Your Fading Starlight

Bueno esta historia no es mía, es de"The Crafty Cracker" hace unas horas envié un mensaje para su autorización, todos los créditos sean para él/ella, es una hermosa historia de drama y romance espero les guste

Dirán que nueva historia y que aún no he acabado las otras, bueno ya estoy trabajando en eso ya que hace unos días estuve mal y como les dije antes perdón por no aparecer en casi 3 meses sin actualizar, estaré más pendiente en eso… decidí eliminar mi historia "nunca dejes de soñar" por el simple hecho que ya no tenía inspiración para terminarla, espero les guste

También no me maten XD tiene un poco de Ichiruki a mí no me gusta SOY ICHIHIME FOREVER 3 pero pienso que cualquiera es libre de escoger.

Capítulo 9

Perdonado pero no olvidado

Todo empezó con ese beso.

Un beso muy suave y tímido casi un recuerdo a punto de desvanecerse a esa negrura que conocemos como pasado.

Un beso muy suave y tímido sin adulterar, puro...

Joven y profundo.

Tenía la cara roja ella tenía los ojos muy abiertos.

Él tenía catorce años, ella quince.

¿Qué importaba?

Se conocían desde hacía ocho años. Amigos de la infancia: los mejores amigos ella le cambió la vida el cambió por ella.

Bajo el cielo estrellado, los ojos de color púrpura intenso chocaron con los marrones, hablando un idioma que solo ellos podían entender con solo una mirada, lo sabían con solo una sonrisa, un ceño fruncido, una arruga en la cara, lo sabrían.

Él lo sabría.

Ella lo sabría.

Así era como estaban conectados.

Su mirada sobre ella fue intensa, llena de algo tan inexplicable que se sintió temblar y balancearse contra el suave viento de la noche. Hacía frío en su piel, pero sus entrañas estaban en llamas, un fuego muy inestable e indignado que amenazaba con consumirla la miraba de una manera que nunca antes la había mirado con tanto anhelo y dolor.

Dolor, dolor, dolor.

-Rukia- dijo su voz añadiendo leña al fuego dentro de ella.

-Ichigo- repitió ella dejando que su nombre se deslizara de sus labios.

-¿Tienes miedo?- preguntó, acercándose más tocando su rostro, sintiendo el frío en sus pequeños y delicados rasgos.

-¿Por qué tendría miedo?-ella volvio. Fue un desafío sus ojos decían mucho.

-¿Es eso así?-dijo, riendo un poco -Porque tengo miedo-

Sus ojos se agrandaron -¿Por qué tendrías miedo?-

-Tengo miedo de muchas cosas cuando se trata de ti, Rukia, me temo que no sería lo suficientemente fuerte me temo que no sería lo suficientemente buena me temo que no lo haría amor suficiente- dijo retirando su mano.

Ella lo detuvo apretando su mano contra su rostro -Eres más de lo que quiero y necesito olvida el mundo, Ichigo-

-Tengo miedo de lastimarte eso es lo que más temo- dijo Ichigo frunciendo las cejas.

Ella se rio de su declaración, pero su mirada era seria -No me lastimarás. Nunca... nunca-

Él le dio esa sonrisa esa sonrisa que siempre la haría sentir sanada y esperanzada.

Le acarició la cara con el pulgar, mientras la sostenía cerca a unos centímetros de su propia cara su belleza era exquisita y él siempre estaría hipnotizado por ella su fuerza era su pilar de apoyo, incluso para una mujer tan pequeña, podría hacer girar su mundo y su destino en la palma de su mano.

Estaba poseído por ella.

Esos ojos violetas, violeta...

Tocó sus labios con los de ella, un contacto tan suave que era casi como la suave brisa rozando su piel ella suspiró y le rodeó el cuello con los brazos, él casi se rio de alegría.

Ella le devolvió el beso, un beso que lo destrozó y lo recuperó era como si pudiera levantarlo y tirarlo hacia abajo pero siempre lo calmaría su relación era algo que requería que uno soportara tanto dolor como pudiera mirar pero nunca tocar, desear pero nunca abrazar, apreciar pero nunca alcanzar...

Rompieron su beso y se miraron a los ojos por unos momentos más poniendo a prueba la sinceridad del otro.

-¿Estás seguro de que no pueden vernos aquí?- Preguntó Rukia, con una sonrisa torcida que hizo brillar sus ojos.

