Capítulo 3 Lo que nos espera.

Desde las montañas una figura oculta entre las sombras, lo observaba con cautela, y estando segura de haberse retirado emergió de entre la oscuridad, revelando así, a una vieja cabra.

—Parece que el destino quiso que nos encontráramos de nuevo —miró la luna por un instante a la par de una adorable sonrisa—. Joven guerrero…

1

Po entró a la cocina, varios de los sirvientes del palacio estaban arreglando los muebles y limpiando, mientras 4 de los furiosos esperaban alrededor de la mesa, mirando al panda con curiosidad.

—¡Hola, Po! Ya era hora de que llegaras —Mono ya tenía su tazón listo para comer.

—Supongo que los hice esperar demasiado, lo siento chicos. ¿Dónde está Tigresa?

—La vimos entrar a su habitación, dijo que prepararía algunas cosas para el viaje —pronunció el maestro Grulla.

—Ah, sí, creo, que dijo algo así…

—Vamos amigo, luego piensas en ella, vamos a comer, que me muero de hambre.

—Mono, no seas impaciente, Po estuvo ocupado preparándose para mañana, ¿no es así, Po? —su comentario hizo que el primate solo se cruzó de brazos.

—Sí, eso estuve haciendo… —mintió.

—Yo no tengo la culpa de que los fideos de Po, sean taaaan exquisitos. Para mí es maestro de la comida.

—Solo piensas en comer y bromear, Mono.

—Y que esperas que haga mujer, ¿Qué muera desnutrido?, ¡solo mira mis brazos estoy perdiendo músculo! — le mostró ambos brazos, no tenían nada en especial.

—Ja, ja, ya dense un beso —bromeo Mantis, y enseguida fue callado por el siseo de Víbora—… perdón.

—Oigan, basta. Prepararé la cena con gusto, no se preocupen.

La cena transcurrió entre charlas y demás bromas. Disfrutaban de cada una de las tonterías que Po, o Mono decían, haciendo que hasta Grulla escupiera el caldo en la cara de Mantis, este casi quería matarlo. Competencias de miradas contra Víbora, Imitaciones de Shifu u alguno de los Cinco, actividades llenas de humor por doquier. Y aunque ellos convivían armoniosos y vigorosos, había alguien que faltaba para que la cena fuera mucho mejor.

La curiosa ausencia de Tigresa dejaba un aburrimiento que los mataba, su tazón de fideos estaba intacto, frío. Era extraño porque la líder de los Cinco Furiosos nunca faltaba a la cena (a lo mucho por algún entrenamiento que implicara meditación profunda sin interrupciones), ella como todos, solía divertirse con alguna de las locuras del Guerrero Dragón; los regañaba porque algo no le parecía gracioso, o la retaban por mero juego para ver sus reacciones. Una vez, Po la desafió a las vencidas, ella casi le rompe el brazo, pero fue de esas pocas veces en que pudieron verla y escucharla reír a todo pulmón. Desde luego que no es una máquina, es una chica leal, con sentimientos… muy enterrados y que en años resientes estaba mostrándose más sociable, y más amigable.

La líder estaba moviéndose y moviéndose para todos lados, y nadie tenía la más mínima idea de cuál era la razón.

Po caminó con dirección hacia a su habitación, antes de entrar se paró al frente de la puerta de la habitación de Tigresa, y justo cuando iba a tocar, la maestra salió y lo vio con la el puño cerrado a la altura del pecho de ella; el panda escondió su mano avergonzado por casi tocarla en donde no debía.

—¿Necesitas algo, Po?

—So-solo quería asegurarme de que estabas dormida —Po jugaba con sus dedos, como un pequeño pidiéndole permiso a su mamá para salir a jugar.

—Si sabes que estoy en mi habitación inmediatamente después de la cena, lo más coherente era no tocar, ¿no crees? —posó ambas manos en su cintura.

