Han pasado tres días desde nuestro momento en el baño. He notado que mantiene la puerta cerrada ahora, lo cual está bien.

Estoy seguro que se encuentra molesta porque se permitió tener un momento de debilidad. No parece del tipo que se rinde tan fácilmente como casi lo hizo.

De cualquier manera, no puedo decidir si tomé la decisión correcta. Parte de mí se regocija por el hecho de que fui capaz de alejarme, pero la otra parte no puede creer cuan estúpido fui por dejar pasar una oportunidad como esa.

Pude haberla tenido, y ahora, lo más probable es que nunca lo haré. Pero es lo mejor, porque lo último que necesito es enrollarme con mi compañera de piso que potencialmente podría ser la hermana de mi mejor amigo. Pero lo pone duro, literalmente, cuando entra en la sala de estar luciendo como luce ahora. No lleva su ropa de trabajo, pero lo que usa no lo hace nada mejor.

Lleva una fina camiseta sin mangas sobre unos escasos pantalones cortos de pijama, y está caminando entre la televisión y yo más veces de las que puedo contar. Mierda. Ahora se está dirigiendo a mí con libros en sus manos. Mierda. Se encuentra sentada en el sofá. Junto a mí. En esa fina camiseta. Sin sostén. Puedo manejar esto. Fuerzo mis ojos hacia la televisión. Todavía buscando la película porno en el que ella estaba. Podría simplemente preguntarle, pero no es buena idea. Si sabe que yo sé que salía en una película porno, probablemente haría todo lo que pudiese para asegurarse que nunca la encuentre.

Se inclina hacia delante y toma el control remoto, después apunta a la televisión para silenciarla. No sé quién se cree que es, pero si no quiere oír la televisión, puede ir a su habitación. Agarro el control remoto y subo el sonido otra vez. Suspira, abre uno de sus libros de texto y empieza a leer. Finjo que presto atención a la televisión, pero no puedo parar de lanzarle miradas, porque santa mierda, no puedo creer que me alejé de ella. Soy un idiota. Agarra el control remoto y silencia la televisión, otra vez, posiblemente porque una de las chicas se hallaba gritando muy fuerte. Me pregunto si Hinata es ruidosa durante el sexo. Probablemente no. Lo más probable es que sea obstinada, negándose a hacer algún sonido. Subo el volumen de la televisión, otra vez y ella llega a su punto de quiebre.

—Trato de estudiar, Naruto. Por el jodido amor de Dios, obtienes el mismo efecto cuando está en silencio. La observo con curiosidad.

—¿Cómo lo sabes? ¿Eres experta en porno? Me mira, con un destello de sospecha en sus ojos.

—¿Por favor, puedes, por una noche renunciar a tu adicción para que yo pueda estudiar en paz y tranquilidad? Hinata dijo por favor.

—Ve a estudiar a tu habitación —digo. Su boca se presiona en una tensa y delgada línea. Saca el libro de su regazo y se levanta. Camina hacia la televisión, llega detrás de ella y jala el enchufe. Después vuelve al sofá, pone el libro de nuevo en su regazo y continúa estudiando.

No sé cómo conseguí ver más allá de su horrible actitud, lo suficiente para sentirme atraído por ella. Es vil. No me importa lo buena que está, nunca encontrará a nadie que pueda tolerar su personalidad.

—Puedes ser una verdadera perra a veces, ¿lo sabes?.

Suelta un suspiro exasperado.

—Sí, bueno. Tú eres adicto al porno. Rio en voz baja.

—Por lo menos no estoy en una película porno. Sus ojos giran en mi dirección.

—Sabía que estabas escuchando a escondidas.

Me encojo de hombros. —No pude evitarlo. Tenías una conversación como si fueras un ser humano real. Fue fascinante. Su concentración cae de nuevo en las páginas del libro de texto.

— Eres un idiota.

—Tú eres una oportunista. Cierra de golpe el libro y se gira en el sofá para mirarme.

—¿Una oportunista? ¿Estás bromeando? Levanto mi rodilla y me giro para mirarla.

—¿No crees que es un poco sospechoso que aparezcas de la nada, afirmando ser la hermana perdida de la banda local más popular de Austin? Ella parece capaz de asesinar.

—Naruto, te sugiero que dejes de hacer acusaciones en contra de la gente de la que no sabes absolutamente nada. Sonrío, porque sé que eso le molestó. Podría salir victorioso otra vez. —He aprendido lo suficiente sobre ti para saber que no mereces confianza. —Recojo su libro, lo pongo de nuevo en su regazo y señalo su habitación

—Ahora, toma tu tarea y regresa a tu habitación prestada.

—¿Mi habitación prestada? Ni siquiera pagas la renta, Naruto. —Tú tampoco, Hinata.

—Todo lo que haces es ver porno y mirarme el culo. Eres un pervertido perezoso.

—Todo lo que haces es exhibir tu culo y fantasear que te beso. —Eres repugnante —dice—En realidad, ve porno. Estoy segura que necesitas todos los consejos que puedas obtener. De acuerdo, eso es bajo. Puede insultar mi haraganería, mis finanzas, mi nueva adicción al porno, pero no puede insultar mis habilidades en la cama. Especialmente cuando no tiene experiencia de primera mano.

