Capítulo 4 La Ciudad Flotante.

Los fastidiosos rayos del sol golpearon el rostro de Shifu, el maestro abrió lentamente los ojos y se levantó de la cama con debilidad, bostezó y estiró lo músculos, poniéndose los lentes se dirigió al baño y lavó su rostro con el agua de un cuenco, miró un espejo pequeño al frente suyo y suspiró. Había pasado una mala noche, estuvo inquieto sin poder dormir; hace días que Po y los Cinco Furiosos partieron del Valle y aún no recibía ni una sola carta de ninguno. Pero estaba preocupado por Tigresa, la noche anterior su viaje había tenido una pequeña plática con ella que, de hecho, se mantiene pendiente a petición de la maestra.

Por ahora tenía cosas en las cuales concentrarse, la más importante era organizarse con los maestros de las academias cercanas y estar alerta ante cualquier posible ataque del nuevo enemigo.

Bajó por las escaleras rumbo al pueblo, con toda la tranquilidad mientras la gigante roja, parecía posarse a su salida en el horizonte.

1

Tras horas y horas de caminatas llegaron a un nuevo destino, la ciudad de Mau Xi.

Un lugar de enorme belleza y amables habitantes a la que los pueblos cercanos conocían por su rara estructura, se encontraba en medio del agua y daba la impresión de que sus casas emergían desde las profundidades marítimas. También se le conocía como "La Ciudad de Las Ratas" por su profundo y extenso mercado negro, en el cual, uno podía encontrar artefactos de lo más raro: desde baratijas extravagantes, pergaminos con venenos, túnicas que te vuelven invisible, objetos malditos y todo tipo de artículos de hechicería perfectos para alguien con malas intenciones en manos.

Las extrañas formaciones de roca que la constituían eran utilizadas como los hogares de los pobladores, el aroma a roca húmeda se percibía por todos lados, era agradable debido a que el agua había hecho estragos durante años, dejando crecer moho en la base y pilares de cada edificación; dándole así, ese aspecto de haber emergido del mar.

Las casas y calles eran conectadas por medio de puentes de roca.

Toda una ciudad curiosa.

—Esto es increíble —Víbora fue la primera en tener el asombro en su rostro.

—¿Cómo es que este lugar existe? —preguntó Grulla.

Mono y Mantis vieron a un grupo de conejitos jugar en lo que parecía una especie de fuente que expulsaba agua por medio de tubos en el centro de la plaza de la ciudad, ambos cruzaron la mirada de manera juguetona y corrieron hacia allí; sin pensarlo dos veces se arrojaron el agua que los agujeros escupían y se divertían con los niños cercanos.

—Miren nada más… Ya no sé si me acompañan maestros del Kung Fu o aprendices de la laguna Leng Qui —Grulla se sorprendió al ver la actitud de sus amigos—, voy a vigilar desde el aire, veré que tan grande es este lugar —fue así que se dispuso a sobre volar para recolectar información sobre algún movimiento sospechoso.

—Mono, Mantis, ¡basta de juegos!, ¡no podemos perder tiempo en cosas tan simples! —vociferó Tigresa sin molestia, al verlos lanzándose agua, de verdad parecían niños.

—Deberíamos provechar y reabastecer provisiones, Tigresa —sugirió Po.

—Tienes razón, recolectemos lo que creamos necesitar. Por otro lado, Shifu dijo que su contacto se encuentra en los muelles, tendremos oportunidad de reorganizarnos —observó la plaza y sus alrededores—. Este será nuestro punto de reunión —declaró.

—¡Entendido! —exclamó el panda cual soldado, pero un puesto de postres robó su atención— ¡Oh allí venden "Barba de Dragón"! que delicia —decía dando saltitos de alegría—. ¡Chicas tienen que probarlos son lo máximo!

—Po, no es momento para gastar dinero en chucherías tenemos que…—pero el oso dejó una estela de humo con su forma; ya estaba comprándose una cajita llena del curioso postre. La felina negó sonriente ante el hecho y se dirigió a donde el—, en serio hay cosas que nunca cambian Guerrero Dragón…

—Tigresa, te va a encantar, te lo garantizo.

—Sabes que no suelo consumir mucho dulce, Po —cruzó los brazos mientras él le mostraba la cajita.

—Dales una oportunidad.

Tigresa lo vio con cara de "bromeas ¿cierto?" Po, podía ser insistente cuando se trataba de comer algo, le encantaba compartir, sí, ella consumía dulces de vez en cuando, pero nunca había probado aquella cosa tan rara con forma de Oruguita cubierta de pelos blancos y de suave consistencia; de ahí su nombre. Tomó uno y lo mordió, en efecto se trataba de un algodón extremadamente dulce.

