Estoy convencido de que nunca antes había dormido tan bien como lo hice anoche.

Y aunque ella me echó de su cama, aun me siento victorioso. Como la realeza. Después de bañarme y vestirme, me uno a Sasuke en la cocina. Él está limpiando lo que parece ser el desayuno, lo cual es raro porque ninguno de nosotros jamás prepara el desayuno. Pero luego comprendo cuando Karin sale de su cuarto.

—Bueno días, Karin —digo con una sonrisa. Me mira con precaución.

—¿Qué pasa contigo?

Justo en ese momento, la puerta del dormitorio de Hinata se abre. Todos la vemos entrar en la sala. Ella se detiene cuando sube la mirada y nos ve mirándola.

—Buenos días, Hinata —digo con una sonrisa triunfante—. ¿Dormiste bien? Ella ve la mirada en mi rostro e inmediatamente pone los ojos en blanco.

—Jódete, Naruto. —Entra a la cocina y comienza a hurgar en el refrigerador, buscando algo para comer. La observo todo el tiempo, hasta que Sasuke me da un golpecito en el hombro.

—¿Tuviste sexo con ella? —hace señas. Inmediatamente sacudo la cabeza en defensa.

—No —suspiro—. Quizás. No sé.

Fue un accidente. Karin y Sasuke se ríen. Él agarra la mano de Karin y tira de ella en dirección a su dormitorio.

—Vamos —hace señas—. No quiero estar aquí cuando Hinata se dé cuenta de su error.

Los veo regresar al cuarto de Itachi, y luego me doy la vuelta y enfrento a Hinata. Ella está observándome.

—¿Le acabas de decir que tuvimos sexo?

Me encuentro de nuevo sacudiendo la cabeza.

—Él ya lo sabía. Se lo dije el otro día.

Hinata inclina la cabeza hacia un lado.

—Tuvimos sexo anoche. ¿Cómo le dijiste antes de que sucediera?

Sonrío.

—Tenía un buen presentimiento.

Deja caer la cabeza hacia atrás en derrota, hasta que está mirando al techo.

—Sabía que esto era una mala idea.

—Fue una gran idea —intervengo.

Ella me mira con tanta seriedad como puede reunir.

—Fue cosa de una sola vez, Naruto.

Levanto dos dedos. —Fueron dos veces, de hecho. Hace una mueca y me deja saber lo mucho que la estoy irritando.

— Hablo en serio, Naruto. No lo haremos de nuevo.

—Gracias a Dios —digo, caminando lentamente hacia ella—. Porque fue horrible, ¿cierto? Podía darme cuenta de que no estabas disfrutándolo —continuo a través de la cocina hasta que me encuentro a menos de un metro de tocarla—. Especialmente no disfrutabas la parte en la que te hallabas sobre tu espalda, y mi lengua estaba…

Golpea su mano sobre mi boca para callarme. Está mirándome, estrechando sus ojos.

—Hablo en serio, Naruto. Esto no cambia nada. No somos una pareja. De hecho, probablemente traeré otros chicos a casa y necesitas estar preparado para eso.

Ella quita su mano de mi boca y yo no estoy de acuerdo.

—No lo harás.

Me mira con un brillo competitivo en sus ojos.

—Lo haré. Este es el por qué te advertí que no fueras pegajoso. Ja. ¿Ella cree que esto es ser pegajoso? Si sonríe y ríe como lo hizo anoche, se dará cuenta de lo pegajoso que puedo ser.

—Si ya no quieres que te quiera, no es tan difícil —le digo—. Simplemente no me sonrías. —Me inclino hasta que mis labios están cerca de su oído—. Si no me sonríes, no tendré la urgencia de hacerte todas esas cosas malas. Porque tu sonrisa es increíble, Hinata.

Me separo lentamente y la miro. Ella está intentando controlar la subida y bajada de su pecho, pero no me engaña. Sonrío, y la más ligera sonrisa aparece en sus labios. Levanto mi mano y toco la esquina de su boca con mi dedo.

—Eres tan provocadora. Ella se aleja de mí y calmadamente empuja contra mi pecho. Agarra su bebida y regresa a su dormitorio sin otra palabra. Presiono la cabeza contra la puerta del gabinete y suspiro pesadamente. ¿Qué he hecho? ¿Qué, en nombre de Dios, he hecho conmigo mismo?

