Capítulo V: Nada es lo que parece.

Declaimer:Los personajes de Naruto NO son míos, pertenecen a Kshimoto, yo sólo los uso para crear esta historia, sin fines de lucro, con el único objetivo de hacer pasar un buen momento al lector.

Un ruido ensordecedor llenó por completo sus oídos, tanto que incluso pensó que estallarían, molesto por la manera tan brusca de despertar, buscó con su mano el origen del ruido. Al sentirlo apagó rápidamente el aparato. Sus ojos se cerraron un poco al ver a la pantalla del celular.

3:30 a.m.

Había una llamada perdida de su esposa.

Se alarmó de inmediato al recordar algunos fragmentos de su noche, él no llegó a dormir a casa, por eso su esposa lo llamaba. Giró rápidamente a la derecha para asegurar que no despertó a la chica que lo acompañaba, afortunadamente no era así. Su pequeña Hyūga sólo se removió un poco en el brazo con que la rodeaba. Se deslizó con cuidado de no despertarla y se incorporó. Con el sueño aun atormentando a sus párpados, Obito fue y se dió un baño con agua fría. Necesitaba despejar su mente, y no había nada mejor que el agua fría para despertar por completo.

Salió del cuarto de baño removiendo su cabello, que aún goteaba, iba con una toalla envuelta en su cadera. Se dirigió directamente al clóset de la habitación, donde había dejado algunos trajes por si llegaba a necesitar. Se maldijo mentalmente por no llevar otra ropa que no fuera formal, y se recordó que debía hacerlo. Unos vaqueros y algunas playeras no le ocuparían demasiado espacio.

Se vistió con unos pantalones de traje color gris y una camiseta de manga larga blanca. Buscó a oscuras algunos libros que también había dejado, dónde se encontraban sus notas para la junta que tendría por la mañana con algunos socios. Lo guardó todo en un maletín y se volvió a sentar en la cama, tomó el celular para verificar que no tenía otra llamada.

—¿Obito?— lo llamó suavemente, la chica frotaba sus ojos en un intento de alejar el sueño que todavía sentía.

—Espero te encuentres bien— fue lo primero que se le ocurrió decir. La verdad, no quería despertarla, no sabía cómo debía manejar la situación, hubiera preferido que Hinata siguiera dormida.

—¿Se va ya?— volteó hacia la chica de hermosos ojos perla, que le hablaba somnolienta.

—Sí— se limitó a responderle.

—Pensé... Pensé— se mordió el labio inferior y agachó la cabeza para esconder su sonrojo, consciente de que él no podía verla con claridad.

—¿Pensaste que me quedaría a dormir aquí?— sintió cierta pena por ella, Hinata esperaba algo de él que probablemente no podría darle. Era fácil imaginar que la pequeña Hyuga es una de esas personas que realmente creían en el amor.

—Sí— admitió en un susurro. Ahora que lo decía en voz alta y no en su mente, se daba cuenta de lo ridículo que se escuchaba —Eso pensé.

—No te equivoques.

—L-lo siento— se disculpó ella, haciendo sentir culpable a Obito, que se acercó a besar su frete. Una forma sutil de enmendar su error, puesto que no quiso ser descortés con la joven que hace poco confío tanto en él como para entregarse por completo a su encuentro.

—En la mañana pasaré por ti, te llevaré a la escuela— le dió la espalda para ajustar el reloj que se quitó antes de su encuentro, aun así, sentía la mirada de ella. Sabía sin siquiera verla, que la decepción brillaba en sus ojos.

—No es necesario— se abrazó a si misma mientras observaba su espalda, esa que había marcado con sus uñas hace sólo unas horas. Pequeñas gotas se formaron para salir de sus ojos. Se había entregado a un hombre que no la amaba. Perdió la virginidad con un hombre casado. Un hombre que justamente en ese momento, regresaba con su esposa.

—No era una pregunta— guardó el celular en su bolsillo, pero seguía sin atreverse a verla —Al terminar tus clases, Sasori irá por ti. Te llevará al trabajo.

