecía algo adormecida aún.
-Ya, me despertó de madrugada y no pude recuperar el sueño… voy a mandarla a hacer puñetas, en qué momento le hicimos caso- a eso el adulto asintió.
Sin embargo Ariadna no estaba de acuerdo- ¡Oye, no es justo! Yo también la uso y saco mejores notas. Se la prohibís a él y punto- pidió.
-Ya veremos. Por cierto, ¿qué turno tienes hoy, Ulrich?- preguntó Yumi, sin hacerle mucho caso a su hija, y este revisó su móvil.
Como agente de la ley rotaba y a veces estaba de mañana, otras de tarde, y varias noches seguidas. Rara vez tenía que salir de la ciudad, solamente si había visas de producirse follón por alguna manifestación, hinchas exaltados, o la visita a la cercana París de algún líder internacional. Esa y alguna que otra redada en la que casi acaba acribillado a balazos, pero esas cosas no se las contaba a ella por no asustarla. De hacerlo ella sería más terrible y amenazante que los delincuentes con los que tenía que trabajar a diario. Por suerte tenía de compañero a William, y que hacía de ángel guardián del otro. Y viceversa, para qué engañarse.
-Estoy de tarde y a partir de mañana tres días libres. Podremos ir a celebrar el aniversario, aunque sea algo tarde- ella le sonrió entonces.
Ariadna se levantó para darles intimidad y fue directa a la cocina para dejar lo que había ensuciado, tras lo cual entró a su cuarto. Ella y su hermano habían quedado junto a Maya y JP – el hijo de Sissi y Odd – para, oficialmente, comprarle un regalo a la madre de este último. En realidad irían a su lugar secreto. Y no podía estar más ilusionada. Se vistió rápidamente con una camisa de manga larga negra, falda roja por la rodilla con unos leggins color carne, una cazadora y sus deportivas preferidas. En cuanto salió se topó con Hiroky, este llevaba un chándal gris con pantalones deportivos marrones, deportivas y un abrigo bastante fuerte para cobijarse.
-¿Vamos?- y esta asintió.
-Oye, échame un cable la próxima vez, tía. Papá me va a echar una señora bronca- pidió, y ella rodó algo los ojos.
-Ayudaría que no te quedaras hasta las tres jugando… por cierto, este finde me toca a mí- y a eso él asintió.
-Bueno… te dejaré también el próximo, ¿trato?- le tendió la mano entonces, y ella se lo tomó.
Comenzaron a moverse entonces y cruzaron en unos pocos pasos el pasillo.
-¡Adiós!- se despidieron sin siquiera pararse a que sus padres dijeran nada. Total, para ellos estarían en lugar seguro, en el centro.
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Por su parte, Jean-Pierre Dela Robbia, JP para sus amigos, desayunaba en la cafetería de la Academia. Junto a él estaba su padre, Odd, que además era el técnico electricista del recinto. Gracias a él Kadic, además de ahorrarse ayuda exterior para esas cuestiones, tampoco necesitaba a nadie para arreglar las duchas o la caldera, siendo este el manitas de la institución. Pero lo que se ahorraban en esos servicios lo gastaban en darle de comer, euro arriba euro abajo.
-Hmmm hmmm, hmmm hmm hmmm- como siempre prefería engullir a comer normal.
Pese a tener 40 años, como todas sus amistades, seguía teniendo esas pequeñas excentricidades que siempre le caracterizaron.
-Papá, no te he entendido…- murmuró el chico, este comía también bastante pero no trataba de hablar con la boca hasta arriba.
-Digo que qué tal, chaval- comentó, sonriendo y dándole un amigable golpe en el hombro.
Tenían sus bandejas hasta arriba pero el chico casi había terminado, no así su padre, que aún estaba a la mitad.
-Cansado. ¿Recuerdas a Annise Bougard?- el aludido asintió.
-Pues me fue fatal, y eso que yo estaba enamorado, pero… no le gusta Pinky Angel, ¿te lo puedes creer? Y si no le gusta ella, lo siento pero no- comentó, cruzándose de brazos.
Odd sonrió de medio lado. De sus amistades podía ser de los que menos habían cambiado físicamente. Seguía siendo delgado y fibroso, con el pelo corto y su inconfundible mechón morado en el centro. Su hijo había heredado esa característica aunque su pelo era negro como el carbón, así como sus ojos.
-Sí, esa es una carencia grave de gusto musical- corroboró. Cuando se enteró que su ídolo musical y su tía Aelita eran la misma persona con diez años menos no dio crédito hasta que comenzó a cantar.
-Bueno, me voy. He quedado con los demás y creo que llego tarde- comentó, tomando sus cosas y marchándose rápidamente.
Odd observó como su hijo dejaba la bandeja y se despedía de la cocinera, Emma Depardieu, y que hacía unos años que sustituía a Rosa. Bendita Rosa, que le dio tantas veces de repetir… En ello pensaba cuando vio aparecer a Sissi por la cafetería. Llevaba, como siempre, un traje con pantalones y unos pequeños tacones, un ligero maquillaje y el pelo a la garçon con la parte trasera ligeramente más corta que la delantera. Él siempre creyó que le quedaba mejor el pelo largo, pero ella no le hizo demasiado caso.
