PROMETIDA.

YAN_SKYBLUE/SESSHOME.

CAPÍTULO I.Londres, mayo 26, 1872.

"Journalistic Gathering"Se anuncian campanas de boda para la señorita Higurashi, pero, ¿quién es el prometido?, un joven adinerado de Escocia, ¿como la perla de la sociedad londinense termina prometida a un escocés desconocido?No quisiera sacar conjeturas sobre su situación, esperemos lo mejor para la joven dama…

—Kagome. — lady Naomi entra a la habitación de su hija, se queda viendo lo deteriorada que está y una punzada le atraviesa el corazón.

Sabía que algún día como madre debería mostrarle su ajuar para una boda, pero no pensó que sería de esta forma tan sombría, no siendo la comidilla de toda la sociedad y su hija pareciendo más un cadáver que una novia feliz, pero ella ya había tomado una decisión y no podía negar que parecía lo más sensato.

—Tu prometido envió esto. — le mostró las tres grandes cajas blancas adornadas con listones color perla de bordes dorados.

Ambas abrieron los paquetes y se encontraron con un enorme vestido de novia de satén color blanco inmaculado, era hermoso, con las mangas descubiertas, flores alrededor del escote no muy pronunciado y un chongo en la parte trasera de la falda, venía con zapatos, velo y guantes a juego.

—Es un idiota...— susurra la joven tomando asiento en la cama olvidando por completo sus modales, sabía el motivo de tanta pomposidad.

—Hija, dale una oportunidad, quizás no sea tan malo. — menciona la madre buscando el faldón, el corsé y todo lo que necesario para preparar a su hija. —No lo conoces, solo por sus cartas. —

—¡Es por eso que lo detesto madre! — se puso de pie y dejó que su madre le ayudara a prepararse, ya no había marcha atrás y quejarse era innecesario. —, por sus ridículas cartas. —

Inglaterra, enero 13, 1866.

El Marqués de Bristol, agoniza, la casa del marquesado está en completo silencio y zozobra, las sombras de la muerte se acercan a la habitación adornada en piezas exquisitas de la mejor calidad.

Kagome sostiene la mano de su abuelo con ternura mientras su padre brillaba por su ausencia; el viejo Marqués estaba seguro que su hijo incorregible le quitaría la vida algún día de puros corajes y así fue, descubrirlo tratando de deshonrar a una de las empleadas fue la gota que derramó el vaso, lastimosamente el infarto fue demasiado para su viejo corazón y cayó en cama sin poder siquiera hablar. Se arrepentía de no haber cambiado su testamento y dejar su riqueza al futuro esposo de su nieta querida, pero parecía que la suerte estaba echada y ya era tarde para arrepentimientos, sobretodo por haber confiado en que su hijo algún día cambiaría. A estas alturas, solo lamentaba dejar a su nieta soltera a merced de su padre, la fortuna ya era lo de menos, lastimosamente Kagome a sus diecisiete años todavía no había sido presentada por el escándalo con su hermana mayor, parecía que la desvergüenza era heredada, porque Kikyo no pensó en las consecuencias antes de fugarse a Gretna Green para casarse con un completo extraño.

Sintió las gotas de lágrimas impactar su mano, era su niña querida llorando por ese viejo tonto que ya se moría, le gustaría darle un abrazo de despedida pero no podía moverse.

Poco a poco el viejo Higurashi sintió sus fuerzas desvanecerse y finalmente murió con los ojos abiertos y pendientes de su nieta, el médico dijo que ya no había nada que hacer.

Ahora el título caía en los hombros de Sota Higurashi, nuevo Marqués de Bristol, y ya nadie sabía qué sería del futuro, sobre todo para Naomi y Kagome Higurashi, quienes dependían de él.

Inglaterra, marzo 16, 1869.

Naomi se ve en la penosa necesidad de despedir a varios empleados de la servidumbre al notar que el dinero escasea, ya no puede permitirse pagar tanto personal y poco a poco la servidumbre se reduce al mayordomo y la cocinera. Kagome y ella deben encargarse de las otras tareas de la casa mientras el Marqués se iba por meses de juerga y regresaba cada vez más demacrado, ojerso y miserable. Si las cosas seguían así, lo único que Kagome tendría como dote sería su título y su bonita cara de porcelana, pero eso poco le importaba a su padre quien solo velaba porque en casa no faltara el licor y dinero para seguir apostando, su vicio llegó a un punto en que una a una las propiedades bajo el título iban siendo vendidas o apostadas y los cotilleos corrían rápido por su círculo social, finalmente se quedaron solo con una casa que pertenecía a la herencia de Naomi en Londres y tuvieron que mudarse solas ya que no podían pagar al mayordomo y ni siquiera a la cocinera. Ambas eran marginadas y aborrecidas en Londres por los altos estratos sociales y ya no eran invitadas a los bailes o tertulias, fueron apartadas de cualquier evento social y su apellido cayó en desgracia, afortunadamente solamente el rumor era conocido en el cerrado círculo de la nobleza londinense.