-No, dudo que puedan- respondió Ichigo inclinándose hacia atrás.

Su lengua lamió su labio inferior y ella jadeó, como si sus acciones la quemaran olvidaría lo que pasó… olvidaría lo que hizo siempre que estaba con ella, lo olvidaba olvídate de todo, olvídate de todos… incluso de él mismo.

Su boca se abrió debajo de él y él se apresuró a aprovechar la oportunidad, su lengua se hundió profundamente en su dulce caverna sabía a naranjas y manzanas que compartieron antes, el tomó un lado de su cara mientras inclinaba su cabeza hacia atrás, guiándola delicadamente para que volviera a caer sobre la suave y suave hierba inclinó su rostro para un acceso más profundo, esforzándose por ser amable y apasionado al mismo tiempo.

Ella gimió en el beso y él sintió como si lo estuviera llamando no le importaba el frío cielo golpeando su espalda o el frío de la noche mordiendo su piel desnuda la tendría, aquí y ahora.

Sintió su kimono negro abrirse por sus pequeñas manos y jadeó en su boca cuando ella raspó sus pezones, ya delicados por el frío el gruñó en respuesta y agarró sus pequeños pechos, deleitándose con el sonido de su voz gimiendo su nombre.

Los apretó con más fuerza, un poco reacio porque podría lastimarla pero ver la ráfaga de rojo subiendo por su rostro le dio confianza nunca rompería a Rukia.

Él sonrió mientras abría suavemente los pliegues de su kimono púrpura siempre que él estaba con ella, él siempre estaría con su atuendo japonés y ella con el de ella para que coincidieran y se mezclaran con la multitud siempre usaba algo para cubrirse el cabello para que nadie supiera que era él ocultarían una eternidad pero nada los detendría...

Algún día la tendría.

Ese algún día fue ahora.

Ahora cuando la reclamaría.

Una vez que él la reclamó ahora, nadie se opondría a su unión.

Él gimió mientras se inclinaba y besaba la piel de su cuello, dejando suaves besos hacia abajo... hasta sus pechos ella jadeó cuando él puso un pezón endurecido dentro de su boca, succionando y mordiendo suavemente, mientras moldeaba el otro pecho con sus manos ásperas y de dedos largos.

-Ichi... vete-se atragantó, tirando de los mechones de su cabello mientras sus dedos se hundían más profundamente en su cuero cabelludo, transmitiendo lo que le estaba haciendo.

Lo que sea que nii-sama haya dicho, lo que sea que me dijo, lo que sea que quisiera decirme sobre Ichigo, no es real, irreal, irreal, nada de eso es real.

Me encanta, Amalo, ámalo ...

No lo creeré.

Su mano se deslizó hacia abajo para tomar su trasero y ella se arqueó contra él, sus caderas golpearon brevemente su creciente hombría, haciéndolo gruñir su nombre, el enganchó la parte inferior de su kimono, haciendo que se juntaran hasta sus caderas cuando ella se estremeció, instantáneamente la cubrió con su cuerpo, haciéndola sentir el calor y no el frío.

-Ichigo- suspiró, sosteniendo sus hombros, sus labios volviéndose a encontrar.

Sus dedos estaban sobre su inocente feminidad, trazando la línea lenta, casi perezosamente, ella se resistió bajo su toque, su rostro se sonrojó furiosamente su mirada se había vuelto casi obsidiana, oscura y fascinante, ella jadeó mientras él clavaba un dedo en ella, sintiendo su pequeño agujero llorando por él… caliente por él.

Sus gemidos y movimientos hicieron que él se endureciera y la besó con fuerza, sin restricciones, sin miedo, ella le devolvió el beso, mordiéndose el labio y sin dejarle triunfar en la guerra de sus lenguas.

Esta ardiente dama...

Un dedo se convirtió también y ella jadeó en su boca, haciéndole saborear ese dulce, dulce aliento suyo, dejando sin sentido.

-¿Divirtiéndose?-

Pausa.

Él se congeló.

-Déjame unirme-

-¿Quién eres tú?-

Detener.

-¿Ichigo?- Preguntó Rukia, sus ojos llenos de lujuria ya no los preocupados reemplazándolos.