-Buenos días, directora- la saludó, cuando se acercó.
Ella suspiró- Sí, cojonudo… hoy toca inspección educativa y estoy temblando- él lo notó por su mano derecha, que hacía que se tambaleara la taza de café que llevaba.
Su marido le acarició suavemente la mano para calmarla- Ya verás como irá bien. No es la primera que tienes que gestionar una y hasta ahora no han dado problemas- a eso ella asintió.
-Puede, pero no puedo evitar ponerme nerviosa…- explicó, y entonces él asintió.
-Por cierto, en breve es tu cumpleaños. 41 añazos y tan guapa como cuando tenías 14- afirmó, y ella se rio un poco.
-Siempre lo he sido, cierto- afirmó, más como broma que por pensarlo realmente. En parte así era pero el tiempo le enseñó que había que ser humilde.
Mientras sus padres hablaban en la cafetería, JP se dirigió hacia la salida de la Academia. En teoría iba a ir de compras con los demás, pero de hecho irían a otro sitio totalmente diferente. Desde hacía semanas los cuatro de la pandilla compartían un gran secreto, y es que durante una de las muchas expediciones que hacían regularmente por el bosque de Kadic, habían descubierto uno de los secretos más jugosos de la vieja fábrica abandonada en la isla del Sena. En su fondo, escondido de la vista de todo el mundo, descansaba un fantástico súper ordenador que Maya se había asegurado de poner a funcionar para descubrir todos sus secretos. Seguro que había muchas cosas muy chulas esperando en sus archivos por ser descubiertas, y esa tarde iban a intentar averiguar más cosas de su interior, esperando encontrar respuestas.
Habían quedado en el medio del parque de Kadic, para así poder acceder hasta el alcantarillado que llevaba a la fábrica, y que se encontraba bastante cerca de La Ermita, cosa curiosa pero que por ahora consideraban nada más allá de una coincidencia. Cuando llegó se encontró con que Maya ya esperaba allí, tan puntual como un reloj suizo.
-¡Hola JP! ¿Qué tal?- saludó ella, dándose un beso en la mejilla. Este sonrió.
-Bien, mi padre se ha tragado de lleno la excusa- a eso ella asintió.
-Mis padres igual. Mamá ahora tiene que estar en stream y papá arreglando la casa, como siempre. Deberíamos estar en casa para medio día para que no pongan pegas luego- comentó entonces.
A eso JP asintió. Poco tardaron en llegar también Hiroky y Ariadna, que como siempre venían discutiendo por alguna cosa, aunque saludaron afablemente a los otros dos al llegar a su altura.
-¿Qué tal la noche? ¿Listos?- preguntó Maya emocionada.
Los demás asintieron. Ya conocían el súper ordenador, e incluso habían entrado al maravilloso mundo virtual que albergaba – al que llamaban Xanadú a petición de Ariadna – pero para ella seguía siendo tremendamente alucinante el ir hasta allí. Casi como si no se lo creyera, en ello reflexionaban mientras bajaban hasta la alcantarilla.
-Hoy vamos a investigar más de ese Sector 5 tan extraño, a ver qué nos encontramos. Creo que ya sé qué puede ser esa clave que nos salió la última vez, cuando estuvisteis en el extremo oeste del sector del desierto- comentaba Maya.
Iban andando, en más de una ocasión habían pensado en usar bicis, patinetes o skates pero no tendría mucho sentido usarlos. Sus padres preguntarían que dónde estaban, para qué los querían… en fin, darían muchos problemas. Así de paso estiraban las piernas y conversaban entre ellos, además tampoco tenían prisa precisamente.
-¿Y cuál crees que es?- preguntó Hiroky. La aludida se metió las manos en los bolsillos.
-He estado investigando, sobre Cartago. Y tengo varios nombres, la verdad, los he apuntado en el móvil por si acaso pero vamos… hoy deberíais poder explorar ese sitio- afirmó orgullosa.´
-Perfecto. ¿Has ido descubriendo esos archivos que había guardados, lo que contienen?- preguntó JP, interesado.
Pero ella negó- Que va, ni idea de qué son. Sólo que son archivos de vídeo, y hay muchos. Tampoco sé quiénes son los NPC que nos aparecieron. Ya sabéis, la geisha, el chico gato, la elfa y el samurái- explicó.
-Son personajes de videojuego total- bromeó Ariadna, y JP asintió.
-Ya te digo. Pero no estaría mal poder enfrentarnos a ellos de algún modo. Igual son los jefes finales de nivel, aunque aún no sabemos cómo poder desafiarlos- añadió el chico.
Maya asintió, animada- ¡Esto mola mogollón!- y dio un gritito de emoción, comenzando a correr.
Quería llegar cuanto antes, así que los demás fueron tras ella, también riendo por lo animada que veían a su amiga. Cada vez que descubría algo nuevo quería explorarlo hasta el final y descubrir los secretos más insospechados, saberlo todo era su prioridad cuando encontraba algo novedoso… y sin duda aquel súper ordenador era lo más alucinante que se había encontrado en toda su vida.
