UNA ÚLTIMA NOCHE


DISCLAIMER: Esta historia, no me pertenece es una adaptación, de una de otras de mis escritoras favoritas, si el libro les llega a su país cómprelo vale oro.


Helen Brooks © Una última noche

Miraculous Ladybug © Thomas Astruc

Adaptación © Fandom MLB


Nuevo capitulo


CAPITULO 7

Emilie debía de haber estado mirando por la ventana, porque, en cuanto Marinette aparcó, abrió la puerta principal.

Marinette, cariño. ¿Tienes un minuto antes de ir al jardín? Ella se dijo que era mejor acabar cuanto antes y entró en la casa.

He hecho café e iba a llevarle una taza a Kim, con una rebanada del bizcocho de frutas que le gusta –dijo la anciana mientras se dirigía a la cocina–. Siéntate mientras se lo llevo y sírvete bizcocho y café, si quieres. Sírveme una taza a mí también.

Abrumada por las ganas de romper a llorar por segunda vez aquella mañana, Marinette prefirió no hablar y se limitó a asentir y a sonreír.

Cuando Adrien y ella vivían juntos, había ayudado muchas mañanas a Emilie en el jardín, y el descanso de las once para tomar café era un momento de risas y confidencias. Pero no creía que aquella mañana fuera a haber muchas risas.

Se dio cuenta de que estaba hambrienta, ya que no había desayunado por falta de tiempo al haberse despertado tarde. Le había sucedido más veces, pues se pasaba media noche dando vueltas y se dormía al alba. Por tanto, siempre estaba cansada. Aunque ya sabía que también intervenía otro factor.

Emilie volvió sonriendo de oreja a oreja.

Qué muchacho tan simpático. Creo que no come lo suficiente. Siempre devora el bizcocho como si estuviera muerto de hambre. Y tú, ¿comes lo suficiente? Estás paliducha. Kim me ha dicho que has ido al médico.

Marinette asintió.

Llevo días sin sentirme bien, pero no me pasa nada. No me había dado cuenta, pero... –inspiró profundamente. Aquello era más difícil de lo que parecía–. Estoy esperando un hijo. De Adrien –añadió a toda prisa por si su suegra hubiera pensado otra cosa.

Emilie se quedó atónita, pero se recuperó de inmediato. –Es maravilloso, cariño –le dijo mientras le apretaba la mano–. ¿Cuándo nacerá?

En primavera, en mayo –era propio de Emilie no hacer las preguntas evidentes, pero se sintió obligada a darle alguna explicación–. Adrien vino a verme una noche para hablar de la posibilidad de que yo trabajara aquí. Y una cosa llevó a la otra...

Pues me alegro mucho por los dos. ¿Lo sabe Adrien?

Marinette asintió.

Ha llegado a la consulta cuando me marchaba. Esto no significa que vayamos a volver a estar juntos, Emilie.

Se produjo un silencio. Después, la anciana le preguntó:

¿Debo inferir que ya no lo quieres?

No, claro que lo quiero.

Y sé que él te quiere. Y mucho. Perdona, pero no lo entiendo.

Marinette intentó contener las lágrimas, sin resultado. Lloró amargamente, e incluso cuando Emilie la abrazó con una fuerza que desmentía su fragilidad, no consiguió calmarse. Lloró por Hugo; por Adrien, por haberle partido el corazón al perder a su hijo; y por todos los sueños y esperanzas reducidos a cenizas.

Y por aquel nuevo niño, por aquella personita que no había pedido existir y que era tan vulnerable.

Cuando sus gemidos se transformaron en sollozos, Emilie le pasó un paño mojado en agua fría por la cara como si tuviera tres años en vez de casi treinta. Agotada, Marinette se quedó sentada. Le dolía la cabeza y le ardían los ojos. Emilie preparó más café y sirvió dos tazas. Después se sentó al lado de

Marinette y le agarró las manos.

Marinette negó lentamente con la cabeza.

No sé cómo explicártelo.

La anciana suspiró.

Eres la hija que no tuve. Y, pase lo que pase, eso no cambiará. Pero tienes que dejar de echarte la culpa de algo que no hiciste.

Marinette la miró con los ojos llenos de lágrimas.

Me parece que no tengo derecho a ser feliz después de perder a Hugo, y tengo miedo de que...

¿De qué?

De que le suceda algo a Adrien si estoy con él y, ahora, de que le suceda algo al bebé. Creo que mi destino es estar sola.

No digas tonterías, cariño. Tuviste un trágico y terrible accidente y, además, tus hormonas entraron en acción y te causaron la depresión que todavía padeces. Si te hubieras tomado lo que te recetó el médico, puede que ahora te sintieras mejor.

