Desde ese día en la ducha, las cosas han cambiado entre nosotros. No es como si hubiera tenido este milagroso cambio de personalidad o en realidad fuera agradable conmigo durante el día.
De hecho, todavía es bastante insoportable la mayor parte del tiempo. También sigue creyendo que Sakura es sorda, y es casi increíble que la broma haya durado por tanto tiempo. Así que ni siquiera puedo decir que mi emoción por gastarle bromas ha cambiado. Lo que sí ha cambiado son nuestras noches juntos.
El sexo.
Es diferente ahora. Más lento. Con más contacto visual. Más besos. Más preámbulos. Más besos. Muchos más besos, y no sólo en la boca. Me besa por todas partes, y se toma su tiempo cuando lo hace. Y lo disfruta. Sigue sin ser del tipo que abraza después, y siempre me echa de su cama antes de que el sol salga. Pero aun así, es diferente. Esa noche en la ducha derribó una pared entre nosotros. Porque sé que cada noche que la tengo en la cama, me entrega una parte de sí misma que nadie más ha visto.
Y es suficiente como para mantenerme feliz por un largo tiempo. Sólo espero que lo de hoy no lo arruine. Ambos tenemos el día libre y eso no pasa muy a menudo debido a nuestros trabajos y escuelas. Tengo que hacer un par de encargos y le pedí que me acompañara, lo que podría ser un poco extraño. Hemos estado durmiendo juntos por unos cuantos meses hasta ahora, pero esta es la primera vez que en realidad hemos hecho algo que no incluya sexo. Lo que también me hace preguntarme si debería invitarla a salir en una cita eventualmente. Sé que no es la típica chica, pero de seguro le deben gustar algunas de las mismas cosas que las otras chicas hacen, como ser llevadas a citas. Pero nunca me ha dado a entender que quiere que la lleve a una, y sinceramente, me aterra preguntarle. Me siento como si nuestro arreglo fuera perfecto para ambos, y si comenzáramos a meter citas en el asunto, se arruinaría todo.
Eso incluye citas a la luz del día. Como hoy. Como la que estamos a punto de tener.
Mierda.
—Así que —dice Sakura. Está sentada en el sofá junto a mí. Estoy mirando porno, naturalmente, ya que Hinata todavía se rehúsa a darme el nombre del vídeo en el que participó. Aunque a Sakura no le importa. Está centrada en su tarea, ignorando el hecho de que estoy teniendo un pequeño delirio interno sobre si podría o no haber invitado a Hinata a una cita para hacer encargos.
—¿Qué sucede con Hinata? —Le doy un vistazo a Sakura y todavía está centrada en su libro, tomando notas.
—¿Qué quieres decir? —Sakura se encoge de hombros.
—Es sólo que es tan… desagradable.
Me río, porque es verdad. Hinata puede ser horrible.
—No puede evitarlo —digo—. Ha tenido una vida difícil.
—También Sasuke —dice Sakura—, pero no se va encima de las personas cuando tratan de hablarle.
—Es porque Sasuke es sordo. No puede gritarles a las personas, es físicamente imposible para él.
Sakura levanta la mirada y rueda los ojos, riendo. Me codea en las costillas, justo cuando Hinata sale de su habitación. Hinata mira fríamente a Sakura y odio que todavía crea que alguna vez podría haber algo entre Sakura y yo. Me agrada, y creo que es genial, pero tengo el presentimiento de que Sasuke lo detendría de inmediato. Lo que no es bueno, considerando que Sasuke tiene a Karin. Pero esos son problemas en los que no tengo ganas de meterme por el momento, porque mi problema está mirándome furiosamente ahora mismo.
—Por favor, no me digas que has invitado a tu pequeña novia — dice Hinata, deslizando sus ojos hacia Sakura. Sakura es realmente buena jugando bromas. Ni siquiera mueve un ojo mientras Hinata habla sobre ella. Sigue fingiendo que no puede oír una palabra de lo que dice Hinata. Estoy bastante seguro de que Sakura ha seguido con esto porque es mucho más fácil que en realidad tener que hablar con Hinata.
—Ella no viene —digo, levantándome—. Tiene planes.
Hinata se gira, dándole su atención a la cartera que acaba de colgar en su hombro. Camino hacia ella y envuelvo los brazos a su alrededor desde atrás. —Sólo bromeaba —susurro en su oído—. No he invitado a nadie más que a ti para hacer recados conmigo hoy.