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Mientras, Yumi se encontraba andando por la calle dirección a su tienda. Llevaba un local de todo a cien, donde la gente del barrio solía comprar de todo: revistas, bolsas de patatas, agua embotellada, pan, dulces variados, comida en lata, periódicos, tabaco, alcohol… lo que era una tienda de barrio al uso. La tenía desde que a su dueño anterior se la vendió casi tirada de precio porque se jubilaba, y ella quiso aprovechar la oportunidad. Muchas horas de trabajo, muchas facturas y llamadas, sí… pero no tenía que aguantar a nadie dándole órdenes. La otra opción era ser profesora de japonés, y aunque también disfrutaba con ello, sentía que quería otra cosa.
No estaba demasiado lejos de casa, apenas a unos veinte minutos, y con Kadic al lado tenía asegurado que muchos adolescentes le compraran los bocadillos a la hora del recreo, pero no faltaba gente que iba y venía a lo largo de la mañana y que le compraba habitualmente. Abrió el local, encendió la luz y puso en funcionamiento su ordenador para comenzar a preparar la caja, mientras tatareaba un poco. En ese momento oyó como alguien entraba en la tiendecita, y sonrió un poco.
-¡Buenos días Jeremy!- saludó ella. Vio entrar a uno de sus mejores amigos por la puerta.
Seguía siendo como era joven, quizá con algo más de tripa pero conservaba sus gafas redondeadas, vaqueros y una camisa de cuadros con jersey. Él le sonrió y la besó en la mejilla mientras suspiraba.
-Hace un frío de cojones hoy- murmuró él, y ella se rio.
Ella Seguía siendo alta y delgada, con su pelo corto de siempre y con ropas algo más coloridas desde que, a los 20, se le fue pasando la época de vestir sólo de negro. De hecho tenía vaqueros negros ajustados, una camisa azulada y su abrigo polar del mismo color.
-¿Con esa boca besas a tu mujer?- preguntó entonces, y él asintió.
-Y peores cosas, pero qué te voy a contar a ti- le pagó entonces el pan mientras ella comenzaba a calentar el hornillo.
-No hombre- pero él igualmente le acercó las monedas, y ella suspiró.
-Ya volveré a por el pan cuando hayas hecho varios, no te agobies- a eso ella entonces asintió.
El chico revisó entonces la prensa en silencio, mientras ella estaba con el ordenador preparándolo todo, calentando sus manos de vez en cuando al frotarlas entre ellas. Pasado apenas un par de minutos de apacible silencio, él lo volvió a romper.
-¿Cómo están tus padres, Yumi?- preguntó, y ella le miró, con algo de sorpresa.
Suspiró entonces- Bueno… mi padre sigue enfermo y mi madre aguanta como puede. Ya sabes, se niega a llevarle a un centro, cree que puede seguir cuidándole, pero… me da que al final acabará cediendo- murmuró.
Él la acarició despacio en el hombro para animarla, y se acarició algo la ligera barba que tenía- Ulrich la verdad ayuda bastante. Hoy va a ayudarla por la mañana aunque esta tarde trabaja- explicó.
-Creo… que al final les llevaremos a algún lado. Al principio se negarán, pero así si les pasa algo les atenderán rápido- murmuró, y el otro se cruzó de brazos, despacio.
-Es lo mejor. Yo al final he decidió llevar a mi madre a un centro para mayores. Da pena, pero…- la mujer suspiró, entendiéndole.
-Nos hacemos viejos, Jeremy… hace unos años peleando en un mundo virtual y ahora preocupados por la hipoteca y con niños- y este se rio un poco.
-Hemos conservado la amistad, que es lo importante… No todos pueden decir lo mismo- añadió, con un ligero deje de tristeza.
Jeremy asintió- Precisamente iba a proponer cenar todos juntos para celebrar el cumple de Sissi, que seguro le hace más ilusión que cualquier regalo- a eso Yumi asintió.
-Me parece buena idea. Los niños han salido a comprarle algo esta mañana, aunque no sé qué le van a coger- comentó ella.
Jeremy asintió, pensativo- Cierto… Bueno, sea lo que sea le hará ilusión. Voy a comprar para la comida, Aelita ya debe estar gritándole a la pantalla por haber caído a la lava o algo así en Maykar- se rio, y Yumi le despidió con una sonrisa.
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Precisamente estaba la chica ya sentada en su despacho. Ahí tenía las fotos de su familia, con amigos, el día de su boda, y varias de ella disfrazada como su alter ego musical, Pinky Angel, con el que llegó a vender muchos discos de música; así como la placa de los 100.000 seguidores en una de las grandes plataformas de vídeo del mundo de internet, colgada de la pared y de un bello color plateado. En las estanterías tras los dos pequeños focos tenía muchos libros de su otra gran pasión: la economía, y de la que daba conferencias y sobre la que hacía vídeos habitualmente también para esa misma plataforma. Tenía puesto unos cascos rosas con un micro, una silla con ruedas y un par de ordenadores con sus pantallas.
-¡Ay, muchas gracias DarkClaw97 por suscribirte! ¡Grande, titán, fiera!- en cuanto la alerta saltó en su pantalla Aelita sonrió y saludo a cámara.
Luego suspiro- Estoy perdidisima… jo…- murmuró, y se rio ligeramente por su pequeña desgracia.
