Itachi tenía razón.

Soy un asco.

Nunca me sentí tan decepcionado de mí mismo como en estas dos últimas semanas. Desde el momento en que supe que ella podría ser hermana de Sasuke e Itachi, no la he podido dejar de ver. Sigo intentando identificar los gestos y características físicas que tienen en común, pero lo único que he notado es lo caliente que se ve en ese uniforme de Hooters. Lo cual, a su vez, me hace disgustarme, porque pensarla tanto en su uniforme me lleva a tener algunos sueños muy extraños.

Anoche soñé que entraba en el departamento y se encontraba de pie en la cocina, en esos diminutos pantalones cortos color naranja, mostrando su estómago. Pero cuando levanté la mirada, no fue su cara la que vi. Fue la de Itachi. Él me sonreía con cara de idiota, y justo cuando empezaba a tener nauseas, Sasuke salió de su habitación usando el mismo traje de Hooters.

Me desperté después de eso y tuve que ir inmediatamente al baño a lavarme los dientes. No sé por qué pensé que cepillármelos ayudaría, pero como sea. Lo de la hermandad anda jodiendo mi cabeza más de lo que debería. Por un lado, creo que sería genial si Sasuke e Itachi tienen una hermana. Por otra parte, no quiero que su hermana sea Hinata. Primero porque soy escéptico a las razones por las cuales apareció justo cuando Itachi comienza a hacerse conocido. ¿Tiene motivos ocultos? ¿Piensa que hizo mucho dinero? Porque como manager de la banda, puedo asegurar que no es el caso.

El dinero que la banda genera va directamente a pagar los gastos de promoción y viajes. En este punto, invierten mucho tiempo y esfuerzo, y si no empiezan a obtener ganancias durante la próxima gira, puede que sea la última a la que vayan.

Es por eso que soy un poco amargado cuando se trata de Hinata, porque necesito a Itachi enfocado en Sounds of Cedar, al igual que a Sasuke en escribir canciones. No quiero que queden atrapados en un drama familiar. Pero maldita sea. Esos pantalones cortos. Me encuentro de pie en la puerta de mi dormitorio, observándola. Está en la cocina, hablando por teléfono en lo que se hace algo de comer. El teléfono se ubica sobre el mostrador, y platica en altavoz con quien sea que esté del otro lado de la línea. Hinata no ha notado que me encuentro aquí, así que hasta que lo haga, me quedaré. Porque ella teniendo una conversación humana normal es algo que nunca vi antes, y no puedo dejar de observarla. Lo cual es raro, porque ¿cuántas veces al día veo a personas teniendo interacciones típicas con otros seres humanos? Dice mucho sobre la personalidad de Hinata que verla hacer algo como esto fuera en verdad fascinante. Sería un estudio antropológico interesante, teniendo en cuenta que la forma en que actúa no parece ajustarse a la forma en que la sociedad espera que lo haga una mujer joven.

—No puedo vivir en este dormitorio —dice alguien en el teléfono—. Mi compañera de cuarto es una nerd estúpida.

Hinata inclina la cabeza en dirección al teléfono, pero todavía nose gira para verme. —Puedes hacerlo hasta que te gradúes.

—¿Y entonces podremos conseguir nuestro propio lugar?

Mis oídos se emocionan al oír hablar de la posibilidad de que se mude.

—No podemos permitirnos nuestro propio lugar —dice Hinata.

—Podríamos si volvieras a hacer películas porno.

—Fue una película porno —dice Hinata a la defensiva—. Necesitábamos el dinero. Además, aparecí sólo por tres minutos, así que por favor deja de recordarlo.

Mierda.

Por favor di el nombre, por favor di el nombre. Tengo que saber el nombre de esa película porno.

—Está bien, está bien —responde la chica, riendo—. Dejaré de sacar el tema si me prometes que estaré fuera de los dormitorios en tres meses.

Hinata niega con la cabeza. —Sabes que no hago promesas. ¿Y olvidas la vez que intentamos vivir juntas durante tres meses? Aún me sorprende que saliéramos con vida. Nos llevamos mejor a la distancia, y te encuentras mejor en los dormitorios, créeme.

—Ugh. Sé que tienes razón —dice la chica—. Sólo tengo que mover mi culo y conseguir un trabajo. ¿Cómo es ese Hooters donde trabajas?

Hinata se burla.

—Es el peor trabajo que he tenido. —Se gira para tomar su teléfono y sus ojos encuentran los míos. Ni siquiera trato de ocultar el hecho de que escuchaba su conversación. Me ve cuando lo toma y lo mantiene cerca de su boca

—Te llamaré más tarde, Brandi. —Termina la llamada y lanza el teléfono al mostrador—. ¿Cuál es tu problema?

