Disclaimer: Sobrenatural es una serie de televisión estadounidense creada por Eric Kripke.

Dean revolvió el trozo de tarta con el tenedor. Lo partió, lo movió de un sitio a otro en el plato y jugueteo con él sin llegar a comérselo, atrayendo la atención de todos los presentes. Mary le observó en silencio, frunciendo el ceño, intentando averiguar qué era lo que le sucedía, mientras que John le pedía explicaciones al pequeño Sammy, quien simplemente se encogía de hombros mientras probaba su postre. Definitivamente ese no era el problema, su pedazo de pastel estaba dulce y esponjoso, justo como su hermano adoraba.

- Dean cariño, ¿va todo bien? - Preguntó la mujer dejando a un lado la comida y el muchacho suspiró mientras negaba con la cabeza.

- Cas. - Todos asintieron al escuchar la tristeza con la que pronunció el nombre de su mejor amigo. Parecía imposible que esa palabra pudiera estar relacionada con una emoción negativa.

Castiel o Cas, como a él le gustaba llamarle, siempre conseguía arrancar una sonrisa en los labios de Dean, ya fuese por su presencia o su recuerdo, Cas, siempre alegraba su día. Así que verle de pronto deprimido por su causa era algo sorprendente y nuevo.

- ¿Habéis discutido? - Aventuró su padre, pero Dean negó con la cabeza. - Sabes, qué sea lo que sea lo que haya pasado, Cas y tú lo arreglaréis, volveréis a estar como siempre. Ya verás. - Trato de animarle poniendo una mano sobre el hombre de su hijo, pero éste sólo negó con la cabeza y ocultó la cara con las manos.

- No, no volveremos a estar bien. Haga lo que haga ya da igual.

- Dean, es Cas, le has hecho cosas de sobra para que no te hablé y sigue haciéndolo. - Le recordó Sam risueño, aunque un poco preocupado.

Dean era alegre por naturaleza, quizás ser bueno en los deportes, guapo y bastante inteligente le habían convertido en alguien despreocupado y muy seguro de sí mismo, por eso verle deshecho ante una circunstancia les ponía los pelos de punta a todos los presentes.

- Sammy tiene razón cariño. Ya verás como enseguida se arregla todo. - Le sonrió su madre. - Además, ¿qué puede haber pasado para que Cas esté enfadado contigo más de dos días?

- No está enfadado. Está enamorado de mí. - Dijo suspirando sin poder mirar a nadie a los ojos.

- Perdona, ¿qué has dicho? - Verbalizo Sammy los pensamientos de los otros.

- Hoy llevaba todo el día raro. Me tenía preocupado, así que al salir de clase hemos dado un rodeo y le he preguntado qué pasaba y él me ha dicho que me quiere.

- Bueno hijo, es normal que te quiera, es tu mejor amigo. Quizás has malinterpretado sus palabras. - Dijo su padre y Dean lo miró con tristeza.

- Eso he pensado, pero él me ha dicho que no. Que lleva mucho tiempo enamorado de mí y que si no ha dicho nada antes es porque no quería echar a perder nuestra amistad.

- Oh. - Contestó su padre. - ¿Y qué ha cambiado ahora?

- Anna. - Contestó Sammy por él. - Te has acostado con Anna. ¿A qué sí?

- Sí, pero no ha sido por eso. - A veces a Mary le costaba acostumbrarse a la facilidad que tenía Dean para hablar sobre su vida sexual. Por un lado se sentía feliz de haber creado ese lazo de confianza y por otro le daba miedo la cantidad de cosas que el muchacho había vivido a su edad.

- ¿Y por qué ha sido? - Preguntó John sorprendido.

- Por Benny.

- ¡¿Benny?! - Respondieron Sammy y Mary a la vez.

- ¿Quién es Benny? - John recibió la mirada de enfado de parte de su esposa y de su hijo menor.

- Benny es el compañero de fútbol americano de Dean, al que llaman el vampiro.

- ¡Oh!, ya se quién es. - Sonrió al reconocer al muchacho que había anotado 16 touchdown la temporada anterior. - ¿Y porque es culpa suya?