—No necesito consejos para complacer a una mujer, Hinata. Nací con talento natural. Me está observando como si se encontrara a punto de golpearme, pero no puedo dejar de mirar su boca, esperando que me insulte de nuevo. En algún lugar entre ser llamado idiota y este momento, me he puesto más cachondo de lo que nunca me he sentido en mi vida. Espero que esté a punto de irse enojada a su habitación porque ya llegué a mi límite de moderación en cuanto a ella. Lame su labio inferior, y tengo que agarrarme al cojín del sofá para evitar atacar esa boca. Sus ojos se fijan intensamente en los míos, ambos nos encontramos respirando tan pesadamente por nuestros ataques verbales, que puedo sentir su aliento en mis labios. —Te odio —dice, apretando los dientes.

—Te odié primero —siseo en respuesta. Su atención cae a mi boca y tan pronto como veo el más pequeño destello de deseo en sus ojos, me abalanzo. Agarro su rosto y presiono mis labios en los suyos mientras empujo su espalda contra el sofá. Me está empujando con sus rodillas aunque me jala hacia ella con sus manos. Mi lengua se fuerza a través de la barrera de sus labios y ella me devora en respuesta.

La beso fuerte, y me besa incluso más fuerte.

Tiro un puñado de su cabello mientras araña mi cuello con sus uñas. Joder, duele.

Ella duele. Quiero más.

Me cierno y luego me presiono contra ella, jalando su rodilla para que pueda envolverla alrededor de mi cintura. Sus manos se encuentran en mi cabello, y ya no quiero que se mude. Quiero que se quede. Quiero que sea mi compañera de piso por siempre.

Es la maldita mejor compañera de piso que he tenido, y Dios mío, es tan linda. ¿Cómo pude pensar que era mala? Es tan, tan dulce, sus labios son dulces y Hinata, amo tu nombre.

—Hinata —susurro, queriendo decir su nombre en voz alta. No sé cómo odiaba su nombre hasta antes de este momento, porque es el nombre más hermoso que he dicho en voz alta. Me aparto de su boca y comienzo a hacer un camino por su dulce, dulce cuello. Tan pronto como llego a su hombro, empieza a alejarme con sus manos.

Y simplemente así, vuelvo a la realidad y me separo de ella voluntariamente. Me muevo al otro extremo del sofá, necesitando espacio para tratar de entender qué demonios acaba de pasar. Ella rápidamente se sienta en el sofá.

Limpia su boca y yo me paso las manos por el cabello, haciendo todo lo que puedo para procesar esto. Es una zorra malvada. Cierro los ojos y me aprieto la frente, tratando de comprender como perdí completamente el control de mí mismo simplemente porque estaba besándola. Pienso en todas las mentiras que pasaban por mi cabeza mientras mi polla trataba de convencerme que ella era una persona decente. Soy débil. Soy tan débil, y ella se aprovechó, otra vez.

—No vuelvas a hacer eso —dice, molesta y sin aliento. Su voz me hace estremecer.

—Tú lo empezaste —digo en defensa. ¿Lo hizo? No puedo recordar. Podría haber sido mutuo.

—Besas como si estuvieras tratando de resucitar a un gato muerto —dice, fastidiada.

—Besas como si fueras un gato muerto. Lleva las rodillas hasta su pecho y envuelve los brazos alrededor de ellas. Parece extremadamente incomoda en el silencio, así que no me sorprende cuando suelta otro insulto.

—Probablemente follas como un fideo flácido.

—Follo como si fuera Thor.

No estoy mirándola, pero sé que el comentario tuvo que hacerla sonreír. Si es capaz de sonreír. El silencio se hace más pesado y ninguno de nosotros se mueve, haciendo aún más evidente que lo que pasó fue un error.

—¿Por qué sabes a cebollas?

—pregunta. Me encojo de hombros.

—Sólo comí pizza. Mira hacia la cocina.

—¿Queda algo? Asiento.

—Está en el refrigerador.

Se para inmediatamente y camina a la cocina, y odio estar mirando su camiseta. Puedo ver sus pezones asomándose a través de la delgada tela, quiero señalarla y decir: "¡Yo hice eso! ¡Todo eso es por mí!"

En cambio, cierro los ojos y trato de pensar algo que detenga mi deseo de seguirla a la cocina y doblarla sobre la encimera. Afortunadamente, la puerta de la habitación de Sasuke se abre, así que le doy toda mi atención mientras entra en la sala de estar.

Hace una pausa cuando me ve sentado en el sofá. Mira a la televisión que ni siquiera se encuentra prendida.

—¿Por qué te ves tan culpable? Sacudo la cabeza avergonzadamente.

—Creo que acabo de liarme con Hinata —digo en señas. Sasuke mira a Hinata, quien se encuentra parada en la cocina, de espalda a nosotros. Sacude la cabeza con decepción. O confusión.

—¿Por qué? —pregunta, perplejo—. ¿Lo hizo voluntariamente? Agarro uno de los cojines del sofá y se lo lanzo.

—Sí, lo hizo voluntariamente, idiota. Me desea.

—¿Tú la quieres?

—Parece genuinamente sorprendido, como si no lo hubiese visto venir. Niego.

