—Entonces, ¿qué pasa con la nueva compañera de piso? —Le hago señas a Sasuke cuando camino por la puerta.
—Vive en el complejo. Su novio la engañó y necesitaba un lugar para quedarse.
Me acerco a la mesa donde está sentado y jalo una silla.
—¿Todavía está aquí? - Levanta la vista de la computadora portátil y asiente. —Sí, probablemente va a estar aquí por un par de semanas, por lo menos.
¿Eso está bien? Algo está mal con él. Cuando has conocido a alguien la mayor parte de tu vida, casi puedes sentir su malestar. Esta chica, Sakura, lo pone nervioso y no sé por qué.
—¿Karin está de acuerdo con eso?
Su atención se mueve rápidamente de vuelta a su computadora portátil. Asiente y deja de hacer señas. Empujo mi silla y observo la puerta para ver si los zapatos de Hinata están donde siempre los mantiene. No están. Toco a Sasuke en el hombro.
—¿Dónde está Hinata? —Hago señas. Se mueve en su asiento.
—Afuera.
—¿Dónde es afuera? - Se encoge de hombros.
—Naruto, ¿de verdad quieres saber? Porque no te va a gustar. Me siento en la silla de nuevo.
—Claro que sí, quiero saber. ¿Dónde está?
Se inclina hacia atrás en su silla y suspira.
—Un tipo la recogió hace cerca de tres horas. Parecía que iban a salir.
—Salir. —Hago la señal—. ¿Salir como en una cita?
Asiente. De repente quiero golpear a Itachi, pero sé que no tiene nada que ver con eso. Me pongo de pie y empujo la silla de vuelta debajo de la mesa.
Está en una cita. Hinata está en una maldita cita. Esto es una gran mierda. ¿Por qué no puse límites? ¿Por qué no le dije que no podía ver a otros chicos? ¿Y si lo trae de vuelta aquí? Lo hará.
Es tan mala, probablemente lo hará. Agarro mis llaves y le digo con señas a Sasuke que volveré dentro de un rato. Voy a arreglar esto.
De alguna manera.
Estoy sentado en el sofá dos horas más tarde, cuando se abre la puerta. Como era de esperar, no entra sola. Un tipo está siguiéndola, demasiado cerca. Su mano está en su espalda cuando se quita los zapatos en la puerta y mira directamente hacia mí.
—Oh. Hola, Naruto. Me señala. — Kiba, este es Naruto. Naruto, este es Kiba.
Lo miro. A todo su idiota-metro-sexual-de un metro ochenta.
—¿Su nombre es Kiba?
Él no responde. Sólo mira a Hinata como si estuviera un poco incómodo porque acaba de entrar a su apartamento y un hombre está sentado en su sofá. Apuesto a que estaría muy incómodo si supiera lo que estaba haciendo en este mismo sofá con Hinata hace sólo veinticuatro horas.
—Naruto —dice Hinata en una dulce voz asquerosamente falsa—. ¿Te importaría darnos un poco de privacidad?
Mira hacia mi dormitorio, en silencio preguntando si voy a esperar allí mientras ella coquetea en mi sala con Kiba. Entrecierro mis ojos hacia ella. Lo está haciendo a propósito. Me está poniendo a prueba y estoy a punto de aprobar esta prueba. —Claro, Hinata —digo con una sonrisa. Me levanto y me acerco a Kiba, alcanzando su mano—. Encantado de conocerte —le digo. Sonríe y su aprehensión alivia cuando ve que lo solté—. Diviértanse, chicos. Voy a dejar la puerta del baño desbloqueada en caso de que alguno de los dos tenga que usarlo. —Señalo hacia el baño, plantando la semilla. Por favor, déjalo ir al baño. Por favor. Hinata puede ver que mi último comentario estaba fuera de carácter. Entrecierra los ojos mientras me retiro a mi habitación. Cierro la puerta y me quedo al lado de ella. No me voy a perder un segundo de esto. Si va a tratar de ponerme a prueba o torturarme trayendo a otro chico a casa, tiene que esperar que espíe toda la conversación.
Me quedo con la oreja pegada a la puerta durante al menos quince minutos. En esos quince minutos, los escucho hablar y hablar sobre todo lo que es bueno. Béisbol. Fútbol. Tenis. Trivias. (En realidad la obligó a hacerle preguntas.) Trabajo. (Es un vendedor. Es el mejor, aparentemente. Las ventas más altas de los últimos cuatro trimestres.) Viaja por el mundo, por supuesto. Habla francés, por supuesto. Hinata bosteza cuatro veces durante su conversación. Siento que este acto que está realizando es más agotador para ella que para mí. —¿Te importa si uso tu baño? —dice Kiba. Finalmente. Unos segundos más tarde, escucho la puerta del baño cerrarse e inmediatamente abro la puerta de mi dormitorio y camino a la cocina. Hinata está sentada en el sofá con los pies apoyados en la mesa de café. —Te ves aburrida hasta la muerte —le digo.
