—¿Así que crees que es oficial porque ella te dio un beso en la mejilla? —dice Sakura, confundida.

Ella no lo entiende. Es como todo el mundo y ve a Hinata del modo en que se muestra, lo cual está bien. Hinata se muestra ante la gente bastante ruda, y eso le parece bien. Dejo de tratar de explicarle mi relación con Hinata. Además, me gusta que nadie lo entienda. Y a pesar de que hemos tenido esta experiencia muy loca y no sexual de tomarnos de la mano y besarnos la mejilla el otro día, eso no nos ha afectado en el dormitorio.

De hecho, la última noche superamos la racha lenta y constante en la que hemos estado y representamos una fantasía mía que la involucraba a ella con su uniforme de Hooters.

—Deberías tratar de conseguir un trabajo en Hooters —le digo a Sakura. Sé que ha estado buscando trabajo, y aunque eso no parece de su estilo, las propinas son muy buenas.

—No, gracias —dice—. Ni muerta me verían en esos pantalones cortos.

—En realidad, son unos pantalones cortos muy bonitos. Suaves. Elásticos. Te sorprenderías. Y anoche, cuando Hinata fingía que me servía un plato de alitas de pollo, me agaché y…

—Naruto —dice Sakura—. Detente. No me importa. ¿Cuántas veces tengo que decirte que no me importa tu vida sexual?

Frunzo el ceño. A Itachi, en realidad, tampoco le gusta oír hablar de eso y no puedo decirle a Hinata porque es una parte de la historia y simplemente sería redundante. Echo de menos a Itachi. Él siempre escuchaba.

Se abre la puerta del dormitorio de Hinata, y veo como sus ojos recorren la sala de estar en mi busca. Puedo ver el atisbo de una sonrisa, pero ella es buena en asegurarse de que soy el único que lo ve. —Buenos días, Hinata —le digo—. ¿Dormiste bien?

Baja la mirada a Sakura, que de nuevo está sentada a mi lado en el sofá. Ella mira hacia otro lado, pero no antes de ver un destello de dolor en su rostro.

—Jódete, Naruto —dice, volviendo su atención hacia el refrigerador.

¿Incluso después de sostenernos de la mano y besarme en la mejilla, cree que yo estaría con otra chica? La miro mientras golpea las cosas en la cocina, con rabia. —No me gusta la forma en que ella está encima de ti todo el tiempo —dice Hinata. Inmediatamente me dirijo a Sakura y me río, porque en primer lugar, ella todavía cree que Sakura no puede oírla, y segundo, porque no puedo creer que acabe de decirme eso. Si eso no significa que me está reclamando, no sé lo que es. Me encanta.

—¿Crees que es divertido? —dice Hinata después de darse la vuelta. Niego con la cabeza rápidamente y pierdo la sonrisa, pero ella extiende la mano en dirección a Sakura—. La chica es obviamente mala para ti, ¿y no puedes ni siquiera respetarme lo suficiente como para distanciarte de ella hasta que esté fuera de la casa? —Nos da la espalda otra vez—. Primero le da a Sasuke alguna historia triste para que la deje mudarse, y ahora está tomando ventaja del hecho de que sabes el lenguaje de señas para poder coquetear contigo.

No sé quién se siente peor, Hinata o Sakura. O yo mismo.

— Hinata, detente.

—Tú detente, Naruto —dice, volviéndose hacia mí—. O dejas de meterte en la cama conmigo por las noches o dejas de convivir en el sofá con ella durante el día.

Sabía que iba a llegar esto, pero esperaba no estar aquí cuando finalmente pasara. Sakura llega a su límite y golpea el libro contra sus muslos.

— ¡Hinata, por favor! —grita—. ¡Cállate! ¡Cállate, cállate, cállate! ¡Cristo! No sé por qué crees que soy sorda, y definitivamente no soy una puta, y no estoy usando el lenguaje de señas para coquetear con Naruto. Ni siquiera lo sé. Y a partir de ahora, ¡por favor deja de gritar cuando me hablas!

Tengo miedo de mirar a Hinata. Me siento dividido, porque quiero chocar los cinco con Sakura por defenderse finalmente, pero quiero abrazar a Hinata porque sé que esto tiene que ser duro para ella. De repente siento como si esa broma fuera la peor en la historia de las bromas. Echo un vistazo justo a tiempo para ver una avalancha de dolor deslizarse por el rostro de Hinata.

Marcha a su habitación y cierra la puerta. Esto va a ser imposible de arreglar. Sin ayuda de nadie, Sakura acaba de arruinar toda mi relación con ese arrebato. Bueno, no fue toda su responsabilidad. Yo también interpreté un gran papel en ello Me duele el pecho. No me gusta esto. No me gusta el silencio, y no me gusta el hecho de que estoy a punto de tener que ir a arreglarlo. Pongo las manos sobre mis rodillas y empiezo a ponerme de pie. —Bueno, ahí va mi oportunidad de representar todas las escenas de rol que he estado imaginando. Muchas gracias, Sakura.

