—¿Qué estás haciendo? —dice Sasuke con señas. Camino de vuelta a la habitación de Hinata con otro vaso de agua. Una vez que lo coloco cuidadosamente en el suelo con todos los demás, vuelvo a la sala de estar.
—Ha vivido aquí dos semanas —le digo a Sasuke—. Si quiere ser nuestra compañera de cuarto, tiene que vivir con las bromas. Es la regla.
Sasuke sacude la cabeza con desaprobación. —¿Qué? —le digo a la defensiva.
Suspira profundamente. —No parece del tipo que le gustan las bromas. Esto se volverá en tu contra. Ni siquiera nos ha hablado desde que se mudó. Expreso mi desacuerdo con un movimiento de cabeza. —No ha hablado contigo porque eres sordo y no sabe lenguaje de señas. No ha hablado conmigo porque estoy bastante seguro de que la intimido. —La molestas —señala Itachi—. No creo que esa chica sea capaz de ser intimidada.
Niego con la cabeza. —No la molesto. Creo que puede estar atraída por mí y por eso me está evitando. Sabe que no es una buena idea involucrarse con los compañeros de habitación.
Itachi, apunta a su dormitorio. —Entonces, ¿por qué estás haciendo un esfuerzo para hacerle una broma? ¿Quieres que te hable? Porque si piensas que los compañeros de habitación no deben involucrarse, entonces probablemente no deberías...
Lo interrumpo. —No he dicho que creo que compañeros de habitación no deban involucrarse. Te dije que creo que es por eso que me está evitando.
—¿Así que quieres involucrarte con ella? Ruedo los ojos. —No lo entiendes. No, no quiero involucrarme con ella. Sí, me gusta mirar fijamente su culo. Y estoy solo haciéndole bromas porque si va a vivir aquí, tiene que acostumbrarse a ellas. Cuando en Roma...
Sasuke lanza sus manos en señal de derrota y se dirige hacia su habitación, justo cuando la puerta empieza a abrirse. Voy corriendo a mi habitación y cierro la puerta antes de que ella me vea. Me siento en la cama y espero. Y espero. Y espero un poco más. Me acuesto en la cama. Espero un poco más. Nunca hace un sonido. No la escucho enojarse sobre que acabo de llenar más de cincuenta vasos de agua y los coloqué estratégicamente alrededor de toda su habitación. No la escucho caminando molestamente a la cocina para vaciarlos. No la escucho golpeando en mi puerta para tirarme los vasos de agua a la cara en represalia. Estoy tan confundido. Me levanto y salgo de mi habitación, pero no está en la cocina o en la sala. Sus zapatos de trabajo están a un lado de la puerta principal donde los deja, así que sé que llegó a casa. Sé que fue a su habitación.
Qué decepción.
Su falta de respuesta me hace sentir que mi broma fue un fracaso, cuando sé que no lo fue. Fue épica. No hay manera de que podría haber puesto un pie en su habitación sin tener que mover todos esos vasos de agua. Regreso a mi habitación y me acuesto en la cama. Quiero estar enojado con ella. Quiero odiarla por apestar en represalias de broma. Pero no lo hago. No puedo dejar de sonreír porque me encanta que su respuesta me tomara por sorpresa. Ella es impredecible, y eso me gusta.
—Naruto.
Su voz suena tan dulce. Debo estar soñando.
—Naruto, despierta.
Tan, tan dulce. Incluso, angelical. Me doy unos segundos para ajustarme a su voz, al hecho de que me está despertando, a la aleatoriedad de que está en la puerta de mi habitación, gritando mi nombre. Poco a poco abro los ojos y ruedo sobre mi espalda. Me levanto en mis codos y la miro. Está de pie en la puerta entre el dormitorio y el baño. Lleva una camiseta grande de Sounds of Cedar y ni siquiera parece que lleva algo debajo de ella. —¿Qué pasa?—le pregunto.
Me desea. Totalmente me desea. Cruza los brazos con fuerza sobre su pecho. Inclina la cabeza hacia un lado, y veo que sus ojos se estrechan en pequeñas y enojadas rendijas.
—No vuelvas a poner un pie dentro de mi habitación de nuevo. Idiota. —
Se endereza y luego entra al cuarto de baño, azotando la puerta. Miro el reloj y son las dos de la mañana. Esa fue una reacción muy retrasada de mi broma. ¿Esperaba que me quedara dormido para poder despertarme y gritarme? ¿Esa es su idea de venganza? Es una aficionada. Sonrío para mis adentros y me giro, moviéndome en la cama.
Jadeo cuando un torrente de agua se derrama encima de mí.
¿Qué carajo?
Miro hacia arriba, justo cuando un vaso vacío cae desde el borde de la cabecera de la cama y me golpea justo entre los ojos. Cierro los ojos, avergonzado de que no viera eso venir. Estoy muy decepcionado de mí mismo. Y ahora voy a tener que dormir en toallas, porque mi colchón está empapado. Lanzo las sábanas y saco las piernas de la cama, solo para que mis pies se encuentren con aún más vasos de agua. Tiro varios de ellos en mi intento por ponerme de pie y se crea una especie de efecto dominó. Me agacho y trato de detenerlos de que se caigan, pero solo lo empeoro. Los ha colocado tan cerca unos de otros, por todo el piso de mi dormitorio, y me es imposible un lugar seguro para dar un paso. Trato de llegar a la mesa de noche, mientras que al mismo tiempo, intento levantar mi pierna derecha para no golpear más vasos, pero pierdo el equilibrio en el proceso y...sí. Me caigo. Sobre la pila restante de vasos que están llenos de agua. El agua ahora está en toda mi alfombra.