La mano de Hinata encuentra mi frente, y me aleja. —Me quedaré aquí si esperas que el día sea así.
Retrocedo un paso. —¿Así cómo?
Me señala. —Contigo. Tocándome. Besándome. Con demostraciones públicas. Es asqueroso. —Camina hacia la puerta de entrada y llevo una mano a mi corazón, haciéndole una mueca a Sakura.
—Buena suerte —modula mientras me dirijo hacia la puerta. Una vez que estamos en el auto y alejándonos del apartamento, Hinata finalmente habla—: Así que, ¿a dónde vamos primero? Necesito ir a Walgreens antes de que regresemos.
—Primero iremos a la casa de mi hermana, luego iremos al banco, después a Walgreens, luego a almorzar y entonces a casa. Su mano se levanta de golpe y alza un dedo.
—¿Qué acabas de decir? —Vuelvo a decirlo.
—Primero iremos a la casa de mi hermana, luego iremos al…
—¿Por qué diablos vas a llevarme a la casa de tu hermana? No quiero conocer a tu hermana, Naruto. No somos ese tipo de pareja.
Ruedo los ojos y agarro la mano que mantiene alzada en protesta.
— No voy a llevarte como mi novia. Puedes quedarte en el maldito auto, no me importa. Sólo necesito dejar un paquete en su casa. Tras decir eso, en realidad aclara su recelo. Se relaja en el asiento y extiende su mano así puedo deslizar mis dedos por los suyos. Bajo la mirada a nuestras manos, y verlas entrelazadas en la consola entre nosotros se siente como si acabara de ir más lejos con ella que la noche que nos acostamos por primera vez. En ese entonces, nunca me hubiera permitido sostener su mano. Demonios, nunca me hubiera permitido sostener su mano el mes pasado siquiera. Pero ahora lo hacíamos. Quizás debería invitarla a salir. Aleja su mano de la mía, y de inmediato dirijo la vista hacia ella. Me está mirando fijamente.
—Estabas sonriendo mucho —dice. ¿Qué? Extiendo el brazo y agarro su mano otra vez, trayéndola de vuelta conmigo. —Sonreía porque me gusta sostener tu mano.
Retira su mano otra vez. —Lo sé. Es por eso que no quiero que la sostengas. Maldita sea. No va a ganar esta vez. Me estiro sobre la consola otra vez, girando el auto en el proceso. Intenta meter su mano bajo sus piernas así no puedo agarrarlas, por lo que jalo de su muñeca en su lugar. Suelto el manubrio y me estiro con ambas manos ahora, manejando con mi rodilla.
—Dame tu mano —digo entre dientes—. Quiero sostener tu maldita mano. —Tengo que agarrar el manubrio para volver a nuestro carril. Una vez que ya no hay peligro de estrellarnos, piso con fuerza los frenos mientras dirijo el auto a un lado del camino. Aparco y bloqueo las puertas por lo que no puede huir. Sé cómo piensa. Me inclino sobre la consola y alejo su mano del agarre contra su pecho. Agarro su muñeca con ambas manos y la jalo hacia mí. Aun intenta luchar conmigo para alejar su mano, por lo que la suelto y la miro directo a sus ojos.
—Dame. Tu. Mano. No estoy seguro si la asusté un poco, pero se relaja y me permite sujetar su muñeca. Aseguro su muñeca en mi mano izquierda y levanto mi mano derecha frente a la suya.
—Extiende tus dedos. En vez de eso, empuña la mano. Abro su puño, luego obligo a nuestros dedos a entrelazarse. Detesto que se resista. Me está enfadando de verdad. Todo lo que quiero hacer es sostener su maldita mano, y está haciendo un gran problema. Hacemos todo al revés en esta relación. Se supone que las parejas comienzan sosteniendo sus manos y yendo a citas. Pero nosotros no. Comenzamos peleando, y terminamos follando, sin embargo, al parecer, no hemos llegado al punto donde podemos tomarnos de la mano. Si las cosas continúan de esta manera, lo más probable es que terminaremos viviendo juntos antes que vayamos a nuestra primera cita siquiera.
Aprieto su mano hasta que estoy seguro que no puede alejarse. Vuelvo a mi asiento, enciendo el auto con mi mano izquierda y luego vuelvo al camino. Conducimos en silencio por los próximos kilómetros, y, de vez en cuando, intenta quitar su mano de la mía, pero cada vez que lo hace apretó un poco más fuerte y me enfado un poco más con ella. Va a sostener mi mano le guste o no, maldita sea. Nos detenemos en una luz roja, y la falta de movimientos fuera del auto y la falta de conversación dentro de ella cambia el ánimo enormemente, llenando el aire con tensión y… ¿risas?