—No, no la quiero —señalo

—Pero siento como que la necesito. Mucho. Ella es tan… —detengo mis manos por unos segundos antes de continuar

—La mejor peor cosa que me ha pasado.

Sasuke retrocede hasta que su mano está en la puerta principal.

— Voy a donde Karin por la noche —señala—Rezaremos por ti.

Le muestro el dedo mientras sale. Cuando volteo para ver a Hinata, se encuentra caminando hacia su habitación.

Pasa la televisión y ni siquiera tiene la audacia de volverla a conectar. Conecto la televisión, porque ahora no hay duda en mi mente.

Tengo que encontrar esa película porno, porque después de experimentar ese beso, soy adicto. Adicto a todo lo de Hinata.

Casi no dormí anoche. Estar en el mismo apartamento con ella, sabiendo que Sasuke e Itachi se habían ido, era demasiado. Tomó todo lo que tenía no inventar una excusa para llamar a la puerta de su dormitorio. Pero estoy aprendiendo cómo funciona su mente, y sé que me rechazaría de inmediato para mantener el control. Y ahora, Sasuke e Itachi se encuentran aún desaparecidos y ella está en el trabajo y yo he agotado toda la cuota del porno. No puedo mantener un registro de cuánto porno he visto en las últimas dos semanas. Es ridículo. ¿Cuántos podrían existir? Y sé que lo ha filmado en los últimos años, porque ella tenía que tener más de dieciocho cuando lo hizo. Tiene veintidós ahora, por lo que son cuatro años de películas pornográficas para examinar cuidadosamente. Oh, Dios mío. Estoy obsesionado. Soy como un acosador. Soy un acosador. La puerta del frente se abre y Hinata entra. La cierra con tanta fuerza, que me estremezco. Camina a la cocina y empieza a abrir y cerrar armarios. Finalmente descansa las palmas de sus manos en la barra y me mira directamente. —¿Dónde demonios mantienes el alcohol? Mal día,supongo. Me pongo de pie y camino hacia el fregadero. Abro el armario debajo de él y saco la botella de Pine-Sol.

Ni siquiera me molesté en sacarle un vaso. Se ve como el tipo que puede tomar un buen trago.

—¿Tratas de matarme? —pregunta, mirando la botella en mis manos.

La empujo en su mano.

—Sasuke cree que es inteligente por esconderlo en viejas botellas de limpieza. No le gusta cuando bebo todo su alcohol. Lleva la botella a su nariz y se estremece.

—¿Lo único que tienes es whisky?

Asiento. Se encoge de hombros y lleva la botella a sus labios, inclina la cabeza hacia atrás, y toma un largo trago. Me devuelve la botella mientras se limpia la boca con el dorso de la mano. Tomo un sorbo y entonces se la devuelvo. Hacemos esto varias veces hasta que su ira parece haber disminuido, tanto como la ira puede desaparecer en el mundo de Hinata. Tapo la botella y la coloco en el gabinete.

—¿Mal día? —pregunto. Se inclina contra el mostrador y tira el elástico de sus pantalones cortos naranjas.

—El peor.

—¿Quieres hablar de ello?

Me mira a través de sus pestañas y luego rueda los ojos.

—No —dice rotundamente. No la presiono. Ni siquiera sé si realmente quiero saber acerca de su día.

Todo y cualquier cosa parece hacerla explotar, así que probablemente está enojada por algo tan estúpido, como una luz roja en su camino a casa. Tiene que ser agotador responder a todos los aspectos de la vida con tanta ira.

—¿Por qué estás siempre tan enojada?

Se ríe por lo bajo.

—Eso es fácil —dice—. Pendejos, clientes estúpidos, un trabajo de mierda, padres sin valor, amigos de mierda, mal tiempo, compañeros de habitación molestos que no saben cómo besar.

Me río en el último comentario, que estoy seguro se suponía era un golpe, pero se sintió más como un coqueteo secreto.

—¿Cómo estás tan feliz todo el tiempo? —pregunta.

—Eso es fácil —digo—. Padres geniales, tener la suerte de tener un trabajo, amigos leales, días soleados, y compañeros de cuarto que protagonizaron películas porno.

Aparta la mirada rápidamente en un intento de ocultar la sonrisa que casi apareció en su rostro. Dios, desearía que deje salir esa sonrisa, porque me muero de ganas de ver cómo luce. Mientras ha vivido aquí, no estoy seguro de que haya visto su sonrisa.

—¿Es por eso que ves tanto porno? ¿Porque deseas encontrar en la que estuve?

No asiento, pero tampoco muevo la cabeza. Inclino mi cadera en el mostrador y cruzo los brazos sobre el pecho.

—Sólo dime el nombre.

—No —dice rápidamente—Además, fui solo un extra. Ni siquiera realmente hice nada. Un extra. Eso ayuda a reducir un poco mi búsqueda.

—Realmente no hacer nada no significa que no lo hiciste. Rueda los ojos, pero todavía está de pie aquí, así que sigo adelante.

—¿Estabas desnuda?

—Era una porno, Naruto. No llevaba un suéter. Eso significa que sí.

—¿Tuviste sexo en cámara? Niega.

—No.

—¿Pero lo hiciste con un chico? Niega de nuevo.

—No era un chico.