—Hm… Tienes razón, no está mal —tragó y dio media vuelta para ir por otro camino—, nos vemos en un momento, si algo ocurre danos una señal con el Gong del centro —señaló el gran Gong al pie de la estatua de un guerrero conejo.

Mono y Mantis, continuaban aventándose agua, Víbora llegó hasta ellos y rodó los ojos al ver que solo perdían su tiempo.

—Chicos, dejen de jugar, por favor, hay cosas importantes que debemos hacer.

—Sí, enseguida vamos —decía evadiendo los chorros de agua lanzados por Mantis.

—Ash, ustedes no tienen remedio, chicos… —dio media vuelta y se alejó de ellos, ya les daría una buena tunda por concentrarse en cosas que no eran su trabajo.

Tigresa recorría las calles más desoladas de la ciudad, se metió en un callejón con escaleras que daban paso a una calle abajo, en una de las paredes se hallaba un letrero en tabla negra cuyas letras de pintura blanca mencionaban: "Bienvenido al Mercado del Perro Negro, sus más crueles deseos se harán realidad."

Pasaba la mirada por varios de los puestos que allí se encontraban, algunos de los ciudadanos la miraban de forma extraña y perversa, un par de felinas moteadas la miraban paradas desde una esquina, una de ellas contorneó su cuello en señal de amenaza, la maestra no les puso atención, no eran más que gente sin valores viviendo en una parte de la ciudad muy decaída. Presenció a los mercaderes vendiendo pociones y armamento a cientos de miles de desconocidos, varios de estos posaban los ojos en ella debido a su llamativo atuendo que no contrastaba con el triste y oscuro ambiente de la zona.

—Hey, hey, ¡oye!, ¡sí, tu, oye! —llamó un oso de pelaje negro con los dientes amarillos y cariosos, de ropajes verdes y un gorrito mandarín del mismo color, babeaba, estaba visco y con una pupila más grande que la otra.

Tigresa se acercó a él, atenta ante cualquier mala intención.

—¿Necesita algo señor? —preguntó fríamente.

—Sí, sí, sí, sí, sí, sí, sí, sí… —asintió de manera frenética—, vender, vender, vender ¡Vender mucho! —Tigresa no entendió al tipo, y por su manera de hablar, dedujo que estaba loco—, echa un vistazo a mi mercancía… Mira…, mira, allí… digo aquí… —se metió a su tienda y con una mano fuera de la cortina hizo señal para que la siguiera. Tigresa dudó de inmediato, ¿y sí el señor era un asaltante?, bueno es una guerrera de Kung Fu, no es que no pudiera defenderse; el oso asomó la cabeza de nueva cuenta—, vamos, "maistra", vamos... yo aquí miro —pasó su lengua alrededor de sus labios para limpiar la saliva que emanaba de su hocico a montón; Tigresa suspiró e ingresó con precaución.

Al entrar no había nadie, miró alrededor, la tienda estaba repleta de todo tipo de reliquias y objetos extraños.

—¿Hola?

—Aquí, sí, sí, sí, sí —salió el oso debajo de la mesa y se acercó a ella, babeando— mira, mi mercancía. —se levantó parte de la ropa, dejando a la vista varias botellas de Baijiu que traía en bolsillos, justo en el momento que la maestra de estilo tigre respondería, una aguda voz femenina habló a sus espaldas:

—¡Kei Xi, ya basta, sentadito! —le ordenó una gata pequeña de pelaje negro, quien al ver a Tigresa se subió en la cabeza del oso y se sentó con las piernas cruzadas—. Disculpa a mi asistente, se pone alegre cuando consume dulces, ¿Cuántas veces te he dicho que no les ofrezcas alcohol a los clientes? —regañó al oso.

—L-lo…lo siento patrona.

—Sí, sí como sea, ejem, permíteme presentarme, querida. Soy Madame Xiang Mei Long Yiao Kao Chao, pero puedes decirme Madame Mei Long, este es mi "perro" guardián, Kei Xi… —El oso saludó moviendo las manos de forma veloz—. Te estábamos esperando.

—¿A mí? —señaló con su mano al pecho, confundida por lo que la gata le decía.

—Sí, te agendamos una cita, hace un par de semanas.

—Usted me confunde, señora. No agendé una cita aquí y nunca antes había puesto un solo pie o garra en esta ciudad.

—Oh, ¿de verdad? —sacó un pequeño rollo de la manga de su qipao y comenzó a revisar—. ¿No te llamas, Chi Ju? ¡Kei Xi! ¡esta no es de mis clientes!