—¿Quiere decir a este departamento?— su voz fue una mezcla de tristeza, enojo y frustración, el Uchiha se sorprendió por la manera en que se dirigió a él, incluso Hinata se había asombrado después de hacer esa pregunta.

Obito por fin se giró una vez más para ver su rostro, Hinata desvió la mirada, ella tampoco quería enfrentar lo que sucedía.

—Este no es tu trabajo, Hinata. No te pagaré por tener sexo conmigo. Ya lo habíamos discutido— entrecerró los ojos, y por su tono de voz, Hinata sabía que él se sintió ofendido —Trabajarás en mi oficina, mañana te diré cuál es tu puesto.

"Dejar que meta su mano debajo de mi falda" pensó para sí misma. Un sentimiento, (hasta el momento desconocido), se formó en su interior. Era una mezcla de enojo y tristeza. Le molestaba que dió todo de ella esa noche, y él simplemente pensó en dejarla. Le entristecía que no esperó para despertar junto a ella al siguiente día.

—De acuerdo— respondió ella sin ánimo.

Obito sonrió y se acercó para besar sus labios, algo dentro de él se removió al notar las lágrimas que salían de sus bonitos ojos —Lo siento, no quise ser desatento contigo.

Ella negó en silencio, ambos permanecieron sin moverse por algunos minutos, hasta que Obito decidió levantarse de la cama. Hinata lo detuvo sosteniendo su brazo derecho.

—¿Puede quedarse conmigo la próxima vez?— con el rápido movimiento de la chica, la sábana terminó deslizándose lo suficiente para descubrir sus senos. El Uchiha no lo notó, estaba más perdido en la mirada que ella le daba. Ese par de ojos perla lo contemplaban como él en algún momento esperó que lo hicieran ciertos ojos de chocolate.

—Sí, es probable— aceptó con sinceridad, por algún motivo, no le molestaba la idea de despertar junto a ella.

—Gracias— Hinata lo soltó sin decir más y se cubrió de inmediato.

—Nos vemos mañana, ojos de ángel— una vez más la besó, Hinata se permitió sentirse amada por unos minutos antes de que él dejara de despedirse de forma tan tierna.

Escuchó el sonido de la puerta al cerrarse, sintió un poco de soledad dentro de la gran habitación y miedo por lo que sería de ella en la mañana. Se hundió más en la cama sólo de pensarlo.

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Intentó no hacer ruido al abrir la puerta, pero no servía de nada. Rin seguía despierta.

—¿Obito?— le habló la castaña con molestia.

No respondió cuando su esposa lo llamó al entrar a la habitación. Ella al parecer lo había estado esperando, sentada en la cama con los brazos cruzados, una playera y unas pantaletas eran la única ropa que llevaba puesta.

—¿Por qué llegas a esta hora?— sus ojos siguieron todos los movimientos de su esposo, desde que dejó su maletín en una mesita y se quitó la camiseta. Estaba consciente de que esa no era la ropa con que salió en el día. También logró ver los arañazos en su espalda gracias a la luz de su lámpara de noche.

—Estaba en una junta, luego salí a festejar mi nuevo negocio a un bar— el Uchiha continuó quitando su pantalón para cambiarlo por uno deportivo, más cómodo para ir a dormir.

—No mientas, Madara llegó preguntando por ti— le molestó el hecho de que su esposo seguía sin verla, parecía no importarle el hecho de que lo estuvo esperando todo ese tiempo —Dijo que te fuiste de la oficina temprano, y no volviste.

—Rin— se frotó la frente, frustrado de no poder llegar sólo a dormir como planeaba. En cambio, tenía que discutir con su esposa —Ya sabes dónde estaba, no sé porque lo preguntas.

—Si lo supiera, no estaría preguntado— era claro que su esposo se había conseguido una nueva amante, lo que significaba que una vez más tenía que demostrarle que no la podía reemplazar. Ella no pensaba renunciar a su esposo cuando solamente hace unos meses lo había recuperado nuevamente —Bien, si no me dirás eso, ¿Puedes decirme con quién estuviste?

—No— ni siquiera pensaba en hacerlo, no arriesgaría a Hinata a ser hostigada por Rin.