Santa mierda. Me doy vuelta y agarro la barra con una mano, mientras con la otra hago la forma de una cruz sobre mi cuerpo. Cuando me doy la vuelta de nuevo, sigue de pie en el mismo lugar, pero realmente parece relajada. Debería tomar whisky cada día.

—¿Así que, me estás diciendo que lo hiciste con otra chica? ¿Y está documentado en alguna parte? ¿En una película? La esquina de su boca se acurruca en una sonrisa fantasmal.

—Sonreíste. Deja de sonreír inmediatamente.

—No lo hice. Doy un paso hacia ella y asiento.

—Sí, lo hiciste. Te hice sonreír. Comienza a sacudir la cabeza en desacuerdo, por lo que deslizo mi mano detrás de su cuello. Sus ojos se amplían, y me encuentro casi seguro de que está a punto de alejarme, pero no puedo evitarlo.

Esa sonrisa.

—Sonreíste, Hinata —susurro—. Y la necesitas, porque fue jodidamente hermosa.

Jadea en shock justo antes de chocar mis labios contra los suyos. No creo que ella estuviera esperando que este beso sucediera, pero desde luego no se opone. Su boca es cálida y sensible, y cuando separo sus labios con mi lengua, realmente me deja.

No sé si es el whisky o ella, pero mi corazón se retuerce en mi pecho como una bestia enjaulada.

Deslizo las manos por su espalda hasta que ahuecan su culo y aprieto mientras la coloco arriba del mostrador. Nuestros labios se separan, y nos miramos el uno al otro en silencio, cada uno de nosotros dudosos de creer que el otro no está a punto de alejarse otra vez.

Cuando me doy cuenta de que ninguno de los dos parece querer detener esto, llevo mis manos a sus mejillas y me inclino de nuevo, tomando sus labios entre los míos. Esto es diferente de nuestro beso de la otra noche. Nuestro primer beso fue rápido y frenético, porque sabíamos dónde iba a terminar. Éste es lento y profundo, y se siente como que es sólo el comienzo de lo que estamos a punto de experimentar esta noche. Esta vez, cuando dejo su boca para saborear su cuello, no me aparta.

Me acerca más, queriendo que la bese con más fuerza.

—Naruto —susurra, inclinando su cuello hacia un lado, dándome acceso a su piel—. Si tengo sexo contigo, tienes que prometerme que no te pondrás pegajoso después. Me río, pero no me alejo de su cuello.

—Si tienes sexo conmigo, Hinata, eres tú la que está en peligro de ponerte pegajosa. Querrás mucho más de mí, y no podré decir la diferencia entre tú y el papel film.

Ríe, y me tira contra ella. Miro hacia su boca y luego a sus ojos.

— Dios mío.

Niega, confundida.

—¿Qué?

—Tu risa. —La beso en los labios—. Jodidamente fenomenal — susurro en su boca.

La levanto del mostrador y la mantengo envuelta alrededor mío mientras hago mi camino a través de la sala de estar. Tan pronto como estamos en mi habitación, cierro la puerta y la empujo contra ella. La mantengo presionada contra la puerta con mi cuerpo mientras me quito la camisa. Encuentro el dobladillo de su camisa y empiezo a tirar de ella sobre su cabeza.

—No puedo decirte cuántas veces he fantaseado acerca de esto, Hinata.

Me ayuda a tirar de su camisa sobre su cabeza.

—Yo no he fantaseado con esto en absoluto —dice.

Sonrío. —Jodidas mentiras. La levanto de nuevo y la llevo a la cama. Tan pronto como la coloco allí y empiezo a gatear encima de ella, empuja mis hombros y me deja de espalda. Sus manos encuentran el botón de mis pantalones vaqueros y lo desabrocha. Intento tomar el control de nuevo empujándola sobre su espalda, pero no lo consigo. Se extiende y pone sus manos en mis bíceps, empujando mis brazos contra la cama.

—Yo estoy a cargo —dice. No discuto. Si quiere estarlo, la voy a dejar absolutamente. Se sienta con la espalda recta y lleva sus manos alrededor de su espalda para desabrochar su sujetador. Me levanto y empiezo a llegar a su alrededor para ayudarla, pero sus manos están de vuelta en mis brazos en un instante. Me empuja al colchón de nuevo.

—¿Qué acabo de decir, Naruto? Mierda. Ella no está bromeando. Asiento y centro mi atención en su sostén mientras se levanta y lo desata. Desliza las correas lentamente por sus brazos y no puedo sacar mis ojos de ella. Quiero tocarla, ayudarla, ser yo quien quite su sujetador, pero no me permite hacerlo. Se me corta la respiración cuando lanza lejos el sujetador. Dios mío, es perfecta. Sus pechos son del tamaño perfecto, apareciendo como si fueran a encajar perfectamente en la palma de mis manos. Pero no lo sabré, porque no tengo permitido tocarlos. ¿O sí? Vacilante, levanto las manos para sentir la suavidad de su piel, pero inmediatamente aparta mis brazos de ella, de vuelta a la cama. Dios, esto es una tortura. Sus pechos están aquí, a centímetros de mí, y ni siquiera puedo tocarlos.

—¿Dónde están tus condones? Señalo la mesita de noche en el lado opuesto de la cama. Se desliza fuera de mí y la miro atentamente mientras camina a mi mesa de noche.

