•|Cuando amanezca en Kalos|•


PREFACIO


—Sé que no debería llamar...

La voz al otro lado se oye entrecortada y no es normal, no lo es en absoluto. Oye perfectamente el esfuerzo tan marcado que hace para no llorar. Por favor, respira, se lo dice y la escucha obedecer, pero cada vez que toma una bocanada de aire, el temblor en su voz se intensificaba como sus sollozos. No puede verla, pero se la imagina oculta bajo las sábanas, encogida como una niña.

¿Por qué no había tenido un mal presentimiento?

Son las tres de la mañana y Ash no entendía el por qué de la llamada, pero sabía que no era ninguna broma. El silencio era profundo en su habitación, estaba solo y con la trémula luz de su lamparita de noche que a duras penas pudo prender con manotazos por el sueño.

—Perdón por despertarte, es sólo que. Essss... Yo... Ash… Yo no…

Le dolió el contacto de la luz en sus ojos, pero lo primero que sintió al ver el nombre de Serena en la pantalla de su teléfono fue preocupación, combinada con un aturdimiento por el repentino despertar. A pesar de que no podía razonar bien todavía, sabía que Serena nunca, jamás llamaba a esas horas, tampoco lo llamaba cuando algo malo ocurría, estaba bastante seguro que su contacto de emergencia era Clement. Sintió una pesadez en el estómago cuando al contestar, el primer sonido detrás de la línea fue un sollozo ahogado. Inmediatamente se levantó para sentarse en el colchón, luchando para que el sueño no lo venciera.

Quería decir algo, pero nada más que un «¿estás bien?» era lo que podía salir de su boca. Al otro lado de la línea, Serena continuaba con un esfuerzo sobrehumano para no llorar.

—No... Me odio por hacerte esto. Es estúpido, perdóname.

—Hey... Serena…

Frotó sus ojos con pereza, intentado que el sueño lo abandonara por completo y se tomó unos segundos para buscar las palabras adecuadas.

—Hey. ¿Por qué te disculpas? Es tu voz lo primero que estoy oyendo este día, es agradable.

Por fin frunció el ceño cuando escuchó cómo escapaba de la chica un sonoro llanto acompañado de una maldición. La pausa ante la pregunta se alargaba más, la pantalla marca diez minutos de llamada y en un momento dejó de oír sonido, como si Serena hubiese apartado el teléfono de su boca para hundirlo en el colchón. La llamó un par de veces por su nombre, insistente en recibir una respuesta, calmándose cuando volvió a oír ruido luego de unos segundos, esta vez, más calmados, pero el temblor en su voz no desaparecía.

—No debí llamar...

Reitera con la voz rota. Se le oye agotada, como si estuviera a punto de desmayarse. Lo repite tanto que Ash sentía como si ella intentara convencerse de aquello. Ash abrió y cerró los labios muchas veces para intentar decir algo más, pero era inútil, Serena no dejaba de llorar.

Todo lo que pudo hacer fue dejar el teléfono a un lado, en altavoz, mientras volvía a acostarse. No despegó los ojos del aparato en ningún momento.

—A-Ash... Vuelve a dormir. Esto es un error mío.

—¿Dormir? ¿Quieres que duerma estando tú así? ¿Qué ha pasado? Me estás asustando, no podré dormir si no sé qué ocurre.

—Es que es tan patético…

Ella odiaba llorar. Odiaba sentirse débil, vulnerable, y justo en esos momentos aquel odio era incontenible. Su maldito llanto le impidió hablar hace unos minutos atrás y ahora no sabía qué hacer. A duras penas estaba intentando contener los sollozos descontrolados. Lanzó otro suspiro roto que hizo temblar todo su cuerpo. Los «¿estás bien?» de Ash la enloquecían.

—¿Tuviste una pesadilla muy fea, Serena? No te preocupes, ya pasó. —No se le ocurrió otra cosa a esas horas de la madrugada—. Lávate la cara y regresa a dormir. Prende la luz, no creo que haya problemas por tenerla encendida toda la noche.

Ash no podía figurar que Serena quería responder, pero le castañeteaban los dientes, haciendo imposible su deseo.

—Mañana podemos vernos si quieres. Y me cuentas qué pasó.

—Claro… mañana. —Tuvo que hacer un gran esfuerzo para poder entenderla.

—Digamos, ¿a las diez? ¿Te parece?

—Uhm, parece bien…

—Está bien, nos encontramos en la Plaza Rosa. Yo invito las crepas. ¿Querías comer crepas, verdad?

—Sí… Gracias.

La invitación dejó apenas una voz apagada al otro lado de la línea.

—Estas cansada. Buenas noches, Serena.

—Ash… ¿Has visto la última foto que publiqué?

—No, no he revisado. Mañana lo veo. ¿Por qué?

Otra vez silencio, pero fue uno realmente corto.

—Por nada, disculpa.

—Buenas noches. —su voz dulzona y adormilada salió sin pensarlo, pudo escuchar una diminuta risa de Serena como respuesta, calmándolo por completo.

—Buenas noches, Ash, gracias.

Bye, bye.

Ash no dijo nada más y colgó.

El calor del cuarto le impidió que pudiera conciliar el sueño con rapidez. Estaba un poco fastidiado por la hora y la llamada tan repentina. A veces Serena era muy miedosa. Pero ya se le pasaría, volvería a dormir y le contaría mañana lo que había ocurrido, para luego terminar riéndose avergonzada de aquel episodio.

No se imaginaba que al otro lado de la línea, ella abandonó su casa.

Ash había sido su último contacto, y el único que le había respondido.


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Renuncia: Todo los personajes le pertenecen a la franquicia de Pokémon

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¿Qué tal? Hace menos de un año que ando trabajando en esta historia, estoy experimentando un poquito con algunas cosas y quería dejar este prefacio a modo de "teaser". Aún no sé cuándo comenzaré a publicar exactamente.

La historia está inspirada en la canción «The Lost Chord» de Gorillaz. Si la escuchan, ¿pueden adivinar a dónde se dirige esto?

Muchas gracias por leer, ten por seguro que me ayudas a mejorar con tus observaciones.