- Benny hizo algunos comentarios sexuales sobre mí y yo me reí de ellos. Es Benny, si le doy importancia a todo lo que diga me vacilará más. Pero Cas creyó que yo quería probar con Benny. Me ha dicho que si se callaba era porque no pensaba que yo tendría esas inclinaciones, pero que si quiero probar con un tío él está dispuesto.

- ¿Y tú quieres probar con un hombre? - Preguntó su madre sorprendida.

- No me gustan los chicos. - Dijo Dean con tranquilidad. - No quiero enrollarme con Benny, me hace gracia cuando me mira el culo, pero ahí se queda todo. Pero con Cas … no quiero perder a Cas. Y si él quiere … pues yo …

- Eso no Dean. - Dijo su padre elevando la voz. - No puedes hacer eso.

- Pero se trata de Cas. - Dijo casi llorando.

- Por eso mismo. - John apartó el plato y tomó la mano de Dean. - Hijo da igual quien sea, no puedes jugar con sus sentimientos para que los tuyos estén a salvo, eso destruiría completamente tu amistad con Cas. Si no quieres perderle lo que tienes que hacer es ser completamente sincero contigo mismo. Ve a verle, dile como te hace sentir esta situación y dale tiempo para que se reponga. No le fuerces y no te fuerces a ti mismo. Simplemente quédate a su lado para lo que necesite, hazle saber que sigue siendo importante para tí, de un modo o de otro.

- ¿Y si resulta que si le quiero?, ¿y sí …?

- ¿Y si dejas de darle vueltas y esperas a verle mañana? - Dijo John y le arrebató la tarta a Dean. - Mírale a los ojos y haz lo que en ese momento creas que debes de hacer, dale un puñetazo o bésale. Lo que te salga será lo correcto.

Dean miró a su padre como si le hubiese salido otra cabeza. De hecho, si eso hubiese sucedido, su comportamiento le hubiese extrañado menos. Tras un momento de reflexión dio las gracias y se marchó a su habitación con la cabeza aún embotada y totalmente confundido. Quizás decirlo en voz alta no había sido tan mala idea. Al menos nadie había salido gritando horrorizado.

Sammy y Mary se miraron aún con la boca abierta. No es que John fuese un monstruo o un homófobo declarado, pero verle aceptar tan alegremente que el muchacho pudiera tener una relación homosexual era algo que les sorprendía y mucho.

- ¿Qué? - Preguntó incómodo ante la atención recibida.

- Papá, no sé si eres consciente de que Dean está enamorado de Cas, aunque no quiera verlo. - Dijo Sam con delicadeza y Mary cabeceó afirmativamente.

- Samuel, hijo. Sé perfectamente que a tu hermano le gustan todas las chicas y Cas. Y también que Cas le gusta más que todas las chicas del Playboy juntas en una cama redonda. Dale tiempo, ya sabes cómo es. Necesita pensarlo y darse cuenta de que hace años que tiene una relación con Cas. En cuanto den el paso en la cama Dean estará bien con ello.

- ¿Y tú? - Se sorprendió Mary.

- A ti y a mí no nos queda más que aguantarnos. Si se quedan juntos no va a ser fácil, van a recibir muchas críticas y Dean es muy sensible, aunque no lo parezca. - Chasqueó la lengua sopesando la situación. - Cas va a tener que atarlo en corto o Dean se va a pegar con medio barrio. Otra vez.

- No John. Me refiero a si vas a estar tú bien con ello. Si Dean y Cas se juntan no va a ser como las relaciones que tu hijo ha tenido hasta ahora. Cas es para siempre. Adiós a los nietos y esas cosas.

- ¿Por qué? Siempre pueden adoptar o alquilar un vientre o una de esas modernidades de ahora.

- John Winchester tantos años casados y no dejas de sorprenderme. - Dijo Mary dándole un suave beso en la nuca mientras recogía los platos. Y John la miró confundido.

Había muchas cosas que John no sabía, otras de las que no estaba seguro, pero siempre había visto como Dean miraba a su amigo. Ese brillo, esa sonrisa genuina, esa preocupación constante cuando el otro andaba mal, era igual a lo que él había vivido antes de unirse a Mary. Y aunque estuvieran en pleno siglo XXI estaba seguro de que Dean no lo iba a tener fácil, pero no por él. Él sería su apoyo, su ayuda y su cómplice. Nunca le ofrecería una mala cara.