Abre el cajón y escudriña hasta que encuentra uno. Lo pone entre sus dientes mientras camina de vuelta a los pies de la cama. No trepa de nuevo sobre mí. En su lugar, engancha los pulgares en la cintura de sus pantalones cortos y comienza a quitárselos. Estoy más duro de lo que nunca he estado, y puedo sentir mi pulso latiendo por todo mi cuerpo.

Tiene que darse prisa de una puta vez y subir de nuevo encima de mí. Se deja las bragas puestas mientras se inclina y comienza a tirar de mis vaqueros por completo. Engancha las manos en mi ropa interior y también la jala, la envoltura del condón aún colgando entre sus dientes. Su cabello es del largo perfecto, arrastrándose ligeramente sobre mi piel como plumas cada vez que se inclina sobre mí. Una vez que me ha quitado toda la ropa, sus ojos se centran en mi parte más dura. Una sonrisa tira de sus labios y sus ojos se encuentran con los míos.

Se saca el condón de la boca.

—Impresionante —dice—. Esto, sin duda, explica tu inflado ego. Tomo el insulto con el cumplido, porque ya sé que Hinata no es del tipo de repartirlos. Me monta de nuevo, todavía con sus bragas. Se inclina hacia delante y presiona sus palmas en mis antebrazos. Su boca encuentra la mía, y sus pechos se presionan contra mi pecho, haciéndome gemir.

Ella se siente increíble. Tan bien. Me preocupo ahora, porque ni siquiera hemos tenido sexo y ya puedo decir que estoy arruinado. Puedo sentir su humedad a través de sus bragas a medida que tortuosamente se desliza hacia arriba y abajo, arriba y abajo, tan lento como puede. Su lengua está en mi boca, y sigo tratando de agarrar la parte posterior de la cabeza, o agarrarla por la cintura, pero cada vez que me muevo, me detiene. Me imaginaba que sería mandona en el dormitorio, pero nada como esto.

Ni siquiera me deja tocarla, y eso jodidamente me mata.

—Abre la boca —susurra en mi oído. Lo hago, y coloca la envoltura del condón entre mis dientes. La muerdo y ella utiliza sus propios dientes para sujetar el otro extremo mientras se aleja de mí, desgarrando abierto el envoltorio entre nuestras bocas. Bueno, eso fue caliente. Tan caliente. Deberíamos dejar nuestros trabajos y hacer esto a tiempo completo. Saca el condón y se sienta derecha. Baja la mirada y lame sus labios mientras desliza el condón sobre mí y gimo, porque sus manos son joder. Son demasiado. Las quiero por todas partes. Entiendo cómo los chicos pueden decir cosas estúpidas en la agonía de la pasión, porque quiero decirle tanto en este momento. Quiero decirle que la amo, que somos almas gemelas y que debe casarse conmigo, porque sus manos me hacen pensar estúpidos, estúpidos, pensamientos falsos como esos. Se levanta más en sus rodillas y aparta a un lado sus bragas, dejándolas puestas en tanto comienza a bajarse a sí misma sobre mí. Es oficial. Es la mejor compañera de piso que he tenido en mi vida. Se estremece ligeramente cuando comienza a tomarme dentro de ella, y me siento un poco mal de que le duela. Pero no lo suficientemente mal como para detenerme de levantar mis caderas y deslizarme en ella el resto del camino. Tan pronto como estamos alineados, gemimos al unísono. Nunca he sentido nada igual. Es como si su cuerpo se amoldara perfectamente al mío, encajando cada línea, curva y pendiente. Ninguno de los dos se mueve un centímetro mientras llenamos la habitación con fuertes jadeos, dándonos un momento para ajustarnos a la pura perfección que acabamos de crear. —Joder —susurro. —Está bien —responde. Comienza a moverse, y no sé qué hacer conmigo mismo. Mis manos quieren sostenerla por la cintura mientras se desliza arriba y abajo, pero también sé que no estoy autorizado a tocarla. Mis ojos la toman mientras sigue sus movimientos, sus perfectos, metódicos, y dulces movimientos. Después de varios minutos de verla encima de mí con los ojos cerrados y los labios entreabiertos, me rindo. No puedo no de tocarla. Mis manos agarran su cintura e intenta alejarlas pero afianzo mi agarre, levantándola cuando se levanta y tirándola hacia abajo cuando cae. Se da por vencida tratando de luchar contra mí después de ver lo mucho mejor que mi fuerza puede hacer que se sienta. Quiero oír su gemido y quiero oírla desmoronarse encima de mí, pero está conteniendo todo, justo como sabía que lo haría. Deslizo mis manos por su espalda y la tiro hacia adelante hasta que nuestras bocas se encuentran. Mantengo una mano en la parte posterior de su cabeza y otra en su cintura mientras ella continúa su ritmo encima de mí. Curvo la mano alrededor de su cadera y lentamente la deslizo por su estómago, hasta que la estoy tocando. Deslizo un dedo entre nosotros, separándola, sintiendo su calor y la humedad rodeándome. Gime en mi boca y comienzo a frotarla, pero inmediatamente deja de moverse. Agarra mi muñeca y la aleja, golpeando mi brazo de nuevo contra el colchón. Sus ojos se abren y centran firmemente en los míos mientras poco a poco comienza a moverse de otra vez.