Se está riendo de mí. Es obvio. Ladeo mi cabeza con lentitud en su dirección, dándole una mirada de soslayo. Está tapando su boca con su mano libre, intentando no reírse, pero lo hace de todas formas. Ríe tanto que su cuerpo tiembla. No tengo idea de qué encuentra tan chistoso, pero no me río con ella. Y, por más que quiero voltearme y golpear el manubrio, no puedo parar de observarla. Observo las lágrimas saliendo de las esquinas de sus ojos, y observo su pecho jadear cuando intenta recuperar la respiración. Quiero lamer sus labios cuando intenta detenerse.
La observo pasar su mano libre por su cabello mientras suspira, calmándose de su ataque de risa. Finalmente, me mira. Ya no está riéndose, pero los residuos todavía están ahí. La sonrisa aún yace en su boca y sus mejillas siguen siendo más rosadas de lo normal, y su maquillaje es un borrón en las esquinas de sus ojos. Sacude su cabeza, centrando su concentración en mí.
—Estás loco, Naruto —ríe de nuevo, pero sólo por un segundo. El hecho que no estoy sonriendo le incomoda.
—¿Por qué estoy loco?
—Porque sí —dice—. ¿Quién lucha así por sostener la mano de alguien?
No muevo un músculo. —Tú lo haces, Hinata.
La sonrisa abandona su rostro lentamente, porque sabe que tengo razón. Sabe que es la única que hace un gran escándalo por que sostenga su mano. Era yo quién quería demostrarle cuán fácil era. Ambos bajamos la mirada a nuestras manos cuando, con lentitud, alejo mis dedos de los suyos y suelto mi agarre. La luz se vuelve verde cuando agarro el manubrio y piso el acelerador.
—Tú sí sabes cómo hacer a un chico sentirse como la mierda, Hinata.
Le doy mi completa atención al camino y acomodo mi codo izquierdo en la ventana. Cubro mi boca con mi mano, apretando mi mandíbula por la tensión. Logramos estar así tres cuadras. Tres cuadras es todo el tiempo que le toma hacer el gesto más considerado que alguna vez ha hecho por mí desde el momento que la conocí.
Alarga su brazo hasta el manubrio y toma mi mano. La lleva a su regazo y desliza sus dedos entre los míos. Aunque no se detiene ahí. Su mano derecha se desliza en la cima de mi mano y la acaricia. Acaricia mis dedos y la cima de mi mano y mi muñeca y de vuelta a mis dedos. Mira por la ventana todo el tiempo, pero puedo sentirla. Puedo sentirla hablándome y sosteniéndome y haciéndome el amor, todo con los movimientos de sus manos.
Y sonrío todo el camino hasta la casa de mi hermana.
—¿Es mayor o menor que tú? —pregunta Hinata cuando apago el motor.
—Diez años mayor.
Ambos salimos del auto y comenzamos a caminar hacia la casa. No le pedí que viniera conmigo, pero el hecho de que no esperó en el auto es una prueba de que otro muro se ha derrumbado entre nosotros. Subo por las escaleras, pero antes de llamar a la puerta, me giro y la miro.
—¿Cómo quieres que te presente? —le pregunto—. ¿Compañera de piso? ¿Amiga? ¿Novia?
Aparta la mirada y se encoge de hombros. —De hecho, no me importa. Sólo no lo conviertas en algo raro.
Sonrío y golpeo la puerta. Inmediatamente escucho pasos diminutos y chillidos y cosas cayéndose y mierda, olvidé lo loco que es por aquí. Probablemente debí haberle advertido. La puerta se abre y mi sobrino, Brody, salta de arriba y hacia abajo.
—¡Tío Naruto! —grita, aplaudiendo. Abro la puerta de malla, dejo el paquete que mi madre le mandó a mi hermana en el suelo y rápidamente alzo a Brody.
—¿Dónde está tu mamá?
Señala a través de la sala. —En la cocina —dice. Su mano encuentra mi mejilla y me hace mirarlo—. ¿Quieres jugar a hacerte el muerto?
Asiento y lo dejo en la alfombra. Le hago un gesto a Hinata para que me siga dentro, luego finjo apuñalar a Brody en el pecho. Cae al piso en un espectacular alarde de derrota. Hinata y yo nos mantenemos de pie sobre él mientras se retuerce de dolor. Su cuerpo convulsiona un par de veces y luego su cabeza cae inerte en la alfombra.