—Lo sé, lo sé, sé que te vas a dormir más temprano que el resto de nosotros, pero me preocupó que no acudieras a cenar, así que quise traerte esto —le ofreció una bolsa con una caja cuyo contenido era desconocido.

—¿Y esto? —arqueó una ceja mientras inspeccionaba el paquete. Abrió la bolsa y la caja solo para encontrarse con un Curry de Tofu frito con patatas— Po, esto… —el aroma de la comida provocó una sensación exquisita en su boca, y sus papilas gustativas parecían estallar en un festival de sabores—, huele delicioso —sonrió y el panda devolvió el lindo gesto—. Disculpa mi ausencia, hablé con Shifu de un tema bastante personal, pero ya está todo bien.

—Eso explica que estuvieras de arriba abajo ¿no?

—Sí algo así…

Silencio

—Me voy dormir, disfruta la comida, hecha con mucho amoooooo…digo mucho amooorion… es un ingrediente que inventé, jeje, todo con mi ¡barbarosidad! —dijo lo último con energía al paso de meterse a su habitación. Ella lo miró confundida, pero de nuevo sonrió y asintió.

Ahí estaba, ¿tan difícil le es aparentar que no estaba loco por ella? pfff, ni él se lo creía.

—Buenas noches, Po —finalizó contenta y cerró su puerta.

El panda quedó solo ahí, a medias de entrar a su respectiva habitación, su expresión era la típica cara inocente y curiosa ante algo nuevo, ¿Por qué le era tan difícil pedírselo? Una cita podría ser un buen momento para declarársele, o tal vez no… estaba dudoso, tenía en la cabeza la misión, y partirían al amanecer, no… definitivamente no era el momento.

—Buenas…noches —susurró y cerró la puerta.

Ya en su habitación comenzó a sacar algunas mudas de ropa, rollos que podrían ser importantes, un plato para sopa. Tomó el cetro que Oogway le regaló, le había construido un pequeño acomodador para mantenerlo en la esquina de su habitación. Debajo de la cama sacó un sombrero de arroz con una pluma roja en la punta.

—Creo que por fin podre estrenar esta belleza ¿eh? —dijo para sí mismo, señalando el sombrero.

Luego de preparar sus cosas se sentó en la cama y con un pedacito de papel y una pluma con tinta en mano, comenzó a escribir, pausaba y pensaba, pausaba y pensaba, hasta que al fin y al cabo terminó y enrolló el papelito.

2

Al día siguiente, los guerreros estaban listos para partir, (y con excepción de Mantis y Víbora) con una apariencia renovada:

Po, vestía su clásico pantalón café, que ahora era complementado por una túnica verde sin una manga que dejaba al descubierto parte de su torso, su sombrero de arroz con la pluma roja; todo hacía juego con su aspecto y lo hacía verse increíble. Mono usaba un pantalón rojo de la más fina ceda de la provincia, cintas blancas en los tobillos y su cinturón y pulseras eran plateados; Un paliacate rojo decoraba el cuello de Grulla y un morral era lo que llevaba para el viaje. Tigresa, había cambiado su ropa por un Qipao rojo muy hermoso: con adornos de Flor de Loto, muy parecido al amarillo, conservando su pantalón negro con cintas en los tobillos y cintura. Un traje dinámico para el combate.

Shifu ya los esperaba en la entrada del pueblo.

—¡Oh, sí! ¡Vayamos tras esa malvada! —Mantis al parecer era el más entusiasmado.

—¡Tú lo has dicho amigo! —agregó el primate, chocando su puño con la tenaza del pequeño.

Tigresa se dirigió a Shifu mientras el equipo se encaminaba hacia la salida:

—Regresaremos con bien y restauraremos la paz, padre —dijo Tigresa, dejando impresionados a todos por su comentario.

Mantis dijo entonces: —¡GUAU! ¿escuché bien?, ¿acaba de llamarlo padre?

—Sí, desde luego que si —Víbora se enroscó en el cuello de grulla.

—Víbora, ten cuidado, esta tela es muy fina y eso un regalo de mi mamá.