—Mantén tus manos en el colchón, Naruto —advierte. Maldita sea, hace esto difícil. Necesito sentirla de nuevo, y cuando haya terminado de tocarla, quiero saborearla. Quiero esa humedad y calidez por toda mi lengua. Pero primero, la dejaré salirse con la suya. Cierro los ojos y dejo de intentar tomar el control. Me concentro en su estrechez, tragándome. Me concentro en el hecho de que cada vez que su cuerpo se encuentra con el mío, estoy tan profundamente dentro de ella como me es posible ir.

Se inclina hacia delante y sus pechos bailan hacia atrás y adelante a través de mi pecho mientras se mueve sobre mí. El cielo definitivamente es real. Mis piernas empiezan a tensarse y mis manos buscan algo que agarrar a medida que siento construirse mi orgasmo. Puede sentir que estoy cerca de la liberación, así que se tensa a mí alrededor y sus empujes se vuelven más rápidos y duros. Mantengo los ojos cerrados cuando mi cuerpo comienza a temblar debajo de ella. Quiero maldecir y gemir, y hacerle saber lo bien que esto se siente mientras me libero dentro de ella, pero no hago un solo ruido. Si no se me permite tocarla mientras me vengo, entonces a ella se le prohíbe saber lo mucho que jodidamente amo cada segundo de ello. Continúa moviéndose sobre mí en tanto en silencio sucumbo a los temblores. Cuando se acaba, se detiene encima de mí.

Abro los ojos, la miro y la atrapo sonriéndome. Tan pronto como se da cuenta de que estoy mirándola, la sonrisa se ha ido. Quiero que colapse contra mi pecho. Quiero rodarla sobre su espalda y tomarla en mi boca hasta que esté gritando mi nombre en éxtasis, en lugar de ira. En cambio, lentamente se desliza fuera de mí. Se levanta y se vuelve hacia el cuarto de baño.

—Buenas noches, Naruto.

La puerta se cierra tras ella y me quedo tendido aquí en completa confusión. Correría tras ella justo ahora, pero aún me siento demasiado débil para moverme. Me doy tiempo para recuperarme, luego me quito el condón y lo arrojo al tacho de basura del baño en mi camino a su dormitorio. Abro la puerta justo cuando se mete en la cama. Tan pronto como su cabeza se encuentra con la almohada, estoy sobre ella, besándola. Como era de esperar, me aparta.

—¿Qué dije acerca de ser pegajoso? —dice, alejando su cara de la mía.

—No estoy siendo pegajoso —le digo, besando mi camino por su cuello—. No hemos terminado. Se separa aún más y empuja mi cara hacia atrás.

—Estoy bastante segura de que terminamos, Naruto. Hace unos tres minutos.

—Yo terminé —le digo, mirándola a los ojos—. Pero tú no terminaste. —Puedo sentir su resistencia en su intento de darse la vuelta.

—Naruto, detente —dice, empujándome. No me aparto de ella. En cambio, envuelvo mi brazo a su alrededor y muevo lentamente la mano sobre su vientre.

Ahí es cuando me da una bofetada.

Inmediatamente, retrocedo y la miro, confundido. Me hace a un lado y se escabulle en su cama hasta que su espalda se encuentra con el cabecero.

—Dije detente —dice, defendiendo su bofetada. Muevo la mandíbula, no muy seguro de qué hacer. En todos mis años de experiencia con las chicas, e incluso en todo el reciente porno que he estado viendo, así no es como el sexo suele ir.

La gente es egoísta por naturaleza y el hecho de que ni siquiera me quería para hacerla correrse me confunde demasiado.

—Estoy... —Me detengo y la miro—. ¿Estoy interpretando mal algo aquí? Porque pensé...

—Follamos, Naruto. Se acabó, ahora ve a dormir. Meneo la cabeza.

—No, Hinata. Tú follaste. Tú hiciste todo el trabajo y ni siquiera llegaste a disfrutarlo. No entiendo por qué no dejas que te toque. Gime, frustrada.

—Naruto, está bien. Fue divertido. —Aparta la mirada de mí—. Simplemente no me gusta la otra parte, así que ve a la cama.

¿No le gusta la otra parte? ¿La parte donde tiene un increíble y alucinante orgasmo?

—De acuerdo—le digo—. Iré a la cama.

—Gracias —murmura.

—Pero primero —le digo, levantando el dedo—. Necesito saber algo.

Rueda los ojos. —¿Qué?-Me inclino hacia ella y la miro con fascinación.

—¿Así es contigo siempre el sexo? ¿Tienes que estar en completo control, hasta el punto en que ni siquiera dejas a alguien hacerte correr?

Me patea, tratando de que me vaya de su cama.

—No voy a hablar de mi vida sexual contigo, Naruto. Vuelve a tu habitación.

Se agacha en su cama hasta que su cabeza se encuentra con la almohada. Se da la vuelta hasta que su espalda esta hacia mí y tira las mantas sobre su cabeza. Mierda.

Esto es... Ni siquiera sé qué pensar. Nunca he conocido a nadie como ella.

Tiene algunos graves problemas de control. —Hinata —susurro, necesitando que se dé la vuelta y hable conmigo de nuevo. Me ignora, pero no puedo irme porque esta conversación tiene que suceder—. ¿Me estás diciendo que nunca has tenido un orgasmo durante el sexo?.

