Capítulo 2

Hacía unos minutos que la habían subido de hacerle las pruebas, y acababan de servirle la comida. Sentía un agujero en el estómago, pero no era por hambre. Era por toda la situación, que todavía no acababa de asimilar. Daba vueltas al puré poniendo cara de asco, pero sus ojos se iban hacia la gelatina. Nunca le había gustado, pero ahora mismo era lo único que le apetecía comer. Soltó el tenedor y cogió la gelatina. La comió con todas las ganas, y cuando estaba terminando, llamaron a la puerta.

-¿Puedo pasar? -Aaron se asomó, pero no llegó a entrar.

-Si, claro.

-Deberías intentar comer un poco. Aparte de la gelatina, quiero decir -él sonrió un poco, mientras se sentaba.

-Si, bueno, es que no tengo mucha hambre. Y la comida no está buena -se encogió de hombros mientras volvía a remover el puré.

En ese momento, el doctor Fyn entró en la habitación. Los dos lo miraron interrogantes.

-Muy bien, Erin, tenemos sus resultados. Basándonos en las pruebas, hemos llegado a la conclusión que tiene amnesia retrógrada, debido al golpe en la cabeza, que aunque no fue demasiado fuerte, sí fue suficiente para hacerle perder la memoria. No sabemos con exactitud el tiempo que puede llevar su recuperación, pero sí puede ayudar estar con personas conocidas, hacer la misma rutina que llevaba antes, y que la gente a su alrededor le cuente cosas.

-Antes le he enseñado la foto de nuestra hija -dijo Aaron.

-Eso está muy bien. ¿Y cómo se sintió? ¿Tuvo alguna reacción? -el doctor Fyn se dirigió a ella.

-La verdad es que no…-susurró, sintiendo la mirada de Aaron sobre ella, pero evitando mirarlo.

-Bueno, no se desanime, poco a poco recuperará la memoria y volverá a ser la misma.

-¿Cuando podré irme? -preguntó en voz baja.

-Esta tarde. Me gustaría tenerla unas horas más en observación. Y respecto a su estado, debido a su edad, es un embarazo de riesgo, así que yo diría que se lo tome con calma. Tal vez debería dejar de trabajar, pero eso es mejor que lo hable con su ginecólogo.

-Está bien. Muchas gracias, doctor Fyn.

Hotch le dio la mano al médico y lo acompañó a la puerta. Erin miraba seria por la ventana.

-¿Quieres preguntarme algo más? -ella se encogió de hombros, sin mirarlo.

-Bueno, te hablaré del equipo. Morgan y García están juntos también, les costó un poco, pero al final lo reconocieron. El FBI está haciendo un poco la vista gorda con las relaciones últimamente -dijo con diversión en la voz-. JJ ha tenido otro hijo, Michael, de la edad de Chloë, dicen que son los mejores amigos del mundo mundial; Reid tiene una novia, Max, una chica muy simpática que le está haciendo mucho bien; y Prentiss…pues es Prentiss, sigue como siempre.

-¿Y Rossi? -quiso saber ella. Hotch suspiró profundamente antes de contestar.

-Rossi se casó hace cuatro años con Krystall, su tercera ex mujer. Está pensando en volver a jubilarse a finales de año.

Ella asintió en silencio, dando vueltas a su anillo de bodas inconscientemente. Hotch sonrió para si mismo, puesto que era algo que siempre hacía cuando estaba nerviosa.

-¿Puedo preguntarte algo?

-Por supuesto. Para eso estoy aquí. Y todo ayudará a que te recuperes.

-Puedes explicarme cómo…porqué empezamos a salir y…

-Claro. En la fiesta de Navidad del FBI del 2012, me llevaste a casa. Había bebido y no podía conducir. Te pedí que te quedaras un rato, y estuvimos hablando toda la noche, ¡pero no pasó nada! Fue una gran conversación. Descubrimos muchas cosas que nos unían y nos conocimos un poco más. Luego fue un café de vez en cuando, te llamaba durante un caso cuando necesitaba desahogarme, después pasamos a comer juntos una vez a la semana si no estaba de viaje, hasta que nos dimos cuenta que poco a poco nos habíamos enamorado -Hotch hablaba con amor, aunque evitaba mirarla para evitar que se sintiera incómoda.

-¿Y el FBI aprobó eso?

-Lo hizo, cuando les aseguramos que todo seguiría como antes. Llevábamos ocho meses juntos antes de contárselo al director, y creo que fueron las peores broncas que me echaste nunca -Erin sonrió levemente-. Así que se dieron cuenta que podríamos seguir trabajando igual que antes. Y sigue funcionando.

Iba a preguntar algo más cuando volvieron a llamar a la puerta. García y JJ aparecieron detrás.

-¿Podemos entrar?

-Claro. Adelante -dijo Hotch después del leve asentamiento de Erin.

-¿Cómo te encuentras Erin? -preguntó JJ acercándose a la cama.

-Oh, bien, un poco confusa, pero estoy bien, gracias.

-Os dejo solas. Y me llevo esto de paso -Hotch cogió la bandeja de la comida y salió.

-Te he hecho muffins. Son de diferentes sabores, espero que te gusten -García le acercó una caja llena de dulces.

-Gracias. Déjalos ahí, por favor -dijo señalando la mesita.

-Y yo te he traído un dibujo de parte de Michael. Me ha dicho que te pongas buena muy pronto para poder ir a jugar con Chloë -JJ sonrió mientras le pasaba el dibujo.

