Capítulo 3
Erin miraba por la ventana mientras iban camino a casa. Empezaba a anochecer, y el agotamiento empezaba a pasar factura a su cuerpo. Apenas había dormido un rato antes de que llegara Rossi, y sentía el cuerpo pesado y la cabeza a punto de estallar. De pronto, dejó de reconocer el camino.
-¿También nos hemos cambiado de casa? -preguntó girándose hacia Aaron.
-Así es. Cuando nació Chloë, tu casa se nos quedó pequeña, aunque Nora y Jasper estaban a punto de irse a la Universidad. Por eso ahora vivimos en otra un poco más grande. Estamos hipotecados de por vida -bromeó el barrio es seguro y tranquilo.
Siguieron en silencio hasta que llegaron a casa. Aaron le abrió la puerta, y se quedó a su lado, cerca de ella, por si volvía a marearse. Erin pudo ver que vivían en una bonita casa, de dos plantas, con un pequeño jardín delantero y un bonito porche, con columpio incluido. Le gustó.
-Jack se ocupará de Chloë esta noche, para que puedas descansar y no te agobie -contó Aaron mientras se dirigían a la puerta.
Cuando entraron, Erin pudo ver un amplio vestíbulo, partido por unas grandes escaleras que llevaban al piso de arriba. A la izquierda te dirigías a la cocina, y a la derecha a un amplio salón, y la salida al gran jardín trasero. Detrás de las escaleras, podías llegar a un aseo, un pequeño despacho y una pequeña salita, que utilizaba la familia para ver la televisión, leer o simplemente pasar el tiempo juntos.
Flashback
Erin entró detrás de la agente inmobiliaria, y se quedó maravillada por las vistas de la casa. Era la séptima que veían, la tercera ese día, pero estaba segura que ESTA era la casa. La amplitud del vestíbulo, y la luz que entraba por todas partes, la hacía la casa perfecta. Aaron entró unos minutos después, colgando el teléfono.
-¡Quiero vivir aquí, cariño! Es la casa perfecta -dijo ella en cuanto lo vio.
-Pero si solamente hemos visto la parte de abajo, vamos a subir a la primera planta y ver las habitaciones y…
-No me importa, me gusta con lo que he visto -ella sonrió tímidamente.
-A ti lo que te ha gustado es la escalera ¿no? -preguntó Aaron divertido.
Erin hizo un puchero, y se frotó la barriga cuando el bebé le dio una patada.
-Y a tu hija también le gusta ¿sabes?
Aaron la abrazó por detrás, besando su mejilla y acariciando su tripa. Erin se apoyó contra él y puso sus manos sobre las de él.
-Está bien. Nos quedamos con esta entonces -ella sonrió ampliamente y él se sintió un poco más feliz.
Fin de flashback
-¿Estás bien? -le preguntó Aaron cuando se dio cuenta que ella se había quedado parada junto a la puerta.
-¿Qué? Si, si estoy bien.
Volvió a moverse hacia las escaleras, siguiendo a Aaron a la primera planta. Se sentía rara. Había tenido un recuerdo, pero no sabía qué pensar o sentir sobre eso. Pudo escuchar la risa alegre de una niña y la voz de un joven. Jack, por supuesto. Aaron la guio hacia su cuarto, y se quedó maravillada cuando entró. Era una estancia amplia, con una cama grande en el centro, un pequeño sofá junto al ventanal, y un bonito tocador. Erin pudo ver que el armario era un gran vestidor, algo que siempre había querido.
-Puedes darte una ducha y descansar. Voy a preparar algo de cenar. ¿Qué te apetece?
-Me da igual. No tengo hambre.
-Debes comer algo, Erin. Apenas has comido hoy -replicó él.
-Está bien. Pues…un sándwich de pavo -respondió sentándose en la cama.
-Eso no me parece una buena cena para un día como hoy -él levantó una ceja.
-Por favor Aaron, no tengo ganas de discutir. O lo preparas tú o lo hago yo -suspiró con frustración, frotándose la frente.