—Pero es que se veía igual, patrona…

—¡Ya no hagas perder mi tiempo!, ¡vete a sentar al rinconcito, shu, shu, chico malo… —lo mandó la gata y bajó de la cabeza de su sirviente, el oso obedeció y fue a sentarse hasta una esquina al lado de la mesa. En instante se redirigió a Tigresa: —, entonces, ya que estamos aquí, querida, te ofrezco alguno de mis milagrosos productos. Todos ellos de primera calidad, ¡nada como todo lo que Madam Xiang Mei Long Yiao Kao Chao, tiene! —Detrás de ella estallaron pequeños fuegos artificiales dándole una presentación dramática, pero el techo de tela de su tienda se incendió, la gata lo apagó con un cubo de agua—, disculpa, eso pasa seguido.

—Señora, agradezco su…

—Ay, no, no, no, —interrumpió, la tomó de la mano y la llevó hasta el centro—, por favor, siéntate, eres una invitada, por lo tanto, pende de mi leer tu futuuuuuuuro.

—¿Mi futuro?

—¡Así es! —dijo y el sonido de un relámpago se hizo presente. Colocó especias y líquidos en un cuenco—, pronto… muy pronto, maestra ¿Cómo te llamas?

—Tigresa… —respondió con algo de fastidio.

La gata, Inhaló y exhaló, vio directo a los ojos de Tigresa y luego a su cuenco.

—Maestra Tigresa, veo… que hay… ¡No una!, sino muchas cosas que parecen inquietar a tu persona. Situaciones personales, enredos con los sentimientos e inestabilidad espiritual, veo en tu alma, cosas que podrán suceder en algunos años… dime ¿tienes amigos?

—Bueno, sí, pero…

—Apapa… con eso me basta —interrumpió—. Veo a un futuro no muy lejano, pero tampoco cercano, traición, odio y muerte, una larga travesía que los cambiará de por vida —Tigresa ponía gran atención en cada palabra de la gata, los movimientos de sus manos daban forma al humo de su mezcla en el cuenco— y aún hay más, veo a alguien… una persona que tu consideras especial para ti, pero a la que tu espíritu se niega a aceptar del todo, aún. Además, mi sentido gatuno me dice que debes tener mucho cuidado y no confiar en nadie, ni siquiera en tus amigos —el humo se disipó y la iluminación de las velas cercanas, volvió.

La maestra pareció desconcertarse por un momento, luego habló:

—Yo no creo en esas cosas, señora…

—Oh, querida, cuidado con lo que dices. Mi magia, puede ser de lo más barata, sí, lo admito, pero nunca me ha fallado. Y ahora que estás por irte. Mira te ofrezco un regalo de visita —abrió una cortina tras ella—. Flor quemante de Sunga, Aliento de Dragón, Dedos Resecos, Cabezas Encogidas de Bambú, Flechas bañadas con el veneno de una Mamba Negra, y lo mejor de todo... —se acercó y le murmuró—… Son robados. Elige lo que quieras.

Tigresa pensó por un segundo, la gata era rara y lo más probable fuera que no la dejaría ir hasta que obtuviera unas monedas.

—¿Bien, que le parece eso de allí? —señaló con su dedo una navaja del tamaño de su meñique.

—Ah, excelente elección Maestra, esta, le perteneció a uno de los hijos del Emperador del Este de Tung Tzu, un prestigioso guerrero que se decía, tenía poderes mentales y con los cuales controlaba esta hoja —dijo lo último con drama y pulsó un pequeño botón en el mango del cuchillo, convirtiéndolo en una gran espada— 1,000 yenes.

—¿1,000 yenes? —preguntó con asombro—. ¿No se supone que era un regalo?

—Bueno, bueno, de algo tengo que vivir… —La maestra suspiró cansada.

—A ver, ¿qué tal eso de allí? —señaló un par de zapatos muy parecidos a los que Po, usaba—, ¿y estos a que personaje importante le pertenecieron?

—Nah, se los robé a un muerto que estaba a lado, aún están buenos —dijo sin más—, te los vendo por 10 yenes.

—Tomé, esto, debería dedicarse a otra cosa —le dio un par de monedas y la gata chilló de alegría.

—Gracias, gracias, graaaacias, maestra. Yo estoy moviéndome por toda China, para servirle —decía contando y mordiendo las monedas—, cualquier cosa que necesite, mi magia estará a su merced, todo se lo venderé a precios bajos y justos.