-Como me maten ahora mismo voy a chillar, ¿eh? Os juro que chillo, porque vamos… voy cargadísima y no me daría tiempo a… ¡LA SALIDA!- estaba echando una partida en directo, se había metido a una cueva a por recursos y se creía perdida.
-Madre, media hora para salir- se pasó la mano por el pelo.
-Estoy sudando… sí Roky, estaba nerviosa pero ya menos, gracias- comentó, parando el juego un segundo y hablando con los que estaban en directo.
El móvil le sonó como que le llegaba un mensaje de Ulrich, sonrió y lo vio por encima.
-¡Que malo eres! Pero ya he vuelto, sí…- observó que volvía a escribir.
Siguió adelante con el juego, pendiente del siguiente mensaje, y cuando lo recibió lo leyó por encima. Estaban decidiendo sobre la idea que antes le había dicho Jeremy a Yumi sobre celebrar juntos el cumpleaños de Sissi. Ella ya lo sabía precisamente por ser la promotora de la idea, así que le puso un perfecto, en mi casa a modo de respuesta, y siguió.
Ulrich no era el único que estaba de espectador. También William, que tenía puesto en la radio de su coche el audio en exclusiva. Solo que él tenía que estar atento a otra cosa, en concreto a una casa que tenía delante. Era una vivienda unifamiliar, de una planta con jardín y piscina en el centro un barrio acomodado, pero que tenía en su interior a un narcotraficante al que habían logrado localizar tras bastante tiempo y vigilado durante también una buena temporada, hasta la redada de aquel día en la que pensaban pillarle finalmente. Se recolocó la manta, le habían disfrazado de vagabundo y hasta puesto una barba postiza bastante enmarañada que le daba unos picores terribles, pero que tendría que aguantar si quería no salirse del personaje.
Se encontraba también en las cercanías de París, en un coche camuflado en el que había estado recogido de la intemperie desde el medio día anterior, cuando se tuvo que colocar como vigía. Tenía entre sus manos un café que pese a estar en un termo ya estaba frío, pero no se podía mover de donde estaba hasta que no llegara el cambio de guardia, aunque en teoría para esa noche ya tendría que estar resuelto el tema. En teoría, pues aquel cabrón ya se le había escapado varias veces. Aquella sería la última vez. Sonrió de medio lado cuando vio que se abría la puerta de la casa, y procedió a salir del coche también, con el arma preparada.
-¿Listos, zetas 2, 3 y 4? El pájaro sale- activó por unos segundos la radio policial, recibiendo como única un seco copiado.
Vio como un par de furgonetas, en apariencia de reparto, aparecían por la calle. Sonrió, la trampa estaba hecha…
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Por su parte, los adolescentes ya estaban en el interior de la fábrica. Bajaron por unas escaleras laterales que no vieron hasta que fueron el segundo día por allí, querían explorarla pero apenas pudieron avanzar debido al mal estado de las cuerdas, teniendo que encontrar métodos alternativos. Incluso habían comprado unas cuerdas ellos mismos para atarlas en algún lado y usarlas para descender.
-Oye, deberíamos pasarnos luego a comprarle de verdad algo a mamá- comentó JP, ya habían llamado al ascensor.
A eso Ariadna asintió- Estaba comentando mucho que le dolía la espalda, podemos poner cada uno cinco y pillarle un saco de esos térmicos- propuso.
Maya asintió- Lo había pensado. Ropa tiene mucha, maquillaje más… y dibujos ya ni te cuento- Hiroky se cruzó de brazos.
-Yo tengo una propuesta más chula, si os parece- comentó JP, y los demás se hundieron de hombros. Él la conocía mejor, era su hijo al fin y al cabo.
Entraron al montacargas cuando se abrió, y Maya pulsó el botón para ir a la sala de la interfaz. Como siempre ella se pondría a los mandos mientras los otros se metían al súper ordenador, usando unos escáneres que había un piso por debajo. Era bastante sorprendente que todo aquello estuviera allí, esperaban poder saber más con los múltiples archivos de vídeo que habían guardados y que seguro les daría mucha información. Se planteaban muchas preguntas como quién lo construyó, por qué lo hizo, las causas de que aquello estuviera abandonado y sin protección… toda una aventura.
-¡Bueno chicos! ¿Listos?- preguntó, se había sentado en el sillón y la pantalla ante ella se encendió.
En el holograma se veía un resplandeciente mundo virtual, con su estrella al medio y los cuatro sectores formando una especie de aspa. Por debajo, en la sala de escáneres, sus tres amigos entraron en cuanto se abrieron las puertas del elevador.
-¡Cuando quieras, Maya!- exclamó Ariadna, entrando a uno de ellos.
Siempre estaban abiertos y listos para funcionar, conectados y bien iluminados gracias a focos internos. Al inicio no sabían muy bien cómo funcionaban hasta que Maya los usó para escanear a un ratón que lograron meter, no sin problemas, en su interior. A partir de ahí descubrió los programas de virtualización y desvirtualización, así como algo súper chulo: unos vehículos, tres en total, y que facilitaban bastante sus viajes por el mundo virtual.
-Bien, os vais a… ¿os apetece montañas?- preguntó, y escuchó un sí generalizado.
