PROMETIDA.
Yan_skyblue/sesshome.
Capítulo XIV.
Afortunadamente para los jóvenes que ahora se veían uno al otro sin saber qué hacer o decir, Sango entró en saloncito de música, no se escandalizó de ver a la damita allí, aunque le pidió mejor enviar un recado para que pudieran verse de la manera normal de ahora en más, ella se sonrojó y aceptó de buena gana la sugerencia.
Las dos mujeres se quedaron cerca del piano, Sango comenzó a tocar una melodía y el joven vizconde tocó el violín, como dijo lady Bennett que se llamaba ese instrumento, para entretener a su invitada, ella cerró sus ojos escuchando la melodía, era alegre y le hacía soñar con una casita campestre en algún lado del mundo cerca del mar, ella sentada viendo el atardecer mientras las olas rompen en la orilla, el viento le vuela el sombrero y ella se arremanga las faldas para correr descalza por la playa con una sonrisa, alguien toma su sombrero y se lo entrega; allí abrió los ojos para ver a Kohaku, sus mejillas pecosas y su cabello castaño, sus bonitos labios, su porte, su sensibilidad… sin duda, la mujer que descubriera lo maravilloso que es sería muy afortunada.
—Creo que la envidiare...— susurró sintiendo que por segunda vez en tan poco tiempo se estaba ilusionando con alguien que no era para ella, no podía ser tan idiota.
—¿Vamos a desayunar juntos?. —
Lin se giró, Sango le sonreía dulce esperando su respuesta, asintió sin más y los tres dejaron el saloncito para dirigirse a desayunar junto a la nueva amiga de los hermanos Bennett, en el camino se encontraron con la familia de la joven y terminaron todos en el salón para desayuno conversando y comiendo, excepto Sesshomaru y las señoras Higurashi quienes prefirieron café y té respectivamente porque ya habían comido.
Luego de conversar todos se dirigieron a cubierta para caminar y ver el mar, los esposos iban al frente muy callados de hecho, sospechosamente callados, Naomi, Hakudoshi y Sango caminaban un poco más atrás hablando de Boston ya que Sango ya había estado allí por los negocios de su esposo y Hakudoshi obviamente vivía en la famosa ciudad, más atrás iban Kohaku y Lin en total silencio, algo extraño ya que la damita no paraba de hablar en el desayuno.
El viento soplo fuerte, las mujeres sostuvieron sus sombreros excepto la joven y la cinta se soltó haciendo que el sombrero se fuera con el viento, el vizconde corrió tras él mientras ella lo miraba confundida, Kohaku subió a una silla y saltó para atrapar el sombrero sin importarle las miradas de desaprobación, lo llevó de vuelta con su respectiva dueña quien se sonrojó y agradeció tanta preocupación, él sonrió tierno haciendo que el corazón de Lin se detuviera por unos segundos.
Kagome les llamó para entrar, irían a escuchar la banda que tocaba en en gran salón, tomaron asiento y se dedicaron a escuchar el concierto. Se sentaron entre la multitud de espectadores.
Sesshomaru no era muy adepto a estas actividades así que para no aburrirse, sintió que era más divertido ver la cara escandalizada de su esposa al sentir la punta de su zapato tratando de acariciarle la pantorrilla, algo que no era muy posible por la crinolina pero que era gracioso intentar, la señora Taisho tapó su risa tras el abanico y pidió discretamente a su esposo controlar esos impulsos.
—No sé a lo que te refieres. — contestó disimulando.
Siguieron así por un rato más ya olvidando la confesión anterior, al menos Sesshomaru creyó que su esposa lo había olvidado y eso lo hacía sentir más aliviado ya que no deseaba ser rechazado por ella, no por ella a quien le había entregado el corazón entero desde la primera vez que la vio siendo niños. Kagome era un remolino de pensamientos y sentimientos que no sabía todavía cómo colocar en su lugar, a Dios gracias que Lin dormía con ellos y no estaría a solas con Sesshomaru porque debía juntar las agallas que tenía para contestar ese Te Amo tan repentino que llegó sin imaginarlo, solo estaba segura que él le provocaba algo que no sintió jamás y si eso era amor entonces estaba enamorada de su esposo…
¡Estaba enamorada de su esposo!.
Se abanico con más ahínco esperando que nadie viera lo rojo que debería tener el rostro porque ella sentía que le ardía.
Y mientras el matrimonio está en sus asuntos, Lin se encontraba en otro mundo viendo la mano del joven sobre la suya.
Él parecía no notarlo porque sus ojos café estaban concentrados en la banda, pero ella sí sintió la calidez de su mano y lo miró extrañada, suspiró contrariada entre las reglas del decoro y el sentir su mano. Lin sabía que era lo máximo que podía recibir por parte de un joven y quería disfrutar el momento, nadie nunca le trató como a una dama si no como un objeto de satisfacción y el solo sentir un toque tan íntimo pero a la vez tan inocente, la hacía sentirse como si realmente fuera un señorita casadera.