Me encojo de hombros. —Ninguno —digo, enderezándome y caminando hacia la cocina.

No mires sus pantalones cortos, no mires sus pantalones cortos.

—No sabía que eras capaz de tener una interacción humana normal.

Hinata rueda los ojos y levanta el plato de comida que terminó de preparar. Comienza a caminar en dirección de su dormitorio.

—Puedo ser agradable con las personas que lo merecen.

Cuando llega a la puerta, se gira y me enfrenta. —Necesito que me dejes en el trabajo en una hora. Mi auto está en el taller.

Desaparece enla habitación.

Hago una mueca, porque por alguna razón, la idea de llevarla a trabajar me emociona, y mi emoción me decepciona. Siento como si fuera dos personas diferentes en este momento. Soy un hombre que encuentra a su nueva compañera de cuarto increíblemente atractiva, pero también soy un chico que no puede soportar estar cerca de ella ya que es una perra.

También soy un chico que se encuentra a punto de hacer una dura investigación en la industria del porno, porque tengo que encontrar esa película.

Tengo que hacerlo. Es en todo lo que seré capaz de pensar hasta

que la vea con mis propios ojos.

—¿Cuál es el apellido de Hinata? —le pregunto a Itachi. Le envié cinco mensajes en la última media hora, tratando de averiguarlo, pero no me respondió, por lo que ahora me encuentro al teléfono con él. Sé con seguridad que hacer una pequeña investigación de su nombre en un buscador podría ayudar.

—Yui. ¿Por qué?

Me río. —¿Hinata Yui? ¿En serio?

Hay una pausa al otro lado de la línea. —¿Qué es tan gracioso? ¿Y por qué necesitas su apellido?

—Por nada —le digo—. Gracias.

Cuelgo el teléfono sin darle una explicación. Lo último que Itachi

tiene que saber es que su posible hermana hizo una película porno.

Pero ¿Yui? Eso es demasiado fácil.

Paso los siguientes quince minutos buscando su nombre,

averiguando cualquier cosa relacionada con la pornografía. Termino con las manos vacías. Debió haber usado un nombre falso.

Cierro mi portátil cuando la puerta de mi habitación se abre. —Vámonos —me dice.

Me levanto y pongo los zapatos. —¿Has oído hablar acerca de tocar?—pregunto al tiempo que la sigo a través de la sala.

tensión compartida. Me aclaro la garganta y hago lo que puedo para no hacer de estos los quince kilómetros más incómodos que he tenido que conducir. —Entonces—digo, tratando de pensar en algo para romper el hielo—. ¿Te gusta tu trabajo?

Hinata se ríe por lo bajo.

—Sí, Naruto. Me encanta. Me encanta cuando los viejos repugnantes agarran mi culo, noche tras noche, y sobre todo me encanta cuando idiotas borrachos piensan que mis tetas son un accesorio y no una extensión de mi cuerpo.

Niego con la cabeza. No sé por qué pensé que sería una buena idea hablarle. Exhalo y no me molesto en hacer más preguntas. Es imposible platicar. El silencio envuelve el auto por los próximos tres kilómetros. La oigo suspirar con pesadez y me giro para mirarla, pero ve por la ventana.

—Las propinas son buenas —dice en voz baja. Sonrío y miro de nuevo la carretera. Sé que eso es lo más cercano a una disculpa que Hinata es capaz de dar. —Qué bien —le digo, lo que es mi manera de decirle que acepto sus disculpas.

Nos mantenemos en silencio hasta llegar a su trabajo. Me detengo en frente, sale del auto, luego se inclina y me mira.

—Necesito que me recojas a las once de esta noche.

Cierra la puerta sin decir: por favor, gracias o adiós. Y a pesar de que es la persona más desconsiderada que he conocido en la vida, no puedo dejar de sonreír. Creo que podríamos llevarnos bien. Luego de llegar a casa, lo primero que hago es programar los temporizadores de cada película porno en pago por evento. Paso las próximas horas yendo rápidamente a través de ellas, pausándolas cada vez que aparece una chica que remotamente se le asemeja. Tomo en cuenta que pudo usar peluca, por lo tanto no puedo descartar a las mujeres basándome en su color de cabello.

Sasuke se sienta junto a mí en el sofá y considero poner el televisor en subtítulos para él, pero no lo hago. Seamos honestos, el porno no es conocido por sus historias fascinantes.

Sasuke me da un codazo para llamar mi atención. —¿Qué pasa con esta nueva fascinación? —pregunta, refiriéndose al hecho de que no he hecho nada hoy aparte de ver una película porno tras otra. No quiero ser sincero, por lo que sólo me encojo de hombros.

—Me gusta el porno.

Asiente con lentitud y luego se levanta.

