PROMETIDA.

Yan_skyblue/sesshome.

Capítulo XXIV.


Sesshomaru acarició la mejilla de su esposa, seguía dormida y no deseaba despertarla, hoy estaría fuera un par de horas para arreglar algunos pendientes y junto a Hakudoshi asistirán a una fiesta en la noche, trataría de pasar la tarde con ella, desearía estar siempre a su lado pero el deber y los negocios le llamaban lamentablemente, pero terminaría rápido por ella. Kagome sonrió en sueños, él le besó la frente y se fue, si seguía contemplando a su esposa no se iría y debía hacerlo.

Se puso el sombrero y salió de la habitación dándole una última mirada, era tan hermosa y noble; agradecía al cielo tenerla a su lado, que sus sentimientos hayan llegado hasta ella, porque sabía que no podría amar a otra mujer jamás, lo supo cuando Kagura intentó que le amara en la cama pero él siempre se negó, su corazón pertenecía a Kagome y era todo, no cambiaría jamás, ni aunque estuvieran viejos, sabía que seguiría amándola y sosteniendo su mano hasta el último de sus días.

Cuando Kagome despertó vio la carta que le dejó Sesshomaru junto al buró y una ramita de lavanda, suspiró enamorada, esto hacía que cualquier injuria contra ella valiera nada, estaría al lado del hombre que amaba así se interpusiera Londres y Boston. Se levantó cantando muy animada, nadie le iba a arrebatar su felicidad, antes de comenzar sus actividades leyó la carta de nuevo.

"Para mi esposa:

Estaré fuera toda la mañana, pero te dejo mis pensamientos y el amor que te tengo para acompañarte hasta que vuelva y poderte besar de nuevo. Tendrás a tu esposo en casa para la tarde, espero que no te moleste. Esto me recuerda cuando estaba cortejandote, siempre me arrepentía de decir algo que revelara mis sentimientos así que lo ocultaba tras palabras duras, disculpa eso, de ahora en más mis cartas serán sinceras para ti.

S.T."

Suspiró, dejó la carta dentro de la cajita donde estaban las otras, se fue a desayunar muy contenta.

El vizconde llegó puntual, hoy él y su prometida iban a tomar el té en el jardín mientras Kikyo ayuda a su madre a alistar sus cosas, ella decidió pasar unos días con Kagome para apoyarla. Rin le ayudaría a Hakudoshi a buscar un disfraz para la fiesta a la que asistiría en la noche aunque aún no muy convencida de que estuviera bien, más por celos que por pudor.

—¿Te gusta la ciudad o el campo?— pregunta Kohaku clavando sus ilusionados ojos castaños en la joven. —, aunque si no te gusta...—

—Me gusta mucho. — sonrió Lin.

Él asintió feliz. —Compraré una casa en las afueras de la ciudad, una casa campestre bonita y podremos criar a nuestros hijos allí.— se sonrojó apenado por lo último.

Lin sonrió, miró en todas direcciones y se atrevió a acercarse a él, le dio un beso en la mejilla y bajó la mirada apenada con el corazón como locomotora, se sentía tan bien, con él todo era tan fácil.

—Me gusta la idea.—

Bennett rió feliz.

Rin sonríe, pudo ver todo desde la ventana en el tercer piso donde estaban los cuartos de la servidumbre.

—¿Qué es tan gracioso?.— pregunta Hakudoshi tras ella.

Rin se sonrojó, él estaba muy cerca y si alguien entraba podría pensar mal, como leyendo sus pensamientos el joven se separó de ella.

—Lin y el vizconde de Chesterton son muy tiernos juntos. — contestó tímida y sonrojada.

Jones asintió, Rin era hermosa cuando se sonrojaba.

—Sigamos buscando algo que puedas usar, estoy segura que entre la ropa de Inuyasha y el señor Tenseiga debe haber algo.— caminó hasta el bulto de ropa que sacó del cuarto de ambos hombres.

Hakudoshi le tomó del brazo y luego bajó hasta la mano de Rin, ella se sonrojó hasta el cuello y él sonrió.