Tigresa salió del lugar rodando los ojos, alzó la vista el cielo, las nubes ennegrecían y no tardaría en llover; de entre las nubes que parecían rugir, algo más llamó su atención. Sonidos extraños, algo se movía entre los techos de las casas, pisadas fuertes que hacían rechinar las tejas y tiraban polvo, como si aquello estuviera brincando de techo en techo.

2

Po caminaba por las extrañas calles de la ciudad, mirando las artesanías y las cosas raras en los puestos cercanos, comida que no se veía muy apetitosa, pero de olor delicioso. Paseando de puesto en puesto se encontraba con gente jugando al Mahjong, o de igual realizando actividades aleatorias.

Pasó por un puesto de fideos y rápidamente se regresó para oler el manjar en preparación, la dueña, era una oveja que se alegró al verlo.

—Huele delicioso.

—Sea usted bienvenido, señor, tome una prueba de mis fideos —le ofreció el tazón y el panda bebió todo el contenido con un solo trago, saboreando la sopa caliente con todo el placer posible, suspiró satisfecho y se limpió con la mano para proceder a pagar y retirarse.

No obstante, entre la oscuridad de los callejones cercanos un pequeño grupo de presencias lo vigilaba.

"Mira a ese gordo, debe ser de los ricos"

"Sí, solo mira la ropa que se carga, esa tela no la consigues en cualquier lugar, ¡debe ser cara!"

"Ssshhh, cállate Liu, nos vas a echar a perder todo"

"Ya sé como quitarle su dinero, vas Yu"

"Adelante ve por el"

Las presencias se escabulleron entre las sombras de los callejones, Po comía gustoso un tercer tazón de fideos hasta que una figura pasó por detrás suyo y le arrebató el monedero, más una mochila pequeña y una bolsa colgada en su pantalón, claro que el Guerrero Dragón no lo iba a permitir, por lo que emprendió una persecución.

—¡Oye! ¡Espera, vuelve aquí!

El ladrón traía puesta una capucha para cubrirse de la lluvia que cada vez se intensificaba. Po le perseguía a toda costa, intentando no perderle la vista; cuando se metió en un callejón, el individuo utilizó el agua de la lluvia y en un abrir y cerrar de ojos lo lanzó contra Po, quien no esquivó bien el ataque golpeándose la mano y estampándola contra la pared ya convertida en hielo.

No podía creerlo, ¿el tipejo convirtiendo el agua en hielo?, lo que prácticamente lo estaba atrasando; El panda intentó zafarse, pero era inútil.

—¡Oye, eso no es justo! —le gritó a su enemigo tratando de quitarse el hielo de la mano; este ya se había ido— ¡oh, oh! —mordiéndose las uñas comenzó a buscar algo para quebrar un poquito el hielo de su mano sin lastimarse y sí, empezaba sentir como se quemaba y el movimiento se empezaba a perder. Solo le quedaba una opción y era concentrar su Chi para provocar una implosión, la cual sabía, que, de manera poco realista, derretiría parte del hielo.

El ladrón paro y comenzó a revisar lo que le había robado, papelitos, botones, estrellas afiladas, todo lo tiró al suelo con tal de quedarse con lo que buscaba, dinero. Allí sus cómplices llegaron, una loba gris de qipao rosa y una lince de qipo vino.

—¿Lo tienes? —preguntó la lince, esta le arrebató el botín.

El brillo de las monedas iluminó sus rostros dejando entre ver un poco del pelaje negro que rodeaba los ojos de pupilas moradas del encapuchado.

—increíble esto es muchísimo, ¡somos ricas! —gritó la loba con alegría,

La alegría no les duró mucho, puesto que un sonoro ‹‹ ¡Oye! ›› las sacó de su trance, era el panda que corría enojado hacia el trio.

La loba y la lince treparon hacia los techos dejando atrás a su compañera.

—¡No, esperen! ¡No me dejen! — gritó la ahora tercera.

Po dio un salto en su contra y le atrapó, aprisionándola contra la pared, ella trató de zafarse de su agarre con movimientos bruscos, en algunos momentos lo logró, pero de nueva cuenta era reaprendida por el guerrero de blanco y negro, y habría continuado así de no ser por un pequeño detalle del cual Po, se arrepintió rápidamente.

Ambos estaban quietos, mirándose el uno al otro, Po estaba asustado por la mirada tan grande que le dirigía, y ahora entendía porque, no era un ladrón, era una ladrona, y los movimientos bruscos provocaron que su capucha cayera, revelando así que se trataba de algo que creía no volver a ver por otros lugares de China… esa joven anonadada por la habilidad del Guerrero Dragón, era nada más y nada menos que una panda.