El edredón vuela de su cabeza y se da la vuelta hasta queda de espalda.

—Nunca ha sido un problema con nadie hasta ti —dice con enojo.

Me río y sacudo la cabeza, y por alguna razón, me siento extremadamente feliz por esto. Porque aparentemente ha estado con algunos pendejos realmente egoístas en el pasado, y estoy a punto de mostrarle lo que se ha perdido. Vuelve a tirar el edredón sobre su cabeza y enfrenta de nuevo la dirección opuesta.

En lugar de ponerme de pie y caminar de regreso a mi habitación como sé que quiere que haga, levanto el edredón y me deslizó detrás de ella. La envuelvo con el brazo, presionando mi mano contra su vientre, tirándola contra mi pecho. Prácticamente me gruñe. —Naruto, para. Lo creas o no, soy perfectamente feliz con mi vida sexual, y no te necesito para Oh, Dios mío.

—Se detiene a mitad de la diatriba tan pronto la acuno entre las piernas. Descanso mi mejilla contra la suya.

—Necesito que te calles, Hinata. No se mueve, así que la hago rodar sobre su estómago y me deslizó sobre ella. Agarro sus brazos bajo mis manos, al igual que hizo antes conmigo.

—Por favor, no te me resistas —le susurro al oído—. Quiero tener el control, y quiero que hagas lo que te digo. —Paso mi lengua por su oreja y observo como los escalofríos estallan en su cuello—. ¿Entendido?

Sus respiraciones son superficiales, y cierra los ojos con fuerza con su asentimiento.

—Gracias —le digo. Beso mi camino por su cuello y hombro, y luego dejo mis besos lentamente por su espalda. Todo su cuerpo se tensa, y sabiendo que nunca ha experimentado un orgasmo a manos de otro hombre ya me tiene duro de nuevo.

Llego hasta sus muslos y abro sus piernas con mi mano. Entierra la cara en la almohada y eso me hace sonreír. Nunca ha sido tan vulnerable con otra persona, y no quiere darme el placer de ver lo mucho que lo disfruta. Mantengo mis ojos enfocados en ella de todos modos, mientras poco a poco empujo dos dedos dentro suyo, esperando a que gima en la almohada. No hace ningún sonido, así que los saco y vuelvo a entrar con tres dedos esta vez. Presiono mi frente en su almohada, justo junto su cara, y espero que los sonidos se escapen. Nada. Me río silenciosamente, porque realmente he hecho mi trabajo. Saco la mano y la pongo de espalda. Sus ojos todavía están cerrados herméticamente, así que agarro su mandíbula y presiono mis labios sobre los de ella. La beso duro y profundamente, hasta que empieza a besarme de nuevo con enojo. Tira de mi pelo y abre sus piernas para mí, queriendo que me entierre en ella. Lo hago. Hago sus bragas a un lado y entro en ella tan fuerte y rápido, que deja escapar un gemido y Dios mío, necesito más de eso. Mucho más. Pero no tengo un condón, y esta vez no se trata de mí, así que salgo de ella. Tomo uno de sus pechos en mis manos y lo llevo a mi boca. Lentamente, bajo besando su estómago y tanto más como lo hago, la tensión en su cuerpo crece.

Puedo sentir su vacilación y parte de mí quiere devorarla de inmediato, pero parte de mí tiene que saber que no voy a ir demasiado lejos, demasiado rápido. Puedo decir por la rigidez en su postura que ahora se encuentra nerviosa. Coloco las manos en su cintura y levanto la vista hacia ella. Muerde nerviosamente su labio inferior y sus ojos están aterrorizados.

—¿Nunca dejaste que nadie te hiciera esto? —susurro.

Libera su labio inferior con un movimiento de cabeza. —No me gusta.

—¿Cómo lo sabes? Se encoge de hombros.

—Solamente lo sé. Bajo sus caderas varios centímetro en la cama.

—Eres demasiado terca para tu propio bien. —La levanto y empiezo a bajar mi boca hacia ella, pero se aleja y se sienta.

—No. No quiero hacer esto. Agarro sus caderas y la jalo.

—Recuéstate y cierra los ojos, Hinata.

Continúa mirándome con miedo en los ojos, negándose a recostarse, así que levanto las palmas de mis manos.

—¿Podrías, por favor, dejar de ser tan terca y relajarte? Joder, mujer. Quiero darte los mejores diez minutos de tu vida, pero lo haces muy difícil.

Se muerde el labio, vacilante, pero hace lo que le digo y poco a poco se recuesta en la cama, relajándose en la almohada. Sonrío triunfalmente y presiono los labios en su estómago de nuevo. Empiezo justo debajo de su ombligo y hago un camino de besos lentos hasta que me encuentro con sus bragas. Engancho mis dedos en la orilla de sus bragas y las bajo, por sus caderas, muslos, y continúo bajándolas lentamente hasta que yacen en sus tobillos. Una vez que las lanzo al suelo, levanto su pierna y presiono un beso suave en su tobillo, luego en su pantorrilla, después al interior de su rodilla, repartiendo besos por todo el camino hasta su muslo, hasta que me encuentro a centímetros de deslizar mi lengua contra ella. Tan pronto como posiciono mi boca sobre ella, puedo sentir su calor haciéndome señales.