—Nosotros también podemos ser tiernos juntos, ¿no crees?.—

Ella asintió sonriéndole al chico que amaba.

—Sí, y ahora que Sesshomaru dio por terminada tu deuda— apretó la mano de Haku. ¡Dios, como lo amaba!. —, podremos anunciar nuestro compromiso. — apretó los labios expectante, él había puesto esa condición y ella estaba desesperada por dejar de esconderse.

—Sí.— contestó seguro.

Rin lo abrazó emocionada, le besó la mejilla y para evitar ponerse más nerviosa corrió a la pila de tropa buscando algo que le sirviera de disfraz a Haku, por más raro que sonara su extraño plan con Sesshomaru, confiaba en él.

Y mientras las parejas se demuestran su cariño, Moroha aprendía junto a su abuelo sobre el manejo de las cuentas, Naomi le pedía a los empleados ayudarle con el equipaje y Kikyo le aseguraba que estaba bien que fuera con Kagome, sabía que la necesitaría.

Inuyasha no estaba, tenía que ir temprano al puerto para recibir una mercancía junto a Sesshomaru.

Sesshomaru y Hakudoshi observan la puerta del lugar, era una casa en uno de los distritos sobresalientes de la ciudad, grande y de un color pastel, ambos al ver a los invitados enmascarados intuían de qué iba tal fiesta.

Entraron, Sesshomaru fue directo al segundo piso y se quedó en un lugar donde no era muy visible, Hakudoshi por su parte se movía entre las personas que sin tapujo alguno daban rienda suelta a sus más bajos instintos unos con otros sin importar nada derramando vino, comida y lujuria.

El joven Jones avistó una cabellera negra y aunque la mujer estuviera usando antifaz podía reconocer esos ojos y la voz de la dama en cuestión, dos tipos ya estaban besando su cuerpo semi desnudo, era la señal; Hakudoshi se acercó a ella, la mujer primero frunció el ceño, pero luego se intrigó de saber qué quería ese joven de máscara roja parecida a una calavera.

—Hay un caballero que desea conocerla.— Jones apuntó al segundo piso donde asoma la silueta de Sesshomaru, claro que Kagura no lo reconoció.

—¿A mí?.— le hizo un ademán a los dos hombres que le besaban y tocaban para que pararan, se inclinó un poco para ver quién era pero solo veía a un hombre alto y esbelto en un traje negro y rojo con máscara blanca y un sombrero de copa. —¿qué le parece si nos vemos en un lugar mejor?. — trató de alejarse de sus dos amantes.

—Puede ir con ellos, al señor le gusta observar primero y luego decidir… ¿usted entiende?.—

—Por supuesto. — guiñó un ojo.

Hakudoshi se retiró y ella invitó a sus dos acompañantes arriba, pasó frente a la extraña y atrayente figura del hombre enmascarado y le hizo una señal para indicar que lo esperaba, Sesshomaru asintió y le siguió, entró en la habitación tomando asiento en un sofá, Kagura no esperó para comenzar a disfrutar de los placeres prohibidos mientras ese hombre tan magnético le miraba de una forma extraña que le quemaba por dentro.

—Quitenle el antifaz. — dice de repente Sesshomaru.

Kagura se paralizó, los dos hombres dejaron de follarla y le quitaron el antifaz, ahora estaba completamente desnuda sobre la cama y expuesta, ¿sabrán quién es ella?.

—Kagura Wing, la intachable viuda asistiendo a orgías de este tipo. — Sesshomaru se retiró la máscara y ella se estremeció. —¿Qué dirán tus amigas de tu círculo social si te ven así?.— se inclina colocando los codos en sus rodillas y posando la mandíbula en sus palmas. —¿Quieres que lo averigüemos?.—

—¿De‐de qué hablas?.— sus ojos mostraban el miedo aunque ella tratara de parecer imperturbable.

—Una carta anónima las trajo hasta aquí, si ves por la ventana notarás que están afuera tratando de entrar. — sonrió.

