CAPITULO SIETE

A Bella le sorprendió darse cuenta de lo lejos que había viajado el transbordador desde la nave de Edward antes de que ella decidiera hacer lo que fuera necesario para volver a él. Definitivamente valió la pena luchar por él. Solo esperaba que lo alcanzara antes de que perdiera la cabeza y tocara a una mujer Tryleskian. Le preocupaba que él se enojara, que insistiera de nuevo en llevársela en lugar de arriesgar su vida, pero ella no aceptaría un no por respuesta. Tendría que recogerla físicamente y llevarla a la estación él mismo. Por supuesto, que él estuviera en pleno celo lo haría desear querer tocarla. Él no podía llegar y hacer eso al mismo tiempo.

-Eres mío- juró en voz alta -no eres de otra persona. No me arriesgaré a perderte... y tengo la sensación de que tienes un esperma poderoso- además de lidiar con la reacción de Edward cuando lo enfrentara, podría ser difícil sobrepasar a su equipo.

Recordó el camino a su habitación desde donde habían abordado el transporte, pero su tripulación podría tratar de detenerla. Una verificación de los registros de vuelo reveló que el piloto automático los acoplaría en la misma ubicación. Irina se despertó lentamente.

-¿Qué has hecho? ¿Estás robando al capitán? ¡Sabía que eras una criminal!- la mujer forcejeó en el suelo.

-No estoy robando. Estamos volviendo a The Vorge.-

-¿Por qué?- Irina luchó contra la correa que ataba sus muñecas detrás de su espalda e intentó levantarse del suelo. El espacio era demasiado estrecho, y ella acabó rodando desde la puerta hasta los asientos.

-Edward tenía miedo de terminar su celo conmigo. No voy a permitir que una gata de su planeta lo tenga. ¿Sabías que tiene que casarse con ella si queda embarazada?- Irina de repente dejó de luchar.

-¿Qué?-

-Pidió a mujeres mayores que no pueden tener bebés, pero yo tenía un amigo, que grito bebé abordo.-

-No sé a qué te refieres.-

-Su madre había llegado a la menopausia y no tenía un período de más de un año. Luego descubrió que estaba embarazada. Es raro, pero sucede. ¿Qué pasa si le sucede lo mismo a la mujer que elige? Es como una ley para su gente que si jodes a alguien, entonces estás atrapado con ellas de por vida.-

-Mierda- dijo Irina.

-Lo sé. Ya admitiste que lo quieres pero... lo siento, no sucederá. Estoy demasiado unida a él.-

-No es eso. Los machos emparejados de su planeta siempre vuelven a casa para vivir allí. Sus mujeres están muy malcriadas y disfrutan de estar cerca de la familia. Es por eso que no verás muchas mujeres en las estaciones o en los planetas a menos que estén de vacaciones. No disfrutan salir de su mundo natal, y la mayoría simplemente se niegan obstinadamente. Significa que perderemos a nuestro capitán, y los Tryleskianos enviarán a alguien para reemplazarlo. Me han arrestado por pelear algunas veces. El capitán estaba dispuesto a pasarlo por alto después de que le expliqué. Dudo que otros siquiera se molesten en preguntar mis razones. Edward es tolerante, pero se sabe que la mayoría de los habitantes de Trylesk son estrictos- Bella vio una oportunidad.

-Podrías ayudarme a llegar a él una vez que abordemos. Me ha preocupado que la tripulación intente detenerme. ¿Me ayudaras?-

-Nunca- Irina la fulminó con la mirada -no importa a qué mujer lanza su semilla. Podrías quedar embarazada de él. Aún renunciaría a su título de embajador y regresaría a su planeta. Tendría un nuevo jefe que me despediría y me echaría de The Vorge.-

-Estás olvidando que no soy un Tryleskian. No me importa dónde vivo y no tengo ningún interés en mudarme a su planeta. Solo quiero estar con él- Irina frunció el ceño, estudiándola.

-¿Le permitirías seguir siendo capitán?-

-Sí. Solo lo quiero. Compré una lanzadera y dejé la Tierra para vivir en el espacio. Tu embarcación es mucho más grande de lo que estoy acostumbrada. Estaría perfectamente feliz en The Vorge- largos segundos pasaron.