Hinata y yo teníamos el día libre hoy, y estaba positivo de que después de nuestra interacción de esta mañana, y especialmente después de anoche, ella estaría toda sobre mí antes del anochecer. Sin embargo, me ignoró completamente. Se quedó en su cuarto la mayoría del día, y ni siquiera me respondía. Ahora son más de las once de la noche. Debo estar en el trabajo mañana en la mañana, y sé que ella tiene una clase temprano, así que mi esperanza para la ronda tres está disminuyendo rápidamente. Ella incluso cerró la puerta cuando tomó una ducha más temprano. Me siento en el borde de mi cama y contemplo la noche anterior, repasando cada movimiento en mi cabeza, preguntándome dónde me equivoqué. Lo único que puedo concluir es que no hice nada mal. Hice todo bien, y esto la asustó, porque no está acostumbrada a que los chicos tomen el control sobre ella. La hice sentir débil. A ella no le gusta sentirse débil. Obviamente tiene serios problemas con el poder y me metí con su cabeza. Esto probablemente debería hacerme sentir culpable, pero de hecho estoy orgulloso. Me encanta haber llegado a ella. Me encanta que lentamente la estoy comprendiendo. Y la mejor parte es que tengo el presentimiento de que regresará por una repetición. Quizás no esta noche, pero volverá, porque es humana. Cada humano tiene una debilidad, y creo que acabo de descubrir cuál es la suya. Yo. Me arrastro bajo las sábanas y cierro los ojos, pero ya puedo decir que no seré capaz de dormir. Es como si la noche anterior despertara esta hambre interna dentro de mí, y si no la alimento cada noche antes de ir a la cama, nunca dormiré.

Cuento ovejas, cuento estrellas, repito los versículos de la Biblia en mi cabeza que aprendí cuando tenía cinco años. Nada de eso funciona, porque aún estoy aquí una hora más tarde y aún estoy muy despierto. Me pregunto si ella está despierta. Me pregunto si abriría la puerta si tocara. Arrojo las sábanas a un lado y comienzo a caminar hacia mi puerta, pero inmediatamente giro en U en dirección a la mesita de noche por un condón. Todo lo que tengo puesto es un bóxer, así que lo deslizo entre la banda elástica y abro la puerta de mi dormitorio. Senos. Sus senos. Están justo allí. Su mano está en el aire, a punto de tocar en mi puerta. Luce tan sorprendida de que la abrí como yo estoy de que ella este de pie allí. Está usando un sostén de encaje negro y el par de bragas más pequeñas que he visto en mi vida. Ella baja su brazo y nos miramos el uno al otro por unos solidos cinco segundos antes de tirar de ella hacia adentro, estrellando mi puerta y empujándola contra ella.

Su lengua está en mi boca más rápido de lo que pude meter mi mano debajo de su sujetador.

—¿Esto es con lo que duermes? —digo contra su boca, bajando los tirantes de su sujetador.

—Sí —dice sin aliento. Inclina la cabeza y empuja mi rostro contra su cuello—. Pero a veces duermo desnuda.

Gruño y me presiono contra ella, listo para hundirme en su interior.

—Me gusta. —Le doy la vuelta hasta que su pecho está presionado contra la puerta y su espalda está frente a mí. Envuelvo un brazo a su alrededor y agarro uno de sus senos mientras mi otra mano baja a su culo. Ella está en un tanga. Una pequeña, diminuta y hermosa tanga negra de encaje. Paso mi mano sobre ella y luego deslizo mis dedos debajo del fino velo de la tela, bajándola hasta sus rodillas. Observo cuando el tanga cae a sus tobillos y ella lo patea a un lado. Me posiciono directamente detrás de ella y paso mis manos por su espalda hasta su cadera. —Coloca tus palmas contra la puerta. No las mueve de inmediato. Puedo sentir su duda. Estoy seguro de que ella no quiere entregarme el control de nuevo, pero necesita darse cuenta de que perdió el control en el segundo en que se apareció en la puerta de mi dormitorio. Observo cómo lentamente presiona sus palmas contra la puerta de mi dormitorio. Me inclino hacia adelante y aparto su cabello de su cuello, soltándolo sobre su hombro. —Gracias —susurro contra su cuello. Tiro de sus caderas hasta que está pegada a mí, y luego me quito mi bóxer y abro el condón.

—Inclínate un poco más —le digo. Lo hace. Aprende con tanta rapidez. Envuelvo mis dedos en su cabello y retuerzo mi mano hasta que tengo un puñado de él, y luego tiro lo suficiente como para hacer que

levante su rostro. Gime cuando hago esto, y ese pequeño gemido es todo lo que necesito para empujar dentro de ella, tan lejos como puedo ir hasta que ella está completamente llena. —Haz ese sonido de nuevo —susurro.