Kagura se levantó y miró, en efecto eran las viejas más honorables y de mayor reputación en su círculo de amistad, comenzó a hiperventilar, si todas esas mujeres se daban cuenta de su doble vida sería repudiada, los negocios de su padre se vendrían abajo; volteó a ver a Sesshomaru que sonreía con cinismo.

—No me puedes hacer esto, además ellas también te verán. — le tembló la quijada. —No creo que se concentren en mí, ¡algunos de sus esposos están aquí, hay otras mujeres aquí, no solo yo!.—

—Ellas están en este lugar, explícitamente para conocer a la prostituta que se acuesta con sus esposos y organiza estas fiestas clandestinas. — su mirada turbia se clavó en la mujer que ahora comenzaba a temblar. Sabía que el padre de Kagura dependía de negocios hechos sobretodo por los contactos de su hija y que la herencia del difunto no era suficiente para que ella mantuviera el estilo de vida que llevaba, es más, ahora tenía conocimiento de sus deudas de juego y otras cosas, quizás por eso estaba empecinada en casarse con él. Kagura necesitaba dinero.

—Sesshomaru...— miró a los hombres que ya se estaban poniendo las ropas, trató de buscar su vestido al menos pero le fue arrebatado y entregado al caballero que ahora se convertía en su verdugo.

—Que mi esposa es una querida de alto calibre— dice Taisho rasgando el vestido. No la golpearía, así no fue como le educaron pero se las pagaría con la misma moneda. —Que nos casamos para evitar un escándalo. —

—Sesshomaru. — comenzó a llorar.

—¡Eso dijiste, ¿verdad?!.— se levantó para tomarla del brazo. —Implorame que te ayude, y quizás me apiade de ti. —

Kagura escuchó un revuelo abajo, supo que alguien había dejado entrar a las mujeres y solo era cuestión de tiempo para ser descubierta, miró a Sesshomaru y jamás tuvo tanto miedo en su vida.

—Pe-perdón.—

—No— cruzo sus brazos .—, pidelo de rodillas. —

Ella se arrodilló, allí llorando y desnuda frente a dos extraños que se reían de su persona.

—Perdóname.—

—Bien, lo haré.— sonrió.

Ella levantó la vista ilusionada de recibir su perdón y ayuda, él tomó su máscara junto a los demás, Kagura tembló.

—¿Qué haces?, ¡ayúdame!.— se mueve a los pies de Sesshomaru desesperada.

Taisho sintió asco de ella, los dos hombres le amarraron las muñecas y le arrastran hasta la cama para dejarla allí amarrada mientras ella grita, los tres se escabullen por la ventana saltando al árbol que estaba cerca y logrando escapar a tiempo antes que la puerta sea abierta y las damas de sociedad descubran a Kagura Wing; ella grita y llora diciendo que fue engañada pero muchos hombres arremeten contra la dama acusandola de lujuriosa y ramera frente a sus esposas para zafarse del problema sin una mancha. Allí, acabó la vida social de la mujer que fue llevada afuera y expuesta en cada periódico de la ciudad como una mujer libidinosa, cosa que se pagaba muy caro en la sociedad "respetable".

Y mientras la dama lloraba tratando de explicar lo inexplicable… Sesshomaru disfrutaba del abrazo de su esposa satisfecho en que nadie le haría daño nunca más, ella merecía sonreír siempre y él se aseguraría de que así fuera. Hakudoshi por su parte se despidió de la casa Taisho con su liquidación seguro que podría volver con lo necesario para darle a Rin el amor y la vida que merecía.

Meses después.

Kagome toma el té junto a lady Hitomiko, Sango y otras damas, estaba muy feliz de haber encontrado amigas tan buenas como las que tenía y estaba por anunciarles sobre su embarazo de apenas dos meses, pero llamaron a la puerta, se escuchó a Jaken pedir ayuda de los mozos y de repente una mujer entró en el salón.

—¡Maldita!.— gritó Kagura con un cuchillo en las manos y se lanzó directo hacia Kagome que la retuvo lo mejor que pudo. —¡Muere!.— se movió como una maníaca.