—No mentiré —señala—. Es realmente incómodo. Estaré fuera en el balcón por si me necesitas. Le pongo pausa a la televisión. —¿Ya compusiste algunas canciones nuevas?

Sasuke luce frustrado cuando se lo pregunto. Sacude la cabeza.

— Aún no. —Se aleja y me siento mal por preguntar.

No sé lo que cambió en los últimos meses, pero no es el mismo. Parece más estresado de lo habitual, y eso me hace pensar si él y Karin han peleado. Dice que se encuentran bien, pero nunca ha tenido un problema escribiendo música para la banda antes, y todo el mundo sabe que la fuente número uno de su inspiración musical proviene de las relaciones. Sasuke e Itachi tienen inclinaciones musicales y siempre estuve un poco celoso en ese sentido. Por supuesto, estoy celoso de Sasuke en muchos más. Parece haber nacido con un cierto nivel de madurez, y siempre envidié eso de él. No es impulsivo como lo soy yo y parece tomar en cuenta los sentimientos de las personas más que yo. Sé que Itachi siempre ha cuidado de él y yo definitivamente también lo hago, así que verlo luchar con todo lo que pasa en su cabeza es difícil. Sabía en lo que se metía cuando empezó a salir con Karin, así que no sé con seguridad si es infeliz en su relación o si quizás se preocupa de que ella es infeliz con él. Sea lo que sea, no sé lo que puedo hacer para ayudarlo. No creo que pueda ayudarlo. Vuelvo a dirigir mi atención a la televisión y avanzo rápido a través de al menos tres películas más antes de darme cuenta de que ya son las once y se me hizo tarde para recoger a Hinata.

Mierda. El tiempo vuela cuando ves películas porno. Paso los siguientes minutos conduciendo rápido, recorriendo los dieciséis kilómetros a Hooters en un tiempo récord. Cuando me detengo, se encuentra parada afuera con los brazos cruzados sobre el pecho, disparándole dagas al auto.

Abre la puerta y se mete.

—Llegas tarde.

Espero a que cierre la puerta antes de presionar el acelerador. —No es nada el recogerte, Hinata.

Puedo sentir la ira irradiando. No sé si es simplemente porque llegué tarde a recogerla o porque tuvo una noche de mierda en el trabajo, pero no preguntaré. Cuando nos detenemos en el complejo, sale del auto antes de que lo estacione. Sube por las escaleras y cierra la puerta de golpe. Cuando llego al apartamento, ya se halla en su dormitorio. Trato de ser comprensivo, pero esto es sólo... jodidamente grosero.

¿La llevo y la traigo del trabajo y todo lo que hace es ser una perra conmigo? No tengo que saber de modales para conocer cuándo un tipo de comportamiento es inapropiado. Caray, soy una de las personas más desconsideradas que conozco, y nunca trataría a alguien como ella me trata. Camino a mi habitación y me dirijo directamente al baño. Ya se encuentra allí, de pie frente al lavabo, lavándose la cara.

—¿Una vez más irrumpes y no tocas? —dice poniéndolos ojos en blanco dramáticamente.

La ignoro y camino en dirección del inodoro. Levanto la tapa y me desabrocho los pantalones. Trato de mantener mi sonrisa controlada cuando la oigo burlarse del hecho de que acabo de empezar a orinar con ella en el baño.

—¿Es en serio? Sigo ignorando sus comentarios y tiro de la cadena cuando termino. Dejo la tapa arriba a propósito y doy un paso hacia el lavabo, justo a su lado. Dos pueden jugar este estúpido juego, Hinata. Agarro mi cepillo y le vierto pasta de dientes, después empiezo a cepillármelos. Me da un codazo cuando me meto en el camino del lavabo, intenta empujarme. Le regreso el codazo y continúo cepillándome. Levanto la vista a nuestro reflejo en el espejo y me gusta lo que veo. Soy varios centímetros más alto. Mi cabello es rubio, y mis ojos son de color azul comparados con sus lunas. Sin embargo, nos complementamos. De pie uno junto al otro como estamos, puedo ver que podríamos ser una linda pareja. Probablemente incluso haríamos algunos lindos bebés. Mierda. ¿Por qué permito que pensamientos como estos se graven en mi cerebro? Termina de limpiar el maquillaje de su cara antes de agarrar su propio cepillo de dientes. Ahora los dos luchamos por espacio en el lavabo, cepillamos con más fuerza de lo que probablemente nuestros dientes nunca fueron cepillados. Nos turnamos con enojo escupiendo, tirándonos codazos el uno al otro entre cada turno. Cuando termino, enjuago el cepillo de dientes y lo pongo de nuevo en el soporte. Ella hace lo mismo. Acuno mis manos bajo el chorro de agua y me inclino para tomar un sorbo cuando me empuja a un lado, haciendo que salpique agua por toda la mesa. Espero hasta que tenga agua en las manos, entonces le empujo los brazos, mirando cómo salpica el agua por todas partes. Agarra la mesa y toma una respiración profunda y calmante. Sin embargo, no ayuda porque con su mano salpica a través de la corriente del grifo, enviando un puñado de agua directamente a mi cara. Cierro los ojos y trato de ponerme en sus zapatos. Quizás tuvo un mal día. Quizás odia su trabajo. Quizás odia su vida. Sea cual sea su razón para actuar de tal manera no excusa el hecho de que todavía no me agradeció por recogerla. Me trata como si arruinara su vida, y todo lo que he hecho es tratar de ayudarla.