Sonrió, y comenzó a teclear- Perfecto… ¡Transmitir Hiroky, transmitir Ariadna, trasmitir JP!- y aparecieron sus perfiles.
Un suave viento comenzó a circular en el interior de los escáneres justo tras cerrarse sus puertas-¡Escanear Hiroky, escanear Ariadna, escanear JP!- aparecieron fuertes fogonazos.
Maya se mordió el labio, animada- ¡Virtualización!- le dio al botón de entrada, y vio como ante su pantalla aparecía el mapa del sector elegido.
Los cuerpos digitales de sus amigos aparecieron en los cielos del mundo virtual, sintetizándose y cayendo cuando terminaba el proceso. Se miraron contentos, aún fascinados por aquel proceso. Hiroky tenía un traje plateado y que tenía dibujada una armadura, con una espada europea y un escudo que podía aparecer en su antebrazo cuando lo interponía al ser atacado, mientras que Ariadna tenía un traje rojo pasión, similar al que tendría un ninja, teniendo por arma una suerte de jabalina que podía invocar desde la parte trasera de su espalda.
Por último, JP tenía dibujado un león en el pecho, en sus manos tenía unos guantes desde los que podía lanzar pequeñas bolas de fuego y podía emitir un fuerte rugido capaz de derribar a los otros dos.
-Os envío los vehículos chicos- oyeron la voz de Maya resonar por todos lados.
-¡Me pido la moto!- exclamó de inmediato JP.
Hiroky suspiró -Esa es mía. Para ti la tabla- pero este negó.
Entre risas Maya hizo aparecer, además de los ya mencionados, un tercer aparato justo enfrente de Ariadna. La moto se podía asimilar con una real, solo que la virtual contaba sólo con una gran rueda central, el aparato era de un verde bastante oscuro con detalles en rojo y amarillo. La tabla por su parte era de un tono violeta claro, de más o menos la misma longitud de una persona – al igual que la moto – y al igual que la primera podía volar. Por último, el tercer vehículo era el aerodeslizador, se trataba de una plataforma circular con un volante y que se asemejaba a un patinete de dos ruedas, solo que su base en vez de ser un rectángulo fino era un círculo amplio que permitía que montaran dos personas.
-Bueno, id yendo al límite del sector, tengo la lista de posibles contraseñas en el móvil y las iré probando- comentó, mientras sacaba su teléfono y buscaba la lista.
Estos asintieron y se comenzaron a mover. Echaban de menos algún enemigo al que combatir pero era igualmente divertido echar carreras entre los tres a modo de juego, de hecho era Maya la que creaba las mismas colocando una línea roja en un punto al que tenían que llegar. Y en caso de duda ella hacía de ojo de halcón.
-Te estás perdiendo un mundo increíble, tía. Algún día te tienes que animar a venir- comentaba Ariadna, se desplazaba por el aire junto a Hiroky mientras JP iba con la moto por los caminos.
-¿Tú sabrías manejar todo esto?- preguntó Maya, y la aludida suspiró.
-Siempre te puede enseñar. En serio Maya, es demasiado bonito para que te lo estés perdiendo- comentó JP, y esta se rascó la cabeza.
-Bueno, la próxima semana te daré un cursillo e iré, ¿vale?- y los otros lo celebraron.
No tardaron mucho más en llegar al límite del sector. En ese instante en la pantalla de Maya apareció la ventana para introducir la clave de acceso.
-Bien, comienzo a poner opciones- y empezó a teclear.
La pista le permitió apuntar bastante. Bienvenido a Cartago, y si ella recordaba bien las lecciones de historia, aquel era el nombre de una antigua ciudad en la costa mediterránea francesa, enemiga acérrima de Roma. Para introducir la clave tenía un total de 6 caracteres, así que rebuscó en libros de historia y sobre todo por Internet, encontrando multitud de cosas relacionados con Cartago con esa cantidad de letras. Durante el proceso la oían murmurar nombres que ni les sonaba.
-Veamos con Escipión…- y entonces, chilló de alegría (1).
La clave era la correcta, y ante Maya apareció un nuevo mapa holográfico de un mundo con la forma de una gran esfera. En el mundo virtual, los otros tres vieron aparecer una suerte de pelota blanca con un símbolo de un ojo dibujado en azul y que les tragó.
-¿Chicos, cómo estáis? ¿Todo bien? ¡¿Hola?!- al ver que no respondían ella se empezó a alarmar.
-Estamos bien, Maya- al oír sonar la voz de JP por los auriculares ella suspiró aliviada.
-Bueno, ¿y cómo es?- preguntó, ilusionada.
Hiroky le mandó una imagen, y ella se sorprendió tanto como ellos. Estaban en una plataforma con el mismo logotipo que la de la esfera que les llevó hasta allí, con un puente que lo conectaba con el interior de una sala.
-¡Es jodidamente alucinante!- chilló JP, saltando junto a Ariadna.
-Es precioso…- murmuró Maya, mientras su corazón latía a toda prisa. No se podía creer la inmensa suerte que tenía por haber encontrado algo así.
Incluso se acaloró un poco por la intensidad de las emociones que sentía. Aquel era un mundo lleno de secretos y misterios, y, junto a sus amigos, los iba a descubrir todos y cada uno de ellos.