-Ese cuerpo pequeño y maduro, déjame tenerlo-

-¡¿Quién diablos eres tú?!-Ichigo gritó en voz alta, alejándose abruptamente de Rukia la chica rápidamente se arregló el kimono y se acercó a Ichigo, con el ceño fruncido en sus hermosos rasgos.

Ichigo odiaba cuando ella miraba de esa manera odiaba cuando le causaba dolor.

-Mío... compartir, compártelo, Rey-

-¡Ahh…!- gritó a medias, rodando sobre su espalda como si luchara contra un oponente invisible.

La última vez que sintió unas pequeñas manos tocándolo, consolándolo, una voz perforando el aire.

Los ojos de Rukia se abrieron cuando el iris de Ichigo se volvieron ámbar y las esquinas de sus ojos se volvieron negras como colores que se esparcen lentamente de la nada un aura densa lo rodeaba, asfixiándola, congelándola en su lugar.

Ella se estremeció y retrocedió, incapaz de pensar.

-¿Qué te está pasando, Ichigo?-

-Es esto…?-

-Esa cosa... que nii-sama-

De repente se desplomó en el suelo y se retorció una, dos, tres veces ... luego se detuvo.

Rukia se movió a regañadientes hacia él, extendió su mano cuando el frío la golpeó de nuevo haciéndola temblar.

-Ichi…- dijo suavemente cuando de repente sintió que el aire era eliminado de su cuerpo.

Cuando recuperó la conciencia, unos brazos fuertes la sujetaban contra el suelo un aliento frío golpeó contra su rostro y una risa malvada llenó sus oídos ella no podía entender lo que estaba pasando hasta que su visión borrosa se acomodó.

Ichigo la estaba mirando, sus ojos eran una mezcla de ébano y ámbar su boca estaba torcida en una sonrisa aterradora y la miraba como si fuera a complacerla y matarla al mismo tiempo.

El miedo se apoderó de su cuerpo cuando empezó a patear y aplicar la autodefensa que había aprendido, Kuchiki Rukia era una chica fuerte a la que muchos temían una mujer guerrera pero contra esta criatura por encima de ella, ella no era rival permaneció imperturbable y sin inmutarse él era fuerte mientras su sonrisa se ensanchaba con cada lucha que ella ponía.

-Trata de no moverte demasiado, pequeña-dijo su rostro acercándose al de ella -O tendré que romperte el cuello no te gustará eso a él no le gustará eso-

Rukia abrió los ojos como platos y jadeó cuando sus labios chocaron contra los suyos, lastimándola el mordió su labio inferior para forzar su boca a abrir pero ella permaneció alerta ella no se rindió a él.

-Ichigo… Ichigo… -se dijo a sí misma, cantando su nombre como una oración para que se despertara y saliera de la situación actual.

Pero no se movió la criatura se quedó devorando, reclamando, robando el dominaba y ella no podía hacer nada con cada toque, la abrazaría con tanta fuerza que ella pensó que se rompería con cada beso, la besaba lo suficientemente fuerte como para que ella pensara que se lastimaría.

-Pequeña cosita linda-dijo con frialdad, rasgando su kimono, lamiendo su cuello y mordiendo la piel, extrayendo sangre mientras sostenía sus brazos firmemente en su lugar y sus piernas entre las suyas.

Él agarró sus pechos mientras su otra mano se aferraba a sus dos brazos, manteniéndolos en su lugar sin dificultad chupó un pezón con avidez, sin mostrar piedad ni reserva ella jadeó, empujando su pecho hacia su boca más, lo que provocó una risa de él.

-Estás mojada por mí, mascota- dijo su mano libre tocando ligeramente su entrada.

-¡No, no lo soy, cerdo!- Rukia le gritó de vuelta, con rabia en sus ojos las lágrimas comenzaban a correr por sus mejillas.

-Ichigo, este no eres tú-pensó para sí misma, alarmada cuando la criatura se rio tan fuerte de repente se arremangó los pantalones, revelando una virilidad muy erecta.

Rukia miró, alarmada mientras levantaba su pequeño cuerpo por encima de él con una sonrisa, la atrajo con fuerza hacia él, chocando contra él.

Ella no estaba preparada le faltó preparación ella no estaba tan mojada pero él la penetró sin restricciones el dolor abrasó su región inferior y gritó.

-Grita más fuerte- dijo riendo.

