PROMETIDA.

Yan_skyblue/sesshome.

Capítulo XVIII.


-Por favor entrega el mensaje a la brevedad posible, el cochero te liquidará el resto del pago.- dijo Kohaku dándole al lazarillo que se encontró cerca de la casa de modas a la cual fueron Rin y Lin, el mensaje dirigido a su cochero.

El jovenzuelo vestido en harapos y de rostro flacucho echó a correr por las calles encharcadas, Kohaku rogó porque ese niño entregara el mensaje y no robara el poco dinero que le adelantó, por fortuna la dueña de la tienda le prestó papel y tinta sin hacer muchas preguntas.

-¿No era más fácil enviarle una carta a la señorita Taisho pidiendo visitarla?.- preguntaron.

El vizconde volteó, vio los suspicaces ojos lavanda del chico que les acompañó hasta allí.

-Yo...- Kohaku no sabía qué responder ante esas palsbras, estaba totalmente avergonzado. -, yo desconozco la razón de su pregunta. -

El joven Jones soltó un largo uh, y sonrió.

-No tiene nada de malo estar enamorado, es lo más natural del mundo - volteó para ver a las dos damas dentro de la tienda correteando de un lado a otro con telas, cintas, plumas, encajes y quién sabe qué más cosas. -, yo le aconsejaría apresurarse a cortejarla. -

Kohaku enrojeció apenado, ¿acaso era tan obvio hacia su admiración por la dama?, ¡santa trinidad!, ¿y si Lin se dio cuenta de sus afectos?. Tembló ante esa idea y hubiera huido si no fuera porque sintió la mano de Jones en su hombro.

-Podría tomar mi consejo de la carta o no, depende de usted su excelencia. -

Hakudoshi entró en la tienda para ayudar a las jóvenes con las cajas de compra, Kohaku corrió a ofrecerles su mano para subir al carruaje. Mientras iban camino a la casa del vizconde, él reflexionó sobre su actuar de ahora en más, ¿amaba a la señorita Lin?, ¿la amaba lo suficiente para comenzar un cortejo?, ¿deseaba casarse con una dama de la cual no sabe casi nada?...

Escuchó el parloteo de las hermanas, aparentemente mañana por la noche irían al teatro junto a sus hermanos, sus cuñadas, madame Higurashi y el padre de ambas, ¿se atrevería a fraguar un encuentro "casual" con ella?.

-¿Asiste mucho al teatro vizconde?.-

Kohaku salió de su estupor y miró los pícaros ojos de la gemela de su tesoro, eran idénticas pero con algunas diferencias que él podía notar enseguida.

-Oh, bueno... mi hermana mayor es más adepta a esas sanas diversiones señorita Taisho.- contestó en tono suave.

-Es una lástima- sonrió. -, ¿no habría sido maravilloso encontrarnos en el teatro de la ópera mañana?.- tapó su rostro con el abanico.

Hakudoshi estaba un poco escandalizado, aunque sabía que los estadounidenses eran algo menos remilgados y rígidos que los ingleses, no podían creer que la señorita Taisho haya insinuado una invitación de esa forma, vio a Lin a su lado, estaba muy callada.

-Supongo...- aclaró su garganta. -, supongo que no puedo declinar tan amable invitación madame.-

Lin volteó de inmediato, vio al vizconde sonriente y con las mejillas rojas y luego a su hermana aún más alegre dándole detalles de su visita de mañana a la ópera, algo dentro de ella se destrozó y sintió que las lágrimas se acumulaban en sus ojos causándole escozor. Su querida hermana estaba interesada en él, en él, precisamente en él; guardó sepulcral silencio el resto del viaje, solamente correspondió amablemente a la despedida del joven y no volvió a abrir la boca. Debía evitar mirarlo, debía evitar siquiera sonreirle, todo fuera por Rin, ella sí era digna de alguien como el joven vizconde de Chesterton, así que haría lo que fuera necesario para alejarse y no sufrir.

Trató de sonreír mientras su hermana la dirigía de tienda en tienda, mientras comían en una pastelería que servía deliciosos bizcochos y cuando volvieron a casa y sus familiares las recibieron con alegría, pero la visión de Kohaku junto a Rin le partía el alma, dijo sentirse mareada y subió los escalones directo a la habitación que compartía con su hermana y rompió en llanto hasta quedarse dormida unos minutos después.

Rin, mientras tanto, imaginaba en su cabeza la manera de hacer feliz a su hermana junto al chico que claramente le agradaba de más, ingenua ante el sufrimiento que tontamente Lin sentía en ese momento, hasta que fue a verla y la destrozo verla triste, no pudo hacer que le dijera el motivo de su congoja así que, terminó hablándole de sus sentimientos por Hakudoshi Jones.

-¿Un palco para la ópera, de mañana?. - pregunta intrigado Moroku Mac a' Chléirich, el esposo escocés de lady Bennett o mejor, lady Mac a' Chléirich.