-Liberame. Te ayudaré a llegar a la cabina del capitán y evitar que cualquiera de la tripulación te detenga- Bella vaciló.

-¿Cómo sé que puedo confiar en ti? ¿Que no me dejarás inconsciente y me despertaré en la estación?-

-Necesito este trabajo- Irina sostuvo su mirada -soy un Sarrin. Las mujeres de mi planeta deben ser sumisas a todos los hombres. Nos tratan como una mierda. Sufrí innumerables palizas de mi padre antes de ser demasiado fuerte, huir y escapar de un transporte que dejaba mi mundo. Nunca volveré. Planeo quedarme en The Vorge hasta que encuentre un compañero adecuado, cuando esté lista para tomar uno. No porque me obliguen a hacerlo- Bella todavía no estaba convencida -estoy feliz aquí. Este es el primer buque en el que he trabajado y me tratan como un igual. Nunca temo ser atacada por mi propia tripulación, tampoco. Ellos me dan respeto. El capitán envía a Erik conmigo para recoger los suministros y asegurarse de que nadie se meta conmigo. Estoy protegida. Eso no tiene precio. Solo sucede aquí, las mujeres son blanco de los esclavistas- eso golpeó un nervio con Bella.

-Lo sé. Entiendo. Dejé la Tierra sola, y he visto cosas realmente malas- se inclinó sobre el asiento y comenzó a desatar el cinturón que sostenía las muñecas de Irina juntas -simplemente no seas una mentirosa. Edward significa todo para mí- la otra mujer se frotó las muñecas cuando fue liberada y se levantó.

-Solo tendremos un problema si te quedas embarazada y exiges al capitán regresa a su planeta para vivir. Entonces te pateare.-

-No te preocupes. Su planeta no me atrae.-

-Ahora sal de mi asiento. Soy el piloto- Bella se apartó del camino para dejar que la mujer pilotara el transbordador. Irina no cambió de rumbo, y Bella se relajó.

-Gracias.-

-Tengo mis propias razones egoístas para devolverte al capitán.-

-¿Aparecerá la seguridad en la manga cuando abordemos?, ya que se supone que no regresarías por un tiempo.-

-Los manejaré. Solo hay nueve miembros de la tripulación. Se retirarán cuando yo les ordene. Soy de confianza Y ninguno de ellos quiere que las cosas cambien.-

-Solo espero llegar a tiempo.-

-Espera- Bella fue empujada contra su asiento un segundo después. Ella sonrió. Por supuesto, el piloto tendría los códigos necesarios para anular la computadora de transporte y volar más rápido de lo que se considera seguro.

-Gracias.-

-Deja de decir eso. Es molesto. No esperes que sea tu amiga si te quedas. No me gustan las discusiones entre chicas.-

-Entendido- el tiempo parecía arrastrarse pero luego Irina comenzó las maniobras de aterrizaje. Los motores se apagaron, e Irina se desabrochó el cinturón de seguridad, mientras que Bella hizo lo mismo. Sus miradas se encontraron mientras estaban de pie.

-Voy primero. Tú quédate detrás de mí. No hemos hablado sobre qué hacer con la mujer de Tryleskian si ya está dentro de la cabina del capitán. Ninguno de la tripulación se atrevería a tocarla. Es una violación de nuestro contrato de trabajo atacar a una de cualquier manera. Nosotros representamos su planeta.-

-Voy a improvisar.-

-¿Qué significa eso?-

-Significa que no sé lo que voy a hacer, pero lo resolveré una vez que sepamos cuál es la situación. Solo llévame a su habitación- Irina abrió la puerta y atravesó el pasillo, Bella pisándole los talones. No caminaron más de tres metros antes de que Jared las confrontara. Él sostuvo un arma.

-¿Qué está pasando?-

-Retírate- le ordenó Irina -créeme. Ella necesita llegar al capitán.-

-No- gruñó y se acercó mirando a Bella. Irina agarró su camisa y presionó contra él.

-Perderemos al Capitán Masen si una de su raza termina embarazada. Bella es humana. Ella prometió dejarlo quedarse a bordo. ¿Puedes decir con certeza que su reemplazo te mantendrá? ¿Tienes ganas de vivir en su planeta para estar con él? ¿Qué harías? Tal vez tomar un trabajo como un canguro infantil para sus ¿hijos?- Jared gruñó profundamente, luciendo furioso.