Las lágrimas corrían por su pequeño rostro mientras sostenía sus caderas, moviéndola contra él… ella apretó contra su longitud mientras la sangre corría por sus muslos su sonrisa sádica se hizo más amplia cuando sus húmedos sexos se encontraron, provocando un sonido que la hizo querer vomitar.

-Detente-jadeó –Detente, Ichigo, detente-

-Yo…- empuje –soy…- empuje -no…- empuje - ¡Ichigo!-

Ella vino.

Con una fuerza estremecedora que le dio ganas de llorar y reír al mismo tiempo el dolor y el placer de la situación la abrumaron tanto que se dejó caer sobre su forma que respiraba pesadamente, sintiéndose muy pesada.

Ella tembló con fuerza cuando la tocó ella no sabía qué hacer los ojos violetas se llenaron de lágrimas al recordar la crueldad de la situación.

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-Rukia-dijo Ichigo retrocediendo ante la vista frente a él -Lo siento-

La sangre se acumuló cerca de sus muslos su kimono estaba roto los moretones estaban por todo su frágil cuerpo tenía cortes y heridas cerca del cuello y el pecho desnudo tenía el pelo revuelto y algunos mechones se le pegaban a la frente, empapada de sudor su rostro tenía una mirada ausente en ellos, sus ojos estaban retraídos, mirando al cielo.

Su rostro se contorsionó de dolor cuando se quitó la prenda superior y envolvió su cuerpo con ella. Sintió que estaba a punto de romperse.

La había destrozado.

¿Qué he hecho?

¿Qué he hecho?

¡¿QUÉ HE HECHO?!

Las nubes de lluvia comenzaron a acumularse, borrando las estrellas sobre ellos un trueno explotó sobre ellos, Ichigo miró hacia abajo y protegió a Rukia con su cuerpo mientras corría, sintiendo su cerebro palpitar cuando vio la forma en que lo miraba.

Vacante.

Nada.

Corrió hacia el bosque, tratando de encontrar un lugar donde pudieran refugiarse para pasar la noche.

-Ichigo- hablo mientras él la llevaba a algún lugar donde podía dejarla descansar.

-Rukia-respondió, sin atreverse a mirarla -Lo siento mucho, entonces, lo siento mucho...-

-Tráeme de vuelta con nii-sama-dijo, su voz lejana -Por favor, por favor. Déjame volver con nii-sama-

-Rukia-dijo, algo ahogando su voz su pecho de repente se sintió doloroso.

Corrió sin pensar con las piernas entumecidas la llevó a donde ella deseaba estar a su casa donde vivían ella y Byakuya.

Kuchiki Byakuya el hombre que se oponía a su relación, hombre que no quería que la princesa japonesa fuera contaminada por el príncipe invasor un hombre orgulloso que no se atrevía a dejar que nadie tocara a su hermana.

No lo perdonaría por lo que hizo.

-Bájame-dijo Rukia, sin emoción otra vez -Puedo caminar si nii-sama nos viera, se enojaría-

-Estoy preparado para asumir la responsabilidad, Rukia- dijo Ichigo -Por favor déjame…-

-No-respondió Rukia, dándole la espalda.

La lluvia empezó a caer empapó la noche, golpeando ruidosamente contra los corazones palpitantes de dos amantes que sintieron que su vínculo se desvanecía, desapareciendo con la lluvia, Ichigo sintió que su cabeza se volvía ligera contra el fuerte aguacero de la lluvia sobre su cabeza vio a Rukia girar la cabeza parcialmente hacia él.

-Déjame ayudarte…-comenzó pero se detuvo cuando vio lágrimas en sus ojos podía distinguir sus lágrimas de la lluvia, sabía cuándo ella lloraba, sabía todo sobre ella, Él sabía, Él sabía…

-No-dijo su voz firme a pesar de que estaba llorando -Si me sigues, te mataré, si me sigues, le diré a nii-sama lo que hiciste, ¡Si me sigues, te odiaré!-

Grieta.

Ichigo se sintió aturdido, ¿Por qué estás haciendo esto?

¿Soy imperdonable?

Corrió hacia la lluvia, su espalda retrocedió, desvaneciéndose en la cortina de lluvia.

Llovizna.

Relámpago.

Trueno.

Ninguno era tan fuerte como el latido de su corazón.