Finalmente el joven se dio cuenta de lo que hacía cuando movió los dedos y sintió la tela del guante hecho de organza, la miró asustado y sonrojado. Ella sonrió y quitó la mano lentamente, ambos sintieron un vacío, Kohaku pidió disculpas y prefirió colocar su mano en su pierna para evitar otro incidente así, ella entristeció al notar que el joven no volvió a verla, eso significaba que quizás le desagradaba, y aunque ya intuía que una joven como ella y con su aspecto no podría llamar su atención, le dolió un poco la actitud esquiva que tomó después el vizconde.
Cuando terminaron de ver el concierto, se despidieron y en el resto del viaje, no se volvieron a ver.
Los días se iban algo lento a bordo del barco, Kagome trataba en lo posible de buscar una oportunidad para decirle a su esposo su respuesta ante su confesión, pero él evitaba desde ese día estar a solas con ella, simplemente parecía que estaba empecinado en no escucharla.
Hoy buscaba una solución sentada en la cama.
Lin le vio desanimada y se sentó a su lado, estaban solas porque Sesshomaru había ido con Hakudoshi para arreglar los últimos detalles de su llegada a Boston y Naomi no volvía de su habitación ya que estaba buscando unos pendientes que deseaba prestar a Lin para mañana.
—¿Sucede algo?. — preguntó curiosa.
—Estoy algo confundida. — dijo Kagome pensativa.
—¿Porque mi hermano te ha evitado?. — pregunta casual, no quería ponerla nerviosa.
Ver los ojos impactados de su cuñada le hizo saber que no se equivocaba, rió fraguando un plan en su mente, le iba a compensar todos los disgustos que le hizo pasar en el pasado, hoy era su última noche en el barco y ella lograría que lo que fuera que les traía molestos fuera olvidado o dejaba de llamarse Lin.
—¿Te gustaría hablar con él a solas?. —
Kagome asintió avergonzada de hablar de esas cosas con una jovencita, pero no sabía qué hacer y se le acababan las ideas.
—Puedo lograr eso. — guiñó un ojo.
Kagome le miró tratando de adivinar lo que haría, pero solo sintió cómo ella se levantaba para abrir la puerta ya que alguien llamaba, Naomi entró y Lin le pidió sentarse al lado de su hija, ambas la escucharon atentamente y aunque el plan era simple, todo dependía de Sesshomaru y si seguía la corriente o no, decidieron que aunque impropio y loco lo harían todo para que tuvieran un bonito momento juntos, corrieron a cambiarse y ambas ayudaron a Kagome a ponerse lo más bonita posible, escogieron un vestido abrigado pero muy bonito color rojo de terciopelo, estando listas fueron al camarote de Hakudoshi.
Ambos hombres se extrañaron que las tres mujeres estuvieran allí pidiendo ir a cubierta para ver la luna y tomar aire fresco, Sesshomaru dudó por la hora, ya era muy tarde… vio a su esposa quien movía sus manos nerviosa y estaba muy hermosa vestida en color rojo, aceptó hipnotizado por la belleza de ese ángel y fue con ella para ofrecerle su mano.
Naomi y Lin casi saltaron por lo bien que iba todo, ahora solo faltaba el último paso, mientras subían las escaleras Lin alegó que sentía frío y olvidó su chal, Hakudoshi se ofreció a ir con ella pero se vería mal así que Naomi fue con ellos, Sesshomaru quería esperarles pero ellos insistieron en que los encontrarían y que no tardarían, era mejor que siguieran solos.
Kagome tomó la mano de su esposo cuando le vio decidido a esperarles, él la miró, hoy Kagome estaba extraña.
—Podemos aguardar arriba, ya regresarán. —
—Hmp. — se dejó dirigir por ella.
Siguieron su camino, llegaron a cubierta y buscaron un lugar para sentarse, vieron que era luna nueva y Kagome se decepcionó un poco, pero igual no desaprovecharia la oportunidad que Lin le estaba regalando, tomó aire y se volteó para ver el perfil apenas perceptible de su esposo, juntó en valor necesario y abrió la boca.
—Sesshomaru— llamó sonrojada. Él volteó. —, yo también te amo...— soltó decida que cada palabra era lo que su corazón sentía.
Él abrió los ojos impactado, sonrió e iba contestar pero algo en el cielo llamó su atención, primero una y luego varias, era una lluvia de estrellas iluminando el firmamento como si fueran luces de celebración por tan preciado momento. Kagome suspiró, él tomó su mano y la apretó transmitiendo en ese gesto todo lo que su corazón aturdido no podía expresar.
Se quedaron viendo la lluvia de estrellas tomados de la mano y el corazón acelerado, ahora que sabían lo que sentía el uno por el otro, el mundo era mucho más bonito, mucho más brillante y por supuesto se abrían nuevas posibilidades en su matrimonio, no dijeron nada más, solo se quedaron allí en silencio dejando que el momento especial los envolviera, con ellos, hasta el silencio podía ser especial, solo estar juntos significaba algo más significativo que cualquier poema de amor.
Mañana llegarían a Boston y allí, habría una vida nueva.
Continuará…
Perdón tanta tardanza chicas
*carita triste*