-Guau… a ver, es espectacular, pero… no está demasiado decorado- comentaba Ariadna, andando por los pasillos.
-Id andando, por lo que veo en el mapa hay una manera de llegar hasta el exterior del sitio en el que estáis- comentó.
-¿Nos guías? Igual nos perdemos- pidió Hiroky, y ella asintió.
-Es bastante recto, pero vale- aseguró entonces la chica.
Efectivamente, no había demasiada perdida. Tras pasar por la pasarela hasta el interior se encontraron con una gran sala con forma de cuadrado, en la que seguramente se activaría el evento de un jefe. Aquello no llegó a suceder, y tras cruzarla alcanzaron un nuevo pasillo. La decoración minimalista seguía presente pero no paraban de observarlo todo con atención.
-Maya, en la sala de antes había un segundo corredor. Igual sería interesante explorarlo también- comentó.
-Seguro, pero vamos primero de frente. Igual es un laberinto, pero tranquilos, yo os guío- respondió entonces.
Se sorprendieron de ver al fondo un ascensor moviéndose a toda velocidad, al contrario que otros este lo hacía a lo largo y ancho de unos rieles colocados en las paredes, pero no era como el que había en la fábrica. Se trataba de una simple plataforma conectada a la pared con dos finos brazos y lo que se asemejaba a un motor negruzco. En los laterales tenía dos semicírculos que, una vez más, se asemejaban a aquello que les había llevado hasta aquel sector nuevo.
-¡Va rapidísimo! ¿Qué se supone que debemos hacer, saltar hacia el?- preguntó Ariadna, y Maya se rascó la barbilla, pensativa.
-Pues… si queréis explorar lo que hay más allá tendrá que ser así. A ver, hay una plataforma que lleva al exterior del sector, puede ser muy increíble lo que hay ahí fuera- explicó.
Ellos asintieron, y se acercaron cautelosamente hasta el ascensor, al que saltaron los tres en cuanto tuvieron la oportunidad, no sin antes dejarle pasar un par de veces para saber bien qué ritmo llevaba y no darse de bruces contra sus laterales. En cuanto subieron la plataforma pareció dejar de moverse de forma aleatoria y siguió un camino concreto: avanzó algo más y comenzó a subir hasta llegar a un corredor, en el que se detuvo, momento en el que los adolescentes bajaron.
-Deberíais tener delante algo interesante, chicos- oyeron, así que anduvieron hasta la salida.
Efectivamente lo era. Ante ellos aparecieron los cielos de aquel extraño sector, habiendo un gran vacío bajo sus pies y con la esfera que alojaba las salas que habían cruzado justo a su espalda. En lugar de nubes, como en el resto del mundo virtual, datos conformaban su cielo, y de la esfera nacían cuatro grandes brazos de luz que lo unían a la galaxia de unos y ceros que ante ellos se extendía. Y sin embargo podían oír un fuerte sonido de fondo, perfectamente rítmico, y que se asemejaba al de una compuerta abriéndose y cerrándose constantemente.
-Espectacular…- murmuraba Hiroky, era el primero de los tres.
Se había adelantado un poco para ver mejor, pero dio un respingo al comprobar que ante él aparecía una pantalla en la que vio muchísima información. La mayoría ni la entendía, como tampoco lo hacían los otros dos, pero comprendieron que debía ser importante.
-¿Sucede algo? Por alguna razón no puedo meter comandos- oyeron que decía Maya.
Estaba se rascaba algo nerviosa la nuca, pero se tranquilizó al oír a los otros dos.
-Ha aparecido una pantalla con mazo de información, pero… no entiendo la mitad- explicó JP.
Los ojos de la otra se iluminaron- ¡Genial! ¿Podrías pasármelos? Tiene que aparecer algo que te deje hacer eso- comentó, ilusionada.
-Fua, pues a saber…- y el chico se puso a toquetear en la pantalla.
-¡Muy bien chicos! ¡Ya me está llegando!- exclamó Maya, contenta.
-Si solo está enredando, cerrando y abriendo cosas…- murmuró Ariadna, y entonces su amiga suspiró.
-A ver, igual es que solo se puede mandar hasta aquí…- explicó, y los otros tres se hundieron de hombros.
-Puede ser. Oye, ¿entonces no puedes mandarnos los vehículos mientras estemos con esta pantalla delante?- a eso Maya asintió.
-Efectivamente. Si quieres para un segundo, materializo la moto y el aerodeslizador y que Hiro y Ari vayan a dar una vuelta a investigar-
-Pues sí, porque hay como una puerta que no deja de abrirse y cerrarse y me gustaría ver a dónde lleva- comentó Ariadna entonces.
JP dejó de usar en ese momento la pantalla que tenía delante, momento en el que la otra pudo programar ambos vehículos. Estos aparecieron en los laterales de la pasarela, instante en el que el otro volvió a su tarea mientras los otros dos exploraban. Siguiendo el sonido bajaron hasta el polo sur de la esfera, donde efectivamente estaba la compuerta.
-¿A dónde puede llevar?- preguntó en voz alta Hiroky, y su hermana se hundió de hombros.
-Entrad con cuidado y lo sabremos- afirmó Maya, y obedientes, los otros asintieron.