—Al menos ya tendrás la oportunidad para probarla, amigo —le dijo Mono.

Shifu se dirigió a Po con una expresión serena:

—Po, no olvides la piedra, tendrás que usarla en cuanto veas a MingZhi, y no dejes que ese Chi caiga en manos de nadie.

—Eso haré maestro, ¡juro por toda la comida, que el Kung Fu vivirá por la eternidad que prevalecerá para que las nuevas generaciones puedan defender a los más débiles, o dejo de llamarme el poderbilisimo Guerrero Dragón, Maestro del Chi y…

Pero sus padres aparecieron, interrumpiendo su monologo.

—¡PO!

—Parece que es hora de la despedida —Tigresa cruzó los brazos y vio a Po con una sonrisa—, me viene un recuerdo a la mente.

—Po, hijo, no olvides tus demás provisiones —le entregó una canasta.

—Pa, estamos bien, no necesitamos…

—¿Pero ¿qué dices, hijo? No te quiero más delgado de lo que ya estás —comentó Li. Po solo miró su panza.

—Uy yo si quiero, a ver, a ver… —interpuso Mono, tomando la canasta por Po.

—¿Ya ves hijo? A tus amigos les va a encantar la comida —se acercó a su oído y murmuró: —Tomé un poco del dinero de la caja de Li, úsenlo bien para cuando paren en algún pueblo y quieran descansar en una posada.

—¡¿Qué hiciste que, papá?! —Preguntó Li Shan atónito por lo que había escuchado.

—Eh, nada, nada… luego hablamos, papá —le dijo y volvió a murmurarle a Po— Nah, ya se le pasará.

—Muchas gracias papás, los amo.

Luego de abrazos y despedidas se reunió con sus amigos. Ping, detuvo a Tigresa antes de que hiciera lo mismo.

—Maestra Tigresa, quiero pedirle un enorme favor.

—¿De qué se trata Señor Ping?

—Por favor, cuide mucho de mi Po, protégelo y no dejes que nada malo le pase.

—No se preocupen, señores, Po volverá antes de que puedan decir…

—Fideos… —interrumpió la oca con una sonrisa de lado a lado.

Tigresa devolvió el gesto y corrió hacia donde sus compañeros, el maestro Shifu, con los brazos a la espalda deseó suerte a los guerreros. La misión era clara, detener a la antigua aprendiz de Oogway y evitar el caos a toda costa.

Las siluetas de los maestros más grandes del Kung Fu y el Guerrero Dragón podían verse a la lejanía, mientras el sol empezaba a asomarse de entre los horizontes, el comienzo de una travesía para detener al mal, una vez más.

3

El lobo tuerto observaba con un mirador de bambú a hacia las montañas, de entre vista y vista se percató de un grupo de seres que surcaban los cielos cargando una gran bolsa hacia su dirección.

Dibujó una sonrisa en su rostro al darse cuenta que se trataban de sus esbirros.

—Regresaron…

En la enorme sala de corredor y paredes blancas de aquel lujoso recinto, se hallaba ella, sentada y con las piernas cruzadas en un trono de piedra, vistiendo esa túnica mugrosa que la hacía parecer un vagabundo con el rostro oculto bajó la oscuridad de su capucha. Wu Dan abrió la puerta y corriendo a cuatro patas hacia donde ella.

—Volvieron ¿cierto?

—Así es.

—Espero que su ausencia haya valido la pena —en aquel preciso momento las gárgolas restantes entraron y se formaron como en fila como soldados acatando ordenes, sin más le entregaron el botín recolectado a lo largo de sus asaltos, Incluyendo la del Palacio de Jade— Muy bien, veamos que tenemos por aquí —las gárgolas vaciaron las bolsas ante sus pies dejando ver el botín de piedras preciosas, metales y armas cuyo brillo parecía el reflejo de un mar de ensueño en el aún oculto rostro de la guerrera— Aquí no está mi piedra —dijo con molestia pero manteniendo la compostura.