Corre, Ichigo. Correr…

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Ichigo se despertó de un salto, tratando de sentir su entorno trató de sentir si estaba en ese maldito lugar donde la tierra y el cielo chocaban, con la lluvia atándolos. Pero no fue así.

En cambio, sintió algo sedoso en su mano. Algo suave y definitivamente algo extraño. Se incorporó de un salto y se miró la mano.

Pelo.

Cabello castaño rojizo suave.

Sus ojos rastrearon la fuente y vieron que era su esposa su cabeza estaba apoyada contra el costado de la cama su respiración tranquila se podía escuchar contra la quietud de la noche la quietud del silencio.

Ichigo enterró su rostro entre sus manos no quería recordar esa noche esa noche cuando lastimó a Rukia, esa noche en la que la perdió, estaba confundido sobre por qué ella se fue de repente la Rukia que conocía le permitiría ofrecer una explicación, ella escucharía lo que tenía que decir pero no lo hizo.

¿Pero quién no huiría?, Él era un monstruo tenía este lado malvado como precio que tenía que pagar por hacer algo que se consideraba imperdonable había herido a la persona que más le importaba no sabía muy bien qué hacer cuando perdió a Rukia se convirtió en un caparazón vacío, sin saber cómo mostrar cómo se sentía la joven de cabello azabache siempre había sido capaz de dejar que Ichigo actuara con naturalidad a su alrededor estaba cómoda con ella y él nunca tuvo que luchar consigo mismo lo único contra lo que luchar eran sus sentimientos por ella.

La otra cosa con la que luchar era que eran de mundos completamente diferentes al principio, al darse cuenta de sus sentimientos, luchó contra él por deber Kuchiki Rukia, aunque era su mejor amiga, era la princesa japonesa, hermana del señor de la guerra contra quien su propio país luchó durante la guerra para reclamar el país oriental su padre, el gobernador, se asoció con los Kuchikis para trabajar en el plan de devolver a Japón su libertad si permite que Inglaterra se convierta en su soberana durante un período de tiempo para prepararla para la independencia "Asimilación benévola" como la llamaban los ingleses, Kuchiki Byakuya estuvo de acuerdo con esto pero aún había cautela entre las partes y por supuesto, dada la creciente relación entre su hermana y el príncipe de Inglaterra, Byakuya protegió más a su clan.

Cuando le confesó a Rukia, nunca esperó que ella sintiera lo mismo no se mostró, si lo hizo ella siempre fue dura con él, siempre tratándolo como a un hermano menor con sus modales autoritarios cuando la miró a los ojos y cuando esos ojos violetas ardientes se fundieron en ascuas y se convirtieron en lágrimas de alegría con esa suave sonrisa que hizo que su corazón cantara, supo que ella sentía lo mismo.

Ocultaron su relación se conocieron formalmente en ocasiones públicas y durante los momentos en que el clan Kuchiki se reunía con Isshin pero detrás del ojo público, eran amantes se encontrarían en el bosque, en las colinas, en algún lugar discreto y hermoso huirían de sus vidas donde exigía que pusieran sus deberes en primer lugar.

-¿Qué es la lógica y el deber de la llamada del corazón?-

-¿Qué es la resistencia?-

No importaba ninguno importaba cuando estaban juntos, se olvidaban de que eran el príncipe y la princesa de las naciones en guerra eran Ichigo y Rukia.

Pero en esa noche devastadora, su cuento de hadas terminó.

Y todo fue por él.

Un suspiro lo devolvió a la realidad. Miró a la figura cuya cabeza descansaba pacíficamente en el borde de su cama.

-¿Que está haciendo ella aquí?-

-¿Cómo llegué aquí?-

Ichigo se rascó la nuca mientras entrecerraba los ojos en la oscuridad solo la luna iluminaba la habitación y se sentía demasiado agotado para pararse, encender una lámpara de alguna manera su cuerpo se sentía como el plomo y tenía un recuerdo muy borroso de por qué sucedió esto.

Volvió a mirar a la mujer dormida esta jovencita era ahora su esposa ella era una extraña, una mujer de la que Ichigo solo oía en cuentos trágicos y murmullos descuidados de la gente a su alrededor, ella era una mujer que solo despertó su interés en las historias; la historia de la trágica heredera de una enorme fortuna que perdió a su familia en un accidente y que huyó de la vida de prestigio, sin dejar rastro su elección de anteponer sus emociones a cualquier otra cosa hizo que Ichigo ridiculizara la historia pero ahora, cuando conoció a la chica en persona e incluso se convirtió en su esposo, se hizo más evidente: ella era realmente alguien que elegiría su corazón sobre el deber.

