PROMETIDA.

Yan_skyblue/sesshome.

CAPÍTULO V
Bristol, años atrás.

La vida para el joven Sesshomaru se resumía en pocas palabras, pérdida, trabajo y pobreza.

Sesshomaru Taisho nació a los ocho meses, su madre no pudo soportar el parto y murió. Irasue era una dama, una lady que se enamoró del mozo que trabajaba en la casita campestre de un lord escocés, al cumplir los diecisiete años, la joven Irasue tomó sus maletas y luego de ser echada por sus padres por haber deshonrado a su familia, se fue con el amor de su vida, fueron muy felices hasta que la realidad y la falta de dinero los golpeó de frente, fue difícil pero finalmente lograron establecerse como colonos trabajando las tierras del marquesado en Bristol, Inglaterra; ahora la suerte parecía sonreírles, Inu no Taisho trabajaba duro en los sembradíos e Irasue consiguió un telar, poco a poco, la felicidad volvía, luego llegó el embarazo de la antigua dama, lastimosamente la frágil salud de la mujer no la dejó ver los bellos ojos ámbar de su hijo y murió, fue un golpe que destrozó a Toga, tanto que su esposa jamás fue olvidada en esa casa y Sesshomaru creció con la idea errónea que el amor era posible entre clases sociales diferentes, esta idea le trajo problemas a futuro y una herida actual.

Cuando Sesshomaru tenía seis años, su padre sintió que era buena idea que comenzara a conocer lo que sería su futuro inmediato, lo llevó al campo, el joven Taisho buscaba la manera de ayudar a todos a su alrededor y sin que él pudiera preverlo, el carruaje del Marqués paró junto al camino, bajó un hombre ya muy viejo, vestido de manera ostentosa y luego los ojos del niño conocieron la admiración, cuando bajó la pequeña nieta del Marqués, una pequeña hermosa de grandes ojos azules y rizos oscuros como la noche, iba vestida como si fuera un ángel en un vestidito blanco, la niña comenzó a corretear por el campo de lavanda viéndose como si fuera realmente una visión de su imaginación, pero la voz de su padre lo trajo de nuevo al mundo, siguió con sus labores. Kagome jamás se dio enterada que había cautivado el joven corazón de Sesshomaru y no lo sabría jamás hasta que, varios meses después, el andrajoso niño se acercó a ella con una flor silvestre recién cortada y una sonrisa medio algo y medio nada, la niña se asustó porque su abuelo siempre le ordenó jamás hablar con los trabajadores, además que era la primera vez un niño varón se le acercaba, echó a correr dejando a Sesshomaru con sus esperanzas rotas, la flor en sus manos y el rostro mal interpretado de repudio de la niña, jamás volvió a ser el mismo.

Dos años después, la volvió a ver cuando ayudaba a su padre a descargar una carreta con sacos de granos para llevarlos a la cocina de la casa grande, la niña iba camino a las caballerizas junto a otra niña más grande, no pudo evitar sus ojos ámbar se tejieran junto a los azules, ella se paralizó y no pudo reaccionar hasta que su hermana mayor Kikyo la jaló y le pidió no ver a los mozos.

"Esas personas pertenecían a mundos diferentes, no debemos mezclarnos con ellos, no merecen ni una mirada."

Fue cuando Sesshomaru entendió que el dinero sí era una brecha enorme entre las personas, desde ese día evitó volver a encontrarse con ella. Luego, su padre se hizo cargo del hijo de una vecina que murió de tuberculosis y desde ese día, Inuyasha se convirtió en su hermano, ninguno sabía que ese niño de tres años era el resultado de un par de noches tratando de matar la soledad entre Inu no Taisho e Izayoi, pero con la muerte de la mujer, el nuevo miembro, la insistencia de su hijo de irse, Inu No Taisho decidió encaminarse junto a sus hijos de nuevo a sus raíces, regresaron a Escocia donde vivirían un par de años más hasta que la aventura y la promesa de fortuna los llamó y se hicieron a la mar; en el pensamiento de Sesshomaru, permaneció el desprecio de esa niña, odió a los de sangre azul y se juró a sí mismo no volver a Bristol a menos que fuera una persona adinerada, más de lo que su familia lo era, luego él le devolvería el gesto.

Lo demás, fue suerte y trabajo duro por igual, finalmente su familia era respetada y ridículamente adinerada en América, seguían expandiendo sus negocios y llenando sus arcas al tiempo que la desgracia subía un escalón más para Kagome, los años llevaron a uno hacia sus sueños y a la dama su burbuja se le reventó.

Para Sesshomaru, después de tantos años, ir a Londres, ver a esas personas que odiaba y escuchar los rumores de los Higurashi fue como un llamado divino, desde ese día, siguió a Sota, vio a la adulta Kagome y la "odió" aún más, seguía siendo hermosa, pero su situación era tan precaria… movió los hilos y logró ganarla con trampas en una mano de póker contra su padre, ella era suya pero sentía que ese abismo de siempre estaba allí, no sabía qué hacer con ella, ahora que tenía lo que quería, dudaba de su proceder, hasta que leyó la carta de su padre sobre Inuyasha, lo feliz que era con su familia y en lo mucho que deseaba él consiguiera lo mismo, fue el motor que impulsó su idea hasta hoy, hoy llegaría a Londres para casarse con ella, la mujer que odiaba pero que le aceleraba el corazón, lamentablemente.