—Es fascinante —dice con una sonrisa falsa—. Me estoy divirtiendo mucho, probablemente voy a pedirle que se quede a pasar la noche.
Sonrío, sabiendo que no va a suceder. —Nunca va a aceptar eso, Hinata —le digo—. De hecho —miro mi muñeca y le doy un golpecito—, estoy bastante seguro de que se va a ir tan pronto como salga del baño.
Se sienta con la espalda recta en el sofá y luego se levanta rápidamente. Acechándome, apuntando con su dedo, empujándolo contra mi pecho.
—¿Qué hiciste, Naruto?
La puerta del baño se abre y Kiba sale. Hinata lo enfrenta con su odiosa sonrisa falsa. —¿Quieres pasar el rato en mi habitación? —le dice, caminando hacia él. Él me mira y sacudo la cabeza, rápidamente. Por todo lo que sabe, sólo estoy advirtiéndole, de hombre a hombre, que es mejor que corra mientras todavía puede. Puedo decir que está aterrorizado después de ver todo lo que he plantado en el baño. Mira a la puerta y de nuevo a Hinata. —En realidad, estaba a punto de irme —dice—. Te llamaré.
Los siguientes segundos son los segundos más incómodos que he visto pasar entre dos personas. Estira la mano para un apretón, ella se lanza en un abrazo, él se aleja, con miedo de que ella esté a punto de tratar de darle un beso y sus ojos se amplían del miedo. Se precipita a rodearla y se dirige directamente hacia la puerta.
—Encantado de conocerte, Naruto. Te llamaré más luego, Hinata.
Y se ha ido. Ella se vuelve lentamente hacia mí. Sus ojos son tan afilados como diamantes. Tengo miedo de que sean lo suficientemente afilados como para cortarme el cuello. Oculto la sonrisa de mi cara y camino hacia mi dormitorio.
—Buenas noches, Hinata.
Buen intento, Hinata. Buen intento.
—¡Hijo de puta!
Mi puerta del baño se abre y marcha directamente hacia mi cama. Me encontraba estudiando, pero lanzo rápidamente mis libros a un lado cuando la veo venir hacia mí. Salta sobre la cama, se para y camina cruzándola. Tiene sus manos en el aire y es en ese momento cuando noto que está sosteniendo algo. Sin embargo, me doy cuenta demasiado tarde, porque la crema sale a chorros del tubo y directamente a la parte superior de mi cabeza. —¿Crema para las hemorroides? —grita, arrojándola a un lado. Agarra otro tubo de crema que estaba escondido bajo su brazo. —¿Removedor de verrugas? —La exprime en mi almohada. Estoy tratando de cubrir mi cabeza con la manta, pero está poniendo la cosa en todas partes. Jalo sus piernas de debajo de ella y cae en la cama, entonces empieza a patearme y me lanza los tubos. —¿Alivio para la herpes labial? —Exprime ese justo en mi cara—. ¡No puedo creer que pusiste todo esto en nuestro cuarto de baño! Lo juro por Dios, eres un niño, Naruto. ¡Un niño celoso!
Le quito el resto de los tubos de las manos y lucho con ella para ponerla sobre su espalda, asegurando sus brazos al colchón. —Eres un imbécil —grita. Me esfuerzo por mantenerla inmóvil. —Si soy un imbécil, entonces eres una perra insensible despiadada y calculadora.
Gruñe, tratando de liberarse de mi agarre. Me niego a ceder, pero también hago todo lo posible para eliminar la ira de mi voz y hablar con ella tranquilamente. —¿Qué fue eso, Hinata? ¿Eh? ¿Por qué demonios lo trajiste aquí?
Deja de luchar lo suficiente para sonreír en mi cara. Sabiendo que mis celos la hacen sonreír me enoja aún más. Sostengo ambas muñecas con una mano y me estiro al lado de su cabeza, agarrando un tubo de crema. Abro la tapa y arrojo chorros en su pelo. Empieza a menearse debajo de mí y, Dios, estoy tan enojado con ella. ¿Por qué haría eso? Agarro su mandíbula y sostengo su rostro para que me mire. Se da cuenta de que no me está dominando físicamente, por lo que se aplaca. Su pecho está agitado y está sin aliento. Puedo ver la ira en sus ojos. No tengo ni idea de qué le da el derecho de estar enojada, cuando ella es la que está jodiendo mi cabeza.