Aprovecharon el corto intervalo entre que se abría y cerraba para penetrar al interior de aquella sala y que parecía tener solo esa entrada, al menos en apariencia. Se encontraron con unas plataformas justo enfrente, pero siguieron adelante pues no sabían qué se encontrarían ni si tendrían que subir más. Hicieron bien pues se encontraron con una sala con forma de esfera y que estaba dentro de la principal, y aunque en su mayoría estaba vacía, en lo más alto encontraron algo resplandeciente.
-Qué es eso…- murmuró con sorpresa Hiroky.
-Parece… parece un mapa- respondió Ariadna.
Maya permanecía en silencio, atónita ante lo que veía- ¡ES EL CENTRO, EL CENTRO, EL CENTRO!- chilló, saltando incluso de la silla.
Los otros se taparon los oídos algo molestos- ¿Qué dices tía? ¿El centro de qué?- refunfuñó Hiroky.
-Es el centro de Xanadú chicos, ¡es flipante!- exclamó Maya, algo más calmada pero aún muy excitada.
Los otros dos se aproximaron y dejaron sus vehículos en una de las plataformas cercanas a la misma. A lo largo de las paredes aparecían muchas bases que subían a modo de escalera hasta llegar a la altura del núcleo, que giraba sobre sí mismo con los cuatro sectores formando aspas, estando el Sector 5 a modo de núcleo. Flotaba en el aire y era bastante espectacular, realmente bello y alucinante. Les recordaba el mapa holográfico que veía Maya cuando estaban ellos en el interior de aquel mundo virtual increíble. Esta miraba todo con mucha atención, con un ojo puesto en la información que le mandaba JP. Una sonrisa de felicidad se iba formando en su rostro con el pasar de los minutos.
-¿Por cierto, qué hora es?- preguntó Hiroky, no se podían acercar a tocarlo desde donde estaban pero dudaba que fuera seguro. Maya revisó su móvil entonces.
-Las 10:30. Si queréis volver, os traigo y vamos a comprarle algo a tita Sissi- comentó, tamborileando en los reposabrazos.
-En ese caso dejo de mandarte la información. Mañana, o esta tarde, podemos volver- a esas palabras de JP la otra asintió.
-Bien, pues en cuanto pares os materializo de nuevo- comentó, y los demás asintieron, contentos.
No tardaron demasiado, y ella les trajo de vuelta a la Tierra. Mientras volvían a aparecer en los escáneres bajó hasta la sala, donde ellos ya la esperaban cuando las puertas del elevador se abrieron.
-¿Lleváis pasta?- preguntó ella, y los otros asintieron.
-Sí. Vamos al centro comercial, a ver si se nos ocurre algo más- comentó Hiroky, mientras entraban y Maya le daba al botón de ascenso.
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Jeremy andaba ya de vuelta a casa con la compra hecha. Lo bueno de su trabajo es que le permitía tener los findes libres, consistente en ser el informático de una oficina de la administración: como los que estaban allí no iban a trabajar los fines de semana, a él tampoco le tocaba ir. Lo complementaba ayudando a su mujer y llevándole las redes sociales, siendo uno de los moderadores con Herb Pichón. Sonrió, y eso que empezaron fatal ellos dos, y ahora… las vueltas que daba la vida. Precisamente este le había mandado varios mensajes durante sus compras, en cuanto llegara a casa los revisaría.
Pensando en ello se dirigía a su casa, ya dentro del pequeño bosque donde estaba la Ermita, cuando escuchó algo de jaleo. Sonriendo algo, supuso que serían alumnos de Kadic jugando por allí, o hablando, o quizá, parejas en una cita. Recordó cómo había estado con Aelita aquella primera noche que la devolvió a la Tierra con una sonrisa nostálgica. Pasearon por allí y él le explicó sobre las plantas, el viento, el fresco de la noche, las estrellas del cielo, y sobre todo lo que ella le preguntaba. Ya desde el principio demostró interés y deseos de aprender, como cuando investigó sobre la física cuando aún la consideraban una IA.
-Siempre fuiste humana… y me devolviste esa humanidad- murmuró. Durante el trayecto se encontró el árbol más importante de sus vidas. Ahí fue donde le pidió matrimonio, y donde básicamente aprendieron a ser humanos.
-Si yo te devolví la humanidad, tú me la recordaste- acarició el tronco. Aún se veía la marca que hicieron entre los dos al viejo roble.
Era un símbolo, una promesa entre ellos y a la que llegaron tras varias discusiones cuando eran adolescentes. Aquel día, fue uno realmente duro, pero… la reconciliación mereció la pena. Era bastante simple pero simbólico, una F con las dos líneas horizontales inclinadas hacia abajo: una runa. Desde que ella descubrió la importancia de los mitos nórdicos en los gustos de su padre había aprendido todo lo posible de ellos, y aquel símbolo era una forma de rendirle homenaje. Se trataba de la runa de una diosa nórdica del amor, Freyja, la verdad es que en esa época Aelita… casi se tatúa y todo, Yumi intervino para evitarlo pero fue una época dura. Para ella y para todos.
