PROMETIDA.

Yan_skyblue/sesshome.

Capítulo XVI.


La luz del sol entra en el saloncito, las cortinas de seda se mecen tranquilas por el viento que provenía de las tres montañas que inspiraron un antiguo dicho sobre la pujante ciudad; se veían las motas de polvo caer apacibles como copos sobre los muebles.

Tres mujeres estaban sentadas tomando el té, Kikyo deseaba comenzar la conversación y explicar sus razones del por qué nunca escribió a casa pero el nudo en su garganta no le dejaba pronunciar palabra alguna.

Naomi notó la inquietud de su hija mayor, suspiró decidida entonces a dar el primer paso, no quería juzgar a su hija y mucho menos recriminarle, solo saber sus razones para alejarse por tantos años.

—¿Cómo terminaste aquí hija?. — preguntó dejando la tacita de porcelana importada sobre la mesita de centro.

Kagome se limitó a escuchar y tratar de entender a su hermana.

Kikyo imitó a su madre, tomó aire para finalmente contar su amorío con Inuyasha.

》Lo conocí en el parque de Londres, me impresionó de inmediato su desfachatez, simplemente se acercó a mí mientras montaba a caballo cuando mi carabina y yo regresábamos de la modista, Inuyasha era americano sin duda, un americano bronceado, tosco y grosero… pero eso fue lo que me enamoró de él. Desde ese día nos encontrábamos en los lugares más insólitos y él trataba de hablarme, una cosa llevó a la otra y sin pre verlo terminamos escribiéndonos cartas por mucho tiempo, sobretodo cuando nos recluiamos en Bristol, un día en una de sus cartas sugirió vernos.Inuyasha estaba en Bristol y alquilaba un apartamento de hombre en una posada, fui a verlo, fue inevitable hablar sobre nuestro futuro y el que mi familia no lo aceptaría, así que nos fugamos ese mismo día rumbo a Grenta Green…

Kikyo explicó la vergüenza que le invadió al leer los chismes en las facetas de Londres, decidió entonces no comunicarse con ellos ya que asumió que jamás (su abuelo y su padre sobretodo) no le perdonarían y no supo de ellos aunque rogaba que estuvieran bien. Fue egoísta pero se permitió ser feliz en Boston junto a su esposo y pronto quedó embarazada.

No había sabido nada de sus infortunios hasta que Inuyasha le anunció que su cuñado iría a Inglaterra para casarse y nada más y nada menos que con Kagome, su hermana menor. Entró en pánico y quiso hablar con Sesshomaru al respecto pero su esposo le tranquilizó asegurando que su hermano estaba aparentemente enamorado de la dama y que sería un buen esposo para ella y además, le informó del estado lamentable en que vivían, ella no pudo más que enviarle una carta a Hakudoshi en Londres pidiéndole intercediera por ella con Sesshomaru para que fuera un caballero con su hermana y, esperar la ansiada llegada de lo que quedaba de su familia.

El silencio reinó, solo los sollozos de Kikyo se escuchaban, Kagome miró a Naomi, ambas sabían lo que su corazón les gritaba y así fue, fueron con ella.

Las tres damas se abrazaron perdonando cualquier malentendido y sanando una herida que llevaba años sangrando.

Mientras la pequeña familia Higurashi se reconciliada, Rin y Lin conversaban felices en el jardín dejando atrás un pasado que Lin no deseaba recordar y que no quería mencionar.

Fue así hasta que llegó la hora de cenar.

La casa nunca había estado tan llena de risas y alegría, las lámparas de gas y las velas brillan iluminando el comedor, la mesa estaba llena de exquisita comida y vino mientras los comensales conversan.

Sesshomaru no pudo evitar sonreír levemente al ver a su esposa y hermanas siendo tan felices, podría decir que Rin finalmente era plenamente feliz y Lin tendría un nuevo comienzo, por parte de Kagome las cosas iban bien al encontrarse con su hermana también… si existía la felicidad, ésta debía ser una pequeña muestra de lo que era porque para él su felicidad estaría completa el día en que su esposa le diera un heredero.

Todos terminaron de cenar y se dirigieron al salón para jugar canasta mientras Sesshomaru se dedicaba a leer un libro cerca de la chimenea y Rin terminaba un bordado. Moroha retozaba de aquí para allá contenta mientras su abuela trataba de seguirle el paso, deseaba crear valiosos recuerdos con esa niña de la que no sabía casi nada pero que le robó el corazón desde el primer "abuela".