Sam miró a su padre con interés mientras su pecho se inflaba con sorprendente orgullo. Siempre se había sentido como un bicho raro al lado de su progenitor. Él no era como su hermano mayor. No disfrutaba del baloncesto, ni del wrestling como él y Dean, y eso era algo que siempre le había hecho sentirse apartado, como un completo extraño. Pero ese día había descubierto que era feliz pudiendo decir que ese hombre era su padre.

- Cuando te dije que no podías ir a Stanford no es porque no quiera que estudies derecho. - Dijo el hombre atrayendo la atención del pequeño mientras recogía el mantel tras la cena. - En estos momentos no podemos permitírnoslo Sammy. Tu madre hizo las cuentas y es complicado.

- Lo sé. No importa. - Su tono conciliador sorprendió al hombre poco acostumbrado a la falta de discusión con el pequeño. - Hay muchas universidades cerca, buscaré una beca en la pública y si puedo...

- Ellen me ha dicho que, si quieres ayudarla con el almacén, los pedidos y esas cosas. Dice que te podría pagar algo. No es mucho, pero …

- Sí quiero. - Contestó rápidamente.

- Bien. Hablaré con ella, quién sabe aún quedan cuatro años. Quizás si todo marcha bien, consigues un par de matrículas y te conceden la beca, quizás solo tengamos que preocuparnos de lo mucho que te vamos a extrañar.

Sam levantó la cabeza para mirar a su padre y su mirada se cruzó con los ojos brillantes de éste. Sí, sí que se enorgullecía de los dos por igual, puede que Samuel no fuese tan deportista o gracioso como Dean, pero era perfecto de todas las maneras y por primera vez en mucho tiempo el pequeño sintió en su propia piel lo que veía reflejado en su hermano mayor cada vez que éste se situaba junto a su padre.

- Dean no está. - La voz de Mary rompió el mágico momento y los dos se rieron a carcajadas.

- ¿Quieres que vaya a buscarle? - Se ofreció Sam.

- No, no hace falta ya sé dónde está. Al menos esa charla que tuviste con él ha dado sus frutos. Ha dejado una nota. - Dijo mostrando una pequeña etiqueta donde solían apuntar la compra y que ahora solo mostraba una única palabra. "Cas".

- Siempre tan hablador. - Se encogió de hombros John.

La casa de Castiel no estaba muy lejos. En realidad, sólo tenía que saltar la valla para llegar a ella. Dean recordaba haberse colado en ella desde que esa extraña familia se había mudado allí once años atrás. Le había fascinado toda aquella gente rodeada de niños de diferentes edades, géneros y razas. Pronto se enteró de que Chuck era escritor. Y no uno cualquiera, sino uno de éxito. Su esposa Amara era una mujer dulce y encantadora que durante mucho tiempo había tenido los ojos oscurecidos por el velo de la pena. No habían logrado tener hijos y eso la entristecía. Pero Chuck había sabido cómo lidiar con el problema. Había adoptado un montón de niños.

Nick, o Lucifer, como solían llamarle, había sido malo hasta la médula. Era él mayor, pero en vez de dar ejemplo fue un drogadicto, alcohólico, abusador, y todo ello sin llegar a los doce. Les dio más disgustos que alegrías, pero ahora que había cumplido los veinticinco había sentado la cabeza. O algo así, Dean estaba muy seguro de que fuese lo que fuese lo que tenía tan calmado a ese hombre no sería nada bueno. Miguel y Gabriel tenían un par de años menos. Miguel era frío y estoico, como si le hubiesen metido una escoba por el culo, siempre cumpliendo las normas a rajatabla, agradeciendo constantemente el lugar que le habían dado para vivir. Gabriel, por su parte, siempre estaba dispuesto a gastar una buena broma y comer dulces. Era el más bajito de todos y por lo que le entendió una vez a su madre, se debía a la desnutrición infantil que había sufrido, pero eso a Dean no le importaba mucho.

Anna llevaba una semana viviendo con ellos cuando se mudaron al lado de los Winchester. Tardó más de dos años en dejar de verla como un bicho raro y empezar a notarla como una compañera de juegos obscenos. La única chica, pelirroja, seria y capaz de patear el trasero de cualquiera. Dean la conocía bien, se habían enrollado un par de veces e incluso habían llegado a tener sexo.

