Nota: Mi nueva historia, basada en un libro que leí hace mucho tiempo. ¡Disfrutad!
Capítulo 1
El día no había comenzado bien. Al llegar al trabajo, se había encontrado con una llamada de casi una hora al jefe de policía de Telluride, Colorado, por una ofensa y mala práctica del equipo de Sam Cooper. Más tarde, una reunión de última hora con el Director, y ahora, otra reunión con Hotchner para hablar sobre presupuestos del equipo. Eran las once de la mañana y estaba completamente agotada. A veces se preguntaba si tener que apagar los fuegos que encendían los demás, valía la pena. No le gustaba el trabajo de campo, y el resto solía pensar que el suyo no tenía tanto valor, pero se equivocaban, el uno sin el otro no valían nada.
Salió del despacho de Hotch después de una media hora, deseando poder descansar un poco. Llegó al final de las escaleras, cuando sintió que se mareaba. Intentó agarrarse a la barandilla, pero tropezó y lo último que sintió antes de que todo se volviera negro, fue a alguien que gritaba su nombre.
Cuando empezó a recuperar la consciencia, sintió el fuerte dolor de cabeza. Abrió los ojos, pero la luz cegadora y el dolor le impidieron hacerlo del todo. Los cerró de nuevo, y deseó poder volver a dormir. Sintió que alguien le estaba sosteniendo la mano, y una voz suave que le hablaba, así que haciendo un esfuerzo, giró la cabeza lentamente y abrió los ojos.
-Hey, ¿cómo te encuentras? -preguntó Hotch en voz baja.
-¿Qué haces aquí? ¿Y dónde está David? -ella contestó con otra pregunta, soltando suavemente su mano.
-¿Rossi? Pues está…-Hotch estaba realmente confuso, pero el médico de Erin entró en ese momento por la puerta y no pudieron seguir hablando.
-Veo que ya está despierta, Erin, me alegra ver eso. ¿Cómo se encuentra?
-Me duele mucho la cabeza. ¿Qué ha pasado?
-Se mareó y se golpeó en la cabeza con la barandilla de la escalera. Le hemos puesto cinco puntos en la sien, pero no se preocupe, no le dejará cicatriz -Erin llevó su mano a la sien izquierda, donde tenía una pequeña venda-. Una enfermera le traerá paracetamol para el dolor de cabeza. Y respecto a su estado…
-¿Qué estado?
-Doctor Fyn, ¿podemos hablar un momento, por favor? -Hotch cogió al médico del brazo y lo empujó amablemente hacia la salida-. Enseguida volvemos.
-¿Qué ocurre, agente Hotchner? ¿Quiere darle usted la noticia? Lo entiendo, es una buena noticia y…-el médico sonreía con alegría.
-Quiero que le haga más pruebas. Creo que puede tener amnesia -el médico lo miró con escepticismo.
-¿Qué le hace decir eso?
-Que preguntó por una persona con la que no está desde hace casi ocho años. Que cuando me miró pareció que no me reconocía, no como debería hacerlo, al menos. ¿Cómo se supone que voy a contarle todo si no recuerda nada? -preguntó Hotch con angustia.
-Está bien. Voy a hacerle unas preguntas y en base a eso haremos alguna prueba más.
-Gracias, doctor Fyn.
Volvieron a entrar, y Erin los fulminó con la mirada a los dos. Al menos en eso no cambia, pensó Hotch con diversión, a pesar de la ansiedad que empezaba a sentir.
-¿Puede decirme alguien qué está pasando? No podéis dejarme así sin ninguna explicación. Si ya estoy bien, quiero salir de aquí. Tengo mucho trabajo que hacer. ¿Puedes llamar a David para que venga a buscarme, por favor? -preguntó mirando a Hotch.
-Erin, voy a hacerle algunas preguntas ¿de acuerdo? Luego veremos cómo va y si puede irse a casa -le dijo el médico. Ella bufó y se cruzó de brazos.
-Está bien.
-¿Cuál es su nombre completo?
-Erin Rose Strauss.
-¿Su fecha de nacimiento?
-14 de Diciembre de 1974.
-¿Quién es el presidente de EEUU?
-Barack Obama -el doctor Fyn y Hotch cruzaron una mirada.
-¿Qué día es hoy?
-18 de Septiembre de 2013.
El doctor iba apuntando todas las respuestas, y a estas alturas, ya estaba más que convencido que Hotch tenía razón. El golpe en la cabeza le había producido amnesia, y necesitaban realizar algunas pruebas para determinar su alcance.
-¿Ha terminado? ¿Puedo irme ya?
-Me temo que no. Tiene amnesia, y necesitamos hacerle algunas pruebas más.
-¿Amnesia? ¿En qué se basa para decir eso? -preguntó Erin enfadada.
-En sus respuestas, señora Strauss. Estamos en 2020, y el presidente ahora mismo es Donald Trump.
-Pero…me acuerdo de él -dijo señalando a Hotch-. ¡Sé quién es!
-¿Está segura de eso, señora Strauss? -ella lo miró sin comprender-. Mandaré las pruebas, y a la enfermera con el paracetamol. Deberían hablar.
El médico se dirigió a Hotch al salir de la habitación, y éste se sentó al lado de la cama, en la silla donde estaba sentado cuando despertó. Erin se giró un poco para quedar frente a él.