Bajo mi frente con la suya y cierro los ojos. —¿Por qué? —le digo, sin aliento. El cuarto se vuelve tranquilo—. ¿Por qué lo trajiste aquí?
Suspira y voltea la cabeza. Me retiro y la miro, convencido de que veo más dolor en sus rasgos que ira. Su voz es tranquila cuando habla. — ¿Por qué dejaste que hoy otra se mudara aquí?
Sé que fue difícil para ella, porque su pregunta demuestra que se preocupa. Esa pregunta demuestra que yo no era el único que temía que una nueva compañera de cuarto se interponga entre nosotros. Tiene miedo de que voy a seguir adelante. Tiene miedo de que Sakura se interponga entre nosotros, por lo que trató de hacerme daño primero. —¿Crees que las cosas podrían cambiar entre nosotros sólo porque otra chica se mudó? —le pregunto. Mira por encima de mi hombro para evitar verme a los ojos. Inclino su mandíbula y hago que me mire—. ¿Es por eso que lo trajiste aquí?
Sus ojos se estrechan y aprieta sus labios, negándose a admitir que estaba herida. —Sólo dilo —le ruego. Necesito que lo diga en voz alta. Todo lo que necesito es que admita que lo trajo aquí porque se encontraba herida y asustada. Necesito que admita que hay un corazón real dentro de su pecho. Y que a veces late por mí. Ya que no lo quiere admitir, lo admitiré por ella.
—Nunca has dejado a nadie acercarse lo suficientemente para que su ausencia pueda hacerte daño. Pero te haría daño si te dejara, por lo que querías hacerme daño primero. —Presiono mis labios más cerca de su oído—. Lo hiciste —le susurro—. Al ver que entraste por la puerta con él dolió como el infierno. Pero no me voy a ir ninguna parte, Hinata, y no estoy interesado en alguien más. Así que ese pequeño juego que trataste de jugar fue contraproducente, ya que a partir de ahora, el único hombre al que tienes permitido traer a casa es el que ya vive aquí. —Lentamente me retiro y la miro a los ojos—. ¿Entendido?
Típico de Hinata, se niega a responder. Pero también sé que su negativa a responder es su manera de decir que tengo razón y que está de acuerdo.
Respira mucho más pesado de lo que hace unos minutos. Estoy casi seguro de que yo también, porque se siente como si mis pulmones ya no estuvieran funcionando. No puedo respirar, no importa cuánto lo intente, porque la necesidad de besarla se ha hecho cargo de mis conductos. Necesito su aire.
Fuerzo mi boca contra la suya y la beso con una posesividad que no sabía que estaba en mí. La beso tan desesperadamente que olvido que aún estoy enojado con ella. Mi lengua entra en su boca y ella la toma, dándome su propio beso desesperado, agarrando mi rostro, tirando de mí más cerca. Puedo sentirla en este beso como nunca antes la he sentido. Es probablemente el mejor beso que he experimentado con ella, porque es el primer beso con emociones reales tras él. Incluso a pesar de que es el mejor beso, es también uno de los más cortos. Me aparta. Está fuera de mi cama, fuera de mi habitación, y fuera de mi línea de visión cuando la puerta del baño se cierra de golpe detrás de ella. Ruedo sobre mi espalda y miro hacia el techo. Es tan confusa. Tan frustrante. Tan malditamente impredecible. No es nada que habría querido en una chica. Y es absolutamente todo lo que necesito.
Escucho el agua en la ducha que comienza a correr, así que inmediatamente salgo de la cama y camino hacia el baño. Mi corazón se aprieta un poco cuando la manija gira y me doy cuenta de que no cerró con llave. Sé que esta señal significa que quiere que la siga. Sin embargo, lo que quiere que haga una vez que estoy dentro del baño es un misterio. ¿Quiere que la tome contra la pared de la ducha? ¿Quiere que me disculpe con ella? ¿Quiere que hablemos? Con ella no sé. Nunca sé. Así que, hago lo que siempre hago y espero a que ella me muestre lo que necesita.