—¿Es Konan otra vez?

—Ya déjame en paz, Rin— se recostó en la cama, dándole la espalda en un intento por terminar esa discusión.

—Obito— tocó con suavidad sus hombros, quiso atraerlo un poco, pero su propósito se vió interrumpido cuando el Uchiha la alejó con brusquedad.

—No quiero estar contigo— le dijo Obito, simplemente no veía a Rin de esa manera desde hace mucho tiempo.

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—¡Hey!— su mente seguía trabajando en lo sucedido por la mañana, Obito la había tocado un poco antes de dejar el departamento para ir a la escuela. Tuvo que detenerlo recordándole que llegaría tarde —¡Hinata-chan!

—¿Hum?— Se detuvo en la acera frente a la universidad, recién había bajado del auto y le sorprendió ver a Naruto agitando su mano mientras caminaba hacia ella —¿Naruto-kun?

—¿También llegas tarde, Hinata-chan?

Se sonrojó en contra de su voluntad, como si Naruto pudiera ver dentro de su mente y saber lo que piensa. Negó varias veces para deshacerse de ese temor.

—S-sí, tuve un inconveniente— sabía que su amigo algunas veces solía ser muy curioso, y cruzaba los dedos para que esa no fuera la ocasión —¿Tú por qué llegas tarde?

—Bueno, la verdad es que me he quedado dormido— confesó apenado, rascándose la mejilla y mirando hacia otro lugar que no fuera el rostro de Hinata —¿Te vinieron a dejar?

—¿Cómo?— la confusión se apoderó un momento de la Hyūga, luego entendió cuando Naruto señaló el auto detrás de ella.

—Es el mismo auto que te trajo ayer, te miré bajar de el y no se ha ido desde entonces— le explicó aparentando normalidad, eso tan sólo era un pretexto para ver si lograba descubrir más sobre el extraño auto. Quería descubrir si su amigo Sasuke tenía razón.

—Sí, Neji-niisan me trajo en el auto de un amigo— se giró un momento para ver el auto, Naruto tenía razón al decir que no se había movido. Le hubiera gustado que los vidrios no estuvieran polarizados, así podría ver si Obito la observaba como presentía —Apuesto a que no se irá hasta que entre a la escuela.

—Entonces no debemos hacerlo esperar— el chico de cautivadores ojos zafiros la atrajó hacia él con su brazo derecho, que permaneció alrededor de sus hombros. Caminó a lado de Naruto, viendo disimuladamente en dirección al auto de Obito.

—¿Crees que nos digan algo por llegar tarde?— preguntó Hinata, queriendo cambiar de tema para no seguir pensando en Obito.

—Tal vez, pero si lo hacen, te puedo recompensar— el rubio la miró con una gran sonrisa, misma que no pudo evitar imitar. A veces le sorprendía su falta de preocupación.

—¿Ah, sí?

—Sí, claro. ¡Iremos por un helado al salir!— ambos siguieron sonriendo, parecían un par de amigos contando una broma. Apunto de hacer una travesura —¿O quieres ir ahora?

—¿Te refieres a faltar a clases?— preguntó genuinamente sorprendida, esa sensación sólo aumentó al verlo asentir con la misma sonrisa astuta —No lo sé, Naruto-kun. Yo nunca he faltado a clases.

—Siempre hay una primera vez— dejó de caminar, pero no soltó a su amiga. Ella se detuvo a su lado —¿Qué dices?, ¿Vienes conmigo?

Mordió su labio inferior, un gesto que se estaba volviendo costumbre, si ya había dejado de ser una chica buena anoche, unas horas más no le harían daño. Tenía derecho a divertirse en compañía de un amigo.

—S-sí, iré contigo.

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Celos.

No había otra palabra para definir lo que sentía. Esa niña se había atrevido a pasear con otro frente a él. ¿Por qué no detuvo al chico rubio cuando éste la abrazó?, ¿Antes habían compartido más que abrazos?

Resopló totalmente furioso, debía tranquilizarse, Hinata era una chica demasiado inocente, se lo había demostrado. Seguramente sólo se trataba de un amigo con demasiada confianza, no un pretendiente de su Hinata.

