Disclaimer: los personajes de Twilight son de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es CaraNo. Yo solo traduzco con su permiso.


Link del blog: https (dos puntos) / / caranofiction (punto) wordpress (punto) com


Capítulo 12

Después de otra cena con Charlie y Bella, salgo al balcón y enciendo un cigarrillo. Ellos han estado aquí por tres días ya, pasando tiempo en su hotel solo para dormir. El resto del tiempo pasean y se lo toman con calma. Por supuesto, hablamos de música también, aunque eso probablemente deje de ocurrir mañana cuando Kate comience con su licencia, ya que ella se aburre con toda la charla sobre música.

Mierda, se siente raro. En cuestión de una semana y media, Kate y yo seremos padres.

Y Bella se irá a casa.

—Sí. —Suspiro para mí mismo, exhalando el humo hacia el aire nocturno. Será difícil despedirse de ella. Se ha vuelto una gran amiga, y realmente me agrada esa pequeña chica. Ella es genial para su edad. Tenemos mucho en común.

Detrás de mí, escucho la puerta abrirse, y miro por encima de mi hombro para ver a Bella salir. Sonrío, preocupado y feliz. Feliz por lo que ella me dará, y ¿cómo puedo alguna vez agradecérselo apropiadamente? La respuesta es simple: no puedes. Y... preocupado porque está sufriendo. Su espalda la está matando, y la pequeña en su vientre patea mucho.

—¿Te molesta si me uno a ti? —pregunta, haciendo una mueca por... algo... pero cuando ella comienza a frotar su columna, comprendo que es su espalda de nuevo—. Me vendría bien un poco de aire fresco.

—Por supuesto —digo, caminando hacia donde tenemos dos sillas apoyadas contra la pared—. Ven aquí. —Abro una de las sillas para ella—. ¿Está bien esto?

Ella sonríe en agradecimiento y asiente.

—Claro que sí. Gracias.

—No hay problema —mascullo, dándole una calada a mi cigarrillo. Me aseguro de poner un poco de distancia entre nosotros de nuevo, no quiero que esté cerca del humo—. ¿Hay algo que pueda hacer por ti? —pregunto y me siento con la espalda contra la pared. Acerco mis rodillas, descansando mis brazos sobre ellas.

—No, está bien. —Suspira.

Silencio.

—Oye, ¿puedo preguntarte algo? —pregunto, y es una pregunta que ha estado en mi mente por meses.

—Acabas de hacerlo. —Sonríe, la pequeña insolente—. Pero, claro.

Le doy una última calada al cigarrillo antes de lanzarlo sobre la barandilla.

—¿Por qué nos elegiste a Kate y a mí?