Kagura logró soltarse de las manos de Kagome y le incrustó el cuchillo en el vientre, la dama herida retrocedió, en ese momento llegaron los mozos y se llevaron a la loca a rastras mientras reía por lo que había hecho.

—¡Vas a morirte maldita!, ¡vas a morir y Sesshomaru será mío!.—

Kagome miró el cuchillo en su vientre y tembló, sintió la sangre y se desplomó sobre el sofá mientras sus amigas tratan de socorrerla y Sango grita que alguien buscara un médico. Sesshomaru llegó a su hogar en el preciso instante para ver cómo una mujer era subida a un carruaje y Jaken pedía que fuera llevada a la prefectura de policía, entonces todo su ser se estremeció, corrió adentro para encontrar a su esposa tumbada en el sofá sangrando y a las mujeres histéricas sin saber qué hacer, fue hasta ella, la cargó lo mejor que pudo y se la llevó a casa del boticario más cercano que estaba a unas dos cuadras de su hogar, dos cuadras corriendo con lo más importante en su vida en brazos mientras la vida se le iba.

—No te mueras por favor Kagome, no me dejes.—

Abrió la puerta de la botica con una patada haciendo que el dueño se exaltara.

—¡Salvela!.— gritó a todo pulmón.

El hombre corrió para socorrer a la herida, aunque se veía mal y con tanta sangre perdida, no daba muchas esperanzas.

"Las hermanas Taisho se casan hoy en una boda doble que trae a la sociedad de Boston agitada por tal acontecimiento poco usual. Los novios también son poco usuales, un vizconde de una reputación dudosa de Londres y un ex trabajador del emporio Taisho que ahora trabaja para un periódico nuevo en la ciudad. ¿Qué les traerá el futuro a estas parejas?."

Boston Voice.

Lin y Rin estaban listas, ambas sonríen y se toman de las manos, Naomi y Kikyo llegan para anunciarles que era hora de dirigirse a la capilla.

En la iglesia, Kohaku y Hakudoshi esperan nerviosos la llegada de sus respectivas prometidas.

—Me encantan las bodas.— dijo Kagome con una sonrisa cálida, mientras sostiene entre sus brazos al bebé pelirrojo que adoptó.

Sesshomaru la miró, al fin una sonrisa luego de la tragedia haber perdido a su bebé. Kagome se sumió en una tristeza inmensa y él trataba de ser fuerte por ella pero sentía el dolor de haber perdido a su hijo, lastimosamente de ese golpe no pudo protegerla, pero un día llegó Shippo, envuelto en una manta tirado en un callejón, Kagome fue llamada por el llanto de la criatura y desde entonces fue su madre y él fue su padre, lo amarian como a un hijo por siempre y si algún día el cielo les regalaba el milagro de hijos propios, Shippo sería su hermano mayor.

Tocó la mejilla de su esposa, ella lloraba de alegría.

—¿Sabes que te amo?.— pregunta.

Kagome lo mira sonrojada, asiente muy sonriente.

—Yo también te amo.—

Shippo se removió y ambos le prestaron su atención, las novias daban su entrada de la mano de Inu no Taisho, su padre, en ése momento.

La ceremonia fue hermosa y llena de emociones, muchos lloraron y finalmente las parejas se besaron frente a sus amigos y conocidos sellando así su amor. Sesshomaru besó la mejilla de su apenada esposa y la frente de su bebé, sabía que de ahora en más todo estaría bien.

—¿Qué quiere que hagamos con ella?.— pregunta el rector de la prisión viendo la bolsa de oro en su escritorio.

—Matela. Le pagaré sangre con sangre. — dijo el caballero con ojos mordaces que podrían paralizar a cualquiera.

—Como usted ordene.—

El caballero se colocó el sombrero y salió del lugar satisfecho.

—Ya es hora de que dejes de sufrir, Kagura. —

La mencionada, era ahorcada frente a los presos, hasta su muerte fue un espectáculo como lo fue toda su vida.

Fin.

Aquí el final bellas y antes que me linche les diré que habrá epílogo xD

Espero que haya sido de su agrado, ya saben que todo es con amor.