-Aaron…¿puedes explicarme qué está pasando? No entiendo nada.
-Erin…¿qué es lo último que recuerdas?
-Pues…-ella pensó un momento-. No lo sé, no recuerdo nada -respondió angustiada.
Entró una enfermera, que le inyectó el medicamento en el gotero. Ambos callaron hasta que estuvieron solos de nuevo.
-Está bien, no te asustes. Pero como te ha dicho el doctor Fyn, estamos en 2020, y…han cambiado algunas cosas desde el 2013, que parece que es lo último que tu mente recuerda.
-¿Me estás diciendo que he perdido siete años de mi vida?
-No los has perdido, simplemente no los recuerdas.
-¡Es lo mismo, Hotchner! -respondió ella alzando la voz.
Hotch la miró fijamente en silencio, y ella respiró hondo varias veces. Luego cerró los ojos y se frotó la frente. Él resistió el impulso de sentarse con ella en la cama y abrazarla.
-Lo siento. Es que…sigo sin entender nada, y siento que todavía no me has contado ni la mitad de cosas y…
-Tranquila, es normal que te sientas un poco…agobiada. Porque tienes razón, en estos siete años ha habido…algunos cambios significativos en nuestras vidas.
-¿Nuestras vidas? -ella lo miró interrogante.
-Erin…llevamos dos años casados -Hotch lo soltó de golpe, sin pensarlo mucho más.
-¿Perdón? -ella lo miró incrédula, todavía sin creerse lo que le había dicho.
-Llevamos siete años juntos, y nos casamos hace un par de años. El día de Navidad -Hotch sonrió con cariño al recordarlo.
Erin miró entonces su mano izquierda, que lucía una banda dorada, con un pequeño diamante en el centro. Era precioso y elegante. Él llevaba otro a juego en su mano izquierda. Abrió y cerró la boca varias veces, sin emitir ningún sonido. Esperó un poco a que asimilara la noticia.
-¿Puedes darme un poco de agua, por favor? -susurró.
-Por supuesto.
Se levantó y le sirvió un vaso, que estaba en la mesita al otro lado de la cama. Ella lo tomó en pequeños sorbos. Luego volvió a sentarse.
-¿Necesitas más tiempo o sigo? -preguntó al cabo de un momento.
-¿Pero hay más? -lo miró desconcertada.
-Si -sonrió él con cariño-. Necesito que lo sepas todo antes de que vengan a hacerte las pruebas.
-Está bien. Continúa.
-Aparte de estar casados, tenemos una hija de cinco años. Chloë. La luz de nuestra vida -contó mientras sacaba el móvil y buscaba una foto de la niña.
Le enseñó una foto de las dos, en la que salían riendo. La niña tenía el cabello rubio como su madre y los ojos marrones de su padre. Al reír, se le marcaban los hoyuelos en las mejillas, como a los Hotchner. Erin sonrió levemente al ver la foto, pero no dijo nada. No le provocó ningún sentimiento ver esa foto.
-Entonces, si han pasado siete años, mis hijos…
-Están los tres en la Universidad. Nora está en Berkeley, está en el último año de Biología; Jasper está estudiando Medicina en Columbia y Olivia y Jack están estudiando Derecho los dos. Pero Jack está aquí, en Washington y Olivia en Harvard.
Erin asintió despacio, totalmente anonadada. Habían pasado siete años en la vida de todo el mundo, sus hijos habían crecido e incluso tenía una nueva hija, y ella no recordaba nada. Tenía el estómago revuelto y la cabeza le daba vueltas.
-Una última cosa…cuando has llegado, los análisis que te han hecho, han revelado…que estás embarazada de nuevo.
-¿Qué? -murmuró-. No puede ser, se supone que tengo…
-Cuarenta y seis años, si, pero…-Hotch se encogió de hombros.
-Creo que voy a vomitar -murmuró.
Hotch le acercó un cuenco que tenían para eso, y le apartó dulcemente el pelo de la cara. Cuando terminó, le dio un poco más de agua y lavó el cuenco en el cuarto de baño. Erin estaba apoyada en la almohada con los ojos cerrados. Los abrió cuando sintió que se sentaba de nuevo a su lado.
-Yo…no me acuerdo de nada…
-Esperemos a las pruebas, y a ver qué dice el doctor Fyn ¿de acuerdo? -rozó suavemente su mano, e intentó no mostrar en su cara el dolor que sintió cuando ella apartó la mano.
-¿Puedes dejarme un momento sola, por favor? -preguntó en voz baja, sin mirarlo.
-Claro. Estaré fuera si necesitas algo.
Salió al pasillo, sin hacer ruido. Erin miró por la ventana, y se preguntó qué pasaría ahora. Se suponía que estaba casada con un hombre que para ella simplemente era un empleado, al que respetaba (y en su momento había odiado, aunque ya no), pero por el que no sentía nada. Sin embargo, recordaba haberle dado una oportunidad a Rossi después de que la hubiera engañado (una mala idea, al parecer), y que probablemente también hubiera rehecho su vida en esos siete años. Quería dormir y despertarse recordando todo. Le daba igual el qué. Su vida de hace siete años o su vida de ahora, pero quería recordar. La cabeza le seguía doliendo muchísimo, tal vez cuando dejara de hacerlo, todo volvería a la normalidad.
Continuará….