No lo hace, así que tiro de su cabello. El ruido escapa de su garganta y es tan hermoso y lleno de deseo. Saco y empujo de regreso dentro de ella, y el sonido pasa de sus labios. No puedo soportarlo. No sé si puedo hacer esto de pie, porque ese sonido me está mareando. Cubro una de sus manos con la mía y aprieto, dándome el apoyo de la pared que necesito para continuar moviéndome dentro y fuera de ella. Cada vez que gime, empujo dentro un poco más duro. Ella comienza a gemir, una y otra vez, ocasionalmente remplazando ese sonido con mi nombre, y ya sé que voy a dormir como una roca esta noche. Justo cuando me siento cerca de la liberación, me salgo de ella y la reposiciono para que su espalda este contra la puerta. Levanto sus piernas y las envuelvo alrededor de mi cintura, deslizándome de regreso dentro de ella con facilidad. Mantengo un brazo envuelto alrededor de su cintura para sostenerla y mi otra mano presionada contra la puerta por apoyo. Mi lengua está luchando contra la suya, y trago cada sonido que ella está dispuesta a darme. Sus manos sujetan mi cuello, así que estiro una mano y alejo una de las suyas. Presiono su palma contra su pecho y la deslizo lentamente por su estómago. Mi frente se encuentra con la suya, y la miro bien a los ojos. —Tócate. Sus ojos se ensanchan, y comienza a sacudir la cabeza. Coloco mi mano encima de la suya y bajo la mirada a donde nuestros cuerpos están unidos. Muevo su mano unos pocos centímetros más hasta que sus dedos están justo donde los quiero. —Por favor —exhalo, desesperadamente. Necesito mi mano por apoyo, así que la alejo y la presiono contra la puerta al lado de su cabeza. Aún estoy sosteniéndola alrededor de la cintura con mi otro brazo y lentamente empujo dentro y fuera de ella. Nuestras frentes aún están pegadas, pero ahora mis ojos están plantados en su mano mientras tímidamente comienza a mover sus dedos en un movimiento lento y circular. —Santa mierda —exhalo. La observo por un minuto más, hasta que comienza a relajarse contra su mano, y entonces muevo mis ojos de regreso a su rostro. Me alejo y miro hacia ella, viendo como su cabeza cae contra la puerta. Sus ojos están cerrados y sus labios están ligeramente separados, y todo lo que puedo sentir en mi corazón es bésala, bésala.

Mis labios bajan gentilmente sobre los suyos y gime suavemente contra mi boca. Juego con sus labios con la punta de mi lengua, deslizándola contra su labio superior y luego por el inferior. Sus gemidos se están volviendo más frecuentes, y cuanto más la presiono contra la puerta, mejor puedo sentir su mano moviéndose entre nosotros. No puedo creer que esto sea la vida real. No puedo creer que ella viva a tres metros de mí y que esté dispuesta a darme esta parte de ella. Soy el hombre más afortunado del mundo. Ella comienza a gemir de nuevo, pero esta vez mi boca descansa contra la suya y tomo cada uno de los sonidos que hace. Inclina su rostro más y más hacia el mío, queriendo que la bese con fuerza, pero estoy disfrutando de esto demasiado. Me encanta la forma en que ella luce ahora mismo, ojos cerrados, boca abierta, corazón expuesto. No quiero besarla. Quiero mantener mis ojos abiertos y ver cada segundo de esto. Dejo de moverme dentro de ella y espero a que termine, porque si me sigo moviendo, no duraré otro segundo más. Ella comienza a abrir sus ojos, preguntándose por qué me detuve, así que me inclino hacia su oído. —Ya casi estas allí —susurro—. Solo quiero verte.

Se relaja de nuevo y continúo mirándola, absorbiendo cada gemido y cada gimoteo y cada movimiento que hace hasta que soy como una esponja y ella es mi agua. Tan pronto como sus piernas comienzan a tensarse alrededor de mi cintura, sujeto sus caderas con ambas manos y reanudo el movimiento dentro de ella. Sus gimoteos se convierten en gemidos, y sus gemidos se convierten en mi nombre, y nos toma diez segundos antes de que los dos estemos temblando y jadeando en busca de aire, y besándonos y manoseándonos, y luego finalmente suspirando. Su cuerpo se debilita en mis brazos y descansa su cabeza contra mi pecho. Llevo una mano hacia su cuello y la beso suavemente en la cima de la cabeza. Después de un sólido minuto de intentar recuperar nuestro aliento y recobrar la habilidad para moverme, lentamente comienzo a bajarla. Ella apoya sus pies en el suelo y sube la mirada. No está sonriendo, pero puedo ver la calma detrás de sus ojos. Esto era exactamente lo que necesitaba. Exactamente lo que yo necesitaba. —Gracias —dice con total naturalidad.

Sonrío. —De nada. Agacha la cabeza tan pronto como comienza a sonreír, y se desliza por debajo de mi brazo. Entra en el baño y cierra la puerta detrás de ella. Me apoyo contra la pared y me deslizo hasta el suelo, completamente incapaz de mover mis piernas para regresar a la cama. Si no tuviera que esperar por ella para que terminara en el baño, me quedaría dormido aquí en el suelo.