Marinette alzó la barbilla, desafiante.

No quise hacerlo porque Hugo se merecía que lo llorara. Era lo único que podía hacer –apartó las manos de las de la anciana, se secó los ojos y se sonó–. Sé que tus intenciones son buenas, Emilie, pero tengo que decidir sola lo que voy a hacer.

Ya lo sé, pero ¿harás algo por mí?, ¿por todos nosotros? Acude a Adrien de vez en cuando. Te quiere mucho. Háblale, explícale cómo te sientes. No lo excluyas de tu vida porque también es su hijo.

Marinette asintió.

Ya lo sé. Voy a verlo esta noche.

Muy bien. Ahora, bébete el café y tómate otro trozo de bizcocho, dos si quieres. Tienes que estar fuerte. Y recuerda que ahora tienes que comer por dos.

Con gran esfuerzo, Marinette respondió al cambio de tema.

Los expertos en salud no estarían de acuerdo contigo.

Sin duda, pero nunca he hecho caso de lo que dicen los expertos y no voy a empezar ahora –Emilie soltó una risita–. Ya sé que soy una vieja fastidiosa.

Marinette sonrió y le dijo con una ternura que hizo que a su suegra se le saltaran las lágrimas:

Eres un encanto de anciana.

Marinette se tomó dos rebanadas más de bizcocho y hablaron de los progresos del jardín, del tiempo y de otros temas no comprometidos. Después fue al encuentro de Kim para darle la noticia mientras Emilie descolgaba el teléfono inmediatamente y llamaba a Adrien.

Kim estaba trabajando en el estanque que Emilie había pedido. Alzó la vista cuando Marinette se acercó y observó que tenía la nariz y los ojos enrojecidos.

La miró con aprensión mientras se enderezaba.

No te preocupes, estoy bien –dijo Marinette antes de que él pudiera hablar–. Tengo algo que decirte: no podré levantar peso durante algún tiempo. Voy a tener un hijo.

Kim dio un paso atrás como si ella fuera a dar a luz allí mismo.

¿Cómo?

Marinette se echó a reír sin poderlo evitar.

¿De Adrien?

Ella asintió.

Pues claro. ¿De quién si no?

¿Volvéis a estar juntos?

No exactamente.

Vale.

No fue la primera vez que Marinette agradeció que Kim fuera una persona que aceptaba a los demás como eran. No era necesario darle explicaciones.

El bebé nacerá en mayo, que sé que no es la mejor época, ya que solemos tener mucho trabajo después del invierno.

No te preocupes –Kim le sonrió–. Ya nos las arreglaremos.

Llevo algún tiempo pensando en contratar a otra persona. Tal vez sería buena idea hacerlo en las próximas semanas para estar listos para la primavera – y para que él no pensara que iban a quitarle el puesto, añadió–: Sería tu ayudante.

Él asintió.

Lo que tú decidas.

Ella sonrió y comenzaron a trabajar, aunque Marinette no dejó de darles vueltas a las últimas palabras de Kim. Ese era el problema, que no sabía qué decidir con respecto a nada. Solo sabía que quería al bebé con todo su ser. El día anterior desconocía su existencia, pero se había convertido en el centro de su vida.

Trabajó de forma automática el resto del día, llena de dudas, esperanza y miedo, pero mientras volvía a casa conduciendo supo lo que debía hacer. Tal vez lo hubiera sabido desde el momento en que el doctor Max le había dicho que estaba embarazada, pero no había podido reconocerlo hasta aquel momento.

Había anochecido cuando aparcó la camioneta y caminó con paso cansino hacia la casa. Al entrar siguió la rutina habitual de un día laborable: dejó la ropa de abrigo y las botas en la cocina, subió al piso de arriba, se desnudó y se bañó.

Acabó a las siete pasadas y fue al dormitorio, donde decidió tumbarse unos minutos antes de prepararse para salir con Adrien. Estaba tan cansada que se sentía como si estuviera drogada.

Se dijo que solo cerraría los ojos durante un rato para relajar los músculos doloridos. Se tapó con el edredón y se quedó dormida en cuanto apoyó la cabeza en la almohada.


Hola mis lectrox que tal, como me le ha ido les traigo un nuevo capítulo de esta adaptación, espero que les guste y me digan que parte le va gustando. Que les pareció una Marinette embarazada, y a una Emilie apoyándola espero que ella y Adrien vuelvan espero que aquí mi Adrientte si se haga realidad sin nada más que decir, me despido.

KITTIS