Touché, Hinata.
Estoy llevando los vasos de agua de mi dormitorio a la cocina, de ida y vuelta, ida y vuelta. Sasuke está sentado en la mesa, mirándome. Sé que quiere preguntar por qué los vasos están ahora en mi habitación, pero que mejor no lo haga. Estoy seguro de que se puede dar cuenta por la mirada en mi cara de que no necesito su "te lo dije". La puerta del dormitorio de Hinata se abre y sale con su mochila al hombro. Me detengo y miro fijamente durante unos segundos. Su cabello está recogido en una cola de caballo. Trae puesto un par de pantalones vaqueros y una camiseta azul. Usualmente está vestida con su uniforme de Hooters, que, no me malinterpreten, es fantástico. ¿Pero esto? Verla vestida con sus sandalias y sin maquillaje es solo...
deja de mirarla.
—Buenos días, Naruto —dice, disparando dagas en mi dirección. Mira a los vasos en mis manos—. ¿Dormiste bien? Le sonrío con venganza.
—Púdrete, Hinata.
Arruga la nariz y le da a su cabeza una sacudida rápida. —No, gracias —dice, dirigiéndose a la puerta principal—. Oh, por cierto. Nos hemos quedado sin papel higiénico. Además, no pude encontrar mi navaja, así que espero que no te importe que utilizara la tuya. —Abre la puerta y se vuelve hacia mí—. Y... —Arruga la nariz otra vez—. Tiré accidentalmente tu cepillo de dientes en el inodoro. Lo siento. Sin embargo, lo enjuagué por ti.
Cierra la puerta justo cuando uno de los vasos de agua sale de mi mano y golpea la parte trasera de la puerta. Es una perra. Sasuke camina tranquilamente por delante de mí, directamente a su dormitorio. Ni siquiera me mira, porque me conoce mejor que nadie, y por lo tanto, sabe que no debe de hablarme en este momento. Deseo que Itachi me conociera tan bien, porque se está riendo, haciendo su camino a la cocina. Cada vez que me mira, se ríe aún más fuerte.
—Sé que es mala, pero cristo, Naruto. Ella te odia. —Todavía se está riendo mientras abre el lavavajillas para descargarlo—. Me refiero a que realmente te odia.
Termino el viaje a través de la sala de estar y coloco los vasos vacíos al lado del lavabo. —No puedo seguir con esto —le digo—. No puedo vivir con una chica.
Itachi me mira, divertido. No piensa que hablo en serio. —Esta noche. La quiero fuera esta noche. Puede vivir con una amiga, o con la hermana con la que siempre está hablando por teléfono. Quiero que se vaya, Itachi. Puede ver que no estoy bromeando. Se endereza y coloca sus manos sobre el mostrador detrás de él, mirándome. Niega con la cabeza. —Ella no se va.
Se agacha, cierra el lavavajillas y pulsa el botón para iniciarlo. Comienza a alejarse así que voy detrás de él. —No puedes tener la última palabra sobre quien vive aquí. He intentado por dos semanas llevarme bien con ella, y es malditamente imposible.
Itachi mira a todos los vasos que recubren el mostrador. —¿Crees que hacerle bromas es hacer un esfuerzo de llevarte bien con ella? —Me mira—. Tienes demasiado que aprender acerca de las mujeres, Naruto. — Se aleja de mí y camina hacia su habitación—. Ella no se va. Es nuestra compañera de habitación ahora, así que lidia con ello. Azota su puerta, y me cabrea aún más porque estoy muy cansado de todos azotando puertas últimamente. Camino a través de la sala de estar y abro su puerta. —¡O se va, o me voy! Tan pronto como lo digo, lo lamento. En realidad, no lo hago. No voy a ninguna parte, pero quizás la amenaza cambiará su opinión. Se encoge de hombros. —Nos vemos —dice a la ligera. Me giro y golpeo la puerta. —¿En serio, Itachi? ¿Vas a dejar que me vaya por ella? Se pone de pie y camina hacia mí, sin detenerse hasta que estamos frente a frente. —Sí, Naruto. Lo haría. Así que ve y piénsalo, y me avisas cuando te vas a mudar. —Su mano agarra la puerta y trata de cerrarla en mi cara, pero coloco mi palma contra ella y la empujo de nuevo, abriéndola. —La estás follando —le digo.
—¡Para, ya! No me la estoy follando. Mi mandíbula se aprieta fuertemente y estoy asintiendo lentamente. Esa es la única explicación de por qué está incesantemente a su defensa. —No sé por qué no acabas de admitirlo, Itachi. Está bien. Estás enamorado de Hinata y no quieres que se mude. Si solo lo admitieras, me detendría.
La mandíbula de Itachi se tensa y expulsa un rápido aliento frustrado. Se pasa las manos por el pelo y es entonces cuando lo veo. Lo veo escrito en toda su cara. Itachi está enamorado de Hinata. No sé cómo me siento acerca de eso, lo que no tiene sentido, ya que estoy tratando de echarla. —Naruto —dice con calma. Retrocede en el cuarto y hace señas para que entre. No sé por qué piensa que necesita privacidad cuando la única otra persona en este apartamento es Sasuke. Cierra la puerta detrás de mí una vez que estoy dentro de su dormitorio. Pone las manos en las caderas y mira fijamente al suelo durante varios segundos. Cuando sus ojos finalmente se encuentran con los míos de nuevo, están llenos de derrota.
Lo sabía.
—No estoy enamorado de Hinata —dice con calma—. Es mi hermana.