-De acuerdo. Luego recogeré mis cosas…te dejaré el dormitorio para ti. Dormiré en la habitación de invitados -dijo en voz baja.
-¿Qué? No, no, yo dormiré en la habitación de invitados. No voy a echarte de tu habitación -respondió Erin poniéndose de pie.
-Nuestra…habitación, Erin. Intenta descansar un rato -dijo con tristeza justo antes de salir y cerrar la puerta.
Erin suspiró profundamente y se dejó caer en la cama. Esto iba a ser muy difícil. No quería hacerle daño, pero no recordaba nada, para ella no era más que un compañero, aunque él la veía (porque en realidad lo era) como su mujer.
Hotch se sentía totalmente frustrado. No iba a presionar a Erin, jamás haría algo así, pero no sabía cómo actuar a su alrededor. Podía imaginar lo asustada y confundida que se sentía, pero ella debería ponerse también en su lugar. Sacudió la cabeza para alejar ese pensamiento. No era totalmente justo pensar así, por muy desencantado que se sintiera. No quería ni pensar en cómo actuaría él si fuera el que hubiera perdido la memoria. Probablemente se sentiría igual de frustrado que ella. Al menos, pensó divertido, seguía siendo ella misma, igual de tozuda y cabezota en algunas ocasiones.
Antes de bajar a la cocina a preparar la cena, pasó por la habitación de Jack, para ver a sus hijos. El chico llevaba todo el día entreteniendo a la niña, y le había prometido que podría pasar todo el fin de semana en casa de Abby, su novia. Chloë corrió a sus brazos en cuanto lo vio, preguntando por su madre. Aaron le dijo que la vería por la mañana, que estaba todavía un poco enferma. Todavía no estaba seguro de qué contarle exactamente a la niña.
Acababa de servir un vaso de zumo de naranja y ponerlo en una bandeja cuando Erin entró en la cocina. Sonrió nerviosa mientras se sentaba.
-Creí que preferirías cenar en la habitación. Iba a subirte la bandeja ahora.
-Llevo todo el día encerrada en una habitación, quería moverme un poco.
-¿Qué tal tu cabeza? ¿Necesitas otro paracetamol? -preguntó mientras dejaba la bandeja frente a ella.
-Me sigue doliendo, pero estoy un poco mejor. Eso no me hace nada….-hizo una mueca cuando cogió el vaso de zumo.
-No puedes tomar otra cosa, Erin -vio su cara, y le quitó el vaso de la mano-. Te daré agua ¿de acuerdo?
-El agua me da ardor…-protestó mordiendo el sándwich.
Aaron bufó poniendo el vaso de agua en la mesa, y Erin sonrió divertida mientras masticaba.
-Te prometo que no lo hago a propósito ¿sabes? Pero tú eres el que me elegiste ¿no? Tendrás que quererme con mis defectos y mis virtudes -dijo ella con diversión, mientras seguía comiendo.
Aaron la miró fijamente, y tuvo que resistirse mucho para no acercarse a ella y besarla apasionadamente. En vez de eso, sonrió abiertamente y se sentó a su lado.
-Lo hice, y no me arrepiento de nada. Espero que algún día sepas apreciarlo -dijo para provocarla. Se sentía como siempre.
-Oye, haber si ahora la mala voy a ser yo. Estoy segura que tú también tienes lo tuyo. Porque por lo que recuerdo…-respondió levantándose y lavando el vaso y el plato.
-No somos los mismos en el trabajo que en casa, Erin.
-Lo sé, lo sé…-por algún motivo, la tensión volvía a reinar entre ellos.
-Voy a acostar a Chloë, es su hora de dormir. Siéntete libre de explorar la casa, tal vez te ayude. Mañana podemos hablar con Nora y Jasper por video llamada. Olivia está intentando venir.
Ella asintió, y Aaron salió de la cocina. Ella echó un vistazo a su alrededor y luego salió también. Inspeccionó la casa, y pensó que definitivamente le gustaba. Probablemente la habían decorado juntos, pero tenían una casa como ella siempre había querido. Al cabo de un rato, volvió a su habitación. Se dio cuenta que Aaron ya había cogido alguna de sus cosas, y aunque le daba pena que tuviera que irse, no se sentía cómoda si tuvieran que compartir el dormitorio.