Su otra mitad fue testimonio de eso. A veces, mientras Ichigo dormía, sucedía algo increíble. Los recuerdos de su otra mitad se inmiscuían en su mente en pesadillas consecutivas con todo el detalle de que quería ahogarse y morir, viendo lo que les hacía a los demás. Rukia, acaba de tener una pesadilla sobre ella.

¿Pero su esposa? Él atormentaría sus sueños una y otra vez con ella… ella había renunciado a su destino al permitir que él tiene de ella no luchó más e Ichigo se preguntó por qué lo hacía se preguntó por qué anteponía su deber como esposa ella podría haber elegido a Ulquiorra cuando tuvo la oportunidad y se fugó con él pero no lo hizo en cambio después de ser violada, ella se quedó y lo abrazó ella lo consoló .

Ella lo puso antes que ella.

Sin duda, ella era una persona amable e Ichigo lamentaba tener que arruinar la vida de esa persona para su propio beneficio estaba seguro de que ella podría haberse quedado como campesina en las calles japonesas antes que volver como mujer noble y casarse con un completo extraño.

-Creo que la joven está en problemas-decía Urahara sonriendo levemente.

-¿En problemas de qué?- Preguntó Ichigo.

-Ella y sus amigos están muy endeudados con la gente de Inuzuri, la gente del pueblo está a punto de asesinarlos-

Ichigo sonrió -Si hubiera permanecido como estaba, no podría haber estado involucrada en estos pequeños asuntos del plebeyo-

-Entonces-continuó Urahara, ignorando el comentario descarado del joven -he decidido ofrecerle una propuesta-

-¿Qué es?-

-Ya que necesitas una esposa de ascendencia pura y ella es una mujer que lucha por salir de una gran deuda, usarás su estatus, sangre, ella usará tu dinero para alejarse de ambas situaciones la oportunidad ya está a la mano y sería como matar dos pájaros de un tiro-

Así es.

Ella sacrificó sus deseos personales para salvar a sus amigos el ya lo sabía pero aún…

-¡WASABI!-una voz cortó el silencio entrometiéndose en sus pensamientos.

Dio un leve salto, mirando con incredulidad a la joven cuyos ojos estaban muy abiertos y cuyo rostro pintaba una mirada de puro terror.

-Wasa...- dijo, luego su voz se desvaneció parecía que finalmente se había dado cuenta de que estaba soñando y que no estaba en su habitación.

Ichigo observó con una mezcla de sorpresa y diversión mientras sus grandes ojos escaneaban la habitación, finalmente se asentaban en su forma sentada sus ojos se abrieron más y luego jadeó.

-¡Kurosaki-sama!-jadeó, la luz de la luna mostraba su rostro enrojecido -Lo siento mucho yo…-

-¿Qué estabas soñando?-preguntó, perplejo.

Orihime enrojeció más –Yo… bueno... yo estaba… uh… teniendo una pesadilla en la que los monstruos wasabi me perseguían-

Los ojos de Ichigo se agrandaron ante la historia y antes de que pudiera detenerse, la risa brotó de su garganta él se rio y se rio de la ridiculez del sueño de esta mujer.

-¿Monstruos Wasabi?-

-¿Exactamente cuántos años tienes?-preguntó entre luchas de jadeo por aire.

-Diecisiete-respondió tímidamente.

-¿Sin embargo, estás soñando con un monstruo wasabi?-Dijo Ichigo, divertido.

La joven que tenía delante sonrió. Una sonrisa genuina y brillante que lo detuvo por un momento sintió que el tiempo se detuvo durante unos segundos antes de volver a la realidad.

Esa sonrisa, una sonrisa tan idéntica a alguien tan especial para él la sonrisa de su madre...

Nunca pensó que lo vería en otra persona la sonrisa de Rukia era gentil pero tenía un toque valiente y fuerte, tenía confianza pero esta chica tenía una sonrisa abrumadora, muy cálida, amar era la palabra más apropiada podría alegrar el estado de ánimo de alguien y ella ni siquiera se dio cuenta.

-Esta es la primera vez que te escucho reír-agregó sonriendo más.