—¿Qué? un momento, 2, 3, 4 ¿Solo 4?, pero si eran 8 ¿Qué pasó?

—Ñam dab arrk aar —gruñó como si estuviera hablando.

Sheeva miró a la criatura con atención, pero terminó por hartarse de lo que decía.

"¡SILENCIO!"

Le disparó una ráfaga de energía oscura, desintegrándola. La criatura gritó por el dolor y se desvaneció en el aire.

—Bueno… 3

— No estoy para escuchar disparates. A ver, ¿Qué más tenemos por aquí? —esculcó entre los objetos robados—. Tridente invisible del Destino… podría servir —lo arrojó hacia una esquina—, el yelmo de la Armadura del Maestro Rhino Volador, hm, se dice que solo fue usada una vez, los arañazos de la batalla aún son visibles, sí, recuerdo la historia; Oh, ¿Qué tenemos aquí? El Puño de Hierro de la Justicia, supuestamente creado por Jin Hu, legendario herrero de la Provincia Hajin; nada importante —continuó rebuscando; el lobo tomó asiento en el suelo y siguió con la mirada las manos de Sheeva tomando y lanzando cosas que "probablemente" usaría—. Vaya, vaya, La Espada de los Héroes, dicen… que es tan afilada que puede cortarte con tan solo verla… shssss —en efecto, sacudió su mano por el aparente corte ocasionado por la afilada hoja—, esta si me sirve, justo una de las cosas que quería … Bien, si tus esbirros trajeron esta espada, significa que visitaron Jade y acabaron con los maestros que habitaban en él.

Wu Dan se estremeció al escuchar esas palabras y un escalofrío recorrió su ser, algo le sonaba bastante familiar.

—Espera, dijiste ¿El Palacio de Jade? ¿Qué no es ahí donde viven los más poderosos de China?

—Sí, ¿Por qué lo preguntas? —se dirigió frente a un espejo.

—No, bueno es que creo que ellos…

—Wu Dan, lamento mucho que sus heroecillos hayan eliminado a tu jefe, pero ve el lado positivo, no tienes que seguir más ordenes, eres libre —comenzó a caminar alrededor suyo—, sí, puede que hayas perdido a todo tu clan por su culpa, pero mírate, no te tocó a ti y has logrado grandes cosas sin él. Incluso te casarás pronto con una gran señorita que espera tu regreso en el pueblo de Yin Xuo.

—Considero un poco descarado lo del principio. Lord Shen era un gran amigo mío, pero su sed de venganza, su miedo y ambición lo cegaron al grado de que lo terminamos desconociendo.

—Ya lo he dicho varias veces, Wu Dan, aquel que busca el poder solo está destinado a convertirse en esclavo de su propia ambición.

—¿Pero no es exactamente lo que buscas?

—No. ¿Para qué?... Poder, ya tengo, excelencia en el Kung Fu, también, dinero, no lo necesito. Entre tantas y tantas cosas, me considero de esos poquísimos seres vivos que aspiran a más, sin dejar que el Ego lo domine, tomó siempre en cuenta mis pros y mis contras, para mejorar mi espíritu cada día. No descansaré hasta haber conseguido mi objetivo —La felina se asomó por la ventana, al parecer se encontraba en los bosques cercanos a un pueblo pequeño, miró el espléndido cielo azul— Será mejor movernos antes de que alerten de mi presencia, con tus esbirros habiendo atacado el Valle de la Paz, estoy segura que ya debió darse notificación de mi regreso. Justo lo que quería… Creo que es hora de comenzar con la segunda fase de mi plan: darles seguimiento a los maestros de Kung Fu, analizar bien las debilidades de tu enemigo es esencial para obtener, tan si quiera un poco de ventaja sobre él y destruirlo, y, eventualmente, eso llevaría a la tercera y cuarta fase. Wu Dan, hazme el favor y tráeme algunos materiales del Bosque Dan Bing. Necesitaré mucha energía para lo que sigue.