Ella empuja su libro de su regazo y se levanta. —Jódete, Naruto.

Auch. Dolido por dos. Sakura se acerca a la puerta y llama la habitación de Hinata. Después de unos segundos, se desliza dentro cautelosamente y cierra la puerta detrás de ella. Si de alguna manera corrige esto, estaré en deuda con ella para siempre.

Suspiro y me paso la mano por el pelo, sabiendo que esto es mí culpa. Le echo un vistazo a Sasuke y él me está mirando. —¿Qué me perdí? —dice con señas. Lentamente sacudo la cabeza con vergüenza. —Hinata se enteró que Sakura no es sorda y ahora me odia. Sakura fue a su cuarto para tratar de arreglar las cosas porque se siente culpable.

La confusión nubla el rostro de Sasuke. —¿Sakura? —dice—. ¿Por qué ella se siente culpable? Me encojo de hombros. —Por seguirme la corriente con la broma, supongo. Se siente mal por avergonzar a Hinata.

Sasuke niega con la cabeza. —Hinata se lo merecía. Si alguien debe disculparse, debe ser ella. No Sakura.

¿Por qué defiende a Sakura como si fuera su novio sobreprotector? Echo un vistazo a la puerta del dormitorio de Hinata, sorprendido de que en realidad se escuche una conversación en su habitación, en vez de una pelea de gatas. Sasuke agita la mano en el aire para atraer mi atención de nuevo. —Hinata no le está gritando, ¿verdad? —dice. Se ve preocupado, y francamente, eso me preocupa.

—Sin duda pareces preocuparte mucho por el bienestar de Sakura —respondo con señas. Su mandíbula se tensa, y sé que probablemente no debería haber dicho nada. Sin embargo, no puedo evitarlo. He pasado por mucho con Sasuke y Karin, y no quiero que él arruine las cosas sólo porque podría encontrar a otra chica atractiva. Me doy cuenta que no quiere llevar la conversación en esa dirección, así que la redirijo de nuevo a mí.

—No, ninguna de las dos están gritando —digo—, pero Hinata lo hará tan pronto como salga de su dormitorio. Es más que probable que ahora se mude, y nunca voy a ser capaz de arrastrarme fuera de la cama otra vez porque... —Me toco el pecho—, se va a llevar mi corazón con ella.

Él sabe que estoy siendo dramático, por lo que rueda los ojos y se ríe, volviéndose hacia su portátil. La puerta del dormitorio de Hinata se abre, y ella marcha fuera. No me preparé para esto. Sabía que estaría enojada, pero no estoy seguro de si puedo defenderme contra ella físicamente si estuviéramos en una pelea real. Me siento con la espalda recta y veo con miedo mientras camina rápidamente hacia mí. Se arrodilla en el sofá y desliza su pierna sobre mi regazo, sentándose a horcajadas sobre mí. Estoy tan confundido. Sus manos encuentran mis mejillas y suspira.

—No puedo creer que me estoy enamorando de un estúpido idiota.

Mi corazón quiere regocijarse, pero mi mente está tirando de las riendas. Enamorándose. De un idiota. Un estúpido idiota. ¡Mierda! ¡Ese soy yo! Envuelvo las manos alrededor de su cabeza y acerco su boca a la mía, al mismo tiempo que me pongo de pie y comienzo a dirigirme hacia mi dormitorio. Cierro la puerta de golpe detrás de nosotros y me acerco a la cama y la dejo caer allí. Me quito la camisa y la tiro al suelo.

—Dilo otra vez. —Me deslizo encima de ella y sonríe, tocando mi cara con las palmas de sus manos. —Dije que me estoy enamorando de ti, Naruto. Creo. Estoy bastante segura de que es así.

La beso de nuevo, frenéticamente. Esas son las palabras más hermosas que le he oído decir alguna vez a otro ser humano. Retrocedo y la miro de nuevo. —Pero querías matarme hace cinco minutos. ¿Qué cambió? —Me levanto en mis manos—. ¿Acaso Sakura te pagó para que dijeras eso? ¿Es una broma? —Mi corazón se detiene. Hinata niega con la cabeza. Moriría. Literalmente, moriría si ella se retractaba. Mi muerte sería mucho mejor que la de Brody, porque la mía sería una real.

—Yo sólo... —Hinata hace una pausa, buscando las palabras correctas—. He estado pensando todo este tiempo que a lo mejor estabas acostándote con Sakura. Pero después de hablar con ella, sé que no es verdad. Y también mencionó que una noche, cuando estabas borracho, dijiste que puede que me ames. Y eso... no sé, Naruto.