Para 1871, el Marqués se había acabado hasta la última libra de las arcas de su familia en licor, mujeres y juegos, así qué, frente a la mesa de póker, sus cartas, los ebrios y las prostitutas, los ojos del oponente… su cerebro trataba de encontrar una salida, ¿qué hacer?, estaba desesperado por ganar, tenía buenas cartas esta mano sería la definitiva.

—¿No tiene nada más dinero que apostar, el gran señor Marqués?. — pregunta el individuo. Era un sujeto regio que vestía muy bien y cargaba una apariencia acicalada, pero cuya voz y presencia te hacía ver, no era ningún noble pelele, eso terminó con los nervios del desgraciado Marqués.

—Yo...—

Y ante la mirada atónita de todos el hombre negó con la cabeza, pero aseguró que poseía algo más, el individuo sonrió suspicaz y colocó su mano de cartas boca abajo sobre la mesa.

—Lo escucho. —

Fue cuando la suerte de Kagome Higurashi, quien fregaba los trastos de la cena ella misma en la cocina mientras los mechones de su cabello negro se le pegan a la frente por el sudor, fue echada en una mano de póker sin ella saberlo. Su padre la apostó seguro de que ganaría, no podía perder con tan buenas cartas, así que, desesperado, mostró su escalera de color; el 10, 9, 8, 7 y 6 negros estaban en la mugrienta mesa de madera, los presentes jadearon y el silencio se hizo ante la falta de respuesta por parte del oponente quien, terminaba de tomarse el ron que quedaba en su vaso; Higurashi se secó el sudor del rostro y trató de aflojarse el pañuelo nervioso, pero estaba seguro que su mano no podía ser vencida, hasta que el oponente dio vuelta una por una a sus cartas y reveló la hermosa escalera real.

Todo el mundo victoreo, Sota Higurashi sintió el peso de lo que había hecho, trató de irse pero los hombres que venían con su rival lo tomaron por los hombros y le pidieron sentarse.

—Hora de dejar escrito y notariado nuestra apuesta de caballeros.—

Y no hubo otra salida, el hombre se marchó de la taberna junto al desgraciado Marqués, llegaron a la casa de Royakan, uno de los poco notarios dispuesto a validar tal atrocidad, el papel fue redactado, firmado y sellado, Higurashi regresó a su casa y vio a su hija terminando de limpiar la mesa vestida como si fuera una mugrosa empleada y la culpa lo sacudió hasta los cimientos.

La condenó a ser una sirvienta junto a su esposa y ahora sería peor que eso, una pertenencia más de ese sujeto, ¿qué clase de ser humano era?. Tarde abrió los ojos ante la espiral de desgracia a la que arrastró a su familia, su esposa regresaba con la ropa limpia que había lavado y puesto a secar en la mañana, su hija le ayudaba a doblarla mientras conversan sobre lo lindo que sería poder asistir al baile de lord y lady Spider la próxima semana, quizás allí Kagome encontraría un esposo apropiado que les sacaría de tantos apuros, la joven sonreía con las mejillas arrevoladas y le afirmaba a su madre que eso era imposible y debían pensar seriamente en trabajar.

Higurashi subió los escalones caminando como un condenado hasta su habitación y tomó asiento, ni la borrachera lo hacía olvidar o sentirse menos miserable.

Fue al cuarto que pertenecía a la servidumbre en un tiempo y que ahora era nada más que una bodega, buscó entre los trastos y encontró su salvación, lo único que evitaría debiera dar explicaciones de sus actos, apuntó el arma a su rostro, abrió la boca y disparó cerrando los ojos entre lágrimas hipócritas.

Las mujeres escucharon el ruido y corrieron arriba, revisaron cada rincón hasta que finalmente encontraron al que fue padre y esposo tirado en el suelo con un balazo en el cráneo, la bala le había atravesado la nuca y salpicado la pared.

Kagome cayó al suelo impactada, ¿esto qué significaba?.

Continuará...