—Está bien, lo haré —el lobo se giró hacia las gárgolas, estas peleaban por ver quien mordía más una vieja y oxidada espada tipo Hsu Jian—. Vuelvan a su descanso, mis pequeños. Volveremos a vernos en el momento que lo amerite.

Las gárgolas se convirtieron en Chi Oscuro y regresaron a las esferas de su cadena, las 3 esferas yacían luminosas, el resto de ellas estaban apagadas.

4

El primer día del viaje había resultado majestuoso, atravesaron bosques y pueblos alegres, derrotando a todo malhechor que intentara hacer de las suyas.

Durante el segundo día los héroes más grandes de toda China, atravesaron montañas con fríos extremos; a Mono se le congelaron los mocos de las narices y se abrazaba para mantener calor, Mantis y Víbora utilizaban el calor del cuerpo de Po para protegerse, pues su pelaje era poderoso y resistente para temperaturas bajas; Tigresa y Grulla, protegieron sus miradas de las fuertes ventiscas.

—¡Hay que formar una cadena! ¡Que nadie se parte del grupo! —gritó la felina.

Sus voces eran a penas audibles en contraste a la helada ventisca que azotaba con fuerza contra sus rostros, podían sentir como la nieve quemaba la piel. Con excepción de Víbora y Mantis que aún estaban apegados a Po, obedecieron y se unieron formando una cadena, tomándose de las manos; con Po al frente, Tigresa detrás suyo seguida de Grulla y Mono.

Para el tercer día tuvieron que atravesar un enorme pero avivado pantano, hogar de un clan de cocodrilos… una gran familia que no dudó en atacarlos, incluidos los pequeños de la casa.

El agua llegaba hasta sus cuellos y la tierra debajo, que más convertida en fango no era, impedía el paso del grupo completo, Mono utilizaba los árboles cercanos para moverse, esto obligó a Grulla (en compañía de Víbora), a sobrevolar el espacio, vigilando los movimientos de los enemigos sumergidos en el agua; y en caso de un atascamiento, siendo el caso de Po y Tigresa, unos ayudarían y otros los cubrirían de los ataques.

Llegó el cuarto día…

Caminando por un bosque, Mono, Po y Mantis platicaban sobre bromas que podrían realizar en algún momento, Grulla sobrevolaba el área, atento ante cualquier enemigo; Víbora serpenteaba al lado de Tigresa, veía a su amiga con curiosidad y esto no pasó desapercibido para ella.

—¿Pasa algo, Víbora?

—No, para nada. Solo aprecio tu nuevo atuendo, es increíble.

—¿De verdad?, la Maestra Xu Li, me lo regaló en el festival de invierno el año pasado.

—¿La Maestra del Templo Koi Lao Long? Mh, tiene un excelente gusto por las telas.

—Es lo que dice. Aunque personalmente prefiero el amarillo, no niego que este me trae lindos recuerdos de mis tiempos como aprendiz —analizó una parte del chaleco, tallándolo minuciosamente—. Por suerte paramos en ese pueblo hace horas y pude lavarlo.

—Como dije, es increíble ¿y ya notaste a quien le encantó más? —preguntó pícara.

—Ni que lo digas, se emociona con cualquier cosa que pueda considerarse "bárbara"—dirigió su mirada hacia Po, que caminaba al frente de ella junto Mono y Mantis, riendo. Grulla descendió y se paró junto a ellas—. Noticias…

—Vi algunos campesinos más adelante, pero nada en especial. Shifu dijo los que los transeúntes suelen ser emboscados y despojados de sus pertenencias muy a menudo por aquí.

—Menos mal que sabemos defendernos.

—No es lo mismo para los campesinos.

Mientras tanto Po, Mono y Mantis, yacían murmurando.

—¿De verdad te parece buena idea? —preguntó Po al pequeño que susurraba y susurraba en su oreja.

—Por su puesto. Pero tómalo como sugerencia, verás que ese platillo será un lujo para los paladares de todo mundo.