-No a todo.-

-Entonces hazte a un lado y déjanos pasar.-

-Ella es débil. Dudo que ella pueda cargar a su descendencia.-

-Exactamente- Irina le dio un empujón y resopló -aún mejor. ¿Puedes decir lo mismo de una mujer de Tryleskian?- Jared negó con la cabeza pero enfundó su arma -Edward podría matarla. Entonces él me culparía. Le tiene cariño- Bella quería poner los ojos en blanco.

-No hay necesidad de burlarse cuando dices esa palabra. No sé por qué te desagrado tanto, pero solo dile que te obligué.-

-¿Es eso una broma, humana?- Jared le mostró los colmillos a Bella -eso es un insulto para mí. No puedes obligarme a hacer nada- ella le tendió la mano.

-Dame tu arma. No te dispararé; Diré que la robé. Soy tan patética que no pensaste que podría intentarlo. Que te disparen te derribaría, ¿verdad?-

-Nunca te daría un aturdidor- él lo agarró y lo saco de la pistolera y, para su sorpresa, se lo ofreció a Irina -dispárame- Irina vaciló -alguien tiene que aturdirme. Y no confío en ella- él sacudió su cabeza en dirección a Bella -cualquier cosa menos que ser noqueado sería imperdonable para Edward- Bella agarró el arma antes de que pudiera reaccionar y le disparó en el pecho.

-No tenemos tiempo para esto- se tambaleó hacia atrás, con los ojos muy abiertos, y luego cayó hacia atrás. Su cuerpo dio un fuerte golpe cuando golpeó la cubierta. Ella hizo una mueca. Eso dejaría algunas marcas y hematomas. Él había caído como un ladrillo.

-Va a estar muy enojado cuando despierte- susurró Irina -no deberías haber hecho eso- Bella mantuvo el aturdidor.

-Puede que necesite esto. ¡Vámonos!-

-Mierda. Voy a ser despedida.-

-No, no lo harás- la voz silenciosa los hizo saltar y girar. Los tres Pods se habían deslizado detrás de ellos. Uno de ellos sonrió -el capitán está dentro de su cabina. Su mente está perdida por necesidad en este momento, pero él está peleando. La mujer encadenada a su cama no huele bien, pero su dolor es intenso- miró a Bella -me alegra que hayas regresado. Le diremos que fuimos testigos de que robaste el aturdidor de Jared. Lo hiciste, después de todo.-

-Ella lo hizo- otro estuvo de acuerdo -no nos dispares. Ve. De Prisa.-

-Tenemos el resto de la tripulación distraída. Tu camino está despejado- le informó el tercero. Bella dio media vuelta y corrió hacia la habitación de Edward. Ella llegó, jadeando, e intentó entrar. La puerta se negó a abrirse.

-¡Mierda!-

-Tengo esto- la voz profunda la sobresaltó. Ella se giró, levantando el arma. El enorme alienígena detrás de ella sonrió, mostrando dos grandes colmillos. Le recordó a un vampiro con esteroides masivos que había sido bañado en pintura azul. Su cabello negro era un marcado contraste con la ligereza del color de su cuerpo -no dispares, pequeña humana. Tengo acceso a la cerradura de la puerta. Te traje comida, ¿recuerdas? ¿Quieres entrar?-

-Sí.-

-Soy Erik. Eres Bella. Los Pods recogieron tus pensamientos cuando entraste en su raro rango en esa cabeza que tienen. Fue antes de que desbordaras. Sabían que ayudaría, ya que me gusta romper las reglas. Hazte a un lado y déjame abrir la puerta. Esos imbéciles de su planeta drogaron a Edward con algo para aumentar su calor, o algo así. Los Pods nos alertaron mientras sucedía, pero llegamos demasiado tarde para hacer algo al respecto. El Capitán no tenía sentido, estaba gruñendo, y no podía darnos órdenes. Ese cabeza hueca, Alec, dijo que moriría si no le permitíamos encadenar a la mujer adentro y dejar que el capitán la atacara- Bella mantuvo el aturdidor en él, pero le dio espacio para llegar al panel.