No tardó demasiado en llegar hasta casa, a la que accedió dando un grito para que su pareja le oyera. Fue directo a la cocina para colocar las cosas, cuando oyó como ella chillaba. Suspiró, debía haber perdido de nuevo algo importante seguramente. Una vez colocó todo revisó los mensajes de Herb, y, efectivamente, se trataba de temas de trabajo de moderación, así que se limitó a ponerse a ello. Mientras estaba en ello recibió un mensaje de su primo, Patrick Belpois, y sonrió.
-Para quedar… sí hombre, cuando quieras…- murmuró, mientras le respondía.
-Mejor… en casa… y así ves… a tu sobri… Bien. Ah, perfecto, mañana. Genial-
Vio entonces que Aelita aparecía por allí y tomaba una botella de agua de la nevera- ¿Compraste todo?- preguntó ella, y él asintió.
-Perfecto, ¡gracias!- y le dio un suave beso en la mejilla que él se dejó dar.
Comenzó a subir por las escaleras hasta que oyó a su marido.
-¿A qué hora acabas?- le gritó, y ella se detuvo unos segundos, tras lo cual bajó de nuevo para poder verle.
-En teoría a las 12. Si quieres voy a buscar a los niños al centro- le respondió, y Jeremy asintió.
-Tienes las llaves en la mesita de la entrada- y ella levantó su pulgar para confirmarlo, volviendo a su trabajo entonces.
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Precisamente ellos estaban ya de camino al centro comercial. Su destino quedaba a una media hora de Kadic y de sus casas, era lo malo de vivir lejos de las grandes avenidas de la ciudad pero así al menos se despejaban. Y de paso podían ver las novedades en moda y música y pasar un rato divertido, lejos de sus padres, donde podían ser más como eran ellos.
Eso sí, tenían que estar en Kadic para la hora de comer. En primer lugar porque siempre comían con sus padres, JP en la cafetería y los otros tres en sus respectivas casas; y en segundo lugar porque a veces se iban luego a tomar algo a la casa de otra de las familias, incluso en días de diario. Era una tradición que siempre había que respetar, aunque a ellos les pudiera molestar.
-¿Pasamos por la joyería y luego vamos a ver ropa?- propuso Maya, pero JP negó un poco.
Se encontraban ya cruzando el paso que les llevaba desde la acera en la que estaban hasta el centro comercial. Un gran edificio en forma de nave, con dos plantas y grandes cristaleras en el frente y que daban a un pequeño jardín interno.
-Vi una cosa que podría hacerle más ilusión el otro día- les explicó, y los demás le miraron con interés.
Anduvieron por el centro comercial. Era amplio, con una calle principal y varias galerías a los laterales y que hacían varias cuadrículas. Se podían ver muchas tiendas, con música pop suave de fondo, mucha gente yendo y viniendo, y varios agentes de seguridad por las puertas.
-Ya tiene de todo, pero de estas cosas no- entraron entonces a una tienda de juguetes.
Fueron hasta la dependienta, una mujer que podía tener fácilmente la edad de sus padres. JP rebuscó entre su ropa y sacó una hoja bastante doblada, que le tendió a la mujer.
-Venía porque quería un puzle con esta foto, si puede ser- la mujer la observó unos instantes.
La verdad es que era buena idea, a los demás desde luego le gustó. Era bastante original- ¿La tienes en digital?- pero él negó.
-Bueno, me la puedes mandar si no al correo de la tienda. ¿De cuantas piezas lo vas a querer?- preguntó.
Estuvo tecleando en el ordenador según él le iba dando las instrucciones. Una vez que hicieron el pedido y lo pagaron entre todos, le pidieron que les enseñaran más tranquilamente la foto. Se trataba de todos los del grupo, colocados en uno de los bancos de Kadic, con ropa de abrigo. Estaban sentados Aelita, Jeremy, Sissi y una mujer rubia que ellos no conocían; detrás, y de pie, estaban Ulrich, Yumi, Patrick, William, una mujer de pelo negro que tampoco sabían quien era, y Herb. Delante de todos, y colocados en el suelo, dos chicas: una rubia y la otra morena, todos parecían bastante contentos.
-Dios, soy mamá total…- murmuró Maya, mientras acariciaba la parte del rostro de Aelita.
-Ya ves. Creo que entonces ya estaban juntos. Pues eso, que creo que le encantará, aunque no sé quienes son algunos de ellos. Se la encontré en unos archivos de foto, así que la imprimí. Esta tarde se la mando- afirmó él, orgulloso de su idea.
-Y como lo tendrán para el Miércoles es perfecto- comentó Ariadna.
Sí, sin duda no se podían quejar de la vida que tenían. Sin embargo, el mundo virtual que estaban descubriendo aún les reservaba muchas sorpresas, no sabían cuales, pero estaban dispuestos a explorar todos sus recodos. Esa misma tarde, de hecho, explorarían más ese sector nuevo tan interesante.
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(1) En realidad en la serie la clave es Scipio, de ahí que sean 6 y no 8 caracteres, que son los que tiene el nombre en español.
Espero que os haya gustado leerlo tanto como a mi escribirlo. Este fanfic está conectado con Aelita's Nature, y que se encuentra en el pasado de la línea temporal de este. Habrá referencias en ambos de eventos del otro.
Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar, me despido, hasta la próxima, y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece.