Londres, mayo 26, 1872.

—Kagome. — lady Naomi entra a la habitación de su hija, se queda viendo lo deteriorada que está y una punzada le atraviesa el corazón.

Sabía que algún día como madre debería mostrarle su ajuar para una boda, pero no pensó que sería de esta forma tan sombría, no siendo la comidilla de toda la sociedad y su hija pareciendo más un cadáver que una novia feliz, pero ella ya había tomado una decisión y no podía negar que parecía lo más sensato.

—Tu prometido envió esto. — le mostró las tres grandes cajas blancas adornadas con listones color perla de bordes dorados.

Ambas abrieron los paquetes y se encontraron con un enorme vestido de novia de satén color blanco inmaculado, era hermoso, con las mangas descubiertas, flores alrededor del escote no muy pronunciado y un chongo en la parte trasera de la falda, venía con zapatos, velo y guantes a juego.

—Es un idiota...— susurra la joven tomando asiento en la cama olvidando por completo sus modales, sabía el motivo de tanta pomposidad.

—Hija, dale una oportunidad, quizás no sea tan malo. — menciona la madre buscando el faldón, el corsé y todo lo que necesario para preparar a su hija. —No lo conoces, solo por sus cartas. —

—¡Es por eso que lo detesto madre! — se puso de pie y dejó que su madre le ayudara a prepararse, ya no había marcha atrás y quejarse era innecesario. —, por sus ridículas cartas. —

Las cartas ahora estaban guardadas en una caja de las muchas que acumuló por sus regalos, no sabía por qué ya no las tiraba, se dedicaba a leerlas una a una por las noches, excepto la primera porque fue quemada.

—¡Lista!.— dijo la madre al borde de las lágrimas.

Kagome se veía hermosa, como la dama que era, lastimosamente no había una sonrisa en su rostro divino. Escucharon los golpes en la puerta y supieron que debía ser Hakudoshi ya con el carruaje para llevarlas a la iglesia, bajaron lentamente, abrieron y el joven pícaro alabó la belleza de la novia, le ayudó a subir al carruaje y se encaminaron hacia lo desconocido para la joven novia. Kagome apretaba el ramo de lirios y rosas que tenía tratando de mitigar sus nervios, el corazón estaba por salirsele del pecho en cualquier momento,divagó sobre tantas cosas que escuchar a su madre decir "llegamos" le sacó un susto de muerte, bajó del carruaje y se encaminó a la capilla de St. James.

No había invitados, no había nadie aparte de Kaede y el abogado Mioga junto a su esposa, su madre la entregó al hombre que no había visto ya que no tenía el valor de levantar la vista, solo vio sus zapatos lustrosos y costosos, sintió la mano grande y algo áspera, seguramente resultado de una vida de trabajo, cuando hubo que entregar el ramo a su madre y tomó la otra mano del desconocido finalmente se atrevió a alzar la vista y quedó encandilada totalmente.

Frente a ella estaba un caballero de aspecto serio, rostro masculino pero facciones afiladas y ojos divinos color ámbar que brillaban por el sol que se colaba por los vitrales, el cabello largo albino recogido en una coleta alta, era la mezcla de seriedad y masculinidad hecha persona, ni pomposo ni humilde, era… él era…

—¿Acepta?.— preguntó el sacerdote.

—Sí. — contestó por inercia.

La ceremonia continuó y ella se sentía fuera de su propio cuerpo observando todo; dijeron sus votos, intercambiaron anillos, él le quitó el velo, se acercó y ella cerró los ojos creyendo que él la besaría, ¡su primer beso!, Dios mío, estaba tan nerviosa que las piernas le temblaban pero simplemente sintió la suavidad de sus labios en la mejilla, el caballero se alejó y le ofreció la mano para salir de la capilla, ella aceptó el gesto y lo siguió viendo a los lados buscando a su madre quien lloraba.

Subieron al carruaje y desde ese momento, Kagome supo que su vida de ahora en más, sería un mundo nuevo de descubrimientos, quizás no fuera tan malo… quizás él…

—Las cosas serán así, nos quedaremos en un apartamento junto a tu madre y mi empleado por hoy, luego partiremos en la mañana. — dijo con su voz de trueno.

Ella se le quedó viendo por unos instantes hasta que comprendió.

—¿Seré una esposa de adorno?. —

—Lo que todo millonario sin título desea, una esposa de sangre azul que presumir. — contestó con tanta frialdad que la hizo temblar.

—No esperaba menos. — sus ojos azules parecieron perder algo de su ternura, volteó hacia la ventana.

Y se hizo el silencio. Su matrimonio comenzaba como un convenio, pero solo el tiempo sabría si terminaría diferente, dependería de ellos, de apartar los resentimientos y los prejuicios, pero ahora, él pensaba en la manera de hacer que esa ex lady sufriera el desprecio y ella lloraba por dentro su desgracia.

Continuará...

No se vayan lejos que hoy habrá doble capítulo. Un enorme gracias por sus comentarios, *insertar corazoncito*