Se sintió realmente cansada, así que cogió un pijama limpio del cajón y fue al baño a cambiarse. Se metió en la cama, extremadamente cómoda, pensó enseguida, cuando alguien llamó a la puerta. Un momento después, Aaron se asomó, pero sin llegar a entrar.
-Voy a acostarme. Si necesitas algo, estoy en la habitación de la izquierda, la segunda según subes las escaleras.
-Vale. Buenas noches.
-Buenas noches, Erin.
Apagó la luz cuando Aaron se fue, y se acomodó. Esperaba quedarse dormida enseguida, pero no fue así. Su mente, esa que se negaba a recordar que tenía una familia y que había pasado tiempo, y se había quedado estancada siete años atrás, empezó a dar vueltas. Pensó en cómo sería su vida ahora, puesto que tenía una hija pequeña (aunque no la recordara), y sus hijos ya eran casi unos adultos, cuando ella los recordaba todavía como unos adolescentes. Y Aaron, que sabía y sentía que tenía que controlarse para tratarla como una simple compañera, amiga, pero que veía en sus ojos que estaba enamorado. Pero ella no se sentía así. ¿Podría llegar a enamorarse de él si no llegara a recuperar nunca la memoria?. Y también resultaba que estaba embarazada de nuevo (siete semanas, según el doctor Fyn), y no recordaba nada. Poco a poco, el sueño la fue venciendo, y antes de quedarse dormida, pensó que tal vez, cuando se despertara al día siguiente, todo volvería a estar como siempre.
Aaron llevaba dando vueltas en la cama más de dos horas, pensando en todos los acontecimientos del día. Todavía no podía creerse que veinte cuatro horas antes, estaba durmiendo abrazado a su esposa (ahora a unos solos pasos de él), cuando se despertaron habían hecho el amor y se habían ido a trabajar como siempre, y unas pocas horas después, todo había cambiado. No quería ni pensar qué pasaría si Erin no recuperaba nunca la memoria. ¿Podrían vivir como hasta ahora? ¿Podría seguir tratándola como a cualquier persona cuando en realidad estaba perdidamente enamorado de ella? ¿Se merecían sus hijos unos padres así? Porque iban a tener otro hijo (parecía que la vida se estaba burlando de ellos), y si todo se complicaba…
Estaba empezando a agobiarse demasiado, y era tarde para eso, así que decidió levantarse e ir a tomar un vaso de agua para tranquilizarse. Cuando llegó a la cocina, vio a Erin buscar algo en los armarios.
-¿Estás bien? -preguntó curioso.
-Yo…me apetece mucho un muffin…-susurró avergonzada.
-Creo que se los ha comido todos Jack..
-Oh, está bien…-sin poder evitarlo, los ojos se le llenaron de lágrimas.
-Pero puedo mirar si ha dejado alguno…-Aaron se acercó a ella tentativamente.
-No, da igual -sollozó.
-Oh Erin.
Él la rodeó con sus brazos, con cuidado de no asustarla, y aunque al principio se puso rígida, luego se relajó. La dejó desahogarse unos minutos, mientras frotaba su espalda. Sabía que Erin solía tener antojos durante sus embarazos, sobre todo por las noches. Luego se le ocurrió algo que tal vez podría funcionar.
-No son muffins, pero puedo hacerte unas tortitas si quieres. Creo que todavía queda algo de mermelada de arándanos -le dijo con voz suave.
-Es mi favorita…-susurró separándose de él.
-Lo sé. Siéntate mientras las preparo. No tardo nada -la besó dulcemente en la frente y la guio hacia la mesa.
Mientras trabajaba en el dulce, la miraba de reojo. En esos momentos, Erin parecía tan frágil que se le partió el corazón. Se prometió a sí mismo que haría todo lo que estuviera en su mano para ayudarla, que no la dejaría sola y que juntos, pasarían por alto todos los obstáculos que la vida les pusiera por delante.
Continuará…