—Se muere mejor que cualquier niño de cuatro años que haya visto —le digo a Hinata.
Asiente, sin dejar de mirarlo. —Estoy asombrada —dice.
—¡Brody! —grita mi hermana desde la cocina—. ¿Ese es Naruto?
Empiezo a caminar rumbo a la cocina y Hinata me sigue. Cuando giro en la esquina, Whitney tiene a Conner en su cadera y está agitando algo en la estufa con el otro brazo.
—Brody está muerto, pero sí, soy yo —le digo. Tan pronto como Whitney me ve, gritos vienen del monitor de bebé al lado de la estufa. Suspira, exasperada, y me señala que vaya a la estufa. Me acerco a ella y tomo la cuchara de sus manos.
—Tiene que ser mezclado al menos por otro minuto, luego quita el quemador de la sartén.
—¿Quieres decir que quite la sartén del quemador?
—Como sea —dice. Mueve a Conner de su cadera y camina hacia Hinata—. Aquí, sostén a Conner. Ya vuelvo.
Hinata instintivamente tiende sus manos y mi hermana empuja a Conner hacia ella. Los brazos de Hinata están más que extendidos, tan lejos de su cuerpo como puede. Sostiene a Conner debajo de sus axilas, mirándome con los ojos abiertos.
—¿Qué hago con esto? —susurra. Sus ojos llenos de terror.
—¿Nunca has sostenido a un niño antes? —pregunto con incredulidad.
Hinata inmediatamente sacude la cabeza. —No conozco niños.
—Yo niño —dice Conner.
Hinata jadea y observa a Conner, quien la está mirando fijamente con terror y fascinación. —¡Habló! —exclama—. ¡Dios mío, hablaste!
Conner sonríe. —Di gato —dice Hinata. —Gato —repite Conner.
Ella ríe nerviosamente, pero aún lo sostiene como si fuera una toalla sucia. Retiro la olla del quemador y lo apago, luego me acerco a ella.
— Conner es el más fácil —le digo—. Aquí, sostenlo así. —Lo coloco alrededor de su cadera y envuelvo su brazo detrás de él, asegurándolo contra su cintura. Intercambia miradas nerviosas entre Conner y yo.
—No se cagará en mí, ¿verdad?
Río y Conner suelta una risita. Golpea su pecho dos veces y mueve sus piernas. —Cagará en mí —dice, sin dejar de reír.
Hinata se lleva la mano a la boca. —Dios mío, es como un loro — dice.
—¡Naruto! —grita Whitney desde lo alto de las escaleras. —Ya regreso. Hinata sacude la cabeza y señala a Conner.
—Pero... pero... esto... —balbucea. Le doy una palmadita en la cabeza.
—Estarás bien. Sólo mantenlo con vida por dos minutos. —Subo por los escalones y Whitney se encuentra de pie en la puerta del cuarto de niños. Está limpiándose el cuello con un trapo.
—Se hizo pipí en mi cara —dice. Se ve tan cansada. Quiero abrazarla, y lo haría si no estuviera cubierta de pipí.
Me entrega al bebé—. Llévalo abajo mientras me doy una ducha, por favor. Lo saco de sus manos. —No hay problema.
Comienza a dirigirse a su habitación, pero se detiene justo antes de que yo llegue a las escaleras. —Oye —dice. Me doy la vuelta y la miro—. ¿Quién es la chica? —señala.
Me encanta que señale esto, así Hinata no tiene ninguna posibilidad de escuchar su pregunta. Tener una familia que es totalmente fluida en el lenguaje de signos sin duda es muy útil. —Sólo mi compañera de piso —señalo de regreso, encogiéndome de hombros ante eso.
Sonríe y se va a su cuarto. Bajo las escaleras sosteniendo al bebé contra mi pecho. Paso sobre Brody, que todavía se está haciendo el muerto en el suelo. Cuando llego a la puerta de la cocina, me detengo. Hinata ha sentado a Conner en la isla de la cocina. Está de pie frente a él para que no se caiga y con los dedos en alto, contando con él.
—Tres. ¿Puedes contar hasta tres?—Conner toca con el dedo la punta del suyo. —Uno. Dos. Tres —dice. Comienzan a aplaudir y dice—: Yo ahora. Hinata empieza a contar sus dedos esta vez.