—Wagh, pero no me gusta el jengibre, es bueno para algunas cosas como el té, pero no para un plato de sopa Wan Tan.

—Nah, solo decía…

Grulla se acercó a ellos con tal de unirse a su conversación.

—¿De qué tanto hablan?

—Hablamos sobre que ingredientes quedarían mejor con nuevos platillos —respondió Po.

Mantis miró a Mono por un instante y luego se dirigió a Po de nuevo, algo traía entre tenazas.

—Je, je, je, oye Po ¿Podrías contarme de nuevo esa historia de la broma de hace 6 meses?

—Oh hablas de…? Hmhmhm desde luego que sí.

La risa de ambos hizo que Mono se dirigiera a ellos con ojos que decían ‹‹con que esas tenemos››.

—NI, SE, TE, O, CU, RRA —habló con el ceño fruncido y un dedo acusador, pero no parecía molesto, más bien… presionado.

—Ay, por favor Mono, es graciosa y lo sabes —dijo Po.

—Lo dice quien odia la broma del "Ogro Verde"

Mantis dijo entre risillas: — Sí, eso también es gracioso, lo mejor de todo es que la broma de Po hacia tu persona ocurrió una semana después. Fue lo máximo.

—Y no hubiera podido hacerlo sin ayuda.

—Tigresa también es culpable de mi desgracia ¡una cómplice! Y tampoco se va a salvar —se cruzó de brazos, levemente molesto—, ya tengo algo preparado para ella.

Resulta que, en una ocasión, Po le jugó una broma muy pesada a Mono, llevó planeándola por meses, y necesitaba de una manita extra para que saliera perfecta y ¿quién mejor que su mejor amiga?

››Tigresa se encontraba en el patio, intentando concentrar su Chi, lo llevaba intentando desde que Po derrotó a Kai, por casualidad solo fue aquella vez en que pudo utilizarlo de manera sublime.

—¿Cómo pasó ese día?... concentré toda mi energía y mis manos brillaron, Mmm—La maestra no tenía ni la más mínima idea de que alguien la miraba escondido desde un pilar— Sé que estás ahí, Po…

—Auhhh!, ¿Cómo sabes dónde estoy? ¿Es por mi cuerpo verdad? —se quejó y salió de su escondite, el pilar en el que se ocultaba no cubría para nada su cuerpo, dejando sus brazos y parte de su panza, a la mera vista de quien fuere.

—Mhmh, no, es porque siempre eliges el mismo lugar para esconderte, si tu objetivo es asustarme, jamás lo lograrás repitiendo el mismo truco una y otra vez. —posó las manos en su cintura y se acercó a él con una linda sonrisa.

—Diablos, tengo que descubrir como asustarte.

—Nada puede asustarme.

—Sí, ajá, todos tienen algo que les asusta, por ejemplo, yo; me asustan las hormigas de fuego, la cara de la vecina del restaurante de mi papá, ese extraño pastel quemado que prepara Zeng y el Hombre Tofu…

—Sabes que el Hombre Tofú no existe ¿cierto?

—Claro que existe… y ya lo probaré, pero dime… ¿A ti que te asusta?

—Ya te dije que no me asusta nada —La mirada y sonrisa del panda le decían ‹‹No te creo››—, lo digo en serio Po.

—Oh vamos Tigresa, confía en mí, no le voy a decir a nadie —se acercó a ella y posó sus manos en sus hombros, tras un instante a Po se le prendió el foco en la cabeza, decidió que era hora de ejecutar una idea—. Oye, ¿me ayudarías con algo?

—Depende… ¿De qué se trata?

—Veras, he intentado vengarme de Mono por esa broma del "Ogro Verde" y llevo planeándolo durante un tiempo.

—Sí, recuerdo ese día, vertió pintura en una tina, pisaste la cuerda que activaba el mecanismo, te empapó todo y saliste gritando del baño. Estabas muy enojado porque la pintura ardía y no supimos que sucedía hasta que Mono comenzó a gritar "El Ogro verde me persigue, quiere cobrarme su pantano" —dijo con inmensa serenidad, imitando lo que sería la voz de Po.