—¡Oooooh eres una… ¡

Pero la joven le arrebató las palabras de boca.

—¡Un Panda!

Ella frunció el ceño y con un giro casi magistral terminó dándole una patada en la cara a su homologo mandándolo contra el suelo y reanudando su huida: él joven maestro se levantó aún sorprendido por lo que acababa de ocurrir, sobándose las mejillas y parte de los labios rotos con un pequeño hilo de sangre emanando de ellos; se reintegró en la persecución.

Un par de toros fortachones que cargaban cajas con frutas pasaban por las calles, la panda sonrió y aprovechó la situación para dar un salto encima de las cajas que cargaban, logrando llegar hasta los techos de las casas; Po chocó contra los toros, derribándolos junto con sus cargas.

—¡Ay, fíjate, por un diablo, gordo tarado! —se levantó enojado y reclamó: — ¡Van a terminar despidiéndonos!

—Lo, siento, lo siento, amigos, ¡juro que los compensaré!

—Oye, te conozco, ¡ay diosito es el Guerrero Dragón! ¡AAHHHHH! —pegó un agudo grito de niña y saltó de emoción— ¡Soy tu más grande fan!

—Lo siento mucho Guerrero Dragón, te pido una gran disculpa por mi actitud… —dijo su compañero.

—Oigan, oigan, si quieren ayudar a su héroe, ¿podrían hacerlo lanzándolo hacia los tejados?

Ambos toros cruzaron mirada y tras unos segundos arrojaron a Po hasta el techo de uno de los edificios. Buscó veloz a la ladrona, pudo verla una casa más adelante, saltando de techo en techo, corrió manteniendo precauciones puesto que la gran mayoría de edificios se encontraban a unos metros del agua, separados de las calles, solo algunos lazos gruesos conectando ciertos techos.

Po tomó uno de los lazos que conectaban las casas, corrió y de un salto se lanzó para llegar aún más lejos. La panda, siguió aprovechando la lluvia y la utilizó para disparar pequeños estoques de hielo contra él, rompiendo el lazo que Po sostenía para moverse, haciéndolo caer de manera instantánea hacia el techo. La chica volvió a lanzarse puntas de hielo, Po arrancó una de las tejas y se protegió con ella, gracias a su buen reflejo fue que pudo parar algunas, mientras que otras rosaron su cuerpo arrancándole algunos pelos.

—Tranquila... no voy a atacarte, solo… devuelve… mis pertenencias y te dejaré ir —decía entre jadeos; trató de acercarse lo más que pudo, ella retrocedía al paso de Po hasta quedar contra el límite del techo. De un momento a otro su semblante de preocupación cambió a uno frío y sin sentimiento, sonrió y se dejó caer.

Po corrió con tal de alcanzarla, más su sorpresa fue grande al ver una rampa de hielo desviándose rumbo a las calles, claro que no iba a perderla, optó por deslizarse de igual manera hacia la calle mientras la rampa volvía a convertirse en agua.

La joven continuó metiéndose entre los callejones de la ciudad mientras los ciudadanos recogían sus puestos y evitaban a toda costa mojarse. Tropezando con varios de ellos, tirando mercancía y causando molestia en varios comerciantes que la maldecían, a diferencia de ella, Po intentaba tener cuidado, pero las calles estaban más abarrotadas de lo que pudo imaginarse, en contraste de su velocidad, la hembra llevaba la delantera y al paso la perdería por completo sin poder hacer algo; lo peor de todo es que comenzaba a agotarse y sus piernas dejarían de casi responderle.

Mientras tanto, el Maestro Grulla paró en una torre de agua en construcción, intentaría recuperarse después de volar y vigilar el espacio, habría sonreído al ver el cielo despejarse de a poco, pero un rayo le hizo guardarse el gesto; la lluvia con eso pareció decirle: "Ni se te ocurra, yo mando aquí hoy." Por lo que no pudo más que suspirar resignado.

Dispuesto a retomar vuelo, escuchó gritos de entre la multitud calles abajo, observó con atención tratando de averiguar qué estaba pasando, y se percató de la escena, Po estaba acorralando a alguien.

Las miradas de ambos yacían puestas, uno esperaba a que ella dejara de mantener los músculos tensos para tratar de entablar una conversación armoniosa, mientras que la otra, esperaba paciente y a la vez, nerviosa, a que el guerrero diera un paso al frente para encajarle pequeñas estacas de hielo en los ojos.

Y así sucedió, el panda dio el primer paso y ella sin dudar más lanzó sus estacas que, de un momento a otro fueron detenidas por una tabla arrojada en medio del pleito.