-Por favor, ábrelo- él asintió con la cabeza, pero la dejó a un lado.

-Una vez que esté abierto, dispárame un tiro. Entonces puedo decir que también fui forzado- él se rió entre dientes -y podría tener una siesta. Pero déjame acostarme primero- alargó la mano y se tocó un dispositivo en la oreja -Irina dice que hay un gran bulto en la parte posterior de la cabeza de Jared. Él realmente va a estar enojado contigo cuando se despierte- la puerta se abrió, y Erik retrocedió rápidamente, se agachó y luego rodó sobre su costado en el suelo -¡Dispara!- de hecho sonaba emocionado.

Ella disparó el aturdidor, clavándolo en la cadera. Se sacudió una vez pero luego se desplomó. Bella se precipitó dentro de la habitación antes de que las puertas se sellaran automáticamente. Lo hicieron de inmediato una vez que ella estuvo libre de ellas. El interior era mucho más oscuro de lo normal, y le tomó unos pocos parpadeos para adaptarse, permitiéndole ver.

La escena dentro la sorprendió. Una mujer de huesos grandes y aspecto de gato había sido atada desnuda contra un lado de la cama, con los brazos extendidos hacia dos postes, las rodillas extendidas y aseguradas a las patas atornilladas de la cama. Ella siseó a Bella desde su posición.

-¿Quién eres?- La mujer sonaba y parecía enojada. Respondió un gruñido profundo, haciendo que Bella sacudiera la cabeza hacia la esquina de la habitación al otro lado de la cama.

Un igualmente desnudo Edward se agachó allí, su hermosa mirada fija en Bella. Tenía una apariencia puramente animalista, pero la parte realmente aterradora era que no vio ningún reconocimiento en sus ojos cuando la fulminó con la mirada. Ella vaciló un segundo antes de apuntar el aturdidor a la mujer, todavía silbando y gruñéndole. Ella disparó, golpeándola en el culo. La mujer se desplomó contra la cama.

-Espero que eso no esté en contra de la ley. La ignorancia es felicidad, ¿verdad?- Su mirada se fijó en Edward -hola, sexy. Volví. ¿Me extrañaste? Te extrañe- sus fosas nasales se encendieron mientras olfateaba, y gruñó bajo. Fue un sonido peligroso. Su cuerpo se tensó, y de repente se dejó caer sobre sus manos y rodillas.

Echó un vistazo al arma en su mano, pero luego la arrojó lejos, buscando su ropa, deseando quitársela. Edward lentamente se arrastró hacia ella a cuatro patas. Parecía más gato que hombre en ese momento. Todavía era sexy como el infierno. Ella se inclinó hacia un lado, dirigiéndose hacia el baño. Ellos necesitaban privacidad. No quería que esa mujer gato se despertara y le gritara por dispararle en el trasero, o peor, interrumpirlos.

-Tranquilo bebe. No saltes sobre mí ni me lleves abajo como un ciervo, ¿de acuerdo? Eso es lo que hacen los gatos, ¿verdad? Vamos a algún lugar que podamos encerrarnos juntos en caso de que tu invitada no deseada se libere- Edward volvió a olisquearla, y esta vez un fuerte ronroneo salió de él. Sonrió mientras se quitaba la camisa, y los zapatos mientras se movían. Él la siguió por la puerta del baño, donde ella se bajó los pantalones y la ropa interior. Él gruñó.

-Cierra y sella la puerta- él no se movió, mirándola -está bien- ella no iba a tratar de pasarlo para hacerlo ella misma.

Su cuerpo parecía tenso y respiraba con dificultad. Realmente parecía que estaba a punto de abalanzarse sobre ella. Todavía no parecía saber realmente quién era ella. Él tampoco estaba hablando.

-La cama está tomada. Esto tendrá que hacerse de esta manera- alargó la mano, se pasó la lengua por el dedo, bajó la mano y comenzó a frotar su clítoris.

Él Gruñó y se arrastró más cerca. Bella se volvió, vio su pálido reflejo en el espejo, y admitió que parecía un poco asustada. Ella empujó esa emoción hacia atrás mientras se frotaba furiosamente el clítoris, necesitando excitarse. De lo contrario, ella sabía que dolería cuando la tomara. Él le había dicho suficientes veces lo que iba a pasar al final del celo. Ese momento había llegado.