Apoyo la cabeza contra el marco de la puerta y la observo interactuar con él. No sé por qué nunca he pasado tiempo con ella fuera del dormitorio antes de esto. Podía sumar todas las cosas que me ha hecho en la noche, y estoy seguro que no cambiaría lo de hoy por todo eso combinado. Esta es la Hinata que yo veo. La parte que me da. Y ahora que la estoy observando, veo que es muy capaz de dárselo a otros que lo merecen.
—¿Miras fijamente a todos tus compañeros así? —susurra Whitney en mi oído. Me giro y está de pie detrás de mí, viéndome mirar a Hinata. Sacudo la cabeza y regreso mi vista hacia Hinata.
—No. No lo hago.
Tan pronto como lo digo, lo lamento. Whitney estará enviándome mensajes de textos dentro de una hora, queriendo conocer todos los detalles. Por cuánto tiempo la conozco, de dónde es, si estoy enamorado de ella. Es hora de irse. —¿Estás lista, Hinata? —pregunto, entregándole el bebé a Whitney. Hinata mira en mi dirección y luego a Conner. Realmente pareceun poco triste por tener que decir adiós. —Adiós, Hinata —le dice Conner, agitando el brazo.
Hinata jadea y se gira hacia mí. —¡Dios mío! ¡Naruto, dijo mi nombre! Se vuelve hacia Conner y todavía agita el brazo. —Cagar en mí —dice él.
Hinata lo levanta inmediatamente y lo pone en el suelo. —Lista — dice rápidamente, alejándose de él y dirigiéndose hacia la puerta. Whitney está señalando a Conner y mirándome. —Acaba de decir...
Asiento. —Creo que lo hizo, Whit. Debes cuidar tu lenguaje alrededor de tus niños. —Le doy un beso rápido en la mejilla y camino hacia la puerta. Hinata está de pie junto a Brody, mirándolo. —Realmente impresionante. Está en la misma posición en la que lo dejamos.
—Te dije que muere mejor que nadie que conozca. —Doy un paso por encima de él y mantengo la puerta abierta para ella. Salimos y ni siquiera se inmuta cuando deslizo mi mano entre la de ella. La acompaño hasta la puerta del copiloto, pero antes de abrirla, giro su rostro hacia mí y la presiono contra el auto. Mi mano toca su frente y aparto un mechón de su cabello.
—Nunca pensé que quería niños —dice, mirando la casa.
—¿Pero ahora sí?
Sacude la cabeza. —No, no realmente. Pero quizás si pudiera tener a Conner. A esa edad, por un año, quizás dos. Entonces probablemente me cansaría de él y ya no lo querría, pero uno o dos años de mi vida podría ser divertido.
Me río. —Entonces, ¿por qué no lo secuestras y lo devuelves cuando tenga cinco años?
Me mira de nuevo. —Pero tú sabrías que fui yo quien se lo llevó.
Le sonrío. —Nunca lo diría. Me gustas más de lo que me gusta él.
Sacude la cabeza. —Amas demasiado a tu hermana como para hacerle eso. Nunca funcionaría. Tendríamos que secuestrar al niño de otra persona.
Suspiro. —Sí, probablemente tengas razón. Además, deberíamos secuestrar el hijo de una celebridad. Así podríamos obtener un rescate y nunca más tener que trabajar. Podríamos devolver al niño, tomar el dinero, y pasar el resto de nuestras vidas teniendo sexo todo el día. Hinata sonríe.
—Eres tan romántico, Naruto. Ningún otro tipo meha prometido un secuestro y rescate.
Inclino su barbilla para que su boca esté más cerca de la mía. — Como dije, simplemente no habías conocido al idiota correcto. —Presiono mis labios con los suyos y la beso, sólo por un momento. Lo mantengo clasificación apta para toda la familia en caso de que Brody haya vuelto a la vida y esté viéndonos. Llego a su espalda y abro la puerta. Camina a mí alrededor para subir, pero antes de que lo haga, se pone de puntillas y me besa la mejilla.
Para Brody o cualquier otra persona observando, eso fue sólo un beso en la mejilla. Pero conociendo a Hinata como la conozco, eso fue muchísimo más que un simple beso. Eso fue ella diciendo que no necesita a nadie más. Ese beso en la mejilla significa que somos oficiales.
Ese beso en la mejilla significa que tengo novia.
Muchas gracias a MiniYo95 por la recomendación, la verdad soy nueva en esto de publicar y bueno estoy aprendiendo... Con mucho gusto recibiré todas las recomendaciones que me puedan ayudar a mejorar... (o)