De hecho, unas semanas atrás, Castiel le encontró en el Impala con los calzoncillos bajados y la polla al aire. Gimiendo como un animal mientras empujaba contra las caderas de su hermana. No fue por Anna, si no por los ojos azules de Cas que ese día llegó al orgasmo. Fue cuando éste le miró con la boca formando una o por la sorpresa y su mirada se llenó de algo similar a la decepción que Dean consiguió llegar al mayor orgasmo de su vida. Sintió un escalofrío mucho mayor a los habituales y acabó dándole mentalmente las gracias a su padre por inculcarle ponerse siempre un condón.

Porque siempre fue Cas.

Dean había aprendido demasiado joven sobre el sexo. No porque sus padres le inculcaron una buena educación sexual si no por Cas, o más bien por culpa del demonio que vivía con Cas. Nicholas había entrado una tarde a la habitación del pequeño sin llamar, como si estuviera huyendo de algo y al verles cabeza contra cabeza sentados sobre la cama leyendo un cómic se le ocurrió una idea demoníaca. Sacó su miembro y sin decir palabra se masturbo delante de los muchachos que le miraron alucinando. Y sólo cuando estuvo a punto de correrse, se acercó a ellos para dejar caer su lefa sobre aquellos rostros infantiles. En un acto reflejo Cas se lamió los labios y le pidió con un tono suave que se marchase. Nick les dejó llenando el vacío con sus carcajadas y Dean supo que había mojado los pantalones.

Nunca habían hablado sobre ello. Ese día se limpiaron apresuradamente y Dean salió corriendo a su casa, más avergonzado que enfadado. Porque al final todo desembocaba en Cas. En sus tiernas sonrisas, sus reproches silenciosos, su compañía eterna y sobre todo en aquellos preciosos ojos azules.

Acostumbrado al camino se había encaramado a la ventana del segundo piso que pertenecía a la habitación de su amigo, como tantas veces había hecho en el pasado. Sacó la navaja y descorrió el pestillo para alzar la hoja de la cristalera y entrar en el cuarto, pero esta vez el común gesto quedó interrumpido cuando se encontró con el rostro de aquel a quien había ido a ver. Dean tragó saliva al escuchar al otro pronunciar su nombre y por primera vez tembló ante la posibilidad de ser rechazado.

- ¿Dean? ¿Estás bien? - Cas sabía que la discusión que habían tenido en la tarde no iba a quedar irresoluta por mucho tiempo. Esperaba aquella visita y las mil disculpas que sabía que su amigo le daría al no poder corresponderle. Sabía que pasarían unos días incómodos y que después ambos fingirían que todo volvía a estar bien. Estaba preparado para la decepción, pero no para sujetar a Dean de los hombros cuando éste trastabilló y estuvo a punto de caerse contra el suelo.

- Yo también te quiero. - Grito demasiado alto. - Como pareja, no como amigo. Bueno como amigo también porque eres mi amigo y siempre lo has sido. Y si lo has sido es porque lo he querido. Tú lo has querido, bueno ambos lo hemos querido. - Las palabras se atropellaban en su boca mientras sus mejillas adquirían el tono de un tomate maduro y Cas sonrió al encontrarlo adorable. - Bueno, pues eso, que yo a ti también, eso de que te quiero.

Castiel levantó un dedo y lo colocó sobre los carnosos labios de Dean. Hacía años que había descubierto que todo su despertar sexual había estado marcado por recuerdos compartidos con su mejor amigo, pero el temor jamás le había permitido dar rienda suelta a su imaginación, quizás por respeto o por pudor, pero ahora estaban allí, juntos.

- Cállate. Y bésame. - Apenas acabó la frase sintió el cuerpo del otro sabotear la distancia y devorar sus labios con una ferocidad que jamás le había visto demostrar. Con sus conquistas Dean solía ser amable, dulce y bastante infantil, solía decir que las chicas se sentían más cómodas, pero lo que descubrió en su mirada, bueno al final Cas solo pudo definirlo como puro instinto animal.

Solo fueron besos y abrazos, pero fue suficiente, a fin de cuentas, eso solo era su comienzo.