Dios, me encanta esto. Me encanta su nerviosismo. Me encanta su vacilación. Me encanta que me hable tan abiertamente. —Dime, Hinata —digo en voz baja, instándola a terminar lo que me decía. Giro a mi lado y me levanto sobre el codo. Le aparto el pelo de la frente y me inclino hacia adelante para besarla. —Cuando ella dijo eso, me hizo sentir… feliz. Y me di cuenta de que nunca estoy feliz. Fui una niña infeliz y soy una adulta infeliz y nada en mi vida me hace sentir de la manera en que lo haces tú. Así que sólo… creo que eso es este sentimiento. Creo que me estoy enamorando de ti. Una gotita de una lágrima escapa de la esquina de su ojo y por mucho que quiera embotellarla y guardarla para toda la eternidad, pretendo no notarlo, porque sé que eso es lo que preferiría ella. La beso en los labios de nuevo antes de retroceder y mirarla directamente a los ojos.

—Yo también me estoy enamorando de ti.

Sonríe y estira la mano hasta mi nuca y lleva lentamente mi boca a la suya. Me besa suavemente y luego me empuja con cuidado sobre mi espalda. Se acomoda encima de mí y presiona las manos contra mi pecho.

—Creo que debo aclarar que nunca dije que estaba enamorada de ti. Sólo dije que me estaba enamorando. Hay una gran diferencia.

La agarro por las caderas y la acerco más. —La única diferencia entre estar enamorándose y estar enamorado es que tu corazón ya sabe cómo te sientes, pero tu mente es demasiado terca para admitirlo. —Luego le susurro al oído—: Pero tómate todo el tiempo que necesites. No tengo más que paciencia para ti.

—Bien, porque todavía no voy a decirte que te amo. Porque no lo hago. Podría estar en camino a ese punto, pero cualquier cosa podía descarrilarlo.

No puedo evitar sonreír y besarla luego de ese pequeño aviso. Después de unos minutos de besos, vuelve la cabeza hacia un lado y levanta un dedo, pidiéndome en silencio que pare. Se aleja y se sienta en la cama, abrazándose las rodillas. Pone la cabeza en sus brazos y cierra los ojos con fuerza. Está callada durante unos minutos, y esa reacción es inusual para ella. Se ve culpable. Nunca se ve culpable porque siempre está demasiado enfadada como para sentir algún sentimiento de culpa.

—¿Qué te pasa? —le pregunto. Niega con la cabeza rápidamente.

—Soy la peor persona del mundo —susurra. Vuelve la cabeza hacia mí, lentamente. No me gusta la expresión de su cara.

Comienza a deslizarse fuera de la cama y siento que mi corazón se arrastra tras ella. —Fue una broma, Naruto —dice en voz baja mientras se pone de pie. Me levanto sobre mis codos.

—¿Qué quieres decir?

Se vuelve hacia mí y sus ojos están tan llenos de vergüenza, que ni siquiera puede mirarme sin pestañear.

—Trataba de vengarme de ti por dejarme creer que Sakura era sorda. —Abre la puerta del baño y baja la mirada a sus pies—. Dije todo eso porque estaba enojada contigo, no porque lo sienta de verdad. No me estoy enamorando de ti, Naruto.

Creo que estás parada sobre mi corazón, Hinata.

Mira por encima del hombro hacia el baño, y luego a mí. —No era mi intención llevarlo tan lejos. Esto es muy incómodo. Voy a volver a mi habitación ahora. —Cierra la puerta detrás de ella. Estoy demasiado entumecido como para sentir. Demasiado aturdido como para moverme. Demasiado aturdido como para procesar las palabras que acaban de salir de su boca. Me duele la garganta, me duele el estómago, me duele el pecho, incluso me duelen mis putos pulmones y oh, mi Dios, me duele tanto. Me acuesto en la cama y llevo dos puños a mi frente.

—Oye, Naruto —dice desde la puerta. Levanto la vista hacia ella y todavía se ve tan culpable. Sacude la mano de un lado a otro entre nosotros. —¿Toda esa cosa que acaba de suceder? Eso era... —Su ceño se transforma en una sonrisa arrogante—. ¡Esa era la broma de verdad!

Corre y salta sobre la cama, y comienza a bailar a mí alrededor. — ¡Deberías haber visto tu cara! —Está riendo y saltando, haciendo rebotar cada parte dolorida de mí hacia arriba y abajo sobre la cama. Quiero matarla. Cae de rodillas y se inclina sobre mí, presionando sus labios en los míos. Cuando retrocede, ya no quiero matarla más. Todo mi cuerpo está curado milagrosamente por su sonrisa. Me siento mejor de lo que nunca me he sentido. Me siento más fuerte, más vivo, más feliz y de alguna manera, más enamorado de ella que hace cinco minutos. La atraigo hacia mí.

—Esa fue una muy buena broma, Hinata.

Se ríe. —Lo sé. Fue la mejor.

Asiento. —En realidad sí.— La abrazo durante varios minutos tranquilos, repitiendo toda la escena en mi cabeza. —Dios, eres una perra.

Se ríe de nuevo. —Lo sé. Una perra que por fin conoció al imbécil correcto.