—¡Exacto! y eso no me gustó, por eso quiero darle una cucharada de su propia medicina ¿Me ayudarías?

—¿No crees que para ser el maestro del Palacio de Jade, Guerrero Dragón y sucesor del Maestro Oogway, estas grandecito para esas cosas?

—No, para divertirme no tengo edad –le dedicó una cálida sonrisa.

—Bien… dime que es lo que tienes –Po se acercó y le susurró, ella captó todo el plan—. Mh suena interesante.

Al anochecer, Tigresa caminó hacia la cocina, por el pasillo se encontró con Mono charlando con Víbora.

—Sí, pero fue todo lo que dije y de ahí quiso golpearme… —alzó los brazos señalando que lo mencionado le molestaba.

—Bueno, bueno, ya sabes cómo puede ser Grulla, tímido y algo enojón cuando quiere.

—No fue mi intención revelarte que le gustan las cortinas con telas olor a fruta…

Pronto Tigresa se interpuso en el camino- Oh, Tigresa, hola, permiso por favor.

—Hola, chicos ¿todo bien por aquí? —preguntó mientras oscilaba entre el camino de los dos maestros.

—Eh sí, Tigresa, ¿sucede algo? —preguntó confundido al verla pasar al mismo lado que él.

—Mono, a un lado, quiero ir la a cocina… —Mono intentaba pasar, pero ella al mismo tiempo le bloqueaba.

—Amiga, tenemos que hacer cosas importantes —para Víbora era extraño, por lo general se quedaba quita cuando alguien iba a pasar por el mismo lado, así no habría necesidad de repetir el paso.

—Sí, Tigresa, vamos.

—Solo déjame pasar y es todo —continuaban oscilando de lado a lado, en ese momento, Po comenzó a actuar.

El oso se encontraba en el tejado, en el punto exacto quitó una de las piezas del hastial y vertió encima del primate una especie de líquido amarillento desde el hueco que el mismo había hecho.

—Ahhh, ¿Qué es esto?... —Olió sus axilas, brazos y manos—… huele a fruta podrida y… ¡QUEMAAAAAA! —comenzó a correr por el pasillo hacia el baño, pero estaba cerrado— No, no…

Corrió como se permitía, esta vez hacia el Estanque de la Luna en el Salón de los Héroes, pero estaba tapado con tablas de madera, por alguna razón aquel líquido secó rápido y Mono quedó como una estatua en pose de intento de huida; Po apareció ante él y lo vio con una sonrisa.

—Ehj, ¡oh no! ¡Señor Mantequilla está aquí no lo puedo creer! —gritó emocionado.

—Ja… ja…, m-muy… g-gracio…so… Po… —le costaba trabajo mover los labios, la pintura había endurecido por completo.

—Tienes razón, pero espera porque viene la mejor parte —dijo con gran emoción mientras la capa de pintura comenzaba a romperse.

Mono terminó con el pelaje amarillo: esponjoso, y olor desagradable, parecía una rara nube con largos brazos y pies. Po pasó a convertirse en una máquina de carcajadas al verlo:

—¡HAHAHAHA!, amigo deberías mirarte en un espejo, ja, ja, ja —y daba la casualidad que traía un espejo con él, por lo que le mostró a Mono su nuevo aspecto.

—Oh viejo, esto no es divertido, da comezón… —se rascaba y se arrastraba entre quejas.

Tigresa y Víbora llegaron a escena, no pudieron aguantar la risa al verlo así y comenzaron reírse a carcajadas, y aunque Tigresa intentaba contenerlas, era inevitable viendo a Mono en ese estado. Al momento de oírla no podían creer que estuviera pasando, Tigresa se reía a montón y como si nunca hubiera mañana.

—Mono pareces uno de esos pasteles de nata con centro de chocolate, pero peludo y… apestoso, que lindo, ji, ji, ji, pero eeewww —comentó Víbora entre risas.