Él frunció el ceño por un momento, un acto que la sorprendió agitó las manos en tono de disculpa -Lo siento- dijo -No es mi lugar decir eso-

-¿Cómo llegué aquí?-preguntó, de la nada.

-Has bebido demasiado- respondió ella -Ulquiorra-sama te trajo aquí y vine a cuidar de ti-

Ichigo la miró, ocultando cuidadosamente su sorpresa –Gracias- respondió, sin sentir la necesidad de hacer más preguntas.

Orihime se levantó y se inclinó, Ichigo la miró cuando de repente se detuvo, mirándolo con una expresión gentil.

-Kuchiki-san me pidió que te dijera que te cuides- dijo -También me pidió que te golpeara en la cabeza si alguna vez te emborrachas de nuevo-

Los ojos de Ichigo se abrieron por una fracción de milímetro pero esta acción no fue pasada por alto por los ojos perspicaces de Orihime se volvió y se fue, sintiendo que había algo entre la noble japonesa e Ichigo también fue evidente en la forma en que Ulquiorra actuó con Kuchiki Rukia.

Caminó a su habitación en silencio con un leve rastro de sonrisa en su rostro recordó cómo se reía su marido.

-Tu risa es algo que nunca se puede olvidar- pensó entrando en su habitación.

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-Rukia- dijo Kuchiki Byakuya mirando la espalda de su hermana menor se movió ligeramente de su posición sentada y miró a su hermano con los ojos en blanco.

-¿Hai, nii-sama?-ella preguntó.

-Se ha casado con otra persona- declaró con sencillez, sin darse cuenta de que su hermana sintió un dolor repentino pero familiar que sacudió su sistema -Y sin embargo, no puedes casarte por lo que te hizo-

Rukia mantuvo la cara seria -Estoy segura de que aunque todavía estoy intacta, nii-sama no me dejará casarme con nadie-

Eso era cierto dado lo posesiva y protectora que era Kuchiki Byakuya, Rukia no estaría casada por el resto de su vida siempre había sido así y Rukia a menudo se preguntaba por qué amaba a su hermano, lo suficiente como para tolerarlo le debía tanto y se preocupaba por él que no podía atreverse a desafiarlo o dejarlo.

Ichigo fue un momento de debilidad en su vida se enamoró de alguien a quien no debería haberlo hecho y ahora ella estaba allí, esperando que él esperara a que ella volviera y fuera alguien más digno de él y de ella misma ahora estaba casado con una mujer noble inglesa muy hermosa alguien que fuera tan amable y claramente confiado como observó Rukia.

El silencio indicó que Byakuya ya la había dejado sola suspiró aliviada mientras se desplomaba contra el piso de madera, tratando de recuperar su fuerza.

Encontró a Ichigo borracho en una mesa del rincón más alejado del pasillo, silencioso y melancólico antes de que pudiera moverse, vio que la chica llamada Inoue Orihime ya caminaba hacia su esposo, sus pasos elegantes pero rápidos.

Solo podía mirar, sintiéndose impotente pero por la forma en que la chica se movía, Rukia sabía que estaba lejos de estar enamorada de su esposo es solo que ella era la rara raza de personas que se preocupaban genuinamente por los demás, parientes o no adjunto o desapegado.

No podía comprender lo que estaba sintiendo en ese momento un profundo sentimiento de pesar y alivio, Ichigo encontró a alguien tan raro y cariñoso como esa mujer llamada Inoue Orihime sin embargo, Rukia estaba entristecida porque ella no era la que estaba al lado de Ichigo ahora fue porque sus destinos estaban tan lejos el uno del otro que era imposible cruzarse en los caminos del otro, cruzarse hasta el punto de ser amantes y una pareja formal.

-Me mantendré alejada- dijo diciendo esas palabras cuidadosamente ensayadas, mirándolo con sus ojos cautelosos, sonriendo con esa sonrisa controlada.

Ella ignoró la forma en que sus ojos se derrumbaron y cómo sus palabras podrían haberlo lastimado. Cómo sus palabras podrían haberla lastimado.

-¿Por qué?-preguntó.

-Tengo que hacerlo, Ichigo- dijo, dándose la vuelta -Mi deber es con mi hermano pronto encontrarás el tuyo-

-Mi hermano- pensó Rukia.

-Ichigo…-

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Continuara…