El vizconde de Chesterton asintió muy presuroso porque su cuñado le afirmara si era posible; Miroku sonrió, eso solo podía significar una cosa.

-Claro que se puede comprar mi querido cuñado, es más- golpeó su pecho con honor. -, hasta podría averiguar cuál es el que ocupará tu dama para que estés al frente, o al lado.- guiñó un ojo.

-¡¿Tan evidente soy?!- exclamó más preocupado desplomándose en el sofá del estudio. -, qué vergüenza. - revuelve sus cabellos abatido.

-Es obvio que solo una mujer podría hacer que un joven tan tranquilo como tú, se ponga tan nervioso y extraño de repente.- tomó asiento junto a Kohaku. -¿Cómo se llama?.-

-Lin Taisho.- confesó sin titubeos rojo hasta las orejas.

-¿Familiar del hombre con el que harás negocios?-

-Cuando la conocí no sabía que eran parientes, creí que habrían muchos Taishos...-

-Bueno, afortunadamente para ti, soy viejo amigo de uno de los hijos del señor Taisho, así fue como conseguí te diera una audiencia. -

Kohaku Bennett sintió más felicidad que nunca de tener a Miroku, era como un hermano mayor y apreciaba muchísimo tener su guía, desde que asumió el título que nunca pidió y poco le importaba, Miroku fue una gran ayuda.

Los Bennett eran una rama separada de la línea de sangre directa en el vizcondado de Chesterton, fue así hasta que el viejo vizconde murió y su único hijo asumió el título solo para morir en un extraño accidente de caza, luego de eso y sin ningún heredero inmediato, el jefe de la familia Bennet se vio obligado a ser el nuevo vizconde de Chesterton, título manchado por los rumores y habladurías de quienes insistían que esa familia pobre del sur había hecho algo para hacerse de fortuna, y así, ellos fueron objeto de chismes mal intencionados y la hipocresía de la nobleza inglesa, finalmente el padre de Kohaku y Sango murió de fiebre tifoidea dejando sobre los demasiado jóvenes hombros de su hijo menor la gran responsabilidad de un título nobiliario. Miroku llegó a sus vidas cuando buscaba trabajo, el hombre era un típico escocés/americano, despreocupado y tosco pero muy listo, él era un hombre de mundo cuya familia estaba establecida en New York, había ido a Inglaterra buscando negocios pero terminó envuelto en un lío de faldas y tuvo que refugiarse en el norte del país para evitar al esposo de la dama con quien fue encontrado en la cama.

Al principio no confiaban en él pero era el único dispuesto a trabajar para esa familia tan desgraciada, así fue como Miroku llevó la batuta del vizcondado y este floreció, así como su amor por lady Bennett y sus hermosas pantorrillas que apreció cuando la ayudó a subir a su caballo una vez.

Miroku, tan vulgar como podía ser, le pidió a la dama casarse y tener diez hijos a lo que ella contestó con una cachetada y la peor respuesta que un hombre enamorado podría recibir.

"¿Cree que podría comprometer mi futuro, por un casanova ramplón como usted?. Me ofende y me ha insultado en todo aspecto."

Cualquiera se hubiera rendido, pero él no, no él, él no conocía la palabra rendirse y comenzó a pulir esos dos aspectos de su persona que a la dama aparentemente le molestaban.

Primero, dejó de ser tan liberal y coqueto con las mujeres, se volcó aún más en el trabajo, luego anunció que volvería a América para encargarse de varios negocios en pro de su propio y egoísta crecimiento personal, Kohaku, amable como es, no pudo negarse a su partida aunque lo extrañaría.

Desde entonces le escribió a su dama desnudando su corazón con la esperanza de recibir una respuesta, hasta que llegó y fue el día más feliz de su vida, tomó un barco a Inglaterra al siguiente día, se casó con su amada Sango y volvió a su patria para preparar un hogar para ella quien aseguró estar encantada de vivir con él en Boston donde llevaba sus negocios en un periódico relativamente nuevo. Kohaku no deseaba perder a su familia, liquidó todo el patrimonio, (aquello a lo que no le tenía apego) y vendió las tierras a los colonos entregándoles papeles de propiedad y con eso sustento para varias generaciones. Miroku sabía de los sueños de Kohaku, así que además de una parte en su periódico, también consiguió con un amigo una entrevista para hablar con el mayor inversionista en la naviera.

Ahora estaban todos aquí y no podrían ser más felices, solo ver a su cuñado bien casado y tener los diez hijos con Sangito lo haría más feliz aún.

-Gracias...- dijo Bennett.

Miroku le dio una palmadita en el hombro.

-¿Qué tal un poco de whisky?.- se puso de pie para ir a la estantería de vinos y tragos.

Mientras, Kohaku vio por la ventana las rosas blancas del jardín, sonrió, quizás debería comenzar a cortejarla...

Continuará.

En unos minutos estará listo el episodio 19