La broma no fue lo que Po esperaba, pero sintió satisfacción al verlo agonizar, no solía jugar bromas de ese tamaño debido a los problemas que podrían causar, pero Mono era Mono y él no se quedaba quieto nunca, por lo que tarde o temprano le tendría algo todavía más grande al Guerrero Dragón; lo que significa que deberá cuidar sus espaldas por un buen rato.

—Esto pica, Po… ¡PICA MUCHO!, ¡esto no se va a quedar así, ya lo verás! —Se dirigió a la salida, rascándose y chocando contra la pared porque el pelaje en su rostro impedía ver que había, sin notarlo su espalda estaba rasurada, lo que le dio un aspecto todavía más raro, como el de crema de chocolate en medio de dos panes esponjados y peludos.

Po se aguantó reírse lo más que pudo y se dirigió con Tigresa para agradecerle por retrasar el camino de Mono y así aprovechar el momento.

—Gracias —le dijo y se retiró, Tigresa asintió.

Los habitantes del Valle de la Paz escucharon al maestro Mono quejarse desde el palacio, lo que al día siguiente provocó quejas por no dejarlos dormir y eso no era todo, porque el penetrante olor a fruta podrida aún se mantenía en su pelaje incluso después de que la pintura desapareciera‹‹

—Y así fue como pasó…

Mantis y Grulla estallaron en risas, a Mono no le pareció en absoluto recordar lo ocurrido.

—Quisiera haber visto eso —dijo Mantis—

—¡Lo digo en serio debieron ver su cara, no tenía precio!

—Sí, claro, sigan riéndose de Mono, échenle toda la tierra en cara —dijo molesto—. Ya quiero ver tu cara cuando mi venganza toque a tu puerta.

—¡Eso ya lo veremos, Mono! ¡estoy preparado!

Tigresa sacó el mapa de su mochila, Po se lo había otorgado al ser ella la más cuidadosa.

—A este paso llegaremos a Mau Xi, una ciudad conocida porque sus calles son puentes conectados entre sí, dicen que es gran y que da la impresión de haber emergido del océano. Shifu dijo que encontraríamos un contacto que nos llevará hacia Meen Liang, luego cruzaríamos el Gran Puente Syan y llegaríamos a Xi Wang.

—No perdamos más tiempo, llegaremos pronto — el panda aceleró más el paso, los Cinco Furiosos lo siguieron.

—Oigan, no sé ustedes, pero siento que alguien nos ha estado observando desde que dejamos el Valle de la Paz —dijo Mantis.

—No eres el único, sé que algo no está bien —dijo Tigresa.

En efecto… alguien vigilaba sus pasos desde una caldera con líquido purpura,

—Vaya, vaya, acerté con toda la suerte de lado, el Guerrero Dragón y unos nuevos Cinco Furiosos están buscándome… Sabía que era cuestión de tiempo, y lo mejor es que vienen hacia acá. Perfecto…

Su afilada mirada denotaba el gran interés puesto en Po, sin dejar de apreciarlos en el agua de la caldera, con sus ojos envueltos en aura roja intensa, se atrevió a habló de espaldas:

—Creo que lo más coherente es empezar dándoles un empujoncito, empecemos por algo sencillo. Se nota que son muy unidos, hmhm, me divertiré un poco viendo cómo se destruye su bonita amistad —se giró pro completo a sus espaldas— ¡Lian! Eres perfecta para este trabajo, será fácil para ti encontrarlos.

Tras ella, se encontraba una misteriosa figura oculta entre la oscuridad de aquel lugar tan lúgubre, sus ojos con hermosas pupilas turquesa eran lo uno visible entre la oscuridad, pero podía visualizarse una bien definida figura femenina de orejas pequeñas y redondas, la cual respondió con decisión:

—Sí, maestra, le prometo y garantizo, que no habrá problemas con estos individuos.

Sheeva sonrió bajo la oscuridad de su mugrosa capucha, la hora de bajarles el entusiasmo a los guerreros, ha llegado.