No se percató de cuánto tiempo pasó, quizás una o dos horas, lo único que lo alejó de sus pensamientos fueron un par de toques firmes en su puerta.

—Obito-san, es su abuelo— le informó Kurenai, una de sus secretarias. Misma a la que había contratado como parte de un favor hacia su amigo Asuma.

—Déjalo pasar— le indicó después de aclarar su garganta.

La mujer se retiró, y segundos después apareció Madara Uchiha en su oficina. El hombre se notaba tan serio que podría asustar a cualquiera. Ese semblante de intimidación lo conocía, su abuelo venía para reprenderlo.

—¿Qué necesitas?— inquirió con desinterés, las miradas molestas de su abuelo ya no lograban asustarlo desde que tenía diez años.

—Quiero que dejes a esa esposa que tienes, sabes bien que sólo es un capricho tuyo— comenzó Madara a pedir lo mismo de siempre.

—¿Y qué si lo es?— contraatacó Obito, era desesperante que su abuelo siempre quisiera controlar cada aspecto de su vida.

—No te daré la empresa, no hasta que me des un heredero— le presionó, sabía que era la única forma de hacer que su nieto dejara a la mujer que lo había destrozado. Obito le tenía mucho cariño a la empresa familiar, haría todo con tal de no perderla.

—Sabes bien que Rin no puede tener hijos— le miró con recelo, Madara ni siquiera se inmutó por ello.

—Entonces tendrás que dejarla, porque no quiero a algún niño adoptado. Quiero a un Uchiha.

—Bien, lo tendrás— la seguridad en sus palabras descolocó un poco a Madara, no esperaba esa respuesta de su nieto. Algo tramaba, y se obligó a retomar la compostura con rapidez.

—Tienes un año. Un año para darme pruebas de que serás padre— finalizó con severidad.

Tomó su celular para ver la hora, al notar que su abuelo salía de la oficina, Hinata aún no le llamaba para que pasaran por ella a la escuela, a pesar de que sus clases habían terminado hace quince minutos. Kurenai entró a su oficina cuando le dió el pase, le indicó con un gesto de mano que esperase un momento y realizó una llamada en su celular.

—¿Ya estás lista?— fue directo, no sabía si la visita de su abuelo lo había alterado, pero tenía un presentimiento que no le agradaba.

—S-sí— nervios, lo notó apenas escuchó su voz.

—De acuerdo, Sasori pasará por ti— le hizo saber el Uchiha, y es probable que por el mal humor que ya tenía por culpa de su abuelo, haya creído escuchar un suspiro por parte de la joven.

—¿Puede ve-venir al pa-parque del centro?— frunció el entrecejo, ella sin duda actuaba extraño —Había empezado a caminar— se excusó, pero fue poco creíble. El parque central quedaba muy lejos de la escuela.

—Sí, llegará en unos minutos— le contestó, aparentemente sin tener problemas con su petición.

Colgó la llamada, y miró en dirección a su secretaria, que esperaba con paciencia a que terminara de hablar.

—¿Necesita que le hable a Sasori?— la voz de Kurenai le devolvió al presente, de inmediato el Uchiha comenzó a buscar entre su escritorio lleno de papeles.

—No, saldré yo.

—Pero, Obito-san...

—Debo hacerlo personalmente.

La mujer no entendió, simplemente lo observó mientras él tomaba su teléfono y llaves y salía de la oficina. Se encontraba molesto. Ya sentía pena por la persona que lo había provocado.

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Volví xd

Como pueden ver, Obito tampoco es un santo unu también ha lastimado a Rin con sus engaños. En mi opinión, lo mejor para ambos sería alejarse del otro. Pero eso es algo que con el tiempo irán comprendiendo.

Los invito a leer otras de mis historias en lo que esperan por esta :D

Si fueran tan amables de dejarme un review la verdad que me animaría mucho, y sería un gran apoyo si agregan la historia a sus favoritos :D también en su lista de alerta para no perderse de las actualizaciones ;)

Nos leemos en la próxima actualización n.n