Entro al baño y tomo una toalla para limpiar toda la maldita crema en mi pelo. Logro quitar tanta como puedo y luego bajo la tapa del retrete y me siento en ella, escuchando en silencio mientras sigue duchándose. Sé que sabe que estoy aquí, pero no habla. Incluso aceptaría sus insultos justo ahora si eso significara que diría algo para aliviar el silencio. Me inclino hacia delante y junto mis manos entre mis rodillas. — ¿Esto te asusta, Hinata?-Sé que me escucha, pero no responde. Eso significa que sí. Dejo que mi cabeza caiga en mis manos y trato de mantener la calma. Así es como ella se relaciona. No conoce algo diferente. De alguna manera, en el curso de sus veintidós años, nunca ha aprendido a amar, o incluso a comunicarse. Eso no es su culpa. —¿Alguna vez has estado enamorada? —Es ligeramente una pregunta genérica. No pregunto si podría enamorarse de mí específicamente, así que quizás la pregunta no la enoje. Escucho un intenso suspiro detrás de la cortina de la ducha.
—Creo que se necesita ser amado para saber cómo amar —dice en voz baja—. Así que creo que no.
Hago una mueca ante su respuesta. Qué respuesta tan triste. Una que no esperaba. —No puedes realmente creer eso, — El silencio permanece. No contesta. —Tu madre te amaba —le digo.
—Mi madre me dio a mi abuela cuando tenía seis meses.
—Estoy seguro de que tu abuela te amaba.
Una risa triste y baja viene de la ducha.
—Estoy segura de que sí, pero no lo suficiente como para seguir con vida por más de un año. Después de que murió viví con mi tía, quien hizo que fuera muy obvio que no me amaba. Aunque mi tío sí lo hacía. Sólo que de todas las maneras incorrectas.
Cierro los ojos con fuerza y dejo que sus palabras me envuelvan. Itachi no bromeaba cuando dijo que ella había tenido una vida difícil. Y es tan casual sobre ello, como si sólo aceptara que este es el tipo de vida que se le dio y no hay nada que pueda hacer sobre ello. Una mezcla de enojo y tristeza me consume.
—Hinata…
—No te molestes, Naruto. He lidiado con mi vida de la única manera que sé. Eso funciona para mí, y no te necesito a ti o a alguien más que intente entenderme o repararme. Soy quien soy y lo he aceptado.
Cierro la boca y no le ofrezco palabras de consejo. De todas formas no sabría qué decir. Me siento horrible por querer presionarla con más preguntas después de esa revelación, pero no estoy seguro de cuando tendré este lado de ella de nuevo. Hinata no se abre tan fácilmente, y ahora puedo ver por qué. No parece que hubiera tenido a alguien con quien abrirse, así que esta debe ser una primera vez para ella.
—¿Qué hay de tu hermana? Hinata suelta un suspiro.
—Ni siquiera es mi hermana real. Éramos hermanas adoptivas, y ni siquiera crecimos en la misma casa.
Debería parar con las preguntas. Sé que debería, pero no puedo. El saber que probablemente nunca ha dicho o escuchado las palabras "te amo" de nadie en su vida está afectándome mucho más de lo que imaginé que podría.
—Estoy seguro de que has tenido novios que te han amado en el pasado.
Ríe de una forma realmente triste, y luego sólo suspira incluso más triste.
—Si estás planeando hacerme preguntas como esta toda la noche, preferiría que mejor me folles.
Cubro mi boca con la mano, absorbiendo sus palabras como un cuchillo al pecho. Ella en serio no puede estar así de rota. Nadie puede estar así de solo, ¿cierto?
—¿Alguna vez has amado a alguien, Hinata?
Silencio. Completo silencio hasta que su voz lo rompe como si fuera vidrio.
—Es difícil enamorarse de idiotas, Naruto.
Ese es un comentario de una chica a la que han molestado demasiadas veces. Me pongo de pie y aparto la cortina de la ducha.
Está de pie bajo la corriente de agua. El maquillaje se ha corrido por sus mejillas.
—Quizás aún no has conocido al idiota correcto.
Inmediatamente suelta una carcajada, junto con unas cuantas lágrimas. Sus ojos están tristes, y su sonrisa es apreciativa y por primera vez, está completamente desnuda. Es como si estuviera ofreciéndome su corazón, rogándome que no lo rompa. La vulnerabilidad que me está mostrando justo ahora es algo que estoy casi seguro nunca le ha mostrado a nadie más. A ningún otro hombre, al menos.
Entro en la ducha. Me mira con sorpresa cuando mi ropa rápidamente se moja. Tomo su rostro en mis manos, y la beso. No la beso duro. No la beso con fuerza. Presiono mis labios contra los suyos con delicadeza; quiero que sienta todo lo que merece sentir en manos de alguien más. Ella merece sentirse hermosa. Merece sentirse importante. Merece sentir que la cuidan. Merece sentirse respetada. Merece sentir que hay al menos otra persona en este mundo que la acepta justo por lo que ella es.
Merece saber cómo me siento, porque siento todas esas cosas. Y quizás un poco más.
~~~~~~~~~~~~~
Me enamoré...