Ella usó su mano libre para agarrar las toallas que colgaban de los ganchos junto a ella y las empujó sobre el borde curvo del mostrador. Debería amortiguarla un poco al menos. Ella mantuvo su mano moviéndose todo el tiempo, continuó manipulando su cuerpo. Sus ojos se cerraron cuando el placer la atravesó. Las fuertes manos de Edward de repente la agarraron por las caderas y la empujaron bruscamente contra el mostrador.

Él no estaba parado, sino que estaba de rodillas detrás de ella. Ella no podía ver su cara. Él la empujó más alto, y ella tiró su brazo para proteger su rostro de golpearse contra el espejo cuando él la dobló sobre el mostrador. El aire caliente avivó su coño, y luego su nariz rozó su sexo. Él olfateó y gruñó.

-Soy yo, sexy- él la lamió, y ella luchó un poco para liberar su otra mano, finalmente levantándola y apoyando sus brazos contra el mostrador y el espejo para proteger su cuerpo.

Edward lamió su clítoris y obligó a su cuerpo a relajarse. Ella amaba esa lengua. Por lo general, la molestaba un poco con eso, pero no en ese momento. El placer la hizo gemir y presionar su frente contra el brazo que descansaba sobre el vidrio frío frente a ella. Ella se vino rápido, gritando su nombre. Él gruñó y liberó sus caderas. Ella levantó la cabeza, lo vio de pie detrás de ella, y se encontró con su mirada en el espejo. Él apartó la mirada, mirándole el culo mientras estiraba un poco las piernas, se movió más cerca de ella, y la agarró por las caderas otra vez.

-Eso es todo, Edward. Tómame- él no dudó, y ella gritó mientras conducía dentro de ella. No había nada gentil en la forma en que su gruesa polla la rompió, pero estaba empapada. No dolía tanto tenerlo enterrado en el fondo tan de repente.

Él agarró su carne en una magulladura y bajó la cabeza, presionándola contra su brazo otra vez. Se retiró casi por completo de ella antes de volver a casa. Ella gimió y él gruñó, consiguiendo un mejor agarre en sus caderas. Su polla se sintió increíblemente dura. De repente, se congeló, y luego Edward enterró la cara contra su cuello, sus caderas martilleando, follándola furiosamente. Él placer se construyó a partir de la fricción maníaca que creó contra las terminaciones nerviosas sensibles.

Él gruñó de nuevo, echó la cabeza hacia atrás y rugió. Podía sentir cada chorro caliente de su semen mientras la llenaba, enviándola al borde del clímax, y ella jadeó cuando su gran cuerpo tembló por la fuerza de su liberación. Ella jadeó con él, sabía que tendría moretones, pero a ella no le importaba.

Un calambre golpeó su vientre repentinamente, y un fuego pareció extenderse a través de sus extremidades. Sus ojos se abrieron cuando sus pezones se tensaron dolorosamente. Una ola de pasión se apoderó de ella hasta que se movió frenéticamente en la polla que aún la empalaba.

-Por favor- suplicó -¡Más!- Edward comenzó a follarla otra vez, duro, profundo, y el placer creció hasta que ella estuvo agradecida de que la sostuviera sobre el mostrador.

Sus rodillas no aguantarían su peso. Otro clímax golpeó a Bella y Edward rugió de nuevo, su gran cuerpo estaba temblando mientras se venía también. Más calor se extendió, el fuego se hizo más brillante, y ella comprendió que su esperma la afectaba de la misma forma que debe afectar a las mujeres de Tryleskian. Había tenido razón cuando dijo que el químico que su cuerpo producía funcionaba mejor que la droga que le había dado la tripulación. Ella lo instó de nuevo moviendo sus caderas.

-Más- su cabeza se levantó de su cuello y sus ojos se encontraron en el espejo. La belleza salvaje de él casi la hizo venir. Esta vez sus ojos dorados sostuvieron los de ella mientras él deslizaba un brazo alrededor de su cintura, la ancló con más fuerza contra su cuerpo, y continuó follandola. El tiempo se nubló, el placer se hizo más intenso. No había nada más que Edward, y la dicha mientras él le hacía tener un orgasmo una y otra vez.