—Naruto, por favor... —empieza a protestar. Tan pronto como la palabra por favor deja su boca, mi lengua se desliza contra ella, separándola. Levanta sus caderas varios centímetros de la cama y grita, así que agarro su cintura y la regreso a la cama. Sabe dulce y salado, y tan pronto como mi boca está en contra de ella, me convenzo de que ella podría saciar cada onza de hambre que sentiré durante el resto de mi vida. Grita de nuevo, aún tratando de alejarse de mí.

—¿Qué?... ¡Dios!... Naruto… Continuo lamiéndola, devorándola, pasando la lengua sobre cada parte desnuda en ella, así no hay centímetro que no haya probado. Sus manos encuentran su camino de regreso a mi cabello, del mismo modo que mis dedos encuentran su camino de regreso dentro de ella. La lleno, consumiéndola con mi lengua, y toma todo lo que puede conseguir de mí. Ya no trata de apartarme. Ahora presionando mi cara contra ella, rogándome ir más rápido. Sus manos dejan mi cabello y se agarra con fuerza a la cabecera a medida que cierra las piernas alrededor de mis hombros. Mantengo mis dedos enterrados dentro suyo mientras grita mi nombre con cada temblor que atormenta su cuerpo. Sigo complaciéndola hasta que los temblores desaparecen y sus gemidos se desvanecen en silencio.

Beso el interior de su muslo cuando saco los dedos. Beso todo el camino hasta su estómago, hasta que me presiono contra ella de nuevo, con ganas de deslizarme dentro y quedarme la noche. Quiero besarla, pero no sé si querría eso. Algunas chicas prefieren no besar después, pero mi boca duele con una necesidad de sentir sus labios contra los míos. Al parecer, quiere lo mismo, porque ni siquiera duda cuando tira de mi cara a la suya y me besa con un gemido. Hay tanta presión en cada centímetro de mi cuerpo, porque quiero tomarla de nuevo. Lo único que puede aliviar esa presión es estar dentro de ella, que es exactamente lo que hago. Levanta las caderas y se encuentra con mis embestidas y sé que debería parar. Tengo que parar. No sé por qué no puedo parar. Nunca he estado en el interior de una chica sin condón antes, pero ella me hace estúpido. Hace que mi conciencia sea inútil, y todo lo que puedo pensar es en lo increíble que se siente. Y también en lo mucho que debo detenerme.

Para. Naruto. Detente. De alguna manera, salgo de ella y presiono mi rostro contra su pecho, jadeando por aire. Duele. Dios, duele. Vivo en la habitación de al lado, donde hay un cajón lleno de condones, pero no estoy seguro de que lograría llegar tan lejos si trataba de ponerme de pie.

Tira de mi cara a la suya y presiona sus labios en los míos. Desliza sus manos por mi espalda baja y me tira contra ella, presionando su calor contra mí, mientras me impulsa a moverme con ella.

Ella se siente increíble. No es lo mismo que estar en su interior, pero la forma en que se mueve en contra de mí se siente bastante cerca. Cierro los ojos y entierro la cara contra su cuello mientras aumento el ritmo entre nosotros. Agarro un puñado de su pelo e inclino su cara a la mía cuando bajó la mirada, viendo como los dos nos encontramos cerca de otra liberación. Hace una mueca y siento el primero de sus estremecimientos recorrerla.

— Naruto —susurra—. Bésame. Lo hago. Cubro su boca con la mía y ahogo sus gemidos con los míos cuando siento el calor de mi liberación extendiéndose entre nosotros. Estoy sosteniéndola tan estrechamente como puedo, besándola tan duro como puedo. Todo mi peso cae sobre ella ahora y soy físicamente incapaz de sostenerme por otro segundo. Sus manos se deslizan por mi cuello y caen a la cama. Me siento demasiado débil para hablar, o estaría diciéndole lo increíble que es. Lo increíble que se siente. Lo perfecto que es su cuerpo y cómo, sin ayuda, nadie consiguió la ventaja para toda la eternidad. Sin embargo, no puedo hablar. Mis ojos se cierran de puro agotamiento. Puro y maravilloso agotamiento.

—Naruto.

Trato de abrir los ojos, pero no puedo. O simplemente, no quiero. No creo que haya experimentado un sueño tan profundo como por el que estoy siendo desgarrado ahora mismo. Su mano se encuentra en mi hombro y me sacude. Levanto la cabeza y me vuelvo hacia ella, curioso por si está lista para otra ronda.

Le sonrío con ojos soñolientos. —Ve a tu habitación —dice, dándome patadas con los pies—. Estás roncando. Mis ojos se cierran de nuevo, pero se abren cuando sus pies fríos se encuentran con mi estómago. Utiliza la fuerza de sus piernas para tratar de sacarme de la cama. —Vete —gime—. No puedo dormir.

De alguna manera, me pongo de pie. La miro y da la vuelta hasta quedar sobre su estómago, mueve de un tirón su almohada, y se extiende por todo el colchón. Arrastro los pies por su dormitorio, a través de nuestro cuarto de baño y, a mi propia cama. Caigo en ella y cierro los ojos, tomando tres segundos completos el quedarme dormido nuevamente.