Abro los ojos y ni siquiera la miro. Me acerco, cierro el grifo del lavabo, y luego agarro la toalla de mano y comienzo a secarme la cara. Me mira desafiante, esperando a que tome represalias. Doy un paso lento en hacia ella, elevándome. Presiona la espalda contra el lavabo y mantiene los ojos centrados en los míos en lo que me inclino hacia adelante. Nuestros pechos casi se tocan ahora. Puedo sentir el calor que irradia de ella a medida que sus labios se abren lentamente. Esta vez no me empuja. De hecho, parece que me reta a avanzar. A acercarme. Pongo mis manos a cada lado, encerrándola. Todavía no se resiste y sé que si tratara de besarla en este momento, tampoco lo haría. Bajo cualquier otra circunstancia, ahora la estaría besando. Mi lengua iría tan lejos en esa boca como pudiera, porque, joder, es una linda boca. No sé cómo tanto veneno puede salir de labios tan suaves como los suyos.

—Hinata —digo, con mucha calma. Puedo ver el movimiento de su garganta cuando traga, todavía mirándome.

—Naruto —dice, su voz es una mezcla entre determinada y desesperada. Le sonrío, a escasos centímetros de su cara. El hecho de que me permita acercarme sólo demuestra que mi teoría de esta tarde es cierta. Me desea. Quiere que la toque, que la bese, que la lleve a mi cama. Me pregunto si es tan malvada dentro de la habitación como lo es fuera de ella. Me inclino unos cuantos centímetros más y jadea en silencio, intercambia la mirada entre mis ojos y labios. Tiro mi labio inferior a la boca, lentamente deslizando los dientes a través de él. Lo observa con fascinación. Mi corazón se encuentra en mi garganta y mis palmas sudan, porque no sé con certeza que pueda hacer esto. No sé si pueda resistirme. Me inclino aún más, alcanzándola y rodeándola con la mano derecha hasta que encuentro el enjuague bucal del mostrador. Justo cuando nuestros labios se reúnen como si fuera a besarla, me alejó y hago a un lado, quito la tapa del enjuague. Mantengo los ojos enfocados en ella y tomo un sorbo antes de volverle a poner la tapa y dejarlo en el mostrador. Puedo ver el deseo en sus ojos ser tragado por la furia. Se enojó conmigo y consigo misma.

Posiblemente incluso se avergonzó. Cuando ve que bromeaba, las orillas de sus ojos se arrugan con la intensa mirada. Me acerco al lavabo y escupo el enjuague bucal, volviéndome a limpiar la boca con la toalla de mano. Me giro hacia mi dormitorio.

—Buenas noches, Hinata.

Cierro la puerta, me apoyo en su contra y aprieto los ojos. La puerta de su dormitorio se cierra con un golpe y mi respiración se vuelve estable. Nunca he estado más encendido de lo que estoy ahora. Tampoco he estado más orgulloso de mí mismo.

Alejarme de esa boca y esos ojos hambrientos fue lo más difícil que he tenido que hacer, pero también lo más importante. Tengo que mantener la ventaja, porque esa chica tiene demasiado poder sobre mí, y ni siquiera lo sabe. Apago la luz del dormitorio y camino hacia la cama, tratando de sacar la imagen de lo que acaba de pasar de mi cabeza. Después de varios minutos, me doy por vencido tratando de luchar. Decido usar los pensamientos a mi favor cuando deslizo la mano en mi bóxer, pensando en esos pantalones cortos color naranja. Esa boca. En la pequeña bocanada de aire que tomó cuando me incliné hacia ella. Cierro los ojos y pienso en lo que podría haber sucedido si no fuera tan obstinado. Si solamente la hubiera besado. Pienso también en el hecho de que se encuentra a pocos metros de distancia, es de esperar que esté frustrado, tan sexual como ahora. ¿Por qué tiene que ser tan jodidamente mala? Las chicas malas son mi debilidad, y creo que ahora lo he descubierto.