—¿Ah? —Po, vio a Grulla arribar al lugar.

—¡Llegaron los refuerzos! —exclamó de manera heroica, colocándose en posición de combate a lado suyo.

—¡Grulla! —gritó feliz—, comienzo a deberte la vida.

—Nah, bueno, yo nada más hago lo que debo jeje… —pronunció con su típico tono de timidez para luego reincorporarse— ¿Quién es ella?, espera ¡es una panda!

—Sí, también estoy tan sorprendida como ustedes… —se atrevió a decir, su tono de voz era melódico, tierno, pero también reflejaba un carácter muy duro.

Po y Grulla iban a dar paso al frente cuando ella disparó agua contra sus pies dejándolos inmóviles.

—¡Ay no, no, no, no, no! —Po, trató de liberarse, pero era inútil… otra vez.

—¿Una panda capaz de convertir el agua en hielo?, ¡esto es imposible! —Grulla también intentó liberarse.

—No creo que lo sea, Grulla—el Guerrero Dragon dirigió sus orbes jade hacia la panda, analizándola de pies a cabeza, bajó esa rara capucha negra, llevaba puesto un qipao azul, mugroso y con algunas partes del atuendo parchadas con otras telas, tenía un cuerpo rechoncho, pero del cual se podían definir sus curvas, y por los rasgos de rostro pudo deducir que se trataba de una chiquilla no mayor.

‹‹Otra vez, esa rata ››, ‹‹creí que se habían ido››, ‹‹otra vez causando problemas››. Eran algunas de las palabras que los ciudadanos soltaban de sus bocas al verla, ella, por supuesto, escuchaba y no hacía más que ponerla nerviosa.

Retrocedió un par de pasos hacia atrás, pero fue aprisionada por un barril puesto en su cuerpo; luego arrojada ante Po y Grulla. El resto de los Cinco Furiosos arribaron al lugar.

—Ya decía yo que tantos gritos no eran normales —dijo Mantis en el hombro de Tigresa.

—Y esta quién es? —preguntó Mono—, Oh viejo, es una panda.

—¡Suéltenme ahora! —exigió furiosa.

—Claro que te soltaremos, pero será cuando estés dentro de una celda —comentó Grulla.

—Esperen —intervino Mantis—, ¿No creen que es demasiado joven para ir a prisión?, digo, mírenla, ¡es una mocosa! ¡no debe tener si quiera la mayoría de edad! —el pequeño se acercó a ella y la miró curioso.

—Tengo 16 —respondió ella.

—Vaya, tan joven y ya en malos pasos, terroncito, eres una niña todavía, no deberías estar haciendo este tipo de cosas —dijo Víbora.

—No pensé que hubiera más pandas a parte de tu clan —Tigresa se dirigió a Po y con un pisotón los liberó.

—Oigan, chicos, chicos, no han visto lo que puede hacer, puede convertir el agua en hielo ¿pueden creerlo? ¡Es estupendo!

—Sí, lo es, de no ser porque casi nos asesina… —respondió Grulla.

La panda, cerró los ojos y suspiró con pesadez, ya nada podía hacer.

Ninguno contaba con que la guardia del pueblo, llegaría para hacerse cargo, pero…

—¡Alto allí! —ordenó un oficial.

—Oficiales, que bueno que llegan, ahora sí podrán llevarse a esta escurridiza tras las rejas, no nos agradezcan, pues la justicia es lo primero y como guerreros es nuestro…—y fue así como encadenaron sus manos—… ¿trabajo?

—Oigan, oigan ¿Qué están haciendo?, no hicimos nada ma…oghr, isti is in irrir —los guardias se encargaron de encadenar a Grulla del cogote.

—Guerrero Dragón y Cinco Furiosos, están bajo arresto por alterar el orden público.

El grupo lanzó un gran ‹‹ ¡QUE! ›› al unísono, ellos solo estaban haciendo su trabajo, atrapando a una ladrona, pero la ley en aquella ciudad… era otra cosa.

3

Nuestros héroes fueron encerrados en la Comandancia de la ciudad, el jefe encargado era un jabalí negro con muy mala cara, el lugar, era oscuro y frío, con solo unas cuantas velas iluminándolo; Tétrico y miserable, ideal para cualquier malhechor.

—Por favor, esto tiene que ser un error —Po, fue el primero en hablar a la defensiva.

—No hay errores dentro de nuestra regla de seguridad, Guerrero Dragón. No importa que tan importante sea usted, alterar el orden público, brincar por encima de los techos y regar la mercancía de comerciantes al suelo, eso, lo paga con cárcel.