Cuando el reloj replicaba anunciando las once de la noche, Kikyo se marchó junto a su esposo quien cargaba a la dormida Moroha en brazos, Toga muy amablemente se ofreció a mostrarle a Naomi sus aposentos mientras Rin y Lin corrían escaleras arriba planeando mañana ir a la modista para comprar vestidos y accesorios, sobretodo para Lin quien había usado los vestidos de su cuñada hasta ahora.

Pronto Sesshomaru y Kagone se vieron solos en el salón.

Sesshomaru apartó la vista del libro para ver a su esposa echando un vistazo al jardín parada frente al gran ventanal que adorna el salón, caminó hasta ella tratando de no hacer ruido y la abrazó por la espalda, el brinco que dio le comprobó que la había tomado por sorpresa.

—¿Lista para compartir el lecho con tu esposo?. — pregunta con obvias ganas de molestarle.

—¿Listo para compartir el lecho, con la mujer a quien le confesaste que amas?. — pregunta no queriendo dejar que Sesshomaru se diera cuenta de su nerviosismo.

—Eres buena. — prefirió liberarla del abrazo para pararse a su lado.

—¿Por qué no me dijiste nada de Kikyo?. — preguntó finalmente ella.

—Creí era mejor se aclarara el asunto en persona, además no me competía a mí, era Kikyo. —

—A veces eres demasiado recto. — masculla entre molesta y admirada.

Taisho ofreció su brazo a su esposa y ella lo aceptó, subieron los escalones y llegaron a la habitación que les pertenecería de ahora en más, aunque Sesshomaru hubiera querido hacer mil y un actos lujuriosos en el cuerpo de su esposa, se dijo que era mejor dejarla por esta noche, debía estar cansada; no pudo contener besarla antes de tumbarse en la cama y quedarse dormido dejándola acalorada.

Abajo, en la cocina, Hakudoshi terminaba de escribir un recado y se disponía a subir los escalones de servicio para ir a sus aposentos, pero una figura conocida le llamó la atención, la vio desde el pasillo caminar tan solemne como solo ella sabía hasta ese lugar especial, la siguió hipnotizado.

El joven Jones caminó sigiloso por los pasillos de la mansión cuidando que todos los empleados estuvieran dormidos y nadie le viera hasta que salió al traspatio y entró en el oscuro cobertizo de la casa.

Entre las sombras de la noche y el sinfín de trastos dentro del cobertizo de madera, Hakudoshi sintió las manos suaves y pequeñas de la mujer que amaba con el alma acariciarle el pecho.

—Rin...— susurró.

La joven encendió la vela que llevaba con ella, apenas y podían verse pero era suficiente para lo que deseaban hacer. Rin tomó la iniciativa y comenzó a besarlo cada vez con más ansias y sensualidad, Hakudoshi respondía con igual pasión hasta que se dio cuenta de algo.

Llevaban ya un tiempo con esa relación extraña y clandestina, nunca habían llegado más allá de besos castos pero hoy Rin parecía ser una devoradora, eso le llamó la atención y se separó de ella tratando de no parecer muy aturdido.

—Algo pasa. — aseguró él.

Hasta ahora se veían a escondidas para conversar a gusto y cómodos sin miradas sobre ellos y robarse uno que otro beso casto, hoy definitivamente algo estaba mal.

—Te extrañé, te fuiste demasiado tiempo y… los hombres suelen...— se sonrojó por lo que había hecho, él pensaría mal de ella ahora, pero deseaba asegurarse su afecto seguía intacto.

—No insinúes siquiera que pudiera tocar a otra mujer. — la tomó por los hombros. —Pagaré mi deuda con los Taisho en un año y pediré tu mano a tu padre y hermanos, no arruinaré nuestra futura felicidad por un momento de placer. —

Ella lloró conmovida, realmente Hakudoshi era lindo cuando quería y decir las cosas más bonitas del mundo, asintió encantada y le abrazó.

Ellos se dedicaron a conversar sobre lo vivido en tantos meses de separación mientras, un joven en otra parte de la ciudad coloca su tesoro en la cómoda de su habitación y le observa pidiendo volver a verla, a la dama que le hizo pensar en lo que significaba el amor a primera vista, sin imaginar que ese ansiado encuentro sería antes de lo incluso él imaginaba.

Todos estos corazones con historias propias comenzaban a colisionar en su destino trazado.

Continuará…