Erin sonrió cuando vio el dibujo, aunque no sabía quién era Michael, ni tampoco su propia hija. Hablaron un poco más, a pesar de lo sorprendida que estaba Erin de la familiaridad con la que se trataban.

Unos minutos después, Aaron volvió a entrar.

-No te deja ni a sol ni a sombra ¡eh! -bromeó García.

-García…-advirtió Hotch.

-Nosotras nos vamos ya. De parte de Spencer y Derek que te recuperes pronto ¿vale? -JJ apretó con suavidad su hombro, y García le dio un abrazo rápido, que hizo que Erin se pusiera rígida.

-Lo siento por Penélope, es muy intensa, por mucho que se lo advirtamos -se disculpó Hotch cuando se fueron.

-No pasa nada. Veo que también ha cambiado…la forma de tratarnos.

-Nos llevamos muy bien. La única que está un poco más despegada es Emily, pero lo ha aceptado todo bien.

-No sé porqué no me sorprende…

-Simplemente se mantiene un poco al margen de todo, pero sigue siendo una buena agente.

-¿Puedo pedirte un favor?

-Claro.

-Me gustaría hablar con David, por favor. ¿Podrías llamarlo?

-Por supuesto -Aaron sonrió complaciente.

Se levantó para salir, y cuando estaba casi fuera, Erin volvió a llamarlo.

-Aaron, ¿puedes llevarte los muffins, por favor? Me están revolviendo el estómago.

-No te preocupes. Entre Jack y Chloë se los comerán esta noche -respondió divertido mientras se llevaba la caja.

Ella simplemente asintió en silencio y se acomodó en la cama. Le habían quitado ya el gotero, y seguía sintiendo como si la cabeza le iba a estallar, así que se abrazó a si misma y cerró los ojos. Necesitaba despejar la mente de todo lo que le habían contado.


Se despertó sobresaltada un rato después, y cuando abrió los ojos, Rossi estaba sentado en la silla que Aaron había ocupado todo el día. Se incorporó un poco, y él le ayudó con las almohadas y la cama.

-¿Cómo te encuentras, Erin?

-Estoy bastante confundida, sinceramente. Lo último que recuerdo es que íbamos a darnos otra oportunidad, y ahora resulta que estoy casada con otra persona, tengo una hija a la que no conozco y vuelvo a…-se calló de repente.

-¿Vuelves a…? -preguntó Rossi con curiosidad.

-Nada. Sólo quiero entender qué ocurrió. Qué ha ocurrido para que haya acabado así -suspiró cansada.

-Erin, no era bueno para ti. Tampoco teníamos una relación como tal, simplemente lo pasábamos bien juntos, y siempre me costó mantener la fidelidad, ya pudiste comprobarlo.

-¿Y ahora sí puedes hacerlo? -preguntó ella, sin poder evitar el resentimiento en su voz.

-Supongo que con el paso de los años, he aprendido a priorizar. Y quedarme solo no era una buena opción para mi. Krystall apareció en un buen momento, y somos felices.

-Bien por ti -dijo Erin desviando la mirada.

-Escucha, sé que ahora te puede parecer raro, porque no recuerdas nada, pero Aaron es bueno para ti, y tú para él. Sois una pareja maravillosa, que aunque nos pilló a todos por sorpresa, no dejamos de tener envidia cada vez que estáis juntos. Aaron te ama con cada parte de su ser, y daría la vida por ti, Erin, y a ti nunca te hemos visto más feliz desde que estáis juntos. Y junto con Chloë, y vuestros chicos, hacéis una familia perfecta.

Ella lo miró con seriedad, y asintió casi imperceptiblemente. Rossi se levantó y la besó tiernamente en la frente antes de irse.

Un momento después, entró una enfermera y la informó que iban a darle el alta. Que en un par de semanas, tendría que volver a revisión.

-Perdone, ¿ha visto a…mi marido? -le preguntó a la enfermera antes de que saliera.

-Creo que ha salido a tomar el aire. No tardará en volver -y se fue dejándola sola de nuevo.

Vio una bolsa con sus pertenencias en la silla junto a la ventana, y como ya había firmado los papeles del alta, decidió que podría vestirse mientras llegaba Aaron. Pero al apartar las sábanas y apoyar los pies en el suelo, notó un nuevo mareo, así que volvió a acostarse. No supo si era por el embarazo o el dolor de cabeza (todavía no podía creer que estuviera embarazada a sus casi cuarenta y seis años), pero no quería volver a caerse y pasar la noche en el hospital. Así que tendría que esperar a que él volviera de nuevo.

Afortunadamente, no tuvo que esperar demasiado. Solamente unos minutos después, Aaron entró por la puerta.

-Me ha dicho la enfermera que ya has firmado el alta. Que podemos irnos a casa.

-Si. ¿Me pasas la bolsa con mi ropa, por favor?

-Claro. ¿Necesitas ayuda para llegar al baño?

Ella asintió en silencio. Aaron la cogió del brazo, y la acercó al baño.

-Llámame cuando termines, o si necesitas ayuda.

-No voy a hacer eso, Aaron. Antes llamaré a una enfermera -dijo ella enfadada.

-Como quieras, pero te recuerdo que ya lo he visto todo -respondió divertido mientras cerraba la puerta.

Unos veinte minutos después, salían del hospital camino a casa. Erin estaba nerviosa, no sabía qué se iba a encontrar. Tal vez recuperaría la memoria al ver a su hija, o tal vez nunca lo haría, y estaba condenada a vivir una vida que no consideraba suya.

Continuará…