—Oficial, mis compañeros solo intentaban atrapar a esa ladrona —Tigresa señaló con la cabeza a la panda, que estaba en una celda al frente de ellos.

—Nah, otro perro con ese hueso, esto debían dejárselo a nuestro personal —el jabalí golpeteaba su macana contra su barbilla.

—Capitán, si me permite decirlo, su personal ni siquiera parece existir, llegaron en el último momento cuando nosotros ya teníamos la situación bajo control —comentó Víbora, ganándose una molesta mirada por parte del capitán, mirada que cambió por una bufada y una expresión todavía más serena.

—Tonterías, el personal de Mau Xi, está capacitado para actuar ante cualquier situación, incluso sin ayuda de ustedes, Guerreros de Kung Fu.

Mientras la pequeña discusión se armaba, Po miró curioso a la osa, ceño fruncido, brazos cruzados y sentada en una de las esquinas de la celda. Por otro lado, el maestro Mantis pudo notar que ella sacaba entre sus ropas una bolsita con monedas.

—Capitán… —llamó la joven, y el jabalí la vio—, déjeme ir por favor. Tengo a mi papá enfermo, solo quería encontrar algo para poder comer y llevarle algunas hierbas medicinales —su dulce voz era acompañada por una mirada de cachorrito regañado.

Mantis observó atento, el guardia se acercó a la puerta de la celda y ella, de manera discreta, le entregó la bolsita con monedas.

—Eres muy problemática, pequeña, ehem… —se aclaró la voz y prosiguió: — eres aún muy joven como para que te mantenga en la cárcel —habló con una amabilidad fingida, repugnante tono para alguien con su rango.

Habiendo dicho aquello, el jabalí abrió la celda de la panda y ella salió silbando como si nada, el grupo la aplastaba con una confusa mirada que ella supo ignorar bastante bien, ella, sonreía victoriosa y les mostró la lengua como insultó.

—Gracias, oficial, le prometo no volver a meterme en problemas —hizo una reverencia y salió corriendo como si nada.

—Más te vale, porque aquí… estaré esperando —analizó con gran interés el dinero que ella le había entregado.

—¡Oiga! ¡¿que fue eso?!, ¡es una ladrona, ¿por qué la dejo ir?! —Cuestionó, Po, molestó por la acción del oficial que era considerada todo un insulto para la ley y la justicia.

—Oye, oye mis tenientes me colgarían de los pantalones si dejo encerrada a una menor de edad en una cárcel con borrachos esperando momento indicado para atacarte. Al día de hoy las leyes van cambiando, mi peludo amigo —comenzó a limar sus uñas.

—¡Eso es mentira, la panda, lo sobornó! —exclamó Mantis.

—¿pero qué cosas dices?, inaudito que un oficial con mi puesto, acepte dinero de una sabandija —el oficial ni cuenta que Mantis ya estaba en su hombro con todo y el soborno.

—Yo digo que esta "mordidita" dice lo contrario.

—¿Qué? ¿Cuándo?

—¡Témale al insecto! —con un veloz movimiento hizo que el Capitán se arrodillara—, muy bien "Capitán" si quiere seguir conservando su trabajo, va a tener que liberar a mis amigos, ¡o yo mismo me encargaré de que la Guardia Imperial lo meta en una caja de acero y lo haga comer arroz crudo! —amenazó, intimidando por completo al jabalí.

—A-arroz… ¿crudo? —el sudor estaba que lo empapaba.

—Sí, así es amigo… crudo… —le susurró directo al oído con voz aterradora.

—Mantis, tranquilo —le pidió la líder.

—No me pidas que me tranquilice, Tigresa, me repugnan los tipos como el, haciéndose pasar por los buenos cuando en realidad… son también parte del mal. ¿Dime a cuantos más has dejado ir? Bah qué más da… —lo soltó y el jabalí abrió la celda.

—Está bien, está bien, por favor, no le digan a nadie, pueden retirarse, maestros, les pido mil disculpas —se arrodillo y pidió clemencia.

Corrieron fuera de la Comandancia en busca inmediata de la chica que, dado el retraso provocado por el corrupto oficial se había perdido de vista.

—No tiene caso… Solo vamos a perder el tiempo con alguien a quien ni siquiera buscamos —dijo Mantis. De pronto la felina se giró hacia Po

—¿Qué hacía esa panda por aquí?

—S-sí lo supiera te lo diría —expresó el guerrero jugando con sus dedos.

—Lo importante ahora es regresar al muelle, nuestro contacto no espera allí. Estar en esta ciudad, comienza a fastidiarme.

Sea como fuere el asunto, el Guerrero Dragón y los Cinco Furiosos reanudaron su camino, pese a ser héroes, ese día preferían continuar a donde su contacto en vez de perder el tiempo con una ladrona de poca monta.

Bajo la lluvia y sin importar qué, los comerciantes preparaban su mercancía para trasladarla hacia las diferentes regiones del país.

La joven panda se ocultó tras un restaurante, respiró tratando de recuperarse y asegurándose de que nadie la seguía, suspiró aliviada. La loba y la lince de antes, hicieron acto de presencia desde el techo del restaurante.

—Aquí estas… —ambas bajaron y la tuvieron frente—, ¿dónde te habías metido Yu?

—La pregunta correcta es, ¿por qué diablos me dejaron sola? —miró molesta a sus aparentes amigas.

—Ay, no seas llorona, en ningún momento te dejamos sola. Estuvimos cuidándote… desde lejos, pero te cuidándote —con orgullo habló la loba.

—Uy, que buena ayuda. Oigan, ese tipo es un maestro de Kung Fu ¡y es un panda! No puedo creer que haya más pandas —pronunció sorprendida.

—Sí, y vaya que te le mediste al gordo, si no te conociera lo hubieras matado —se asomó hacia la calle y luego regresó a sus compañeras—. Será mejor entrar ya, si hacemos esperar al jefe nos quemará la espalda con hierro caliente… y no quiero eso.

El trio ingresó por una puerta secreta hacia un túnel que las llevó directo a un sótano lleno de agua, allí había un pequeño puente que llevaba hacia una puerta más grande y lujosa.

—Cuidado con el agua —advirtió Shu, la loba.

La puerta daba paso hacia un pasillo de paredes rojas, pilares de jade y techo de oro, al final de este fueron recibidas por un par de guardias encapuchados quienes les abrieron las puertas de entrada a su guarida.

Las puertas fueron cerradas tras ellas, se hallaban en el salón principal, donde las esculturas y las pinturas resaltaban a la vista, mientras docenas de guerreros vestidos con kimonos de color negro, rodeaban inclinados ante al que a frente era su líder; un león vestido de ropas verdes y brillante melena, de ojos afilados y pupilas rojizas.

—¿Por qué tardaron tanto? —habló con pasividad—, acaso ¿hay algo que deba saber?

—Pedimos una gran disculpa, Maestro Sao. Intentamos reunir el dinero, pero tuvimos un pequeño inconveniente —dijo la loba.

—¿Y que clase de inconveniente? ¿Qué fue lo que las incentivó a no luchar? ¿Entonces para que las entrené?

—Bueno…, la persona a la que intentamos robarle… resultó ser… el Guerrero Dragón —dijo la lince— o eso es lo que dice…

Sus palabras causaron gran interés en el león, que pronto se levantó de su trono y caminó hasta ellas.

—¿El Guerrero Dragón está aquí? —su asombró era obvio.

—Sí y no viene solo… cinco maestros más lo acompañan.

—Los Cinco Furiosos también vienen con el… Hm, bueno esa es una espléndida noticia —caminó alrededor de ellas con las manos en la espalda—. He derrotado a cientos de maestros de Kung Fu y forzándolos a irse de China. Pero que el Guerrero Dragón y los Furiosos hayan pisado mi territorio, es un desafío y a la vez, una recompensa del destino hacia mi persona.

—No creo que sea muy fuerte, Yu lo enfrentó y casi le gana de no ser porque obtuvo ayuda de sus amigos —mencionó la loba.

—¿Es eso cierto, Yu? —preguntó acercándose más con cada paso hacia la panda que retrocedía nerviosa.

—Ehm, bueno sí, p-pero también me distraje. No podía matarlo, sabe que no soy así.

—Oye, quizá el sepa donde está tu madre… —intervino la lince—, digo, de donde viene un panda hay más pandas ¿no?

—Lo dudo mucho pequeña Liu —la interrumpió su maestro—, los pandas fueron asesinados hace muchos años por el príncipe de la familia del Este. Como sea, tráiganlo ante mí. Ansío enfrentar al guerrero más grande de China, humillarlo y arrebatarle su título, sería un reconocimiento que no puedo dejar ir, al fin tendré el respeto que merezco.

Sus estudiantes afirmaron y luego de una reverencia se retiraron.

—No dejaré ir está oportunidad… —Sao dijo entonces y volvió a tomar asiento.

Ese era el maestro Sao, un guerrero despiadado y vil, que usaba sus habilidades de Kung Fu, para someter a otros.